we have a sweet tooth {Priv. Min Woo}

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we have a sweet tooth {Priv. Min Woo}

Mensaje por Lee Shin el Sáb Jul 19, 2014 7:04 pm

Un leve cosquilleo recorrió la parte derecha de mi cara, parecía que Sidorio de Macedonia se había vuelto a fugar de su jaula y ahora, tras haber hecho un tour por mi habitación, se encontraba acurrucado junto a mi moflete derecho. ¿Qué hora sería? Seguramente demasiado pronto pues no veía en absoluto que los rayos de sol se infiltrasen a través de mi ventana, sorteando la fina cortina beige de seda que estaba siendo balanceada por el viento. Tomé una gran inspiración y después dejé que ésta escapase lentamente por mi boca. Hoy era un día importante, sí, a mis oídos había llegado que un nuevo tipo de dulce iba a ser exportado a la cafetería de Spectra Entretainment ¿Me lo perdería? Yo, ni hablar. Era el rey de  los dulces y por algún desconocido milagro mis dientes permanecían sin caries. Nuevamente, dejé que mi mente naufragase por el limbo hasta que el canto del pájaro del vecino acudió a mis oídos.

Despegué mis párpados para observar el reloj, las seis, hora de levantarse. Dicho y hecho, nada más alzarme de la cama, me dirigí hacia el baño para pegarme una ducha fresca a la par que rápida. Podía escuchar como en la radio decían que se esperaba un día caluroso, iría a la piscina si no fuese por esos dulces tan endemoniadamente deliciosos que sirven en la cafetería. No tardé mucho en vestirme, camiseta de manga corta, pantalones tejanos bastante frescos y unas zapatillas cómodas. Hoy no tenía previsto hacer mucho, obvio pasaría rato ensayando bailes pero según el manual de “Más sano que una manzana”
1; Nunca debe saltase el almuerzo.
2; No se irá a ningún lado con la barriga bacía.
3; Ya tardas en meterte calorías al cuerpo, amigo.

Podría seguir recitando normas pero cada segundo es oro ¿Quién me decía a mí que yo era el único glotón de Spectra? La compañía era demasiado grande como para que yo fuese el único al que le gustasen los dulces y una clara evidencia de ello eran las máquinas expendedoras que había en la cafetería. Recuerdo que la primera vez que las ví, hace semanas, podría decir que levité hacia ellas puesto que estás me llamaban con una voz sensual a la par que me decían “Tenemos todo lo que te gusta, cómenos por favor, estamos hechos para ti” ¡Aigo! ¡D.e.l.i.c.i.o.s.o! Nada más recordarlo se me hacía la boca agua y sin apenas percatarme, ya me encontraba en la calle frente a la compañía en la cual estudiaba.

De pronto, mis ojos captaron un camión con unas grandes letras de color amarillo las cuales anunciaban la llegada de los dulces nuevos. ¡Corre! ¡Corre como si te fuese la vida en ello, Shin! Al entrar, miré el ascensor, como si se tratase del único transporte lo suficientemente ágil para conducirme hacia la cafetería pero para mi desgracia, había miles de personas esperando a poder subir. ¡No pasa nada, Shin! ¡Los cielos han querido que hagas ejercicio y subas las escaleras a pie! ¡Ánimo que tampoco está tan lejos! Mientras tenía mi propio monólogo interno, dándome ánimos a mí mismo, mis pies ya se encontraban caminando a paso apresurado hacia las escaleras, dirigiéndose hacia la cafetería. ¡Aguardar mis deliciosos dulces, pronto seréis devorados por mí!

Petrificado era la mejor palabra para describir mi estado en el momento en que crucé la puerta de dicho lugar. ¿Qué? ¿Se habían puesto todos de acuerdo en venir tan pronto? ¿A caso se habían percatado de que hoy traían los nuevos dulces? Oteé las máquinas expendedoras las cuales parecían bacías. ¡No! ¡No, por favor! Al menos, al menos con una me conformo pero por el amor hacia los dulces exquisitos, dejadme alguno. No tardé en hacer cola y ésta se disipó en poco tiempo por lo que en un abrir y cerrar de ojos estaba en frente de mi amada máquina y sus apetitosos dul….ces? ¿Dónde estaban? No…. No podía ser verdad…. ¡No quedaban ni las migajas! ¡Aigo! ¿Ahora qué? Simplemente tendría que dar media vuelta y comprar alguna otra cosa… con lo que realmente me apetecían esos dulces. ¡No hay que desanimarse, seguro que después me sucederá algo fantástico que compense esta catástrofe!

