Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

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Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Miér Jul 30, 2014 1:46 pm



Detrás de las sombras, estás tú
Hideyuki Maya & Takashi Nemugasa | Rhythm Of Soul
Detrás de aquellas gotas de lluvia, que se acumulaban en las ventanas del gran restaurante, se encontraba un adolescente, cargando algunas bolsas de basura que iban a ser trasladadas hasta la parte trasera del restaurante. Las bolsas se trasladaron de su mano hasta el suelo, un ligero suspiro se escapo de sus labios, limpiando su frente, observando hasta la gran calle central que se abría delante de sus ojos, como las personas caminaban de un lado a otro, adentrándose hacia las inesperadas casas que les esperaban en la oscuridad de la noche. El turno de Nemugasa había acabado, y con ello también su buen humor, no quería regresar esa noche a casa, no solo, no, cuando algunas sombras entre las penumbras detrás del restaurante se movían en su dirección cuando salió a sacar aquellas grandes bolsas negras. No le gustaba mentir, pero la sonrisa dedicada a sus clientes, el porte que mostraba e incluso aquellos ojos resplandecientes eran toda una fachada, una falacia. Suspiro, peino un poco su cabello, ocultándolo en la parte de atrás de su oreja, para ir a cambiarse el uniforme. La dueña se había retirado antes, confiaba en demasiado en sus trabajadores, así que él esa noche iba a cerrar con Kim Jin el local. ¿Quién era Kim? Un compañero de trabajo, un amigo, él más cercano en ese lugar. A pesar de vivir separados, podrían irse juntos hasta la estación.

Nemu guardo el celular en el bolsillo de su pantalón azul, luego de haberle enviado un mensaje a su padre de que iba a ir de regreso a casa, el hombre, quien era docente de preparatoria, se encontraba en su época de inspiración, por lo cual decidió hacer un libro, la idea salió de un momento a otro, Nemu no se iba a oponer, le parecía de igual manera divertido de que lo hiciera. Se peino (antes estaba despeinado) y se coloco las gafas en sus rostro, luego de haberse quitado los lentes de contacto, y guardado todos los implementos que sus compañeros de trabajo le reunieron para apoyarlo a atraer clientela, aunque no lo pareciera, la mitad de los clientes (incluso más) eran hombres, y se reunían solamente para ver la inocente sonrisa de Takashi. Cerraron el local, el cargaba su maleta de la universidad, y su compañero de gimnasio, los dos caminaron hasta la siguiente estación, despidiéndose con una sacudida de mano de un lado a otro, uno más animado que él otro, pero su falta de inexpresivo, y aquella timidez que empleaba era llamativa —. ¡Nos vemos luego, Nemusshi! —Kim se veía bastante feliz, giro sus tobillos apresurando su paso. Nemu bajo su mano hasta colocarla a un costado de su pantalón emprendiendo su camino de regreso, hasta su casa, evitando sobre todo, aquel mal presentimiento que le estaba persiguiendo desde que saco la basura en su trabajo.

Ajusto la cinta de su mochila, apegándola en su cuerpo, sacudió su rostro de un lado a otro. ¿Por qué se sentía perseguido? Él, quien no era absolutamente nada en el mundo, es que acaso compañeros de la universidad querían humillarlo. No la pasaba mal en clases, pero tampoco tenía los amigos suficientes para considerarse alguien popular, era callado, asocial… pero aun así, sentía miedo de que alguno de ellos lo criticara por su forma de vivir. Trago seco, acelero un poco el paso, evadiendo a algunas personas que se agrupaban en el centro de la ciudad charlando entre ellas, compartiendo poco a poco sobre su vida en ese momento que se topaban, conocidos, amigos, familiares. Todo a sus ojos era maravilloso, escucho el sonido de un mensaje llegar, ese sonido correspondía a una de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, la que más le gustaba: Verano. Estaba seguro de que era un mensaje de Maya, pero no podría contestarlo ahora, que estaba en una persecución anónima. Golpeo su cuerpo contra uno más alto que él, agacho lo suficiente para hacer una reverencia, emprendiendo una corrida por lo asustado que se volvió —. Lo-lo siento mucho —comenzó a correr, aquella sombra, aumento la velocidad de la misma forma.

Dae Young Kyo, un empresario de 36 años de edad que había sido dejado por su mujer hace muchos años atrás al enterarse de sus preferencias sexuales. Había ido una vez al café para poder sentirse tranquilo alrededor de un grupo de adolescentes quienes sonreían a cualquiera, quedo enamorado de ese pequeño de cabellos rojizos caoba, quien sonreía tímidamente, amable, educado y que no mentía quien era. Lo investigo, o al menos eso hizo. Takashi Nemugasa, conocido en el restaurante como Nemusshi, por todos los trabajadores y clientes frecuentes, él no era el único que lo visitaba, pero tampoco era el único que podría admitir que le atraía de alguna u otra forma.  Así que había decidido que ese día le iba a tomar entre sus brazos, se iba a confesar…

Le iba a hacer suyo.

Young Kyo golpeo a un hombre adulto, no se disculpo, al contrario emprendió su corrida para alcanzar al adolescente quien carecía de habilidades físicas, por lo cual podría alcanzarlo en cualquier momento —. ¡Espera! ¡Takashi! —Nemu salto por la sorpresa al escuchar su nombre en la voz contraria, no se fijo por donde se estaba metiendo, pero de lo que estaba seguro que entre más intentaba correr con sus ojos cerrados, más se adentraba a un callejón sin salida, una mano le tomo, Kyo lo agarro con fuerza golpeteándolo contra la pared más cercana. Jadeo de dolor, abriendo sus ojos de golpe al observar al coreano que se encontraba jadeando delante de sus ojos —. Solo quiero hablar —sonrió con picardía, el pequeño estaba temblando entre las manos ajenas, apretó con fuerzas sus ojos, y tomo entre sus dedos el celular de su bolsillo.

Ma…Maya, pensó.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Miér Jul 30, 2014 2:22 pm

-¡Hyde, oe, Hyde!- una carpeta cruzó la habitación, golpeando al actor justo en la nuca, el recién agredido se alzó de su posición y estampó ambas manos contra la mesa, dejando el celular que hasta ahora había estado sujetando a buen recaudo sobre la madera. –¿¡Qué mierda quieres?! ¡Estoy ocu-...- al alzar el gesto se encontró con todos sus compañeros de reparto en un sofá venidero; Cierto. Estaban ahí para disfrutar de una cena en conjunto para conocerse algo más antes de iniciar el rodaje que ése miércoles iniciaba. Quién le había lanzado el objeto chasqueó la lengua y desvío el gesto; Syoh Yang, un chico de cabellera tintada en azul que era la prepotencia en persona ya se había declarado enemigo número uno del que en aquel momento portaba el cabello de blanco. Todos los que estaban ahí rieron con cierta tensión ante los gestos de claro enfado que ambos dejaron entrever, aunque un chico de cuerpo menudo se alzó trémulo de la silla en la que hasta ahora hubo descansado y se aproximó al actor. –¿Estás bien...? No es que sea malo... Syoh es un poco brusco y... ¡Ah!- la sorpresa invadió al chico cuando la mano de Maya le sostuvo por el mentón y se le quedó mirando directo a los ojos, unos que por otra parte, ese pequeño se cubría con unas gruesas gafas de pasta.

¿Haces algo esta noche?-

El chico aún sujeto parpadeó y la palidez de sus mejillas empezó a tomar una tonalidad bermeja que no dejaría indiferente a nadie que le mirase, por supuesto, el resto empezó a reírse, aunque muy por el contrario de lo que a ellos pudiera parecerle desde la perspectiva en la que se encontraban, Maya estaba hablando completamente en serio y de hecho, el foráneo pareció entenderlo, aunque negó con un sutil movimiento de cabeza, aceptando con ello el restar a solas con quién en un futuro no muy lejano sería un compañero más tras las cámaras. Maya le sonrió y pasó a soltarle; Era... era muy parecido a Takashi, quizás éste le serviría para poder aplacar el deseo que sentía. Hacía ya semanas que no tenía noticias de su mejor amigo y por más mensajes que le enviaba ninguno era contestado, tampoco las llamadas. Nemugasa sin duda había proseguido con su vida, muy seguramente en el rumbo adecuado. Siempre había sido un chico independiente y estudioso... las cosas sin él le irían bien, no obstante, para él proseguir sin él era cada día más dificultoso.  Alzó la palma derecha y acarició la oscura cabellera del ruborizado antes de pasar por un costado de éste y dirigirse al resto, quienes le recibieron entre risas. Una mano le alcanzó una lata de cerveza mientras le hacían hueco en el sofá, por otro lado y no muy lejos de esa escena, el chico, ése aún sin nombre, intentaba procesar lo que acababa de ocurrir: ¡Iba a salir con Maya Hideyuki!

------------

-¡Aaah!- estiró los brazos al nocturno cielo, a su costado, el chico tímido de antes caminaba junto a él, mirándole con una débil sonrisa. –Bebiste demasiado.- regañó, aunque el de mayor estatura negó con la cabeza, encantado con la sensación del alcohol fluctuar por su sistema: De ése modo la vida era más llevadera, mucho más llevadera. -Conozco un lugar en el que podremos estar a solas. ¿Te apetece?- miró de reojo a quién pasó de cero a cien en cuestión de segundos y de nuevo pudo apreciar el rubor expandirse en las mejillas de ése ente tan sumamente virginal. El menor asintió una única vez y los pasos del albino tomaron nuevo rumbo. El destino no era otro que un centro comercial que siempre restaba con los carteles luminosos prendidos fuera la hora que fuera, por la zona existían diversos bares y lugares dónde uno, sin ser reconocido, podía dar rienda a sus deseos si así lo deseaba.

Caminaron a la par, sin prisas. Aunque los murmuros de la gente se empezaron a alzar al ver en primera instancia una persecución. Todos hablaban del paradero incierto del chico al que habían visto ser perseguido por un hombre notablemente mayor. El instinto de protección del héroe de antaño buscó con la mirada algún signo de descifrar el enigma, pero ninguno era factible. Fue a compartir unas palabras con su compañero cuando le vino una imagen fugaz. Fue cómo un flash back. Cómo una imagen retenida en su fuero interno y que ahora cobraba vida: El callejón de la avenida. -Espérame en el bar de ahí, no te alejes.- el menor solo atinó a asentir, sorprendido por el gesto que el otro ahora presentaba pero sin atreverse a contradecirse, antes de poderse dar cuenta, no obstante, éste ya enmendó una carrera hacia dónde él no podía ni imaginar pues distaba mucho de conocer aquel instinto de protección que siempre acompañaba al actor. Por lo que, haciéndole caso, caminó hacia el bar señalado en espera de que, tarde o temprano, ése conocido cómo Hyde, regresase.

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Crujió los dientes: Ahí estaban. Tendría que habérselo imaginado antes.  La espalda del que tenía acorralado al contrario le impidió ver de quién se trataba, aunque aquello tampoco importaba. -Apártate de él si no quieres que te rompa la espalda.- su tono de voz no dejó a la broma y el que estaba bajándose la bragueta dio un ligero respingo, mirando de reojo hacia atrás para encontrarse con la fiera mirada de a quién, según creía, había visto en alguna revista. –¿H-hyde...? ¡N-no es...! ¡Es mi novio!- a pesar de tratarse de un ser adulto éste parecía ser todo un canalla, un cobarde. Arqueó una ceja al no creerse del todo la historia y avanzó un único paso, pero a duras penas la suela de su deportiva rozó el suelo y mientras el adulto intentaba convencerlo de aquella mentira vio al que estaba contra el muro: Takashi. Takashi Nemugasa.  ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué se dejaba a esas manos?

Perdió el mundo de vista.

