Aquella cama, compartida por dos —Maya.

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Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Vie Ago 01, 2014 9:33 pm



Aquella cama, compartida por dos
Hideyuki Maya & Takashi Nemugasa | Residencias
En alguna parte de la fría carretera, Ryunosuke estornudo. Acercándose a aquel parque donde su hijo se suponía que debía estar esperando, se encontraba Jacob moqueando a moco suelo, sentado en el borde del árbol, bebiéndose una cerveza que compro en alguna máquina expendedora no lejos de aquella zona. El hombre estaba más concentrado en su asunto, que en prestarle atención al estúpido padre que se encontraba delante de él, con un tic en su ceja —. Jace, ¿Qué haces? —el adulto le dedico una mirada al padre estúpido, y comenzó a reír —. Termine venciéndome por el amor~ tu hijo se fue con el romeo, supongo que a su casa —pareció como si el mundo se hubiese crispado para el estúpido padre de cuarenta y tantos años de edad, Ryunosuke comenzó a desplomarse, con varias cajitas felices en sus manos, y la colección de todos los súper héroes de The Avangers en sus manos. Jacob, conocido por sus amigos como Jace, estiro sus manos deslizándolas en el cabello contrario —. Si no fuese un buen chico, estuviese conmigo detrás de este árbolA pesar de que estuviese tu hijo solo, ahora multiplicarás su protección por lo del acosador dejo que un suspiro saliese de sus labios, tener esa clase de amigos sobreprotectores con los hijos, realmente era increíble. Le palmeo el hombro varias veces, en lo que comenzaba con su drama —. Mi bebé —se aferro a su amigo, apretando sus dedos contra la camisa contraria.

Takashi Nemugasa, estornudo en el taxi. Jugueteo un poco con su celular enviándole un mensaje a su padre disculpándole por haberse marchado sin esperarlo. Su padre debía entender, o al menos eso era lo que él estaba imaginando en su pequeño mundo, se aferro más al cuerpo contrario, cerrando sus ojos por aquel abrazo que le hacía sentir como en los viejos tiempos, como cuando se aferraba a sus piernas, cuando algo no le salía bien, o se escondía en las esquinas de aquellos pequeños lugares por la burla de algunos estudiantes. Realmente le agradecía a Hideyuki todo lo que había hecho por él durante muchos años, de soportarlo, a pesar de que ambos eran tan diferentes, que Tasshi no le conociera todas sus emociones, pero aun así, los dos formaron una inseparable amistad, que agradecía que no se hubiese roto con el tiempo. Miro suavemente por la ventana, observando de reojo a su mejor amigo, y amplio una pequeña sonrisa, escucho que su celular timbro un poco, con un ligero sonido de Vivaldi, y luego se cayó, seguramente era un mensaje de su padre. Si no estuviese de acuerdo, le hubiese llamado.

Sus dedos se aferraron a la ropa ajena, era una costumbre que no se quitaría con los años, apretando el buzo contrario, con una mueca de tranquilidad en su rostro, dejaba que el taxi los guiara a aquella dirección que le había dicho su mejor amigo, su mirada se dirigía hacia afuera, agradecía haber adelantado las clases de ese día en su trabajo, su tiempo libre servía bastante para ese tipo de situaciones. El taxi no tardo demasiado en llegar al gran edificio, el de cabellos rojizos abrió sus labios con sorpresa, en lo que se aferraba un poco más al abrigo contrario —. Tus… padres… ¿Todavía viven contigo? —él, si. Y si hubiese seguido en Japón estaba seguro de que viviría con la nueva familia de su madre, sacudió su rostro de un lado a otro, comenzando a caminar seguido de su mejor amigo, quien parecía bastante tranquilo adentrándose a ese gran edificio. Donde él vivía, no era tan grande, pero tampoco era tan pequeño, era mediano, agradable e incluso confortable, obvio, tenía que arreglarlo luego de las noches de alcohol de su padre, pero al fin y al cabo, le gustaba escuchar que su progenitor se divertía.

Conocía lo suficiente los gustos de su amigo, tanto así que no le iba a asombrar que todo lo que tuviera, estuviese bañado en estilo o en lujo. Sobre todo por el gran edificio que se abría delante de sus ojos. Le siguió el paso, con pequeños suaves pasos que se agrupaban poco a poco en sus pasos. El ascensor, inhalo suficiente aire, estaba emocionado, pero a la vez nervioso. Era hace muchos años que esos dos compartían un lugar solos, y no podía entender cómo es que había soportado durante tantos años, verlo dormir durante largo tiempo, y luego esconder su rostro y fingir darle la espada para que no viera su gran sonrojo prolongado. Era terrorífico, pero a la vez, podría estar realmente tranquilo, al saber que él no se había dado nada de cuenta.

La puerta fue abierta, Nemugasa entro luego que él cerrando la puerta con su mano, con total tranquilidad —. Shitsurei shimasu —susurro quedito, para que Maya le escuchase, en lo que se quitaba sus zapatos, colocándolos a un costado de la entrada, sin ver pantuflas a los alrededores, comenzó a caminar detrás de él en medias, impidiendo caerse. La casa realmente era grande, estaba realmente sorprendido por todas las cosas que tenia, sobre todo al observar la larga sala, repleta de varios papeles desordenados, sacudió su rostro divertido, él realmente que no cambiaba absolutamente nada.

Nemugasa comenzó a ver toda la casa con una curiosidad que le comía la vista, todo lo que su amigo tenia, y mostraba delante de sus ojos. Se agacho para observar algunos libretos en los que sus dedos se movieron con libertad para tomarlos, él, quien estaba sentado de forma formal estaba leyendo aquello que veían sus pequeños ocelos casi llegando al gran color de unas joyas —. Esto es increíble, Maya… ¿Te aprendes todo esto? —él, quien nunca había grabado un comercial, sabia como eran los procedimientos en los set de rodaje.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Sáb Ago 02, 2014 7:38 am

-No te preocupes, vivo solo.- Aunque a decir verdad... Eran los padres del aplicado estudiante los que realmente tenían reparos para con aquella amistad y no permitían que ambos se vieran con la asiduidad que deseaban, llegó un momento en el que la madre de Nemugasa lo apuntó a toda clase de asignaturas tras la escuela. Ella decía que era para prepararlo mejor para el mundo laboral, no obstante, perspicaz cómo era el futuro actor no se la creía y muy a pesar de esa mujer, el niño siempre iba a buscar a su mejor amigo tras las clases para compartir al menos el rato de camino hacia las casas que prácticamente estaban al lado la una de la otra. De cualquier forma  y desde que empezó a ganar sus propios ingresos, él mismo optó por emanciparse y alquilar una propiedad cerca de la academia para asistir de manera más o menos frecuente a las clases que le pertocaban, no era un aplicado estudiante, sin embargo, si había conseguido no aburrirse de aquel nuevo modo de vida y era bastante constante en todo lo que le demandaban, aunque era frecuente que no asistiera a las clases y que por ello su trasero terminase más de una vez en la silla del despacho de aquel presidente que no medía ni lo que... miró de reojo al que estaba aferrado a él: Sin duda el presidente era mucho más pequeño, al menos, si en estatura.

El viaje prosiguió tranquilo, a pesar de haber estado años sin verse parecían no tener por necesidad de explicárselo con todo prisas, era cómo si... Cómo si ambos entendieran que ahora vendría el tiempo de hacerlo con calma y sin necesidad de recurrir a la prisa, esperarían. El ronroneo del motor por poco no le llevó a dormirse, semi apoyado en ése al que mantuvo abrazado hasta que ambos no salieron por la puerta del taxi. Una vez fuera guió al contrario hacia su hogar, por supuesto, era una zona para niños ricachones, según creía todo aquel edificio no era más que alquilado por entes de la academia a la que él mismo asistía y aunque ya le habían invitado a alguna que otra fiesta, no había asistido a ninguna todavía. Eran gente bastante escándalosa y la música podía restar encendida hasta que el sol estaba en lo alto. Eran jóvenes, siempre dispuestos a un trago, a un baile. Torció para sí mismo los labios; No deseaba que ninguno de aquellos mirase en demasía al que ahora le acompañaba. Ni hablar. Le metió con prisa en el ascensor, cómo si el solo hecho de pensarlo ya le estuviera crispando.

Pasó él primero y encendió la luz de la acogedora entrada, depositó las llaves sobre la pequeña mesita que daba inicio al hogar y permitió que el otro explorase a su ritmo, aunque el escuchar sus pies le hizo darse cuenta que no contaba con otro par de zapatillas de andar por casa, no le gustaba demasiado invitar ahí a nadie, de hecho incluso para follar se los llevaba a un hotel, intentando por todos los medios que nadie supiera dónde vivía, gustándole más bien poco que la gente fuera a su hogar sin avisar (O avisando).