Justo y cuando obtuve dos choco Pie, un par de pastas de arroz rellenas de alubias rojas  y un batido triple de fresa con virutas de chocolate blanco y un pequeño toque de vainilla, decidí buscar sitio en el que poder sentarme y devorar el manjar celestial que se encontraba en mis manos. A mis ojos acudió una mesa prácticamente vacía si no fuese porque un joven muchacho ya estaba sentado ahí. Me dirigí hacia esa mesa,  con una sonrisa de oreja a oreja mientras tatareaba cosas al azar.

-Annyeong haseyo, espero que no le moleste que me siente aquí.- Le dediqué una amplia sonrisa al joven mientras tomaba asiento y después de estar ya cómodo en mi sitio, tomé un sorbo del batido de fresa y procedí a comer, con moderación ya que a mi alrededor había personas que no conocían mi hambre voraz por dulces, un pequeño choco Pie el cual terminé con dos mordiscos.
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Re: we have a sweet tooth {Priv. Min Woo}

Mensaje por Han Min Woo el Sáb Jul 19, 2014 8:00 pm

La cafetería. Cientos de postres y golosinas, dulces de todos colores, aromas y sabores moraban lo que era para mí el cielo. Corría el rumor de que un dulce nuevo sería servido, y debía ser el primero en probarlo, saborearlo, comerlo finalmente. Antes de salir corriendo por la puerta de mi habitación en dirección a la cafetería de Spectra, me acordé que debía ducharme. Tomé una ducha larga, aún era temprano, y dudaba que las puertas de la empresa estuvieran abiertas aún. Me vestí como lo haría para cualquier sesión de fotos, era casi una cita con aquellas delicias y debía verme bien vestido.

Recordé entonces debía haber agendado algo para hoy. Revisé el cuaderno que tenía como agenda, y en la última hoja tenía remarcado Llamada a Seúl, Abuelo, a las 4. Había olvidado que debía llamar a mi abuelo. Me golpee mentalmente, era algo de suma importancia; mas luego de un rato aquel pensamiento fue reemplazado por el tema de los dulces de la cafetería. Cogí algunas monedas y agarré mi billetera, con gran parte del dinero que me enviaba mi abuelo desde Seúl. Mi fuente de alimentos eran las máquinas expendedoras de la cafeteria, más los chocolates calientes y los batidos que servían. Era increíble que aún no subiera de peso, siendo que comía gran cantidades de dulces. Me pesé antes de irme. 56 kg, lo de siempre. No subía ni bajaba, sólo me mantenía en el mismo peso.

Al llegar a la empresa, que se encontraba a unas cuantas calles de lo que podía llamar hogar, corrí hasta la cafetería, esperando ver aquellos nuevos dulces. Fui uno de los primeros en la fila para servirse de aquel anhelado pedazo de cielo de las maquinitas. Debí haber comprado unos 7, más las galletas que solía comer al desayuno y un brownie. Fui a por un batido de chocolate y un pastelillo, también de chocolate, y me senté en la mesa más cercana. Poco a poco se iba llenando de gente, que compraba los nuevos dulces, pero en menor cantidad de los que yo compré. Tomé uno, y decidí guardar el resto en mis bolsillos, llenándolos por completo. Lo abrí y comí. Tal como sucedería en un drama, mis ojos se abrieron al saborear tal exquisitez. La textura, el intenso sabor que perduraba por largo rato. Era el dulce perfecto. No lo pude devorar como solía hacer con todas las comidas, sino que lo hice durar. El último bocado fue el mejor. El envoltorio lo doblé lentamente, recordando el sabor y el aroma, y lo guardé en mi bolsillo, como solía hacer siempre con todos los envoltorios.

Proseguí con mi brownie y mis galletas, bebiendo a ratos del batido. Estaba mirando fijamente el pastel de chocolate cuando de pronto sentí una voz a mi lado. No escuché que dijo, pero noté como un chico se sentaba en la mesa donde yo estaba. Levanté la mirada y vi a un joven, de buen aspecto... pero lo que más llamó mi atención fue lo que llevaba junto a él. Su comida. No tenía dulces... Yo ya había devorado todo excepto los míos y el batido de chocolate, que aún estaba a la mitad. Me dio lástima. Todo el mundo debía probarlos. Saqué de mi bolsillo, sin mirar al chico nuevamente, uno de los seis que me quedaban. Lo puse en la mesa, y con poca fuerza, lo deslicé hasta llegar a él.

-Eh, ¿no los has probado?- dije, sin dejar de comer. Tomé un sorbo del batido. - Acaban de llegar, pero creo que se han agotado...-
Me mantuve callado, esperando su respuesta. Mientras tanto, seguía tomando mi batido. Esta vez, me digné a mirarlo con detención, mas no creía que resaltara nada de su aspecto: era rubio, al igual que yo, y comía mucho como yo; al parecer, teníamos algo en común. El arte de comer.


De la primera vez que te vi, no recuerdo nada. No recuerdo si el sol estaba deslumbrante, o que hermoso estaba el ocaso... Sólo te estaba mirando a ti.
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