Tenía sujeto al hombre por el cuello de la camisa y éste estaba convulsionando, encontrándose inconsciente y con el rostro sangrándole por cada poro. Por su parte, el puño derecho que utilizó para asestar golpe tras golpe lo tenía repleto de carmesí y con heridas que evidenciaron que algún hueso de ése a las puertas de la muerte había roto. Le tenía contra una pared y él acechándole cómo un animal salvaje, dándole la espalda a quién debía proteger por encima de la razón, del conocimiento o de la sensatez. No era una persona cualquiera; Era él. Y estaba ahí. Gruñó como un perro y estiró el brazo hacia atrás con los dedos envueltos en un puño para ejecutar el último golpe que, con suerte, mataría al que le había puesto un solo dedo encima.

El líquido carmesí bañaba la zona en la que estaban ellos dos, manchándole las deportivas, así cómo toda su camisa estaba ahora condecorada con las salpicaduras de todo golpe enmendado.

El chico <3:
[/b]


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Miér Jul 30, 2014 9:11 pm

¿Qué? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Cómo?

Trago seco, sintiendo una agrupación de recuerdos que golpeaban una, dos tres e incluso cuatro veces su cabeza. Se sentía mareado, hasta el punto de no soportar absolutamente nada nuevo en su memoria que se iba agrupando cada vez más, y más. Nemugasa inhalo un poco de aire, dejando que se saliera otro poco de sus labios, exhalando con nerviosismo, inconcluso, atrapado en una burbuja de desesperación. Su respiración no era tranquila, no podría contar en su cabeza los procesos hechos por él mismo porque era imposible, sus piernas corrían entre los callejones con fuerza, y aun así no se había alejado lo suficiente de ese hombre, un cliente cotidiano. Si intentaba recordar el nombre, solo veía aquel rostro con gotas de sudor acumulándose en su mente, sus dedos temblando poco a poco e incluso sentía que se estaba agrupando en su garganta. ¿Por qué?

¿Por qué estaba viviendo eso?

No había hecho absolutamente nada indecente en todo su recorrido de su vida. Iba de su casa, a su escuela, de la escuela a la casa así hasta que entro a la preparatoria. Jugaba con su mejor amigo, le amaba en secreto, pero no entendía porque le castigaban de esa forma. Su padre si le había hablado de que en esa ciudad ver a dos hombres tomados de la mano no era nada raro. De hecho, había investigado un poco porque su padre se había marchado a ese lugar, y era porque nunca se había sentido cómodo con un amor con una mujer, pero eso era otra historia, una que abarcaba poco a poco una vida privada de una persona diferente a él, por eso, no tuvo miedo de contarle a su padre que le gustaban los hombres, pero nunca le menciono de quien lo estaba, si lo hubiese hecho, tal vez la situación hubiese sido diferente.

Llevaba un mes dentro de Corea del Sur, sin embargo, más de dos semanas en las que había entrado a estudiar en la universidad había dejado de contestarle los mensajes a Maya, nunca le pregunto donde se estaba hospedando, y en qué empresa trabajaba, lo único que conocía era que su fama alrededor del país era reconocido, y había logrado comprar unas revistas en la cual vio a su amigo, y sus futuros trabajos. Pero no podría preguntar, cuando vivía dentro del mismo país evitar a toda costa que se saliera de sus labios su nueva vivencia era realmente increíble. Sin embargo, no podría mentirle, por esa razón le había evitado durante tanto tiempo.

Young Kyo lo había pegado contra la pared contraria, su cuerpo estaba temblando con fuerza, sus lágrimas se agrupaban un poco en sus ojos, la sonrisa del hombre se incremento en su rostro —. Me recuerdas… —lo hacía, e incluso temblaba al escuchar la voz del hombre, que golpeaba un poco con su rostro —. Vamos a dejar atrás lo pasado, ¿te importaría? Sabes, mi esposa me dejo, mi hijo me abandono… y solo tengo que desahogarme contigo —¿Por qué? ¿Por qué con él? Su cuerpo temblaba, sus dedos intentaron apartar a aquel hombre, pero fracasaron, a pesar de que estaba en sus años avanzado seguía siendo mayor que él, con un cuerpo más musculado —. Por favor… déjeme ir… —la sonrisa de Young se incremento, sus ojos brillaron y sus manos subieron hasta su cuerpo.

El no quería hacerlo con nadie más, no quería amar a nadie más ni entregarle lo suyo… si no era a Maya… ¿Por qué tengo que escuchar su voz en esos momentos?, espera… ¿Qué? Maya ¿Qué hacia delante de él? ¿Por qué estaba detrás de ese pervertido? Tembló, ¿qué era lo que estaba pasando?

Pero lo que estaba viendo le había dejado con la boca abierta. ¿Qué? ¿Qué estaba haciendo delante de su rostro? Tembló, no era lo mismo cuando le defendía en su niñez, mucho menos al ver su rostro que le hacía temblar incluso a él. Sus ojos comenzaron a llenarse más de lágrimas, de aquellas que estaban incrementándose poco a poco en su rostro, sus gafas empañadas y sus piernas temblaban, ¿Qué estaba viendo? Un violento chico platinado, que se lanzaba contra un hombre, era pervertido, pero aun así era un humano —. Ma…Maya —su voz se corto, sus labios apretaron sus dientes con fuerza, e intento caminar hasta él, pero que era lo que estaba sucediéndole, porque estaba temiendo acercarse a su mejor amigo.

¿No lo había esperado ver ahí? No… era su comportamiento, no era el mismo Maya de siempre, le estaba… —. Maya… detente —suplico, intento reunir toda la fuerza que tenía en su cuello, Young Kyo estaba convulsionando, ya no veía el color de su pupila, se desespero, estaba temblando, no le temía a la sangre, pero si a su mejor amigo —. ¡Me estás asustando! ¡Detente de una buena vez! ¡HIDEYUKI MAYA! —se lanzo encima de él, evitando que le golpeara, o que fuese él quien recibiera el último golpe, quería que así fuera, para hacerlo despertar, para que se detuviera, tomando la mano contraria para que soltara al hombre quien tambaleándose cayó al suelo.

Escucho un grito profanado por parte de alguien en la entrada del callejón, su rostro se levanto hasta el de su mejor amigo y tembló, dando un paso hacia atrás —. Eres idiota… —golpeo con su puño el pecho contrario, temblando —. ¿Qué es lo que estabas haciendo? —lloriqueaba, con aquellas lágrimas que se agrupaban en sus ojos.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Jue Jul 31, 2014 11:13 am

Un golpe. Otro. Uno más. ¿¡Quién mierda se creía ése tipejo para tocarle?! ¿¡POR QUÉ LE TOCABA?! El impacto de sus puños contra la piel del que consideraba un malhechor le provocaba cierta satisfacción al saber que estaba hiriendo al que, de un modo u otro, creía que había aportado algún daño al que restaba tras su espalda. Siquiera había podido mirarle bien o prestarle atención pero su urgencia en ése momento era que aquel desconocido dejase de atemorizar a SU mejor amigo, aunque ahora ése actor ya conocido en el mundo del espectáculo amaterur se perdió en la trifulca y la consciencia dejó de ser un punto a favor; La había perdido completamente, embebido en defender lo que siempre procuró proteger, incluso, de sus propios sentimientos. El por qué estaba ahí o cómo demonios había llegado era un tema sin importancia si se comparaba al hecho de que éste pudiera resultar herido.

No obstante, aquella lucidez perdida vino cuando al intentar asestarle el último golpe al moribundo, las temblorosas manos del contrario le sujetaron aquel listo para impactar contra el adyacente, hasta ahora incluso la trémula voz de su compañero había quedado totalmente ofuscada por la ira de quién impartía justicia a golpe de puño de un modo totalmente pandillero, callejero. Muy posiblemente aquello le jugaría una muy mala reputación y el presidente de la condenada academia le castigaría con algún tipo de limpieza que le hiciera recordar cómo debía comportarse. Los ojos del japonés se abrieron en sorpresa, cómo si recién estuviera despertando del letargo de un sueño pesado y fue justo en el momento en el que el de cabello cobrizo gritó su nombre, deteniéndose en seco. Por poco, por milímetros. No golpeó al foráneo por una diferencia tan escasa que incluso él mismo se sorprendió de la obediencia que su cuerpo mostraba a la voz del ajeno.

El hombre se desplomó al suelo casi sin vida cuando el de hebras doradas soltó el cuello de aquella camisa agasajada y recubierta en sangre y con un gesto aún medio ido observó al que tenía los ojos llorosos y una expresión que rozaba entre el enfado y el miedo. No pudo preguntar o acercarse, antes de reaccionar el puño de su amigo de la infancia estalló contra él, haciéndole retroceder. En ése instante miles de ideas pasaron por su mente: Ése debería ser su pareja, sin duda. ¿Para qué si no protegerle? ¿Por qué motivo interponerse? La mente del actor fue procesando el enfado foráneo sin siquiera pensar en ése insecto desplomado como el humano que era, si no que lo etiquetaba como aquel que había osado dañar a Nemugasa.

-¿Es tú novio?- no se atrevió a mirarle a los ojos,  no quería leer esa verdad, no, ni hablar. Pero por otro lado... la risa manó de la comisura propia con un deje de prepotencia que le dañó cara poro, cada esencia de su ser. -¿Por esto...- para dejar evidencia que estaba hablando del sujeto ahí tirado se aseguró de que la suela de su zapato impactase contra el hombro del desmayado, haciéndolo rotar sobre su eje para que éste quedase encarado al cielo nocturno. -... No me has respondido en un mes ningún mensaje?- pero no hubo tiempo para demasiada charla más. El grito proveniente del inicio de ése callejón logró que su mirada, una completamente equipada con la furia y el dolor de aquella escena se alzase para intentar mirar al que había osado irrumpir la primera charla cara a cara con él desde hacía dos años. Dos malditos años. Dos años...

Y ahí, por la única entrada/salida del lugar, el chico que formaba parte del reparto de la nueva película les observaba con el pavor en la mirada, no pudiendo apartar la mirada del albino, quién dejó de aplastar el hombro del hombre con la suela del zapato para volver a asestarle otro certero puntapié. -Me he cansado. Me he cansado de escribirte. De llamarte. De insistir en intentar que todo siguiera igual.- las manos del actor volvieron a formar puños, aunque esta vez no hizo ademán alguno de desear hundirlos en ninguna zona corpórea. Desvió poco a poco la mirada de su compañero de escena para enfocar al que le había golpeado en defensa del tendido y sin demasiada prisa rebuscó algo en su bolsillo, tras ello sustrajo su teléfono móvil. -Para ti.- se lo lanzó en espera que éste lo atrapase entre ambas manos. Ahí terminaba todo. Sin ése maldito teléfono no contaría con la agenda personal y con ello perdería para siempre el número del japonés. El resto eran tantos otros sin importancia que volverían a aparecer en la memoria del siguiente celular que comprase con tan solo un par de llamadas a la dirección del plató. Tras ello y sin volver a mirar hacia él caminó hasta el chico que portaba las gafas y tenía el gesto compungido en verdadero pánico y le rodeó los hombros con un brazo, pegándolo a un costado de su cuerpo y apartándolo de la escena, llevándoselo consigo sin volver la vista atrás.

No insistiría más. Takashi había estado ausente durante meses y en concreto el último no había dado señales de vida por lo que posiblemente éste ya... ya le había olvidado. ¿Para qué seguir? ¿Para que intentar nada si el otro tenía tan claro que no le quería en su vida?