Puso los ojos en blanco cuando se vio el declarado desorden de la sala principal; Cierto. La tarde anterior había estado memorizándose el guión del primer capítulo y al tener que salir por una llamada de teléfono siquiera lo enderezó. Solía ser bastante pulcro para con su trabajo a pesar de cómo era él. –Siento el desorden, estuve estudiando y...- parpadeó al ver como el otro se aproximaba al desorden y leía por encima aquellos folletos, riéndose quedo al corroborar que seguía siendo el curioso de siempre. –Realmente nunca consigo memorizarlos del todo, siempre tenemos que detener una escena y repetirla.- y era consciente que aquello retrasaba a todo el reparto, aunque verdaderamente nadie parecía molestarse nunca consigo y repetían sin problemas. Pasó por su lado y apoyó la palma sobre la cabeza de éste, obligándola a hacerla ligeramente hacia atrás en lo que él pasaba por su lateral, soltándole cuando así lo deseo y su posición le impidió tener la mano en el lugar, para entonces fue hacia la cocina y sacó un par de sodas del refrigerador, cerrando la puerta de la nevera con la cadera. –¿Has cenado?- se podía imaginar la respuesta, así que no esperó la misma. –Podríamos pedir algo de comer, es tarde pero conozco un lugar dónde nos traerán hamburguesas.-

Se sentó en el amplio y aterciopelado sillón y le extendió la lata que hubo extraído para él, la suya ahora descansaba en su regazo sin abrir aún para así poder permitirse el hugar por sus bolsillos y de estos sacar el móvil que posteriormente le arrancó al otro de las manos, marcando una sola tecla. Pronto una chica sonriente le respondió por el otro lado de la línea. –¿Eli? ¿Sigues ahí? ¿A qué mierda de hora...? Ah, da igual. Oye, trae cuatro menús infantiles, sí, que traigan eso...- movió la lata de nuevo para llamar la atención de quien debía tomarla. –¿Tardarás...? ¿¡Qué?! ¡Trae tú perfumado aquí ahora, joder! Tengo hambre.- y colgó, soltando un resoplido molesto. Cuando el otro tomó su bebida soltó el teléfono sobre el mueble y tras ello tomó su propia lata para arrancarle la hebilla y beber de esta, suspirando con fuerza al hacerlo.

Volvió a mirarle de soslayo... después de dos años, ahí le tenía, juraría que más delgado, más alto. Dejó la lata sobre la pequeña mesita que tenía frente a sí y se alzó para abordar el cuerpo foráneo, engancándolo por detrás desde la cintura para palparle el lateral sin ningún signo de vergüenza, como si estuviera calibrando su delgadez. –¿Comes bien? Estás delgado, demasiado.-


Spoiler:

La casa

Como ves tiene barra americana y demás, los muebles son de lujo y su cama sería algo ASÍ

Las vistas dan a una piscina comunitaria.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Sáb Ago 02, 2014 2:44 pm

Takashi Nemugasa dejo que la saliva pasase por toda su garganta. Nervioso como estaba, podría disimular aquellos sentimientos aferrado a la curiosidad que su cuerpo tenia sobre algunos temas, unos más que otros le llamaban la atención, siempre quiso saber cómo era que su mejor amigo se preparaba antes de fotografiarse como modelo, o salir en algún comercial/drama. Él estaba encantado de poder aprenderlo, sin embargo, a pesar de que no le gustase la música cantada por los ídolos, los dramas televisivos e incluso no era tan fanático de modelos (como la mayor parte de sus compañeros universitarios), estaba solo interesado en aquellos en lo que su mejor amigo salía, podría durar horas viendo sus fotografías, aunque claro, le alegraba saber que las revistas las tenia guardadas en un lugar secreto, y el mayor de ambos no recomendó ir a su casa, después de todo sería un poco vergonzoso; que descubriera lo que tenía desde hace muchos años atrás. Aunque su habitación estuviera tapizada como una normal, con varios postes de medicina, arqueología y descubrimientos alrededor del mundo, dentro de algunas mesas portaba revistas e incluso el viejo reloj que portaba en el pasado su mejor amigo. Le alegro, al saber que su manía de comprar relojes para su muñeca no se acababa; tecleo un poco sus dedos contra estos mismos, lleno de aquella incertidumbre que muchas situaciones podrían emplearse, sobre todo, desde el momento que él le encontró, sintió la necesidad de hacer muchas preguntas, inhalo un poco de aire intentando calmarse, para no incomodarlo, no quería volver a discutir, no quería hacerlo enojar de nuevo.

No se asombraba por la belleza de la casa por dentro, estaba acostumbrado a que el mayor estuviese viviendo entre lujos, después de todo a pesar de vivir a un lado del otro, y que las casas físicamente se parecieran, si atravesabas ese gran umbral los objetos que resplandecían en todo su alrededor sin duda tendrían una belleza duradera. Los adornos de lujo que portaban, los sofás, grandes televisores y la cocina diseñada exclusivamente para obtener los mejores alimentos planeados por los adultos de aquel lugar, sobre todo la habitación de Maya, cubierta por todas partes de video juegos, comics e incluso recordaba que incluso él nadaba entre todas las cosas antes de poder sentarse en la cama contraria (o en el suelo) a leer u a dibujar, había hecho varios dibujos de la habitación de su amigo cuando era pequeño, pero no lo había podido terminar porque faltaba algo, siempre, dentro del cuadro faltaban ellos dos de pequeños jugando, pero no se animaba a hacerlo, simplemente sus manos temblaban y lo que terminaba dibujado, era un gran gato de color negro, junto a un pequeño ratón de color cobrizo, para él, se supone que eran los dos. Una sonrisa de nostalgia se mostro en sus labios, sin duda, no podría visualizar aquella circunstancia de otra manera.

Observaba toda la sala, podría observar la cocina desde esta, observando lo limpia que estaba, como su mirada se dirigía hacia el lugar de la habitación, y como se detenía entre todos los papeles ayuntados en la sala, realmente no se le hacía raro que estuvieran regados, si conocía su habitación en el pasado, se acostumbraba rápidamente a los desordenes de su compañero, sin embargo, él quien se encargaba de ordenar la mayoría, prefería ordenarlo en la mesa que se encontraba en la sala, en vez del sofá donde había colocado su trasero.

Pero aun así, era genial. Él no tenía la menor idea de lo difícil que era para los actores tener que actuar tras un libreto, no ser impulsado por lo sentimientos de los humanos para demostrarlos tras una pantalla, él, quien no tenía la menor idea de lo que hacer delante de unas cámaras que incluso podría perder sus cuerdas bocales asustado de lo que vaya a ejecutar de mala forma, era muy impresionante que su mejor amigo lo lograra, le conocía, y sabia que amaba actuar, que su sueño era conocer al actor del Capitán América, y actuar así para ser reconocido, pero sobre todo, él deseaba muchas cosas que lo impulsaban, a él… ¿La salud de los humanos? A veces pensaba que su sueño no era tan grande como el de su amigo, apretó un poco los papeles entre sus dedos, inhalando un poco de aire —. Aun así… es genial —susurro suavemente —. Maya realmente es asombroso —amplio una sonrisa, estaba tan orgulloso de conocer a alguien así, una persona que le impulsaba a volverse alguien en la vida —. Realmente deseo ver a Maya actuar, sería increíble —amplio una sonrisa, ocultando su tristeza tras aquellos grandes ocelos, en lo que acomodaba los papeles para organizarlos en la mesa que se encontraba detrás de él, con una pequeña mueca de tranquilidad, que iba borrando aquella tristeza, no quería preocupar a su amigo, él, y su padre solían sobreprotegerlo demasiado. Cerro sus ojos por los movimientos ajenos, dejando que su cabellera quedara totalmente expuesta a los largos dedos contrarios, amplio una pequeña sonrisa, riendo entre dientes. Le observo caminar hasta la cocina, si, podría tener hambre, pero no creía que fuese correcto molestar a las personas a altas horas de la noche, pero todo se fue por el caño al escuchar la voz de su mejor amigo detrás del teléfono, inflo sus mejillas, con cierto recelo en estas —. Maya, yo no como hamburguesas —¿Cómo osaba olvidarlo? La sostuvo entre sus dedos, aquella lata ofrecida en lo que escuchaba hablar tras aquella bocina, del teléfono que hace algunas horas le pertenecía a él, y regresaba a las manos de su dueño, su cuerpo se ubico en aquella silla jugando con sus dedos, abrió la lata y bebió un poco, estaba tan fría que congelo sus dientes, la echo hacia adelante congelándose un poco antes de soltar otro estornudo que desapareció entre sus manos —. Que frío… —susurro, había sido una mala idea quedarse a altas horas de la noche sentado solo en un parque, agradecía que no estuviera lloviendo.