El chico con el que compartía ahora su caminar le miraba de soslayo aunque no mencionó ni una sola palabra sobre lo ocurrido. El cuerpo de Maya se movía torpe, casi mecánico. El color de sus mejillas era tan blanco cómo el mismo papel y había tanta sangre en su ropa que no podía tan siquiera adivinar si la misma le pertenecía o no. –¿Hyd...?- no terminó de hablar. Tuvo que moverse en busca de rodear la cintura foránea, algo que no logró del todo y el cuerpo del actor terminó contra el suelo, arrodillado frente al que buscaba ahora la ayuda de algún ente que merodease próximo y le ayudase a encontrar solución a aquello, aunque Hideyuki distaba mucho de escuchar lo que sucedía a su alrededor. Todo eran zumbidos y voces lejanas, el sudor frío recorría cada poro de su espalda...; Demasiada adrenalina descargada. Demasiado dolor acumulado.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Jue Jul 31, 2014 12:55 pm

Todo, había pasado demasiado rápido.

Lo sucedido no acababa de procesar totalmente en su cabeza, su mente estaba enfocada en lo que sucedía directamente, pero aquellos movimientos, reacciones, acciones por parte del único cuerdo de todo el callejón estaba desapareciendo poco a poco, el terror estaba invadiendo su cuerpo. Nunca lo había visto tan enojado, habían cosas que desconocía de Hideyuki, lo sabía, él, no podría ser su mejor amigo si desconocía como se enojaba de verdad, no podía leer sus emociones, aunque fuese malo para hacerlo, con Hide siempre había encontrado la forma de leerlo, de atravesar aquel cascaron divertido, para sacar a aquel que siempre le había protegido… siempre. Abrió sus ojos, y estos se llenaron más de lágrimas, ¿Para qué servía él? Si siempre le estaba protegiendo, porque lo persiguió…

¿Por qué lo amaba? ¿Por qué quería estar con él? Que tonto había sido. Un idiota completamente. Hideyuki estaba haciendo un espacio en el mundo del espectáculo, él, como estudiante universitario de medicina estaba lejos de estar a la altura de alguien como él. No sonreía tan grande como Hide lo hacía, no era tan popular, ni siquiera llegaba a los tobillos de la popularidad que Hide alcanzaba, ni siquiera estaba a la moda. Era aburrido, se aferraba a los libros para defenderse, pero aun así, aun así logro enamorarse de aquel quien era su mejor amigo, de aquel quien le defendía de cualquiera que se atreviera a colocarle un dedo encima, pero todo aquello era amistad, él no podría sentir absolutamente nada por él, porque… ¿Por qué no lo podría hacer? Porque realmente un hombre como él, se merecía a una mujer de su alcance, alguien, que sea realmente bonita e inteligente… ¿En qué categoría quedaba él? En el de mejor amigo, para siempre.

Pero incluso, esa categoría estaba rompiéndose en esos momentos.

. Maya… ¿Qué… —no, no era así. Ese no era su novio, tampoco tenía nada con él, pero…. ¿Por qué le dolía tantos sus palabras? Era como si lo estuviera abandonando de nuevo, no… no era así. Nada de lo que estaba sucediendo era así… “Buscaba las palabras adecuadas para decirte que me mude a Corea”, “Pasaron muchas cosas, no sabía cómo contestar”, “Perdí mi celular” (Mala mentira), “No quería parecer un acosador…” sus ojos se comenzaban a llenar más de lágrimas “Es porque te amaba… que no te conteste los mensajes” ¿Qué? ¿Esa era la verdadera razón? Las demás solamente eran excusas que comenzaban a agruparse en su cabeza, golpeándose las unas con las otras, pero no le podría decir lo que realmente estaba pensando, no podría decirle que realmente lo amaba, porque todo acabaría, peor… de lo que ya estaba terminando —… no es así… —intento completar las palabras ajenas, pero le era imposible, su voz no estaba saliendo como él quería, intentaba gritar pero no podía, decirle todo lo que pensaba pero era imposible…

Su cuerpo, estaba aterrado de la realidad.

Ma…Maya, ¿Qué? ¿Qué estaba sosteniendo entre sus manos? ¿Por qué portaba el celular de Maya entre las suyas? Él… estaba rompiendo con su amistad, estaba… realmente lo estaba haciendo. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, su cuerpo se tambaleo hasta el suelo, golpeando con sus rodillas este mismo, el celular foráneo se encontraba en su pecho, que latía poco a poco, como si quisiera detenerse de todo lo que estaba sucediendo, que todo lo que había pasado fuese solamente una vil broma programada por su cerebro. Estaba asustado, realmente asustado, pero no por su comportamiento, por lo que vendría luego de haberlo encontrado. No se esforzó lo suficiente cuando la policía había llegado, los testigos comenzaron a discutir sobre un acosado, el golpe de otro pandillero y como desapareció entre las mismas personas sin llegar a reconocerlos, él mintió, fingiendo que no había visto absolutamente nada por el terror que estaba invadiendo en esos momentos. Young Kyo se encontraba más o menos estable, al menos, su vida no iba a correr riesgo, pero era posible que estuviera en serio problemas por haberle acosado, también preguntaron si iba a levantar una denuncia, para sorpresa de todos Nemugasa negó, estaba más absorto en sus pensamientos que lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

El sonido de unos zapatos golpearon el suelo de aquella gran carretera, un alto hombre corría con las fuerzas que le requería, entre 37 u 40 años de edad, su cabello rojizo se movía en el viento de la fría noche, y cubría su cuerpo con un abrigo bastante abultado. A diferencia de su hijo, el no portaba gafas para cubrir su rostro, o su elegante ropa que resaltaba con cada salida que hacía, entro entre la multitud, pasando la cinta de color amarrillo, estirando sus manos para lanzarse contra el estudiante que estaba bebiendo un poco de té para calmarse —. ¡Tasshi! —el hombre lo aferro a sus grandes brazos, el tembló un poco, la policía se iba a acercar cuando el niño, soltó el vaso lanzándose en los brazos de su progenitor —. Pa…Padre —tembló, sus pequeños dedos se aferraban a la camisa de aquel hombre, sintiendo como temblaba poco a poco —. ¿Estás bien? ¿No te hizo nada? —negó, y apretó sus dedos contra la ropa de su padre —. Ma…Maya —¿Maya? Su padre levanto una ceja impresionado —. Me salvo… pero… Maya me tiro el celular suyo… yo… yo… —sus lágrimas comenzaron a llenar de nuevo su rostro. Ryunosuke abrió sus ojos con potencia, ahora entendía aquella confesión de su hijo, y el motivo oculto por el cual había aceptado venir a Corea, el amaba a su mejor amigo… estiro sus dedos por el cabello rojizo de su pequeño niño, en lo que abrazaba poco a poco su cuerpo, sus índigos brillaron con potencia con la luz de la luna, sacudiendo su rostro de un lado a otro, no iba a mencionar nada, pero tampoco iba a interrumpir su pequeña charla —. No quiero que me deje solo, Pa…padre —los dedos adultos estaban enredándose en los de su hijo, poco a poco ampliando una pequeña sonrisa —. ¿Le explicaste lo que sucedió? —negó rápidamente, no había tenido tiempo para explicarle. El miro hacia otra parte, mientras se levantaba —. Vamos a buscarlo —¿Eh?

¡¿EH?!

. Oficiales, me llevaré a mi hijo para que descanse. ¿Pueden encargarse del resto? Soy Nemugasa Ryunosuke. Trabajo en la escuela de preparatoria como docente de idiomas. ¿Puede hacerlo? Esta es mi dirección —el hombre entrego sus documentos al oficial, sacando a su hijo de la gente que se encontraba a su alrededor, quito su abrigo colocándolo en los hombros del menor, estaba agradecido con Maya Hideyuki y él podría entender los sentimientos de amar a alguien a quien considerabas tu mejor amigo, aunque sufriera, tendría que confesarse de un momento a otro, a lo mejor Si es correspondido.

La pregunta era… ¿Dónde comenzaría a buscar? Una pregunta, que Takashi ya se estaba haciendo —. Padre… ¿Dónde lo buscaremos? —el adulto comenzó a reír, intentando visualizar con fuerza su mente. ¿En dónde estaría? —. Lo más probable es un hotel, pero si solo ha pasado media hora de lo sucedido lo más seguro es que este todavía por los alrededores, o haya ido a la casa de alguien para vestirse —El asintió, el hombre saco su celular marcando un número —. ¿Padre? —el hombre levanto su mano, y pidió la dirección de alguien en especial, su hijo le observaba con curiosidad…

Su padre, realmente era increíble, a pesar de su nuevo peinado.


OFF:
Ryunosuke Nemugasa Es tan cooool~ <3
asdfghjkl ;A; Lloré con el post :c


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Jue Jul 31, 2014 1:37 pm

Tosió con todas las fuerzas que le dieron sus pulmones y ladeó la cara para apartarse del jodido aparato que estaba proporcionándole aire de manera artificial y hacia que le ardiera la nariz. A su lado, un celador le miró de mala gana. –¡Ya está, ha recuperado la consciencia!- tras el aviso el muchacho arrancó sin demasiada delicadeza el tensiómetro que mermaba junto al actor y se aseguró de poner un apósito blancuzco justo en el lugar dónde posteriormente y cuando Hideyuki restó inconsciente le buscaron la vena principal para inyectarle sedantes, cubriéndole el pequeño agujero sin demasiadas formas ni delicadezas. Estaba estirado, aunque no en el suelo. Bajo él podía sentir el aroma a desinfectante, a ropa limpia venida directa del hospital. Tensó los labios, oprimiéndolos en una mueca y buscó algo que le indicase dónde estaba, aunque no encontró más que el preocupado gesto de aquel al que arrastró consigo fuera del callejón. –H-hyde...- hizo una reverencia copiosa de tal calibre que incluso pudo ver cómo en el gesto se le descolocaban las gafas. –N-no les avise... e-ellos... vinieron por el incidente de ése hombre...! ¡Ya les dije que no teníamos nada que ver y que la sangre era por una caída!- vaya vaya. Miró sorprendido a ése pequeño mentiroso que al parecer había buscado una coartada a todo aquello y cuando se aseguró que no caería de nuevo en desmayo postró las manos sobre suelo firme y se sentó tras lanzar un copioso suspiro. –Está bien, no importa. Supongo que la caída fue demasiado fuerte y me debí dar en la cabeza.- y él era el perfecto cómplice. No quería ser interrogado; Mucho menos quería que lo arrastrasen hacia comisaria para tomarle declaración y, por supuesto, acusarle de agresión. El muchacho que se encargó de él retiró la camilla del suelo y la sirena de la ambulancia dejó de sonar, agradeciéndolo en demasía debido a que el mero sonido de la misma se le clavaba en la sien cómo mil agujas. –Hemos de atender a un herido más, así que... ¿Estás bien? ¿No quieres ir al hospital?-

El peliplata negó con una mano a lo que el otro se limitó a encogerse de hombros, metiéndose en el asiento de copiloto para salir en dirección al siguiente lugar dónde tenían la guardia. El actor suspiró pesadamente antes de dirigir una mirada a su compañero. –T-te caíste...- no le devolvió la mirada, éste se encontraba entretenido mirando sus propios dedos, unos que se movían inquietos enredándose entre sí en un juego que sólo él parecía entender. –Pero yo no llame, vinieron y...- ahhh... mareo. Dejó de escuchar la voz del contrario para llevarse una mano a la frente, gesto que no pareció pasar desapercibido por quién ahora volvía a enfocarle con gesto de verdadera preocupación. –Está bien, no importa. Se nota que eres actor... hiciste una buena jugada.-

El chico se sintió halagado y muestra de ello fue la copiosa sonrisa que le dedicó. –Vamos a un hotel, siento que la cabeza me va a estallar...- el otro asintió y siguió los pasos que el otro inició. Todo, todo dolía, no únicamente la cabeza. Ahora comprendía el motivo por el cual ése que durante años llamó mejor amigo había dejado de prestarle atención. Por otro. Había sido... sustituido. El hecho de recordar el grito agónico de Nemugasa justo antes de detener su puño le tensó aún y ahora que no había rastro de su presencia: Sí. Le importaba y él... él había sido un completo imbécil al intentar que sus caminos prosiguieran siendo los de antaño. Ya no eran unos niños y ambos eran... Eran distintos. No tenían ningún punto en común. Nada que pudiera unirles cómo más que conocidos. El hilo forjado en el pasado había sido sesgado por la realidad y lamentablemente, se sentía perdido, indefenso. Ridículo.

-¡Bienvenidos!- la amable sonrisa de la mujer tras el mostrador hizo que alzase la mirada. Ah... la cartera... tanteó sus bolsillos pero no dio con la misma, al ver aquello, fue el más joven de ambos quién adelantó por encima de la mesa una tarjera dorada; Una con la que contaba todo actor y que les abría las puertas de dónde la gente normal no podía acceder. La mujer, aún con una deslumbrante sonrisa tecleó un par de cosas y pronto, la llave de un cuarto, junto a esa entregada, se deslizó por el mostrador. –Cualquier cosa presionen el botón azul del Domo de su habitación, yo misma les atenderé e intentaré ofrecerles el máximo confort.-
-G-gracias...- pero mientras éste hablaba, Maya ya estaba arrastrándole en dirección al cuarto que esa noche tenía pensado compartir.

No le sorprendió demasiado que se tratase de un cuarto de lujo, siempre que un ente medio famoso mostraba aquel tipo de tarjetas, el empleado solía tener por obligación mostrar lo mejor de la casa, algo que verdaderamente le sacaba de sus casillas. –No deberías dejar que el resto supiera de tu posición. Podrían secuestrarte o algo así.- él estaba ya sentado sobre la amplitud de un sofá de terciopelo y por su parte, el menor parecía estar rebuscando algo por el mueble-bar, no pareciendo muy contento con lo allí encontrado. –Está bien, no importa. ¿Has perdido tú cartera?- alzó la cabeza para mirar al debutante por encima de la puerta de esa pequeña nevera frente a la que estaba arrodillado y éste se limitó a encoger los hombros, solía ser bastante responsable para con sus pertenencias personales. ¿En la pelea? De ser así posiblemente pronto le idenficiarían como el agresor, aunque ciertamente, aquello, en comparación a la perdida que acababa de sufrir, le tenía sin cuidado. –¡Aquí!- el contrario sonó más feliz que posteriormente y le vio envolver algo con un paño, cosa a la que no prestó demasiada atenci
ón e intentando centrarse en otro punto de interés, encendió el televisor, en él, un chico de cabellera rojiza apodado Jung estallaba sobre un escenario con una voz que erizaría el bello de cualquier mujer.

El chico pronto volvió a hacer acto de presencia y sujetando lo preparado entre ambas palmas se aproximó a su próximo compañero de temporada para, sin preguntar. Sentarse sobre su regazo. Aquel al que consideró tímido en un inicio separó las piernas y clavó las rodillas sobre el sillón en el que el mayor permanecía sentado, apoyando sus posaderas peligrosamente cerca a la entrepierna foránea. –Esto te aliviará.- no parecía tener vergüenza... Tras esas palabras, el frío le azotó con tanta fuerza que no pudo evitar soltar algo similar a un gemido, un jadeo reprimido que logró cierto temblor en el cuerpo del que ahora restaba sobre su anatomía. Sobre su frente ahora descansaba una toalla con la marca del hotel rellena con los hielos que el otro parecía haber encontrado en esa pequeña nevera. La mano del menor sujetaba con ahínco la pequeña toalla sobre una herida que el albino siquiera reparó en tener y que a pesar de no necesitar sutura parecía estar a punto de pasar por una infección. Sus ojos contemplaron al foráneo, quién le devolvió la mirada tras el cristal de esos anteojos.

Nemugasa... Takashi... ¿Y si se había equivocado? Tal vez... tal vez había actuado mal. A fin de cuentas, él no era nadie para prohibirle verse u estar con alguien más, ¿No? ¿Por qué tenía que molestarle de ése modo? Era rídiculo. –Hyde...-

Su voz... Cerró poco a poco los párpados; Alejado de la realidad estaba mejor, fuera de la visión del callejón, lejos de la pelea y aún más lejos de ése adiós sentenciero que ejecutó al darle su teléfono. Takashi era su mejor amigo, su único amigo real en ése mundo de hipocresía pero aún y así le ignoraba. ¿Tan patético era? La suavidad de una comisura apoyarse en la propia logró hacerle suspirar y sin preguntar, reprochar o apartar su boca respondió al gesto con la misma suavidad en la que la otra se mostraba. Le... le pediría perdón. Quizás.


Spoiler:
asjdkas *AAA* Y a mi el tuyo, mierda de niños.. :C nos harán sufrir.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Jue Jul 31, 2014 9:58 pm

Se movía de manera imperativa, alejado a las indicaciones que su padre estaba otorgándole en esos momentos, más concentrado en las ordenes que su cerebro le estaba mandando. El hombre sostenía en sus manos una cartera de color marrón, en todo aquel problema causado por aquel pervertido, alcanzo a tomar algo que se encontraba en el suelo, y pudo identificar al agresor como aquel compañero de la infancia de su pequeño, tal vez, si hubiese estado en la misma posición le hubiese roto la cara, pero tampoco para dejarlo casi al borde de la muerte, sería aburrido si no sufría por el resto de su vida, nadie tocaba a su pequeño querubín  de ojos fucsias, casi llegando a un hermoso color espinela. Incluso estaba dudando de lo que aquellos dos pudieron tener en el pasado, pero conociendo lo que la madre de ese niño le había inculcado seguramente él, estuviese pensando que entre los hombres nada puede nacer.

Ryunosuke lanzo un suspiro de sus labios, alargando una pequeña sonrisa en estos. Era un hombre liberal, desde pequeño supo que le atraían tanto los hombres como las mujeres, pero había un grupo en especial que le hacían encender aquel foco que obtenía como gusto por la sexualidad. No era un adicto al sexo, pero podría hacerlo con cualquiera que se lo pidiera, por placer, por amor, por curiosidad. Él había adentrado tanto a aquel mundo, que se mantenía alejado de la mujer con la cual se caso (no por amor) sin embargo, comenzó a quererla, pero amarla hasta el fondo, no lo hizo. Se lo explico a su hijo, pero pareciera que él tenía incluso más problemas que lo de sus padres, que se lo tomo realmente bien, quien iba a pensar que dentro de su cabeza, toda una novela estaba formándose. Le miro de reojo, ¿Amar a su mejor amigo? Suspiro, pareciera que estuviese maldito por aquello que su padre en el pasado no le dejo hacer a él. Si, los dos estaban enamorados, pero nunca pasaron del sexo anal, por culpa de su padre quien les separo en la entrada de la universidad. Rasco su cabeza,  bastante preocupado por lo que estuviera pasando en la mente de aquel quien consideraba la luz de sus ojos.

Takashi resoplo suavemente, de sus labios salió un ligero suspiro que acabo desapareciendo en el ambiente. Apretó aquel aparato entre sus manos observando la pantalla que se encontraba de fondo, lo subió poco a poco inconsciente hasta sus labios besándole, otorgándole una pequeña muestra de cariño, todo el que sentía por su propietario (o ex-propietario) estaba acumulándose en su pequeño y sensible corazón que latía poco a poco por sentir emociones producidas. Levanto su rostro hacia donde su progenitor, quien terminaba de hablar por teléfono ampliando una pequeña mueca de victoria en su rostro, realmente le sorprendía la capacidad de aquel hombre en comunicarse con las personas, muy diferente de ese quien estaba caminando detrás de él —. Ya sé donde se encuentra, alguien lo vio no hace mucho entrar a uno de los hoteles principales de la zona roja —las mejillas de Takashi se tiñeron rápidamente —. Es…es mejor si esperamos hasta mañana —su padre frunció el ceño, el cuerpo de su pequeño se encontraba temblando, sus manos aferraban con fuerza el aparato en lo que él, giraba su rostro hacia un lado y después hacia el otro —. ¿Por qué? —aquella pregunta le tomo desprevenido, levanto su rostro observando a su padre, trago seco, sintiendo la pesadez en su estomago. ¿Por qué? una muy interesante pregunta.

. Takashi, ¿Amas a Hideyuki? —la pregunta golpeo totalmente su conciencia, era como si se estuviera moviendo aquella molestia en su estomago, apretando sus manos contra las propias, proporcionándole una inestabilidad social. Su padre avanzo dos pasos hacia él, colocando una mano en su pecho —. Espérame en ese parque, buscaré algo para comer ¿Vale? —asintió un poco, el hombre se dio media vuelta metiendo sus manos en los bolsillos, con la memoria de aquel hotel en su cabeza.

Takashi se sentó en un columpio, amarrando sus largos dedos alrededor de la cuerda que le mecía hacia adelante y hacia atrás, con cada pequeño impulso que él estaba haciendo. ¿Enamorado? Lo estaba, en demasía de su mejor amigo, pero no podría aceptarlo, no sabía que se notaba lo suficiente, tal vez por esa razón su mejor amigo quiso romper su amistad, no quería ni pensarlo. Sus ojos comenzaron a llenarse de nuevo de lágrimas, un grupo de dos colegiales paso delante de él, uno pequeño de gafas agarrado de la mano de uno alto de cabello negro, quien hablaba y hablaba, sonrió suavemente, observando que el más grande llevaba en sus manos un dibujo de superman, mientras que el pequeño cargaba con un suéter del mismo superhéroe. El apretó suavemente sus manos, si no fuera por Hide, él no hubiese conocido quien era el Capitán América, no le hubiese tomado amor a un personaje ficticio y su colección de comic nunca hubiese estado organizado a donde viajara. Miro a los pequeños que desaparecían más adelante, y sonrió poco a poco. Fue mi culpa, pensó cerrando sus ojos, por él mismo, Maya se había enojado consigo, y había roto su amistad. ¿Por qué? ¿Por qué había sido tan mala persona?

Ryunosuke llego al hotel que le habían dicho, delante de este se encontraba la misma recepcionista que había recibido a los dos jóvenes, así que el encanto floto de sus labios —. Disculpe señorita, vengo a hacer una entrega al joven Hideyuki Maya, quien se registro hace algunos minutos en este hotel. ¿Puede comunicarse con él? —la mujer observo la seriedad dictada por el hombre, subió su mano mostrando una pequeña mochila que había prestado anteriormente a un grupo de adolescentes en la parte de afuera, con el precio de algunos won, para luego observar que aquella mujer marcaba un número en el megáfono, el hombre se cruzo de brazos —. Disculpe, ¿Su nombre? —el hombre sonrió —. Nemugasa, Ryunosuke Nemugasa —asintió la mujer, en lo que hablaba un poco alejada de aquel hombre, marcando al número de aquella habitación, pero no se escuchaba absolutamente nada —. Lo siento, pero al parecer no esta dentro de la habitación —el hombre levanto una ceja —. Lo intentaré de nuevo, ¿puede esperar en la… —el golpeo aquella mesa con fuerza, acercándose a la doncella —. ¿Usted sabe lo aterrador que es Maya-sama cuando se trata de algo que le perteneces? Es el nuevo traje para la presentación dentro de algunos días, si usted me colabora, le aseguro totalmente… que le daré una boleta gratis para que salga con él, es aterrador.. —pareciera que iba a llorar, sus dedos temblaban sujetando la mochila, la mujer trago seco, coloco aquel objeto en las manos del hombre, señalándole la habitación —. 305, tiene 10 minutos —sonrió, beso la frente de la mujer en agradecimiento, comenzando a correr por los pasillos.

La puerta se abría delante de sus ojos, la llave no tardo en pasar a su mano, y luego la puerta abriéndose de golpe —. ¡Hideyuki-kun!~ —sonrió, aunque no lo parecía, Ryunosuke era otro fan del Capitán América.