Se sonrojo con las acciones contrarias, levantando sus manos un poco para sentir como su piel se erizaba al sentir las manos grandes foráneas sobre su ropa, asintió automáticamente con lo que estaba diciendo, para sujetar su ropa por si se atrevía a alzarla para mostrar su cuerpo, sacudió su rostro, en lo que apretaba sus dedos —. Estoy bien de salud, a diferencia tuya yo no como carne, lo que me prohíbe el aumento de peso en el cuerpo por las altas grasas contenidas en el aceite que es lo primordial que se utiliza para cocinar comida chatarra —inflo sus mejillas, como mejor amigo había olvidado ese detalle —. ¿Cómo le brindas hamburguesa a un vegetariano? Es como darle de comer al rico, siendo tu más pobre —su sonrojo seguía latente en su rostro, pero miraba hacia adelante para que el que estaba detrás de su cuerpo no le viera.

El cubrió su rostro con la revista, evitando que observara lo rojo que se encontraba, con tan solo un contacto provocado por sus foráneas manos.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Sáb Ago 02, 2014 3:25 pm

Para su suerte cuando el foráneo le sonrió de ése modo que a él se le antojó tan fantástico éste no pareció darse cuenta de cómo el rubor había subido a sus mejillas mientras le miraba con entera sorpresa al no esperarse un halago de ése calibre por parte de su tan preciado y querido amigo. Por norma general Nemugasa solía ser quisquilloso y era más de criticar los errores que no de hacerle ver lo que lograba de un modo optimo por ello la felicidad se instauró en él ante aquello: ¡Le... había felicitado! Por eso tal vez no tuvo reparos en alzarse y buscar indagar el cuerpo contrario por encima de las ropas, por ello siquiera se estaría dando cuenta de lo que estaba haciendo y lo que realmente estaba tocando. Un tic se marcó en su ceja, y aún teniéndole sujeto por las costillas presionó la zona, no para hacerle daño, empero si buscó causarle molestia. ¿¡Es que no había escuchado la conversación?! Vale, quizás no había especificado en demasía durante la llamada; Y claro, Nemu no conocía a Eli por lo que tampoco sabía dónde trabajaba... no podía culparle, por lo mientras fingiría no acordarse de que su amigo era vegetariano, algo que tuvo en cuenta desde que marcó el número de marcación rápida en su dispositivo. Todo... ¿Es que no se daba cuenta que recordaba cada pequeño detalle de su persona? No había nada que se le pasase por alto, ni el olor de su perfume, ni el modo en el que arrugaba la nariz cuando algo no le gustaba... ni el modo en el que lloraba, o cómo se limpiaba las lágrimas. Lo recordaba todo. Bufó cerca de su oído sin tener en claro las consecuencias que aquello tendría y de nuevo movió los dígitos tan grandes en comparación a los otros por la zona que mantenía tan firmemente sujeta. –Vaya... lo olvidé.- era un actor, era taaan sencillo engañar que prácticamente tuvo que aguantarse la risa, aunque por su parte sonó decepcionado consigo mismo, negó con la cabeza después. –No te apures, yo me comeré la hamburguesa, tú te podrás comer la guarnición que la acompaña.- sonó totalmente inocente aunque en su fuero interno estaba deseando estallar en carcajada al adivinar que el otro o bien se molestaría o se dignaría a las migajas con tal de ganarse el perdón que antes le había suplicado entre reverencias típicas en las tierras de ambos. Simplemente esperaba que Eli tardase lo suficiente como para poder alargar algo más aquella pequeña mentira.

Los dígitos de los que era propietario se movieron por el costal de éste, podía notar el hueco de entre sus costillas y la forma de su delgada cadera, a lo que arrugó ligeramente el ceño, quiso subirle la ropa pero notó como el otro se la sujetaba, negándole aquello. –Déjame verte, mierda. Si no comes algo con más sustento te meteré la grasa en un tubo, me oyes?- sonó molesto aunque no excesivamente agresivo. Movió ambas palmas hacia el final de su camiseta y entre tironeos por parte de uno y otro logró descubrirle parte de la espalda, lugar al que se agazapó para, conforme le iba subiendo la tela, ir arrugando el ceño; Se le veían las costillas. No en exceso pero sin duda parecía estar desnutrido. Chasqueó la lengua y poco a poco le volvió a colocar la ropa... controlarse era primordial, aunque... Acortó las distancias entre esa zona a medio desnudar y su boca, la abrió y poco faltó para que le diera un pequeño mordisco en el lugar, empero el timbre de la puerta llamándolo logró sacarle de esa pequeña ensoñación. Empero no fue un solo llamado, quién fuera que estuviera fuera estaba insistiendo repetidas veces, parecía desear incluso molestar al propietario de la vivienda, quién se enderezó con el gesto casi molesto. –Llegó la gruñona.- terció con voz claramente molesta.

Poco, había faltado tan poco para... Miró de soslayo a ése que se cubría con manos temblorosas con la revista y no se lo pensó demasiado. Las manos que antes le sujetaron por la cadera ahora se abrieron hueco sobre el plano pero medio tonificado vientre del estudiante y le arrastró consigo. Su cadera golpeó suavemente la otra en una especie de embestida que guió el rumbo de las delgadas piernas foráneas, llevándolo consigo hacia la puerta. Cuando ambos terminaron frente a la puerta de la salida alargó una sola mano para abrir el pomo, pero antes de hacerlo ladeó el cuerpo e hizo que Nemugasa quedase resguardado en su costado, le miró y sonrió; Pronto lo entendería.

Al tensar el pomo de la puerta un proyectil salió disparado y cayó en el pasillo...; Una señal de Stop. Los jadeos de una mujer tras la puerta se hicieron escuchar. –¡Me cago en tus muertos, Hy...!- calló de golpe cuando, al entrar tras ofrecer un puntapié a la puerta vio que éste estaba acompañado; Era una chica pelirroja vestida con el uniforme de una tienda vegana de la zona, tenía el pelo encubierto por una gorra pero algunos mechones desordenados caían en forma de cascada por el semblante de la fémina, quién miró con ojos sorprendidos al que no conocía, tras ello le dirigió una mirada dubitativa al dueño de la casa. –Es Takashi Nemugasa, un amigo, no te preocupes, mi amor es solo tuyo, Eli.- casi pareció canturrearselo, a lo que la chica se ruborizó hasta las orejas, impactándole contra la cara cuatro cajas de tamaño mediano contra la cara. –Cerdo.- masculló, metiéndose en la casa de un modo familiarizado, sin siquiera descalzarse. –Dame algo de beber y me iré.-

El mayor se retiró las cajas y las sostuvo entre sus brazos; Comida vegana. No era que no gustase de la carne pero comer ése tipo de cosas era algo que... le recordaba a él, en demasía. Privarse de la carne era cosa semanal como regla, era un modo de ofrecer sus pensamientos a ése que ahora tenía a su lado, bajó el rostro para alcanzar su oído y en el proceso acarició con su nariz parte del pómulo contrario en un gesto casi gatuno. –No te preocupes, se irá ensegui-...-
-Cabron...- la chica les observaba con otro tic en su perfilada y depilada ceja y agarró la señal lanzada anteriormente con clara intención de volver a impactarla contra quién entre risas se adentró a la casa, escapando de quién le perseguía.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Sáb Ago 02, 2014 6:51 pm