Tasshi reacciono abriendo sus ojos —. ¿Cómo mi padre consiguió el lugar? —cerro sus labios, interrogante de aquello que se encontraba golpeando su cabeza un par de veces, ¿Qué era lo que había hecho su padre? ¿Por qué no le había dicho lo que había sucedido? Dejo que un suspiro se escapara de sus labios, y observo el celular que se encontraba en sus manos, observando cómo las lágrimas comenzaban a manchar el vidrio, las seco con la manga de su ropa, moviendo suavemente su mano para apretar el celular contra su pecho, había detenido su pequeño paseo en aquel objeto, en lo que observaba como la tierra se agrupaba en sus pies.

Comenzó a repasar los huesos del humano, memorizando cada uno, poco a poco. Apretó sus labios y miro el cielo —. No tiene nada de malo sentir miedo, siempre y cuando no te dejes vencer por él —susurro suavemente, recordando una de las frases del Capitán América que tanto le gustaban. Levanto su mirada hacia la luna, su padre se estaba demorando demasiado.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Vie Ago 01, 2014 2:14 pm

Las cosas no se habían detenido con el beso. Los cuerpos de ambos restaban ya desparramados sobre el sofá que en un inicio les dio soporte mientras el de anteojos le ejecutaba las curas con el hielo, uno que ahora se derretía sobre la toalla utilizada en el suelo. Él era quién tenía la espalda contra el duro sillón y la boca del pequeño iba y venía por su cuello y rostro, por su parte y para procurarse comodidad tenía un brazo tras la nuca a modo de almohada y su otra palma sujetaba la cadera del muchacho para que éste no perdiera el rumbo ni entre ida y venida terminase contra el suelo. Tenía la mirada adherida al techo, totalmente ausente al placer que el otro estaba intentando despertarle, pero es que la escena anterior le tenía totalmente destrozado; ¿Quién diría que un don nadie cómo Nemugasa se iría con otro? ¿En qué momento pensó ni por un momento en sustituirlo? Las pulsaciones se elevaron, no por el enfado, si no por que ahora la boca del joven estaba entreteniéndose con la copiosa erección que éste se ocupó de desproteger de la tela, comiéndoselo como si se tratase de la paleta más sabrosa del mundo, gimiendo incluso mientras se tragaba aquel pedazo de carne palpitante. El de cabello incoloro chasqueó la lengua, incómodo. Debería dejar de centrar sus pensamientos en esa persona por más dolor que aquello le causara.

De lo contrario, terminaría loco.

Cerró los párpados en busca de centrarse en las oleadas de placer que se extendían desde su entrepierna empero el rostro risueño de un niño de poco más de trece años le golpeó; Ahí estaba, en un recuerdo añejo, tomando la mano de quién, a pesar de sonreír, aún tenía restos secos de lágrimas y mocos por toda la cara, posiblemente derivados de un llanto sin precedente. No recordaba del todo el por qué Takashi había llorado, por qué él le sostenía de la mano y caminaba algo por delante para intentar que no le viera sonrojado... Pero en ése recuerdo había algo escondido. Algo más. En aquella historia, en ése día, descubrió sus pecaminosos sentimientos para con quién era su mejor amigo. Él, en el recuerdo, apretó la mano del pequeño, en esa realidad, agarró del pelo a quién estaba mamándosela., éste entrecerró un ojo por el dolor y para poder respirar se apartó del mismo, jadeante miró sin comprender a su declarado amante. –Metetela.- habló sin sentimiento, sin nada más que deseo carnal. Tenía la mirada adherida al techo de nuevo pero su pequeño conejo no tardó en asentir y a como pudo, se deshizo de los pantalones y los bóxer.

Con la mano libre el de gafas mantuvo la erección en alto y con la otra se abrió la entrada, demostrándole al que tenía debajo que no era un novato en los terrenos sexuales, si no que podría aportarle lo menester para desfogarse. Fue bajando lento, casi pretendiendo que el ausente actor le mirase, le reconociera. Rojizo glande hizo contacto con aquella rugosa y suave entrada, meneó las caderas impaciente pero...

La puerta se abrió de un blandazo y ése que tenía encima tambaleó, aunque no llegó a caer gracias a que el actor, con los reflejos suficientes, le asió por la cintura y le procuró equilibrio, sentándose tras ello y medio resguardándole contra el torso. Miró con ojos abiertos y una palidez excesiva hacia el umbral de la misma, reconocería esa voz dónde fuera... –R...Ryuno...- pero la alerta le cubrió ahora las fracciones, si ése hombre estaba ahí posiblemente también... ¡Nemu! Apartó al más joven de un cruel manotazo y éste, sin comprender nada, se cubrió la desnudez parcial de su parte inferior con la ropa, calzándosela disimulado, sonrojado. Sin duda no podía esperar que en medio de aquel acto nadie se fuera a presentar, era la primera vez que le sucedía algo así y estaba verdaderamente nervioso intentando que las piernas se metieran por los huecos que correspondían de su ropa interior, por su parte, el actor lo único que hizo fue meterse el pene de nuevo en la bragueta, ya que al contrario que su amante, era la única parte de su anatomía desnuda, aunque la camisa que portaba también estaba ligeramente abierta, recubierta de muy pequeñas marcas, rastro de la pasión foránea al pasar por la zona. –¡¿Qué haces aquí?! ¡Oe, yo no fui! ¡Fue su novio!- no sabía por que se justificaba, lo cierto era que su relación con ése hombre siempre fue amistosa, muy por el contrario que con la madre de Nemu, quién con su rectitud le hacía sentirse ligeramente temeroso e incluso observado, no era lo mismo con ése con quién incluso compartía frases de su estimado Capitán America.

Se llevó una sola mano al pelo y se lo alborotó con cierto hastío. No parecía que el menor estuviera merodeando por ahí, algo que agradecía, pues seguía molesto con él, además...

Miró de reojo al que aún intentaba vestirse. No quería que le viera con nadie. Era común que él mismo le relatase sus batallas sexuales pero no obstante, no le dejaría que participara visualmente en ninguna, no se sentía cómodo con el sólo pensamiento de saber que aquellos ojos tan inocentes pudieran presenciar una escena de tan baja categoría en comparación. –Lárgate... Luego te...- oh, no. No podría llamar. Nadie les conocía por ahí y los números de teléfono sólo estaban guardados en el móvil que le había entregado al menor. Suspiró, molesto consigo mismo y miró ahora a su amante casual. –¿Puedes ir a recepción a por una pastilla? Me duele la cabeza.- no era que fuese una mentira pero lo cierto era que no tenía ganas de que éste participase en la conversación y es que de un modo u otro, ver a ése hombre excéntrico con ése semblante frente a sí le dejaba a pensar que no se iría hasta que escuchase lo que fuera a decirle, aunque muy posiblemente ahora le llegaba a él el turno de sufrir una paliza al habérsela otorgado a la persona importante para su siempre tan protector padre. Si, posiblemente Nemugasa habría llamado entre lágrimas a Ryunosuke para que vengase a su pobre –literal- novio.

No fue hasta que el pequeño del reparto de la serie se marchó que no volvió a rascarse un lado de la c aveza. –Oye, viejo, yo no hice nada. Creía que estaba acosándole.- que le hacía daño, que le había acorralado...

Aún podía sentir como le hervía la sangre con sólo pensar que Nemugasa podría haber sido violado por alguien en un lugar cómo aquel, aunque luego las piezas encajaron –según él consideraba- no dejó de ser que había entrado en pelea para proteger aquello por lo que un día respiró y que ahora, sin embargo, se había consumido como el último respiro de una cerilla. Por más mensajes, llamadas y cartas que le procurase, ése otro tenía una vida alejada de la suya y eran tan distintos que no había ni existiría modo alguno de volverlas a unir. Todo había terminado… todo.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Vie Ago 01, 2014 3:12 pm

Jacob Reynolds, un detective inglés que tenia años trabajando para la seguridad pública de Corea, sin embargo, en el pasado estuvo involucrado en un asunto en Japón donde conoció al profesor de la universidad de Tokyo, Ryunosuke. Los dos se volvieron bastante amigos, y fue gracias a él que la transferencia a Corea se pudo realizar, en esos momentos trabajaba con una red de información alrededor de la ciudad, y también era su vecino, por lo cual Tasshi estaba acostumbrado a observarlo de lejos, en lo que ellos dos se sentaban a tomar cerveza en la sala de su casa. Ryunosuke consultaba con él, un montón de cosas, desde que se encontraba en Japón y cuando viajaba usualmente solían ir a beber en algún bar. Eran muy buenos amigos, pero había cosas que había que pagarle por la información, Jacob también era buscado por la ciudad por los mafiosos más influyentes de la zona, por eso su posición dentro de la policía era tan secreta, que parecía un protegido de la ley.

Los pasillos de aquel hotel realmente eran largos, sobre todo para el hombre de cabellos rojizos, quien tenía una pequeña mueca de diversión en su rostro, buscando el número de la habitación, jugando con la llave de repuesto entre sus dedos, agradecía su habilidad para socializar y mentir, de lo contrario fuese diferente a como vivía acostumbrado a lo cotidiano en Japón, una vez, que quiso romperla, fue la primera discusión con su mujer, luego llegaron las demás y al final, prefirieron terminar absolutamente todo, porque él, no era de aquellos que podrían aguantarse una lata todo el día, extrañaba sus tiempos de juventud, su padre le crio con mano duro, pero lo que él necesitaba era una madre, no una mujer que parecía ese estilo de madres cansonas, si fuesen como aquellas nanas que tuvo en el pasado, fuese realmente feliz.

La observo, y no pudo esperar.

La sonrisa de su rostro no se había quitado, al contrario se ensancho, lo sabía, o más bien lo presentía, era intuición de padre, aquel quien tuvo que aguantarse a esos dos mocosos cuando salían de viaje, y alguna de las dos familias se los llevaban, él y su padre eran los que más se aguantaban la personalidad de ambos, así que lo conocía lo suficientemente bien, para saber que estaba haciendo, y que no. Menos mal, que no traje a Tasshi, pensó, dejando que un suspiro se escapase de sus labios. Abrió sus labios, formando una mueca de burla en estos, detallando a la persona que se encontraba a un costado, anteojos, delgado, no tan alto como Tasshi, pero lo suficiente callado y avergonzado para parecerse a su hijo (aunque estaba seguro de que nadie era más hermoso que su pequeño) —Es un padre estúpido después de todo—, Ryunosuke levanto una ceja bastante interesante a saber qué era lo que estaba pensando, pero guardo silencio al escuchar las palabras de su boca, se mordió su labio, él como hombre adulto no se iba a meter en la vida romántica de absolutamente nadie, incluyendo la de su hijo, pero Hideyuki al igual que Tasshi, eran un par de idiotas. Suspiro, y golpeo su palma en su propia frente, Que par de idiotas, enamorados del contrario y no han dicho nada…, era como si la juventud estuviese hecha mierda —. ¿Qué novio? —levanto una ceja interrogante por aquel asunto, realmente esa palabra incluso a él no le gustaba para nada, su pequeño no iba a tener novio hasta que cumpliera los 50 o al menos, si no se trataba de alguien que él conocía lo bastante bien, pero a este paso, moriría y estos no dijeran ni pio.

No iba a hablar, no hasta que estuvieran solos.

El chico paso por su lado, lo reparo ahora de perfil, y la risita no tardo de salir de sus labios, pero no se iba a meter, que lo perdonara su hijo, pero solo ellos podrían decidir cómo llevar acabo aquel acercamiento entre ambos, que él metiéndose en aquella circunstancia para poder participar en algo realmente incomodo. Metió la mano en su bolsillo sacando la cartera ajena lanzándola hasta sus brazos, mientras la mochila de esos adolescentes caía en el suelo, no sabía qué cosas traía, pero tampoco es como si le importara, tomo una de las sillas que se encontraba cerca, sentándose, dejando que su trasero tocará aquel cojín con tranquilidad, estirando su cuerpo hacia atrás, observando el techo de aquel cuarto de hotel —. ¿Por qué estás tan nervioso? Hideyuki-kun~ —saco una caja de cigarrillo de su bolsillo, estaba seguro de que por ahora, era lo único que podría fumar, ya que su pequeño estaba solo en el parque.

Solo + Tasshi = Acosadores.

Dejo que el humo saliese de sus labios —. Y lo era, un acosador del trabajo. La policía tuvo que buscarme y llamarme desde su celular porque no se podía mover de donde estaba, solo sollozaba y apretaba con fuerza un teléfono celular —no lo estaba culpando —. Pero si tuviese que golpearte por algo, sería por hacer llorar a Tasshi —el humo que salió de sus labios comenzó a invadir la habitación, las rejillas que se encontraban en el techo absorbían aquel humo limpiando poco a poco el ambiente, aquello que el cuerpo no podría hacer, por esa razón, entre más el humo de cigarrillo se acumulaba en sus pulmones, más nicotina era mala para su cuerpo.

. Llegamos hace un mes, hace tres semanas atrás estuvimos arreglando la universidad, la mudanza, y antes de aquel mes fue mi divorcio —¿Debes estar asombrado? No lo esperaba nadie. Volvió a dar una larga calada a aquel cigarrillo, dejando que el humo se escapara de sus labios, en lo que mostraba una pequeña sonrisa en sus labios —. Cinco cuadras hacia arriba, en un parque. Está Tasshi, si llegas antes que yo puede que te regrese su aparatoSi es que quieres ir —Ryunosuke miro la hora, y se levanto, si iba a un restaurante familiar a esas horas de la noche, iba a conseguir un poco de comida, y algo de jugo para calmarlo. Se levanto, mientras caminaba hasta la puerta de la habitación —. Nos vemos, Hideyuki-kun~

El hombre golpeo la puerta de la habitación antes de abrirla de nuevo, paso a un lado de aquel joven de anteojos, mientras terminaba de detallarlo, y se iba riendo, la estupidez de padre de que su hijo es más lindo que otros seguía en su rostro, sobre todo cuando trabajaba… cuando se colocaba ese vestido de mesero era un amor hacia cualquiera de los visitantes, por esa razón querían con él, debía vigilarlo más, agradeció a la recepcionista, entregando la mochila y el dinero a los adolescentes, caminando hasta el restaurante familiar, aunque si lo pensaba bien, prefería ir a comer en McDonals.


Nemugasa Takashi estaba sujetando el aparato de Maya Hideyuki entre sus dedos, sus piernas se movían de adelante hacia atrás, lo único que tenía en su pequeña mente era aquellos días en los cuales eran mejores amigos, lanzo un suspiro, a la mañana siguiente debía averiguar la dirección de la casa del contrario, lo visitaría y le entregaría su teléfono luego de disculparse. Porque había tenido miedo de su mejor amigo, había temblado por él… no se sentía, lo suficientemente listo para conocer totalmente a Maya, él no se consideraba un buen amigo.

Maya… lo siento, pensó, apretando sus parpados. Detrás de uno de los árboles, vigilando que ningún pervertido se acercase, se encontraba Jacob, el cual fue ordenado que grabara la reconciliación por parte de ese profesor idiota.



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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Vie Ago 01, 2014 4:28 pm

No pudo evitarlo. Vio cómo el mayor repasaba con la mirada al que salía por la puerta, casi adivinando sus pensamientos, casi sabiendo que era lo que por su mente debería estar pasando: Eran parecidos, no cabía duda. ¿Lo habría... notado?

Eran padre e hijo, sin duda, pero... No tenían nada que ver el uno para nada, en absoluto. Ahí dónde Takashi no era más que un chico escurridizo que intentaba no sobre salir para con el resto, su padre intentaba siempre marcar su paso para que el resto fuera consciente del mismo; Dos caras de una misma moneda, pues a fin de cuentas compartían el ADN. Un ligero tic se remarcó en la perfilada ceja del actor cuando éste preguntó lo evidente. ¿Por qué estaba nervioso? ¿POR QUÉ? No era que le importase que ése hombre le hubiera pillado con la bragueta abierta en un intento por dar amor... No, el problema erradicaba en que éste pudiera decirle algo a Nemugasa. O que frente a la prensa manifestase que el gran actor del momento no era más que un homosexual que llevaba a gente de su círculo a hoteles dónde poder dar rienda a los más bajos y primarios instintos. Pero si algo sabía, era que ése profesor no era de esa clase de persona.

A decir verdad se llevaba bastante bien con él y había cierta confianza entre ambos, por eso tal vez estaba ahí. Se llevó un par de dedos a pellizcarse el puente de la nariz, aunque su gesto de enfado pasó a un segundo plano al escuchar la explicación del mayor. De golpe, apartó la mano de su semblante y centró toda su atención en ése hombre que tenía delante, mirándole sin creérselo del todo. –¿Un... acosador?- ¿Entonces su primer presentimiento fue el acertado? ¿ése hombre de verdad...? –Debería haberlo matado.- fue un susurro más bien para sí, pues su tono de voz no irrumpió la explicación de quién seguía hablando mientras la nicotina vagaba por su anatomía. Yo no quería hacerlo llorar. Su gesto entero adoptó el semblante de un crío que está siendo regañado, no gustándole que le culpabilizase de algo que incluso a él le dolía. Ladeó el rostro para enfocar una de las oscuras ventanas que daban a la calle, dedicándole una sola mirada de reojo cuando éste le anunció su divorcio. Al igual que el mismo profesor, a él no le gustaba indagar en la vida sentimental de nadie, aunque le hubiese gustado darle un abrazo, una palmada, un gesto; Ése hombre era casi... casi como su padre. Siempre le había dado seguridad para hablar y nunca le había juzgado por más trastadas en las que se vio envuelto en un futuro, dejándole siempre la via libre para verse con su hijo a pesar de las negativas de la mujer.

Solo... en un parque. ¡Está aquí al lado!

No supo si su reacción fue vista o no por quién ahora le daba la espalda pero descruzó los brazos y en primera instancia buscó su abrigo mientras el contrario se despedía, siquiera le prestó atención. Rebuscó por todos lados la prenda de abrigo mientras que su compañero se despedía del que salía por la puerta mientras él entraba, creyendo que por fin estarían solos y en paz. –Hyde...- le tendió la medicación, pero el rostro de aquel de anteojos se mostró dolida cuando el mayor pasó un brazo por su abrigo, calzándoselo en el hombro con prisa al tiempo que en un movimiento más tormentoso colocaba la cartera en su bolsillo posterior del pantalón. –Lo siento, debo irme.- no se molestó siquiera en tomar la medicación que el otro le estaba ofreciendo, dirigiéndose a la puerta con prisa. La suela de su zapato sonaba por todo el cuarto, haciendo con ello evidente su prisa, su deseo por ir a encontrarle. –¿Es por él, verdad?- pudo notar el nudo en la garganta, no podía tragar saliva siquiera. El nerviosismo afloraba en él y se vio tentado en tomarle de un brazo, de hecho, alargó la mano hacia él pero fue el actor quién la apartó antes del contacto, mirándole sin una expresión definida. El más bajo volvió a intentar agarrarle, tornando a fallar en su intento. –Quédate. Vamos a hacerlo, está bien.- río por lo bajo, intentando que quién estaba mirándole no notase su dolor. –Nos parecemos y...- Hideyuki apoyó un dedo sobre los labios del foráneo para hacerle guardar silencio y sin decir absolutamente nada, dio media vuelta para salir de ahí. No tenía demasiado tiempo pues posiblemente ése profesor estúpido iría con su hijo poco después a ése encuentro, era obvio que no le dejaría mucho rato a solas.

Un parque, un parque...

Ahí estaba. Las indicaciones del mayor, aunque escasas, habían sido las correctas. Frente a sí tenía el mencionado parque, el cual parecía totalmente desértico. Avanzó por el mismo, sintiendo como el frío ganaba la partida. Era invierno y el hecho de que esas fueran altas horas de entrada madrugada no ayudaba, en absoluto, a mantener el calor corporal. De manera instintiva y buscando protegerse se rodeó a sí mismo por encima del abrigo frotándose con insistencia unos brazos que, por haber estado entrenando con el resto de reparto, ahora estaban tonificados, con forma musculada. Buscó con la mirada al que debía encontrar, aunque conforme avanzaba su paso iba haciéndose menos firme, más dubitativo. Había asistido al lugar sin saber siquiera por qué, no había razón cuando se trataba de Nemugasa, su cuerpo reaccionaba y más tarde lo hacían sus sentidos, era un sentimiento extraño que en ocasiones le hizo sentir indefenso; Justo cómo ahora.

Si verdaderamente ése hombre no era su novio y él estaba en un aprieto, se comportó cruel con quién acababa de ser acosado... ¿Pero por qué...? La imagen del contrario protegiendo a ése maldito... Negó con la cabeza, sacudiéndola a modo que todo su cabellera albina se descolocó. Debía intentar aclararse, quizás después pudiera hablar con él. No sabía que decirle, cómo mirarle. Empero ya era demasiado tarde. Cuando las deportivas del actor frenaron sobre la arena, se dio cuenta que su figura, vagamente iluminada por una de las tantas farolas del parque estaba directamente encarada con unos columpios ocupados por un cuerpo más bien menudo. Era él. Su olor... el frío aire invernal trajo consigo la colonia de su compañero y aspiró, cómo si gustase de resguardar ése aroma en su fuero interno de un modo particularmente egoísta. Le tenía ahí. Estaba ahí. Su sombra se proyectaba por un lateral y su aspecto ya de por sí blancuzco por sus raíces niponas ahora parecían fantasmagóricas debido a la poca luz con la que contaban. Dio un paso hacia delante... y volvió a retroceder. No, no podía hablarle. Mierda. ¿¡Qué demonios hacía él ahí?!

Tensó la mandíbula y se giró sobre su propio eje, dándole la espalda a aquel al que de un inicio vino a ver sin saber por qué motivo, sin saber la razón de sus actos, actuando meramente por deseo. El gélido paraje hizo que su abrigo ondease ante el brusco movimiento de aquel actor encubierto y los pasos antes trémulos fueron firmes en su retirada. Maldita fuera. Verle ahí... verle ahí le destrozaba. La impresión de debilidad, ése gesto dolido y con las mejillas tan sumamente inundadas le hacían ver demasiado tierno, demasiado... No, no, ni hablar. No pienses en eso. No le quieres así... Es tú amigo, ¿Recuerdas? Sólo un amigo..

Girarse e ir a por él era una opción, pero no la que él tomaría. Su siempre dubitativo comportamiento esa vez estaba siendo bastante más firme que las veces anteriores. Quería estar con él pero sin lugar a dudas no deseaba que las cosas se dieran así. Aún tenía que pensar, que meditar... que arrancárselo. Habían sido dos años de tormento en dónde lo único compartido fueron un par de llamadas, otros tantos mensajes y dos veces que logró que se vieran por la webcam, nada más. Tenerle ahí le perturbaba y el contrario, sin duda, no podría imaginarse hasta que punto.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Vie Ago 01, 2014 6:05 pm

Jacob mordió la hamburguesa que estaba entre sus manos, portaba un WOKI TOKI en su otra mano, en lo que observaba a Tasshi meciéndose suavemente en el mismo eje dentro de aquel oscuro parque. Volvió a morder otro pedazo de hamburguesa, cuando escucho la voz del otro lado del aparato, Ryunosuke quien estaba hablando por él, siendo observado por algunos niños que le observaban como si fuese alguien extraño, en lo que hacía la fila en la caja de cajitas felices, para poder comprar una, seguramente a su hijo le gustaría una figura del Capitán América, a lo mejor compraba tres. Los otros adultos protegían la integridad de sus niños, cuando hablaba animadamente por un aparato para niños, mientras le leía el menú, y del otro lado le contestaban comiendo, en lo que pedía una cerveza.