Inhalo el aire suficiente que sus estómagos podrían contener para no comenzar a reír por aquellas manos rebeldes que se deslizaban por todo su cuerpo. Nemugasa Takashi mordía su labio inferior, impidiendo que alguna risita se escapara de sus labios. Sus enojos duraban realmente muy poco, eso incluía cualquier situación que estuviera amarrada a su mejor amigo, que intentara simplemente molestarlo u fastidiarlo. Ese era uno de ellos, realmente le había molestado que se hubiera olvidado de que era vegetariano, que no comía carne de animal porque sentía una fuerte conexión con aquellos animales, y su familia (a excepción de su padre) también eran vegetarianos, pero eso a él no le impedía que cocinara carne para su padre, o que con la habilidad en la culinaria que tenia, le permitiese preparar una excelente comida que incluyera la carne, pero comerla… ¡Jamás! Eso estaba prohibido en su organismo, a pesar de que el olor no le molestaba, y prepararla con sus manos (luego de tener guantes puestos), todo estaba absolutamente bien. Pero claro, Ryunosuke impedía que él cocinara carne, así que empleo la regla de solo cocinar comida vegetariana en la casa, incluyendo la gran cantidad de granos que podría, él compraría carne en la calle, y la pastelería (restaurante) donde Nemusshi trabajaba, usualmente era un café, concurrido por amantes del dulce y de aquel café que preparaban en aquel lugar. Inflo más sus mejillas, intentando que le dejara de manosear porque le estaba, no solamente incomodando, colocándole totalmente nervioso, que su rostro que era invadido por aquellos grandes sonrojos, violentos que podría jurar que iban a competir con el color de su cabello, invadían todo el lugar, y su corazón, se iba a salir, totalmente —. ¡Eso es cruel Maya! —se quejo, con un mohín bastante grande en sus labios, en lo que intentaba quitárselo de encima, sin lograrlo, sin mover un solo dedo para que pudiera escaparse de aquellas aterradoras garras que estaban invadiéndole su pequeño cuerpo, pero incluso así, no podría evitar no reír al sentir como sus manos intentaban mostrarse violentas —. ¡Me haces cosquillas! —intentaba no reír, soltando poco a poco el agarre con su ropa, pero sin soltarlo totalmente, no quería que le observara, comparado con el cuerpo de su amigo…

El era realmente alto, con una delgadez realmente visible, pero no era su culpa, simplemente había olvidado mantener una alimentación balanceada con su entrada a la universidad, no había encontrado todavía el balance perfecto en su vida diaria que le permitiera comer + trabajar + estudiar al mismo tiempo.

. No, no te oigo. Y no puedes meter nada por un tubo, sin un proceso quirúrgico antes, y él medico aquí seré yo… tonto —intento quitárselo de encima, pero ya la ropa en la parte de atrás se encontraba arriba, aunque sus gruñeras siguieran presentes, no se lo iba a quitar encima por lo que quedara de la noche. Intento entre pequeñas risas quitárselo de encima, e incluso se paralizo al sentir la respiración contraria contra su piel, se erizo totalmente e incluso intento soltar un jadeo de sus labios, que fueron cubiertos por sus manos al escuchar el timbre de la puerta tocar con insistencia, sacudió su rostro de un lado a otro, girando suavemente su rostro hacia atrás, observando la puerta con las mejillas un tanto coloradas por aquello que había sentido hace algunos minutos atrás, intentaba calmarse, intentando respirar con tranquilidad —. ¿Gruñona? —susurro, muy sabe para que alguien más le pudiese escuchar.

Se tropezó con sus piernas, pero no llego a caerse al sostenerse totalmente contra el cuerpo contrario, comenzó a quejarse de la fuerza del contrario, pero no podría decir totalmente que se encontraba realmente molesto, ya que de alguna forma su cuerpo le había llamado la atención, pero él, quien era malo para los ejercicios, no podría siquiera cargar más de dos cajas repletas de libros, se resguardo detrás de él, aunque más que interrogante, se sentía realmente interesado por saber que era lo que iba a pasar, miro la puerta, y el pómulo con interés, miro a Maya levantando curiosonamente una ceja.

Las manos de Nemugasa quien sujetaban el suéter de su mejor amigo, miraba con curiosidad a la mujer que se encontraba dentro, parpadeo un par de veces curioso, en lo que hacía una reverencia a la persona que se encontraba dentro de la casa, su educación no se iba a acabar, a pesar de que sintiera su rostro realmente pesado por haber estado llorando desde hace algunas horas atrás, sus dedos estaban aferrándose contra sus manos —. Nemugasa Takashi, es un placer conocerle —se levanto, observándola, ampliando una sencilla sonrisa para agradecerle su trayecto desde el restaurante contrario, a estas altas horas de la noche, tomo la manga de su mejor amigo bajándolo hasta su altura —. Es una mujer… ¿Por qué llamaste hasta su restaurante? Mira la hora que es, es peligroso …pero antes de que pudiese decir algo, observo el paquete de comida en el rostro de su mejor amigo, y se alejo quedando perplejo, incluso podría decir que aquella mujer tenía más fuerza que él.

Nemugasa se adentro detrás de aquellos dos que parecían divertirse entre sus palabras. Él camino hasta la cocina con las cajas de comida en sus manos, aunque no intento parecer bastante curioso al abrirla sus ojos brillaron con fuerza, en especial porque estos se llenaron de lágrimas comenzando a sollozar en ese pequeño espacio —. Maya… me mentiste… —susurro, había pensado que su mejor amigo había olvidado que era vegetariano, observando los paquetes de comida vegana delante de sus ojos, uno de ellos eran berenjenas rellenas, ensalada de tomate con lechuga e incluso habían algunos panecillos rellenos de espinaca y champiñones, no sabía que su mejor amigo lo podría haber recordado durante tanto tiempo, gimoteo en ese espacio, limpiando suavemente sus ojos, mientras intentaba servir la comida en algunos platos que tomo de la cocina (sin haberle preguntado a su amigo).

Abrió la nevera curioso, observando un tarro con jugo de naranja, en lo que lo sirvió en tres vasos mientras lo llevaba hasta la mesa, sentándose delante de esta arrodillado, su educación se mostraba en sus acciones, mientras ladeaba el rostro de un lado a otro —. Eh… señorita… ¿Eli? Se quedará a comer con nosotros… —intento preguntar aquello, se llevaba bastante bien con Maya, no le colocaba celoso, sin embargo, le llamaba la curiosidad saber de quién se trataba, aunque sí de su amigo era, sabía que era muy popular tanto con las mujeres como de los hombres.




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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Dom Ago 03, 2014 6:42 am

El código entre aquellos que se habían adentrado ya en la casa era cuanto menos extraño; Esa mujer era toda una protectora de los animales, una verdadera alma que buscaba la protección de los seres más nobles del planeta, por ello cada vez que el actor le hacia un pedido solía ser mediante palabras que le recordasen la carne; Hamburguesas, Dango, incluso para una ocasión le pidió un bistec crudo. Por supuesto aquella acudía al domicilio con toda la rabia –y las maneras de responder al teléfono tampoco eran las que debería al tratarse de una simple dependienta de comida a domicilio- lanzándole a la cara el menú más sano que tuviera en esa ocasión en la tienda. A decir verdad y que el propio Maya recordase, él jamás había elegido menú, Elisabeth se encargaba de hacerlo por él.

-¡S-suelta, mierda!- mientras que el estudiante preparaba los platos, aquel para se olvidó completamente de que tenían un suculento manjar esperándoles. La muchacha tenía asiado al actor por las axilas desde la espalda y estaba intentando llevárselo al suelo sin demasiado éxito debido a que éste se retorcía entre quejidos e intentaba mantener los pies en el suelo. Empero cuando el más joven apareció por la fuerza la pelirroja liberó a quién ahora pasaba a sobarse los brazos con una mueca adolorida y se quitó la gorra, lanzándola sobre el sofá, el pelo le cayó en cascada sobre la espalda, creando unos perfectos bucles del color del fuego sobre sus hombros, sobrepasándole incluso el busto. –¡Deberías ser tan considerado como Takashi, imbécil!- se acomodó el pelo de la frente con un solo dedo y dedicó la mejor y más amable de sus sonrisas al que desde un inicio pareció preocuparse por su integridad en la carretera. –No te preocupes, nadie puede ganarme en una pelea.- pareció plenamente orgullosa de ello y de hecho se llevó ambas manos a la cintura mientras miraba con aires de prepotencia a un derrotado Hideyuki, quién desvió la mirada con las mejillas teñidas en carmín, sin agregar más a la charla. Eli regresó sus luceros azules al pequeño y por el contrario a los modales foráneos, ella se dejó caer al suelo, separando las piernas; Una la apoyó ladeada sobre el suelo, la otra permaneció flexionada, encontrándose justo delante del futuro doctor. –Así que... ¿Éste es Nemu?- alargó una mano hacia el que creía que debería ser su vaso de jugo y dio un trago, haciendo que el líquido desapareciera, de un golpe, el objeto regresó a la mesa en lo que la mujer tragaba, al hacerlo le dedicó una mirada pícara, empero alertado por aquello fue el mismo Hideyuki quién abordó a la chica, lanzándola contra el suelo y posicionándose sobre ella, peleándose con aquel animal para asegurarse que mantenía el pico cerrado. –¡C-claro que NO se quedará a cenar!- chistó, con la cólera invadiéndole, aunque esa que luchaba por mantener la boca libre de la palma foránea estalló en risas. –Sí, si, me quedaré! ¡Nemu me ha invita- ¡MIERDA, HYDE PARA!- el actor gruñó y pasó a soltarla, aunque no se quedó a su lado, si no que se levantó y rodeó la mesa para quedar junto a su amigo, fulminando con la mirada a la que le miraba repleta de dicha: Otra victoria para ella.