. Aquí, Avestruz llamando a Gran Cuervo, Gran Cuervo ¿me escuchas?, cambio —del otro lado se escucho un sonido extraño, aquel que hacia interferencia, cuando se escucho a alguien masticando del otro lado —. Aquí Gran Cuervo… ¿Ya llego el Puercoespín?, cambio —una risita se escucho de los labios de Jacob —. Para nada, solo observo al pequeño roedor sentado en el columpio, repito. El pequeño roedor sigue solo en el columpio —Ryunosuke hablo con alguien del personal del restaurante pidiendo más salsa de tomate, en lo que tomaba de nuevo el WOKI TOKI entre sus dedos —. ¿Qué piensa ese niño? —se quejo masticando la hamburguesa de nuevo. La hamburguesa de Jacob se acabo, en lo que Ryunosuke bebía tranquilamente su gaseosa —. Avestruz, el Gran Cuervo Llegara a comprar un poco de cerveza, ¿de cuál quieres? ¿Avestruz?

. El puercoespín esta cerca del roedor, repito… el puercoespín ha llegado donde el roedor… ¿Pero que espera? ¿Qué es esto? ¿Una comedia romántica? —del otro lado se escucho la risita de Ryunosuke. El de cabellos rojos, siguió comiendo en lo que esperaba que Jacob volviera a hablarle, mientras este comenzaba a firmar a escondidas lo que estaba sucediendo, no tenía voces, pero seguramente él, junto a su compañero de tragos iban a comenzar a imitar la situación y llegar a lo que esos dos habían hablado esa noche, lo que le sorprendía era la gran protección que le dedicaba a su hijo, demasiado sobreprotector, si no fuese así, ni siquiera le hubiese pedido el favor de que vigilara a Takashi en lo que él, hacia algunas cosas…

¿Qué cosas serían?

Mi Padre se está demorando demasiado, lanzo un suspiro de sus labios. Jugueteaba con aquel aparato entre sus dedos, sin dejar que se callera al suelo, al contrario, lo trataba como un objeto realmente preciado, suspiraba poco a poco, llenándose de aquellos deseos que comenzaban a llenarle la cabeza, sonrió suavemente, realmente no podría dejar de amar a Hideyuki, pasará lo que pasará, dijera lo que dijera, aquellos pensamientos que le volvían loco comenzaban a acumularse en su pequeña cabeza. Él había protegido a aquel hombre, porque ningún ser humano merecía morir de esa manera, su sueño era ser médico y si no era capaz de salvar a alguien, aunque estuviera haciendo algo malo, no podría considerar aquello como su verdadero sueño, apretó de nuevo sus manos, mirando el cielo que se extendía encima de él, observando las constelaciones, como algunas se unían, y otras simplemente… se encontraban separadas.

Había cometido un error, y si lo pensaba con claridad, cualquiera que intentará defenderle en esos momentos, y luego detenerlo le enojaba demasiado. Era demasiado torpe para pensarlo con profundidad, ¿Por qué esos sentimientos? ¿Por qué Hide se comporto de esa forma? No, él solamente tenía entendido de que estaba enojado por los mensajes, por las llamadas, en ningún momento se le paso los celos por la cabeza, verlo enojado le había hecho borrar absolutamente todo lo que tenía en la mente, no quería que se sintiera mal, si era él, cuando discutía con el de cabellos negros no podría prestar atención en clases, y eso era suficiente para hacerle sentir realmente mal, no escuchaba nada, era como si la explicación del maestro desapareciera poco a poco. Así, comenzó su trauma, aquel que le impedía pensar con claridad si aquel hombre, aquel su mejor amigo le dejaba de hablar, ahora mismo lo tenía fuertemente en su cabeza, le había lanzado su teléfono, estaba enojado con él…

Lo estaba.

Salto, aquellos pasos le asustaron, pareciera que se acercaban lo suficiente hasta el pero se detenían, tembló un poco, apretando con fuerza sus ojos y negando varias veces, asustado por lo que pudiese aparecer ahora, su padre no estaba por los alrededores y la noche entre más avanzaba más terrorífica se volvía, pero no escucho nada más, solo el aullido del viento, levanto su rostro y abrió totalmente sus ojos, conocía esa espalda, a pesar de ser la primera vez que lo observaba totalmente, ese cabello platinado, ese extraño peinado, era Hideyuki. Sus piernas temblaron, al igual que sus manos.

¿Se iba a ir? ¿Seguía enojado con él? No, no podía permitirlo. No quería que le dejase de hablar, era masoquista… pero le amaba, no quería que le abandonara.

. ¡Maya! —grito su nombre, levantándose a tropezones del columpio acercándose a él —. Por favor… no te vayas… —susurro, sus piernas lograron al menos estar 10 metros un tanto lejos, en lo que avanzaba poco a poco —. Yo… yo… —mordió suavemente su labio, e hizo una gran reverencia—. Realmente lo siento Maya… te hice enojar, no te conteste los mensajes, y todo fue mi culpa, yo lo siento, no quería hacerte sufrir Maya… pero, tampoco sabía dónde estabas… quería que fuera una sorpresa… —comenzó a gimotear, en lo que intentaba secar sus lágrimas que estaban acumulándose en su rostro, en lo que intentaba secar estas, levantando un poco las gafas —. No quería que pensarás que te seguí hasta aquí… ocurrieron muchas cosas que no te había contado, y todo se me acumulo, sabes que soy malo para la presión… yo lo siento… Maya, realmente lo siento —estiro suavemente su mano, tomando la camisa contraria.

. Perdóname… Maya, yo… nunca quise dejar de ser tu amigo… no quiero que me dejes de escribir mensajes, sin ti me siento tan solo… eres mi único amigo… Maya —sus ojos se acumulaban más de lágrimas y sus pies estaban temblando, estaba moqueando, como un niño de primaria, en lo que limpiaba su rostro.

¿Por qué? Amigo, lo amaba, sin embargo, no podría decirlo… no, porque no sabía si aquel… sentía lo mismo, y sabia que no lo sentía.



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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Vie Ago 01, 2014 6:40 pm

Bien, sólo quedaba alejarse. Correr para que el otro no lograse alcanzarle y es que si su mejor amigo seguía tan torpe como siempre, sería prácticamente imposible que éste le siguiese el ritmo en caso de no desear ser perseguido. Debía alejarse por el bien de los dos, aquella relación siempre, de un modo u otro, les afectaba negativamente. Al otro le alejaba de sus estudios y a él le volvía un ente agresivo cuando alguien intentaba impartir daño al foráneo, fuera o no de manera directa. Eran tan distintos, tan complemente distintos que nadie comprendía el motivo por el cual, a pesar de los años, ambos seguían compartiendo palabra. Simplemente no podía alejarse, necesitaba saber que estaba bien, que no le sucedía nada, que... sonreía con esa estúpida cara suya.

Quizás por eso ahora estaba ahí, tal vez sólo se había movido hasta ése bendito parque dejando a su polvo ocasional en el hotel para verificar que ése con el que se crío no sufría ningún daño. Si, seguramente era eso, su maldito instinto protector, sus malditos sentimientos hacia él... Sentimientos... El aire le golpeó en el giro, pero aquello no dolió. Si lo hizo que el contrario le llamase con esa voz cargada en alerta, en dolor, en... suplica. Igual que durante la pelea de antes su cuerpo reaccionó a la orden emitida por la voz de su amigo y frenó en seco, deteniéndose burdamente y de un modo más bien tosco, firme. Pudo escucharle tropezar, las cadenas del columpio se unieron al silencioso paraje nocturno, tintineando al dejar de sentir el peso foráneo sobre él. No se giró. Si tenía que decirle algo... No deseaba que fuera mirándole a los ojos: No estaría preparado para una despedida.

Aunque su mirada nipona, aquella rasgada por sus raíces orientales se abrió sorprendida al escucharle, enfocando la nada con aquellas pupilas que a más de uno harían suspirar cuando miraba a la cámara. Cierto, sí, tal y cómo le había dicho ése maldito profesor... habían pasado demasiadas cosas y sin duda, Takashi no era el mejor para digerir las situaciones difíciles, muy por el contrario solía huir de ellas, ignorándolas entre libros: Tal y cómo cuando era pequeño. Cada nuevo sonido de ahogo por el llanto contrario se le clavaba más y más, haciéndole sentir débil, patético. Una pequeña presión en su abrigo y supo que la delicada mano de Nemugasa estaba sujetándole la tela, no estaba reteniéndole, aquel contacto era demasiado débil. Sin lugar a dudas, era un modo de aferrarse a la realidad, él, a fin de cuentas, siempre había sido su ancla al mundo real, apartándole de la marea de los libros para darle así una visión más despejada del cielo, de la vida. Y ahí le tenía, disculpándose tembloroso, hablando titubeante, cómo siempre, cómo si los años no hubieran pasado de manera tan atronadora. Cómo si ninguno de ambos hubiese crecido.

No pudo más. Escucharle llorar siempre había sido una de sus debilidades, cómo cuando el ajeno lloraba por que se le caía el helado, o cuando se rascaba las rodillas en una caída, o cuando... ¡Maldita fuera! –Sé que no ha sido fácil, pero creía que éramos amigos.- habló más brusco de lo que pretendió, alzando la voz en busca de mantenerla firme pues sentía que de hablar en hilo normal, esta se rompería. –No sabes... Todas las horas que me he pasado mirando el maldito móvil para nada.- tensó los nudillos y esta vez movió con brusquedad su anatomía entera, haciendo con ello que el menor le soltase para así, de ése modo, quedar totalmente encarado a su compañero.

¿Por qué temblaba? ¿Por qué demonios lloraba así? ¿Qué importaba si no volvían a verse si llevaban dos años sin hacerlo y al otro no pareció importarle? ¿Por qué...?

Fue... fue un acto totalmente involuntario, uno de aquellos que nace del sentimiento más puro y se instaura en el cuerpo mundano para ejecutar algo que, una vez más, no quiso hacer. Su cuerpo, cómo si se tratase de un lobo abordando al tembloroso cordero fue directo a quién momentos antes le sujetaba por las ropas y sin pensárselo en absoluto, estiró los brazos hacia él, fue raudo, por lo que posiblemente el contrario siquiera atinó a poder comprender el gesto, sin embargo, aquel que ahora podía presumir de fama envolvió con el brazo derecho la estrecha cintura del futuro médico, arrastrándolo de un severo movimiento hacia sí, juntando ambas anatomías en un férreo abrazo. Su otra mano, la zurda, se aseguró de encontrar lugar en la nuca foránea y le empujó sin ningún tipo de sutileza contra su hombro, sabía que se clavaría las gafas pero se encontraba tan ridículamente sonrojado que en ése momento era primordial que el otro no pudiera mirarle.

Así, abrazándole de un modo posesivo, bajó ligeramente la cabeza, manteniendo reclinado el mentón para que su comisura quedase próxima al oído venidero. –Te he estado esperando, Takashi.- fue... sorpresivamente sincero. No solía ser nunca tan expresivo con la voz, empero para esa ocasión, se lo permitió.

El viento sopló gélido y como si el actor buscase dar algún tipo de confort al que había estado sometido a esa temperatura durante más tiempo del debido le acunó un poco más, buscando con su mano el hueco natural de su cintura para que el abrazo se tornase más cómodo, por otra parte y casi a modo de juego, su dedo índice zurdo se movió de arriba hacia abajo jugando con un mechón rebelde de esa nuca que seguía apresando. Era consciente que el profesor y padre de Taka no tardaría en aparecer por lo que... –¿Quieres venir a mi casa?.- posiblemente a muchos aquello le resultaría indecente, improcedente... nada que ver. Cuando de niños se sentían mal era casi algo habitual el que uno durmiera en casa del otro. Sabía que a su padre no le haría gracia aquel secuestro... ¿O quizás sí? Después de todo, había sido él quién le hubo advertido de la posición de su amigo.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Vie Ago 01, 2014 7:48 pm

¿Qué podría decir en esos momentos? ¿Qué era lo que realmente estaba sintiendo? Takashi dejo salir un ligero suspiro acumulado en sus labios, aquel que se aferraba a su garganta, rasgando con fuerza sus cuerdas vocales, callando, aquellos sentimientos que querían acumularse poco a poco en su interior, de aquellos los cuales podría sentir hasta el fin del mundo, desde que era un niño, los tenía en su interior, era como un súper héroe, alguien que había cambiado su forma de ver la vida, siempre le protegía, le dedicaba una gran sonrisa con esos grandes labios suyos, y su brillante sonrisa. Le gustaba, lo suficiente para no poder decir lo contrario, para demostrar que no era así, le costaba lo suficiente, a veces temía que su mejor amigo, lo descubriera y le dejará de hablar, que no sintiera absolutamente nada por él, y que rompiera su amistad, así, como intento hacerlo en el callejón dándole su celular, sus dedos temblaba, el también, su cuerpo, estaba consumido en un terror increíble, que se aferraba poco a poco a su pequeño cuerpo, consumido en aquellos sentimientos, envueltos en un confuso sentimiento.

Takashi no sabía si lo que estaba haciendo estaba bien hecho, si aferrarse a sus brazos era una solución a todo el problema que se había ocasionado, él no quería dejar de hablarle, sufrir por un amor era realmente duro, pero prefería ser su amigo, estar siempre con él y divertirse detrás de muchas situaciones amargas. A pesar de desear tenerlo entre sus brazos como un amante, como alguien que le dedicara todo el tiempo del mundo a su persona, y disfrutar del amor que se ejercía entre ambos. Pero todo aquello estaba solo en su imaginación, todo se acumulaba poco a poco en su cabeza, en una situación ajena de la que realmente había sucedido, él, no podría vivir siempre en su imaginación, en los libros, en los comics, aferrándose a una comedia romántica inconclusa. ¿Era romántica?, no podría considerarse de esa manera cuando ambos estaban separados, cuando alguien no sentía algo por la persona contraria. El gimoteo, en silencio, llorando por el amor que podría romperse en pedazos, no quería separarse de él, no quería que se alejara, aun así, no quería que dejará de ser su amigo, si lo lastimaba, si le golpeaba fuertemente en su corazón. No quería que le abandonara.

. Lo somos… —susurro suavemente, apretando sus dedos, o al menos, eso era lo que él siempre había pensando, estaba metido en sus propios pensamientos, imaginando una y muchas formas en la cual Maya podría actuar con él, pero ninguna se cumplía, su fría voz estaba aterrándole, aferrándole a aquellos sentimientos que le llenaba poco a poco, sus lágrimas no descendían de sus ojos, empañando sus gafas, cubriendo los vidrios de estas con aquellas que poco a poco descendían. Mordió su labio, sabía que él tenía la culpa, pero no podría tampoco decir todo lo que estaba sucediendo —. Quería darte una sorpresa… Lo siento… te preocupaste por mi… —mordió su labio —. Lo… lo siento tanto, Maya… —lágrimas comenzaron a descender por su rostro, aferrándose más en aquella cara hinchada.

Takashi levanto su rostro, topándose con los ojos platinados con aquel verdino color que le atraía. Fieros, como un carnívoro mostrando una gran fuerza dentro de estos, dio un paso hacia atrás, aferrándose a la ropa contraria por sus movimientos. Sintió que su corazón comenzaba a acelerarse con fuerza, como su caja torácica comenzaba a palpitar una, dos e incluso más veces que se aceleraban aquellos sentimientos, aquello que se volvía algo imposible de evadir. Trago seco, sintiendo su garganta seca, y como sus lágrimas volvían a acumularse con más fuerza. Sus dedos se abrieron suavemente, apretando la ropa contraria, a pesar de que sus anteojos se descompusieron por el abrazo, se sentía lo suficientemente feliz por estar abrazado al contrario, por volver a sentir su calor, lo extrañaba, sus ojos se llenaron más de lágrimas al escuchar sus palabras, intentando que no le viera totalmente, que no escuchara como su corazón empezaba a acelerarse poco a poco, rezaba porque el búho ululara con más fuerza, que los grillos nocturnos comenzarán a danzar a su alrededor, y que su mejor amigo ignorara con fuerza sus emociones. Los labios del contrario se abrieron suavemente, le recordaba muchas emociones en esos momentos, muchos momentos del pasado que le hacían ver el mundo que estaba del otro lado —. E…estoy de regreso… Hide…Yuki —entre lágrimas dijo su nombre, aquel sonrojo que se envolvía en sus mejillas se hacía cada vez más fuerte. Cerró sus ojos, acomodándose más en aquel abrazo que le llenaba de calidez, sintiéndose tranquilo, protegido. Podría considerar eso una estúpida acción, pero el pasado no dejaba de llegarse a su cabeza.

No quería, abandonarlo.

. ¿Puedo? —sus ojos brillaron con fuerza. Aquellas mejillas sonrojadas que habían sido provocadas por su rostro realmente sonrojado se habían esparcido con sus lágrimas que se escapaban de aquel llanto interpretado antes —. Pero… mi padre me dijo que compraría algo para comer… pero quiero ir a la casa de Maya —inflo sus mejillas, comenzó a jugar con el celular de sus manos y negó rápidamente—. Pero Padre me abandono, y todavía no ha regresado… —parecía metido en su propio mundo, sintiendo como un hilo de saliva se enrollaba en su garganta. Estaba en una profunda meditación, apoyando sus dedos sobre los ajenos —. ¡Iré! —sonaba bastante feliz.



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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Vie Ago 01, 2014 8:27 pm

El hecho de que su amigo no hubiese rechazado el abrazo le alivió, no sabía del cierto si restaría disconforme con lo sucedido, si verdaderamente Takashi quería ser perdonado o todo aquello sólo era una mala jugada, pero sentirle tembloroso contra sí, sentir su calor... Se permitió cerrar por un instante los párpados, dejarse envolver por lo reconfortante de un encuentro que sin lugar a dudas, no se había dado en las mejores circunstancias. De haber actuado cómo deberían, posiblemente ése encuentro, ése abrazo, podría haberse dado en el mismo aeropuerto, dónde le hubiese ido a buscar sin excusa, dónde le hubiera recibido con una sonrisa. No ahí, no en un callejón golpeando a un posible violador. No en un parque abrazándole en medio del frío nocturno. No... las cosas podrían haberse dado de otro modo, pero cómo era de esperar en aquella relación, nada salía cómo debería en una relación normal entre dos amigos, eran demasiado dispares, demasiado difíciles de comprender por ambas partes, lo que a menudo les llevaba a situaciones de tensión que no sabían cómo solucionar y que terminaba con lágrimas de uno y crispación del otro. Pero ahora todo estaba bien, sentirle entre sus brazos únicamente le aseguraba que su compañero de la infancia estaría a salvo, pues, desde luego, no iba a permitir que nada malo le sucediera, fueran amigos o no, el instinto que tenía de protector para con ése idiota era letal, casi animal. Los latidos ajenos descontrolaron los propios y es que podía sentir perfectamente como el pulso se le disparaba, atribuyéndolo, claro, al nerviosismo que pudiera estar sintiendo ése de cuerpo tan minúsculo en comparación al suyo.

Se mostró sin mayor cambio hasta que ése idiota le llamó por su nombre, hasta que mencionó aquello. El calor se aglomeró en sus mejillas y en respuesta... –T-tadaima...- Bienvenido en el idioma natal, algo que por supuesto el otro reconocería. Su nombre. ¡Le había llamado por su nombre! En más de una ocasión, Takashi ya le había dicho que no le gustaba del mismo por ser demasiado largo, no obstante ahora lo había mencionado, llenándole de dicha, de felicidad. ¿Cómo algo tan estúpido podía llenar tanto un corazón? A pesar de la vergüenza inicial se separó lo suficiente cómo para poder ver ése semblante recubierto en lágrimas, aunque... aunque el otro parecía estar cómodo en aquella coraza que sus brazos formaron a su alrededor. A simple vista, no parecía haber crecido demasiado. Seguía siendo un niño.

Su niño.

-Me temo que tú padre sabrá encontrarte.- masculló con pesadumbre, aunque no mencionó el particular encuentro, aquella sería una de las tantas cosas que, en secreto, compartía con el padre de su amigo. Le quitó el móvil de las manos al verle juguetear con él, dando por finalizado ése abrazo que esperó por años y que tan escaso se le presentó a la hora de poder ejercer en él. –Y claro que vendrás... Era una orden, pero debía parecer una pregunta.- mencionó con aplomo, sintiéndose verdaderamente el rey de la situación a pesar de que las mejillas seguían encendidas por el maldito nerd; ¡Su nombre! Maldita fuera, aquella debería ser la segunda... quizás tercera vez que le llamaba así. Suspiró y el vaho del gélido paraje les envolvió, aunque por su parte siquiera sentía que la temperatura fuera tan baja como mostraban ahí los termómetros. Miró a los lados, como si recién reparase que, a esas horas, sería complicado el poder ir a la academia, pero ir a un hotel... Ni hablar. Nemugasa no era de esos y no entraría con él a un hotel. –Cogeremos un taxi.- planeó por su cuenta mientras, de manera por demás natural, su mano buscó la de su compañero, sujetándola por la palma y rodeándola con los dedos, sin intercalarlos entre los ajenos, simplemente sujetándola como un niño tomaría la mano de su madre.

Fue algo... algo simple, natural. No estaba siendo forzado y mucho menos no deseaba de aquello. Le miró ahora con el puente de la nariz arrugado en una mueca que obviamente mostraba descontento: Estaba helado. –Estás congelado.- chasqueó la lengua y aceleró el paso hacia la carretera más próxima venideras al parque en el que se encontraban, pues temía que en caso de quedarse mucho más tiempo ahí, el foráneo terminaría por caer enfermo. Su paso era firme y prácticamente llevaba arrastras al pequeño... La escena era similar a la que recordó mientras tenía a su compañero de escena entre las piernas proporcionándole aquella mamada. Su mano rodeaba la otra, él por delante y el otro medio lloroso detrás... aunque ninguno soltaba la unión, aunque los dos sabían el destino de su camino. Era extraño cómo desde pequeños habían compartido tanto y aun eran capaces de dañarse hasta ése maldito y condenado punto. Se giró por encima de su hombro para asegurarse que todo iba bien y volvió a enfocar el lugar frente a sí sin soltarle, acelerando quizás un poco más. Tenía la extraña... la muy extraña sensación que estaban siendo observados y eso le tenía crispado.

Por fin pudo divisar la carretera y siendo esas altas horas, no tardó en poder parar a un taxi, quién abrió las puertas para darle paso. No se metió primero, si no que empujó al otro, casi temiendo que éste saliera corriendo ahora que por fin se habían encontrado y hecho las paces y posteriormente, se introdujo él. Cuando anunció el paradero, al tratarse de un lugar dónde convivían artistas y cantantes, el hombre les miró por el retrovisor... aunque tuvo que apartar la mirada cuando, creyéndose por fin a solas, el albino pasó un brazo por encima de los hombros del contrario y lo arrimó contra sí en un nuevo abrazo, éste sin duda más cómodo que el anterior, aunque no le miró, si no que su vista estaba fija en la ventana, avergonzado en su totalidad por algo tan trivial cómo podía ser... un abrazo.


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Re: Detrás de las sombras, estás tú —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Vie Ago 01, 2014 9:34 pm

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