-Me llamo Elisabeth.- alargó la mano y tomó un panecillo relleno de champiñones, llevándoselo a la boca sin demasiada vergüenza, aún masticando, señaló al que, imitándole, tomaba uno de los preparados. –Le conocí hace un año, el muy imbécil se atrevió a entrar a la tienda pidiendo una hamburguesa.- la muchacha negó al recordarlo. –Digamos que no salió muy satisfecho de la tienda...- casi imitó perfectamente la sonrisa de satisfacción de un gato al decir aquello, a lo que el chico se estremeció y arrastró su cuerpo hacia el de Nemugasa. –Desde entonces, todas las semanas pide algo de la tienda para rendir culto a los animales.- aunque aquello no era del todo verdad, dejó que por ahora el foráneo se creyese esa versión, aunque al ver que éste no tomaba nada de los platos llevó lo que él sostenía entre los dedos mordido hacia la comisura contraria. –Come.- fue una orden estricta. La mujer agarró su segundo bocado, mirándoles con sumo interés.

El mayor tomó con ternura al de anteojos por el mentón y le hizo girar endulzadamente el mentón hacia sí para encararle aquel bocado de espinacas y champiñones hecho revoltillo dentro de una muy deliciosa masa que siquiera llevaba leche o cualquier derivado procedente de animales, esperó con infinita paciencia a que éste obedeciera y entonces dejó que los dientes contiguos sostuvieran todo aquel panecillo, el cual colgó con gracia de la comisura contigua y por su parte, volvió a prestar atención a la que le sonreía de un modo que únicamente entre ambos se entendería, a lo que se tensó y desvió el gesto, evitando que aquellos ojos se encontrasen con los propios. –¿Qué haces aquí? Creía que eras de Japón.- la chica ahora se apoyó sobre la mesa, prácticamente quedó sobre esta mientras le robaba a Takashi su jugo, ya que el suyo se había volatilizado en el primer trago. Volvió a postrar el trasero sobre la moqueta en la que estaba recubierto el suelo, mirándole con sumo interés.

-¿Estás de vacaciones?-
-Mierda, Eli, cállate y déjale comer.- y es que seguía dándole vueltas a la posible desnutrición que ése idiota pudiera estar pasando, miró de reojo a su compañero de mesa y apoyó tras ello las manos sobre el suelo, dando por finalizada su cena, un bocado y medio de bollitos veganos sería suficiente, conociendo a Eli se comería las terceras partes de todo, por ello había pedido tanta ración. Suspiró y... ahí, justo ahí. Cerca de su mano estaba la de... Tragó saliva. ¿Y si se la tomaba? Negó mentalmente intentando que en su rostro no se vieran sus intenciones aunque instintivamente y movida por el deseo esa mano se deslizó hacia el lugar deseado, moviéndose con pasividad por encima del suelo aterciopelado en lo que la mujer empezaba todo un discurso de insultos hacia sí en lo que movía de arriba hacia abajo el cuarto o quizás quinto bocado.

Y ahí, sobre el suelo y medio escondido por la mesa, su dedo meñique rozó con la mano foránea, aunque no le tomó de la misma ni provocó ningún otro roce, bastándose con saberle próximo a él y poder sentir su piel de un modo casi indirecto. Por su parte lucía totalmente apartado de aquella escena, cómo si realmente no la estuviera ejecutando, cómo si su mano se hubiera ido deslizando hacia la zona sin ninguna intención de tocarle, aunque por supuesto, era todo lo contrario. Sobre el sofá el teléfono empezó a sonar con la voz de uno de sus compañeros de la academia, cantando a capela, sin ningún tipo de música al fondo. Chasqueó la lengua y miró directamente a Elisabeth, advirtiéndole con la mirada de que no se fuera de la lengua, esta sencillamente sonrió y regresó su mirada al que pensaba, sin duda, acosar con todo tipo de preguntar.

Se levantó y fue directo al mueble, tomando entre sus manos aquel dispositivo, al ver la pantalla el nombre del padre del que yacía ahí sentado sencillamente suspiró. –Disculparme.- y con celular en mano, salió hacia el cuarto, descolgándolo únicamente cuando pudo cerrar tras de sí la puerta, asegurándose intimidad de los malditos oídos de aquella loca... y del niño. –Mierda, qué quieres ahora?- gruñó, llevándose una mano a la nuca para desacomodarse ése cabello totalmente falto de pigmentación.




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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Dom Ago 03, 2014 12:58 pm

Takashi se encontraba sentado delante de ellos dos, mientras observaba la comida que se encontraba en la mesa, no duro dividiendo la comida para que todos pudieran comer directamente del plato, a pesar de no portar palillos, podría sujetar la comida con sus alargados dedos los bollos vegetarianos que Elisabeth trajo esa noche. Estaba más entretenido escuchando la discusión emitida por los dos ente presentes, que probar un bocado de aquella comida vegana que habían pedido por esa noche, no podría salir de la sorpresa al saber que su mejor amigo, comía también este tipo de alimentos, él siempre pensó que era más un carnívoro, porque siempre estaba masticando hamburguesas, perros calientes e incluso cuando pedían pizza, debía ser mitad napolitana y mitad salami. Así que la sorpresa al no irse de sus labios, permitían que el bollo jugara entre sus dedos antes de entrar a su boca completamente, o al menos, no le había permitido saborear la comida que podría tener delante de sus ojos.

La sonrisa de Takeshi no se borro al escucharla hablar, al contrario, giro a ver a su mejor amigo, interesado por saber qué cosas podría contar sobre él, si su vida era más aburrida que observar al oso perezoso moverse de manera libertina por todo el paisaje. Intento abrir sus labios para morder un bocado del bollo, pero se detuvo escuchando la voz de Elisabeth en lo que asentía compartiendo sus palabras, aunque estuviera en silencio, podría escuchar todo lo que sucedía a su alrededor, o al menos la mayor parte de ello. Nemugasa comenzó a escuchar la historia narrada por Elisabeth, soltó una pequeña risita de sus labios —. Puedo imaginarlo… —susurro suavemente, mirando de reojo a Maya, con una pequeña mueca de diversión en sus labios, no se le hubiese hecho algo extraño, que ese tipo de comportamiento lo hiciera. Miro a Maya de reojo levantando una ceja —. ¿En serio es para hacer culto a los animales? No soy idiota… Maya —susurro, habían ocasiones en las cuales cosas tan triviales, o normales o más bien si tenían que ver de lleno con las acciones de Maya no las creía de todo… ¿El? Un ente carnívoro, rindiéndole culto a los animales que comía, semejante broma o podría ser cierto, le miro de reojo, parecía que en estos dos años hubiese cambiado lo suficiente, pero tampoco para tanto, o a lo mejor era otra persona, frunció ligeramente el ceño, abriendo sus labios para morder aquel bollo que le estaban ofreciendo, con un ligero rubor por el roce de los dedos contrarios sobre su rostro, estaba con el cuerpo ligeramente electrificado, sintiendo un montón de mariposas golpear con fuerza todo su estomago, que se inflaba suavemente por cada destello.

Trago un poco de aquel bollo vegano, e incluso mastico un poco más, sosteniendo entre sus dedos el otro pedazo que descansaba, para poder dejarlo masticar con más libertad, sus labios ligeramente entreabiertos, saboreaban con dedicación, aquel bollo. Comenzó a masticar con otro pedazo que se metió en la boca, masticaba 20 veces y luego tragaba, era una norma escrita, prediseñada por su madre para digerir toda la comida sin dejar que nada cayese en su estomago sin estar mal. Sacudió su rostro de un lado a otro, intentando mantener la conversación, a pesar de no ser de su propio ritmo, y no conocía a la gente a su alrededor, prefería incluirse en el medio, como alguien más de la sociedad —. Padre fue transferido a Corea —mordió otro poco de aquel bollo —, e hice los papeles de transferencia para la Universidad de la ciudad, así que ahora estoy estudiando en este lugar —dejo que el bollo quedará entre sus dedos, así contestaría las preguntas planteadas por Elisabeth, cualquiera que quisiera hacer estaba en todo su derecho, sin embargo, él seguía más aferrado a la idea de que habían cosas que su mejor amigo había cambiado con su llegada hacia Corea.

¿Sería por la comida?

Su cuerpo se erizo totalmente, observo de reojo como quien no quiere la cosa hacia abajo, con una mueca de tonto, una sonrisa estúpida se planto en este, en lo que también, poco a poco rozo su dedo meñique con el de la mano contraria, si se tuviese que ver ese tipo de acción, sería más bien como un par de niños, que no quieren darse la mano a mitad de la calle, porque sus compañeros de clase se burlarían de que eran lo suficientemente mocosos para poder adentrarse a un sin número de aventuras, sin embargo, aun así, ellos dos se daban fácilmente la mano cuando la situación se encontraba en desventaja para alguno de los dos, o cuando el lloraba lo suficiente para no saber por dónde caminar, que terminaba tropezándose. Miro hacia un costado escuchando una voz detrás del teléfono, siguió masticando aquel bollo vegano sin ningún tipo de molestia en su rostro, con todo lo que había sucedido esa noche, estaba realmente lleno de cualquier cosa que pudiese soltar con referente a su mejor amigo…

Estaba, tranquilo.

Nemugasa termino uno de los bollos, y tomo otro con sus manos, a decir verdad, la desnutrición fue por fala de equilibrar su nueva vida, del resto, él comía incluso más que Hideyuki, que fuese realmente gordito no estaba en su complexión física, y los últimos dos años había crecido un poco más, estirando su cuerpo. Volvió a morder el bollo vegano, tiñendo sus mejillas rojizas totalmente, al escuchar la pregunta producida por la mujer de cabellos rojizos, sus mejillas, competían con el cabello contrario.


. Cómo que, ¿Qué quieres ahora? ¡Tienes a mi bebé en tus garras! —del otro lado se escuchaba la risa de Jace quien se encontraba con algunas botellas en las manos, en la gran sala de la casa de los Nemugasa en Corea —. Tasshi tiene universidad mañana, así que acuéstalo temprano… —no creía que debía preocuparse por eso —. Por cierto… si estás frustrado, espero que no te la desquites con Tasshi, porque realmente… —hipo, y soltó una larga carcajada —. Eso… lo que dije —ya realmente no sabía ni lo que estaba diciendo, pero carraspeo para que del otro lado estuviera atento a sus palabras —. Hideyuki, hay veces que los sentimientos es bueno que los escondas, pero no siempre estará esa persona ahí para esperar que estés listo de soltarlo. El tiempo es traicionero, y si lo sientes es mejor que lo digas —colgó, bebiendo una botella más, de lo que tenía entre sus dedos.

Pero recordó algo, y escribió un mensaje:
“Sin embargo, la cosa cambia si es mi hijo. ¡No le toques un pelo bastardo fornicador!”


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Dom Ago 03, 2014 2:20 pm

No era que le gustase la idea de que Nemugasa restase a solas con aquella loca, pero sabía que de no responder la llamada, ése hombre era capaz de plantarse dónde fuera con tal de rescatar a su hijo de las garras del temido... ¿Secuestrador? A pesar de que la palabra pudiera sonar irrisoria, conocía al padre de su mejor amigo y habían sido varias las ocasiones en las que, entre ellos bastó una sola mirada para entenderse. Al descolgar lo primero que intuyó fue que ése estúpido adulto tenía un par de copas de más en el organismo, además, estaba acompañado. Rotó los ojos hacia el techo del inmueble y apoyó una mano sobre la cómoda, retirando con los dedos el escaso polvo ahí congregado. El ataque fue claro, aunque la carcajada tras la voz del padre desquiciado le alivió, debería estar con... ¿Cómo se llamaba? Ah, qué más daba. –Takashi se acostará cuando le de la gana, viejo. Ya es mayor.- no iba a imponerle un toque de queda para ir a la cama y si Nemugasa consideraba que las emociones de ése día le sobrepasaban y no deseaba ir a clase, con gusto lo llevaría a casa o dónde quisiera descansar, aunque... todo aquello no se lo diría al que parecía estar lloriqueando al otro lado de la línea. –Si no tienes nada que decir yo...- pero no pudo proseguir hablando pues el adulto le irrumpió y le dejó con los latidos aglomerados bajo la caja torácica. ¿Es que acaso se notaba? ¿Es que sospechaba algo? ¿¡Lo sabría Takashi?! Los dedos apretaron el dispositivo y aunque el otro colgó, él no retiró el móvil de su oreja, como si esperase oír algo más...

... Pero el silencio fue todo lo que acompañó a aquello. ¿Qué había querido decir? ¿Qué mierda significaba aquella parafernalia de un viejo borracho? ¿Debía... confesarlo? ¿El hecho de...? Sus pulsaciones fueron a más y se vio obligado a sentarse sobre la cama, sintiendo que de no hacerlo perdería el mundo de vista; Takashi Nemugasa, su mejor amigo, ése por el que guardó todo tipo de sentimientos desde que le protegió por primera vez (E incluso antes, pues desde siempre le hubo cautivado y era frecuente que se escondiera para verle)... ése que ahora estaba en su salón disfrutando de una cena entre amigos... ¿Podía escaparse de sus manos? ¿Verdaderamente llegaría el punto que podría perderlo?. Poco a poco bajó el móvil de su rostro aún con el impacto de la noticia reflejado en el mismo. Cierto, esa misma noche había sentido la furia de los celos al creer que ése hombre al que posiblemente los sanitarios debieron administrarle puntos y todo tipo de curas, era su pareja. A pesar de ser un chico más bien callado, el estudiante de medicina era sumamente atractivo para ojos de cualquiera por ello... por ello...

Puedes perderle.

Fue su mente la que habló, haciéndole reaccionar. No, no le perdería. No ahora. Estaba en Corea y... ¿Y qué? Nemugasa seguía siendo el mismo y posiblemente la idea de juntarse con otro hombre se le haría asquerosa, de hecho, era un chico tan aplicado con los libros que siquiera le había visto nunca con una revista de mujeres o interesarse por nada en lo que se refería al sexo femenino. Era algo así como un asexuado cuya única importancia en la vida era avanzar, seguir y conseguir su meta, algo que él admiraba y deseaba imitar, aunque para su desgracia, el pecado parecía ser su segundo apellido y la rabia de no poder tener lo que deseaba le empujaba a acostarse con personas a las que ponía su rostro, esa angelical cara sudorosa, roja, esa boca abierta pidiéndole más mientras sus manos le recorrían entero...

¡Para, para, para!

Sacudió la cabeza para apartar aquella imagen que se repetía una y otra vez cuando se acostaba con cualquier otro y aspiró desde la boca; No era bueno dejar a Eli tanto rato con Nemu... el aparato le vibró así que le hecho una ojeada y no pudo más que sonreír al leer el mensaje. Sin bloquear siquiera el dispositivo lo dejó caer sobre la cama y abrió la puerta, dirigiéndose con calma al salón... Pero para su sorpresa, Eli no estaba ahí. –¿Se ha marchado ya?- se llevó una mano a la nuca mientras que con gesto meditativo miraba hacia la puerta, lo cierto era que esa mujer era de un carácter impredecible, posiblemente habría arrancado toda la información que hubiera podido al contrario y tras ello –y comer todo cuanto pudo- se fue sin ayudar a recoger. Algo típico de ella. Algo que le gustaba. Suspiró y tomó los vasos sucios para llevarlos a la pica de aquella cocina de tan sencillo acceso, dejándolos en el fregadero. Ahí tomó aire. ¿Debía hacer caso a un viejo borracho? El corazón de nuevo parecía que de un momento a otro se le fuera a fugar del pecho por lo raudo que estaba funcionando en ése momento al solo imaginarse tocándole de un modo menos... inocente. Giró sobre sus talones para encararse a él, pero al verle, de nuevo se derritió. ¡¿Por qué?! ¿¡Por qué era tan atractivo?! –¿Mañana tienes clase?- no delataría la llamada, por supuesto. –Puedes irte a bañar si quieres, yo lo prepararé todo para que puedas dormir.-

Aunque quisiera hablar contigo.



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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Dom Ago 03, 2014 3:45 pm

Su corazón bombeaba con fuerza. ¿Qué eran todas aquellas preguntas que Elisabeth estaba lanzando sin detenerse a respirar? Parecía poseída, envuelta en un mundo completamente diferente del chico de cabellos rojizos caoba. Al principio toda la conversación había estado alrededor del él, la chica estaba entretenida en preguntarle cosas y cosas obre su vida e incluso pudo verla reaccionar de muchas formas al escuchar la carrera que estaba estudiado y lo asombrada que estaba al tener delante de ella a un chico tan educado, muy diferente de ese amigo suyo que estaba detrás de su habitación, hablando con quien sabe que, sobre quien sabe cosas más. Pero los labios de Nemugasa respondían con tranquilidad, luego de su cuarto bollo la conversación comenzó a cambiar, y si no fuera porque Maya tenía el jugo casi completamente lleno, se hubiese atorado con un gran pedazo de bollo que arranco y se trago al escuchar las siguientes preguntas indecentes que comenzaron a llenar su cabeza. Elisabeth intentaba hacerle entender en un extraño idioma lo que estaba preguntándole, el circulo formado por sus dedos, el dedo que entraba en el circulo y luego se hacía cada vez más pequeño, estaba a punto de marearse, y atragantarse con otro bollo, en lo que recibió una llamada y se levanto disculpándose con él, mientras recogía todas las cosas suyas y se apresuraba para salir —. ¡Lo siento tanto! ¡Nemu!~ Tengo que seguir haciendo pedidos en la noche, la próxima vez me hablas sobre tu intimidad —la puerta de la entrada se cerro, y el pequeño chico de diecinueve años observaba como el hielo del jugo de naranja subía golpeándose contra los demás.

¡Cómo si alguna vez hubiese tenido intimidad!

La puerta del cuarto se abrió, salto suavemente por aquella sorpresa, en lo que intentaba levantarse para recoger todos los platos, y guardar en la nevera lo que sobraba, podía utilizarlo para otra circunstancia, así que lo guardaría en la nevera. Sin la necesidad de cambiar de opinión siguió suavemente el paso de su mejor amigo quien colocaba la loza en el lavaplatos. Lanzo un pequeño suspiro, en lo que empacaba en un pequeño plato la comida, mientras colocaba otro encima y lo guardaba en la gran nevera, lo mismo hizo con el juego que se encontraba en el vaso, sirvió otro poco colocándolo en la barra para que el contrario pudiese tomar si se le antojaba, estaba jugando con sus dedos, intentando que aquella fragancia desapareciera de su rostro, mientras sacudía este mismo al sentirse realmente hostigado por las preguntas contrarias —. Sí… dijo que tenía otras entregas que hacer —no, no iba a mencionar sus preguntas.

¡Era tan vergonzoso!

Levanto suavemente su rostro observándole, asintió suavemente, con aquella información concentrada en su cabeza, sabía que tenía clases, y aunque estaba realmente feliz por haberse encontrado de nuevo con su amigo, la situación estaba más a placer del dueño de la casa que del propio chico, quien jugó suavemente contra su ropa antes de abrir sus labios —. Si… pero —levanto su rostro, con aquellos ojos realmente brillantes, mientras sacudía su rostro de un lado a otro —. Olvídalo… —suspiro —. Iré al baño, Maya. Gracias por todo —hizo una pequeña reverencia, y comenzó su travesía hasta el baño contrario. Preparo el agua en la tina, en lo que se arrodillaba para observar las diferentes esencias que el mayor tenía en su casa, preparo la que Maya siempre utilizaba, era bueno recordando su olor, así que él también quería oler de la misma forma, se quito la ropa, organizándola en una pequeña castaña marrón, entrando poco a poco a la tina, sintiendo como el calor de la tina comenzaba a penetrar en su cuerpo.

Recordó, cuando ambos se bañaban juntos, se agacho lo suficiente para que sus labios hicieran burbujas contra el agua caliente que se mezclaba en toda su zona —. Quería hablar contigo… —susurro su deseo, en aquel gran baño solo, en lo que se estiraba poco a poco.

Al salir de la tina, envuelto en toallas, camino hasta la habitación contraria, porque en la sala no lo vio, tocando poco a poco —. Ma-Maya… ¿Tienes una camisa que me prestes? —aunque le quedaría un poco grande, no podría dormir con la ropa sucia —. Pienso… que tomaré algo de tu ropa para mañana también… la mía esta sucia —se hizo a un lado de la puerta entrando a la habitación, sin encontrar a su mejor amigo por los alrededores —. ¿Ma-Maya?

¿Dónde se había metido?


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Dom Ago 03, 2014 4:09 pm

Cuando vio al contrario irse hacia el baño le siguió con la mirada, sonriendo con cierto deje burlesco, típico más del niño que ya no era que del adulto que se hubo convertido. –Si quieres que te frote la espalda, llámame.- aunque aquello era una broma más bien típica en alguien cómo él, la verdad era que la posibilidad de poder bañarse con él era... Era simplemente algo que con tan sólo pensarlo le dejaba en tensión y con ganas de seguirle para convencerle de tal fin, aunque posiblemente, si le viera desnudo... Él... él posiblemente no podría resistirse a los obvios y declarados encantos de ése chico, de un chico que le atraía, que le gustaba, que desde niño amó pero calló por miedo a lo que los adultos pudieran decir al no ser más que dos niños que en ocasiones buscaban jugar a ser adultos. Lavó las cosas de la pica y colocó los platos dónde pertocaba, dejando que el otro se asease a gusto y sin verdadera intención de molestarle.

No supo cuanto tiempo había pasado, pero tampoco le importaba, se internó en la habitación antes de que el menor de ambos saliese del merecido baño que le despejaría tras aquella situación vivida en el callejón, no obstante, salió un momento para ir a por agua pero... frenó de golpe al verle con esa mísera toalla colgando de sus estrechas y huesudas caderas, unas que marcaban perfectamente la anatomía adyacente. Sus pensamientos fueron lo bastante pervertirdos como para imaginarse a sí mismo agarrándole la zona mientras... el problema mayor vino en ése momento en el que la erección podría ser un problema, así que se volvió a internar en la habitación antes que el de cabello caoba se diera siquiera cuenta de que había podido mirarle Mierda. No podía seguir así. Tenerle cerca era peligroso, y peligroso de verdad. Se metió en su cuarto a toda prisa, ajustando la puerta sin hacer ruido, intentando en todo momento mostrarse silencioso... Pero los lugares para esconderse en esa cara eran pocos. El corazón palpitaba tan fuerte que dolía y entre sus piernas volvía a existir el problema de tener a un chico tan sumamente atractivo cerca. No. No era un chico cualquiera.

Era SU chico.


Tanteó por el suelo acogedor del cuarto hasta el vestidor; Era amplio, lo suficiente para resguardarle, así que... Posiblemente el otro le buscaría pero esperaba tener el tiempo necesario; A fin de cuentas estaba con el deseo azotándole de un modo que le dolía, por lo que se suponía que aquello no le llevaría más de un minuto. Así pues, cerró la puerta del estrecho vestidor.

Se bajó con la zurda el pantalón a modo que el mismo quedó colgando por un lado de la cadera mientras que el resto de la goma del mismo se mantenía en la zona, fue lo suficiente para que asomase aquel órgano caliente. Apoyó la espalda en la pared contraria a dónde descansaban sus ropas y camisas y sus dedos se cerraron entorno al mismo: Cerró los ojos y procuró centrarse en la imagen de ahora, una que se quedaría grabada en la retina del actor por siempre ante lo atractiva que fue. Sus dedos capturaron la propia humedad para poder deslizarse con maestría por la zona. Se sentía un adolescente con las feromonas activadas pero ése era el único método que conocía para no terminar empotrando contra cualquier mueble a su ahora invitado. Jadeo débil y aceleró los movimientos...; Si no quería que su compañero sospechase debería ser rápido. El bombeo fue constante y aquello hizo que incluso la ropa que colgaba por su anatomía terminase ceder mientras el dueño acometía contra consigo mismo para aliviarse de la condenada erección, aunque desgraciadamente, mucho se temía que si el otro estaba en esa casa, terminaría por repetir aquello varias... Sí, varias veces al día.

-T-T..Taka...ah..- prensó a cómo pudo la comisura, siempre intentando que su voz no fuera más que un ajetreado y casi grotesco susurro. Dios. Su cara... Su cuerpo... Lo deseaba con cada poro de su ser.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Dom Ago 03, 2014 6:11 pm

Takashi parpadeo un par de veces, realmente inocente de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. No escuchaba absolutamente nada, y la oscuridad de la habitación no le ayudaba para poder librarse de cualquier circunstancia. Tanteo la pared, en busca de alguna luz que alumbrara totalmente la habitación, permitiéndole entrar totalmente sin temer con caerse, en la cama había una especie de camisa manga larga, camino hasta esta tomándola entre sus manos, ¿Era suya? ¿Para que pasara la noche? Inhalo su olor, era exclusivamente aquel que Maya desprendía, que ahora su cabello también tendría y su cuerpo portaría durante toda la noche el olor de esa esencia gratificante. Dejo que la toalla cayera a sus pies, dejando ver el delgado bóxer de color rojizo que portaba en sus partes bajas, colocándose el suéter quien cayó más debajo de sus glúteos, extremadamente grande, no era con una gran exageración pero estaba seguro de que le quedaba inmensamente grande.

Negó, se agacho para tomar la toalla saliendo con prisa de la habitación hacia el baño, luego de haberlo limpiado solo faltaba guindar la toalla para que se secara, y no se llenara de agua, sacudió su rostro de un lado a otro, observando ligeramente como el tiempo pasaba detrás de él, en lo que observaba las gotas de la toalla golpear el suelo del baño, dejo que saliera un suspiro de sus labios, tembloroso camino de nuevo a la habitación, pero paso de largo con un paso rápido hasta la cocina, sus dedos estaban temblando, decidió tomar un poco de agua antes de que cualquier cosa se le subiera inmediatamente a la cabeza.

Bebió un poco de agua, y apretó sus puños decidido a entrar a la habitación.

Años, que no había podido dormir con Maya, pero ahora no iba a perder la oportunidad de verle dormir, aunque sea unos segundos que se convertirían en minutos y sin darse cuenta sería la mañana siguiente y él no iba a dormir absolutamente nada. Sacudió su rostro un par de veces, apretando sus dedos contra los de su propio cuerpo, era demasiado inocente, las cosas sexuales no eran cosas que pasaran por su mente, y mucho menos estaba tan ligado a la intimidad, pero todo cambiaba si se trataba de Maya, aunque no lo hubiera traicionado, aceptaba haber tenido sueños de tipo erótico con él, aunque no hubiese sabido absolutamente nada, terminaban convirtiéndose en tonterías hechas por su mente, así que flotaba en el aire rodeado de elefantes rosas.

Camino hasta la habitación, abriendo la puerta —. Ma-Maya… es mejor que duerma en el sofá, no quiero molestar… —susurro quedito, dándose media vuelta, huyendo de lo que podría pasar entre ellos dos, pero luego se detuvo, pellizcándose —. ¡Maya! No me digas que me dejaste solo —inflo sus mejillas, pero escucho un ruido dentro del guardarropas, giro su rostro y tanteo, quedito caminando hasta ese lugar —. ¿Ma-Maya? —salto del susto al escuchar a Vivaldi sonar con fuerza en la sala, realmente nunca había pensado que ese tono de timbre le electrocutaría todo su cuerpo, se dio media vuelta, mirando de nuevo el guardarropa y corriendo hasta la sala en busca de aquel teléfono.

“Recuerda cepillarte antes de dormir, comer bien en el desayuno… Ah, cierto. Si alguien tiene que dormir en el sofá será Hideyuki” rió suavemente por las palabras escritas de su padre, sosteniendo el teléfono, ahora si se daría vuelta para buscar a … —. ¡¿Maya?! —que susto le había pegado.



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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Dom Ago 03, 2014 6:32 pm

No fue consciente de que el otro estaba merodeando por ahí, seguía con la lavor de proporcionarse placer a sí mismo con la imagen de su mejor amigo ahí disgregada; Aquella noche el estúpido profesor le había arruinado el polvo y llevaba ya casi dos semanas sin tener ningún tipo de contacto sexual, algo que para él, sin duda, era ya motivo de estar desesperado. Su mano subía y bajaba por aquel grosor ya contaminado por un líquido traslucido y pegajoso que le daba la oportunidad a los dígitos de ir y venir con mayor maestría por la zona. Sudorosa espalda yacía contra la pared del vestidor, proporcionándose a sí mismo un punto de apoyo en lo que daba rienda a su propio placer; El sólo imaginárselo agachado enseñándole las partes nobles ya lograba calentar aún más su perverso cerebro y le hacía acelerar el bombeo de la mano entorno a aquello ya por reventar. Al suelo, pequeñas manifestaciones de esperma hacían círculos al caer, evidenciando el placer que el chico se ejecutaba a sí mismo, sin embargo, aquel que tenía aún el pene entre los dedos miró alarmado hacia la puerta del vestidor al escuchar su voz.

¿Qué haría sí...? Maldita sea, ya era demasiado tarde como para detenerse, aunque quisiera, mucho se temía que no podía dejar de hacer aquello que su mano ejercía a cada vez más velocidad, las piernas le temblaban, el pulso lo sentía en la garganta; Todas las sensaciones se aglomeraron en su garganta y sin querer, fueron expulsadas por la boca y la uretra, aunque justo cuando emitió el jadeo del clímax, el móvil de su compañero empezó a sonar, permitiéndole recuperar el hálito y la consciencia. Cuando lo hizo, se apresuró a limpiar lo ensuciado con una camiseta limpia y sin hacer demasiado escándalo se metió en el baño para limpiarse las manos y asegurarse que su cara no restaba tan roja tras mojársela con agua fría. Ahora ya no portaba camisa, si no que los pantalones era lo único que le cubría... con la camisa había limpiado el esperma restante y ahora, esta se encontraba en el cubo de la ropa sucia.

Sabiendo dónde se encontraba el menor de ambos salió del baño y se dirigió, siempre sigiloso, hacia su posición, apoyándose en el marco de la puerta mientras le veía sujetar el móvil, verle reir de ése modo mientras leía le hizo arrugar el ceño. ¿Quién le habrá escrito?.

Dio un paso hacia él, ubicándose justo en su espalda y aunque no llegó a leer del todo el mensaje ante el movimiento del menor, si pudo leer el remitente: El tarado de... chasqueó la lengua y tomó al foráneo por un hombro, aunque... Parpadeó. –¿Qué...?- ahora que se fijaba; Achinó la mirada, reduciéndola a una pequeña rendija de luz mientras miraba al foráneo. Estaba con el pelo mojado adherido a la cara, con una camisa que no cubría más que lo esencial y con un aroma que le resultaba exquisito al tratarse del suyo, casi era como si le hubiera marcado de un modo sentenciero. Tras aquella masturbación se sentía más aliviado y aunque no sabía del cierto si volvería a tener ganas de otra manifestación de deseo, negó con la cabeza, apartando la imagen que ahora tenía delante.

-¿No quieres dormir conmigo? ¿Te incomoda? Puedo dormir en el sofá, es una cama plegable, estaré bien.-

NO. Di que no, por Dios. Di que no. Takashi.

Los dígitos del actor soltaron poco a poco la delgadez del hombro de su compañero y esa mano fue a parar a su propia nuca, desacomodándose el cabello como ya se había vuelto costumbre, apuntando con la mirada el baño. –Iré a lavarme los dientes... decídelo mientras.- bajó aquella mano con pesadumbre y puso camino a su destino sin dejar de pensar en la imagen de aquellas delgadas piernas desnudas y de ése gesto de felicidad que el otro parecía perpetrar.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Dom Ago 03, 2014 7:12 pm

Ma-Maya, le observo alejarse. Sacudió su rostro de un lado a otro con la mirada decidida, él más que nadie quería dormir con el contrario. Pero dormir de forma casta, no vayan a malpensar que ese pequeño rojizo tenia intensiones ocultas, sacudió su rostro de un lado a otro, y dejo el celular en el sofá corriendo para alcanzarlo, tomándole de la mano impidiendo que se volteara totalmente mientras organizaba sus palabras, su cuerpo se movió inconscientemente hacia adelante, observando la espalda del mayor mientras sus delgados dedos temblando se aferraban suavemente a su palma, trago seco, dejando que la saliva comenzara a deslizarse por su cuello. Abrió sus ojos decidido y apretó los labios formando una pequeña sonrisa en estos, sin tentarse a nada:

. Qui…¡Quiero dormir con Maya! —expreso con sus labios ligeramente abiertos y su cuerpo curvado hacia abajo. La vergüenza comenzó a agruparse en sus mejillas e intento levantar su rostro y organizar con más precisión sus palabras. Sus manos se movían delante de él, de un lado a otro negando lo que podría estar pensando el contrario, a lo mejor cambiaba a una expresión asqueada, nunca le había visto salir con hombres, así que podría suponer que él solo se acostaba con mujeres, así que movió su rostro de un lado a otro para que le entendiera lo que quería decir —. Co…como en los viejos tiempos, Ma-Maya… no pienses otras cosas —realmente estaba nervioso, le soltó, como tenia la habitación a un costado la abrió entrando para cerrar detrás de si la puerta.

. ¡Te…Te esperaré en la cama! —otra vez la vergüenza invadió su rostro —. ¡Ya sabes que me estoy refiriendo a dormir! —gimoteo suavemente, entrando a las sabanas contrarias para cubrir su rostro con una de las dos almohadas presentes y cubrirse hasta la cabeza con la frazada para que la vergüenza no se viese en su rostro. Realmente parecía un niño pequeño con aquella actitud, temblando ante cualquier cosa que podría salir de sus labios. Intento que la respiración se adecuara a su rostro, mientras miraba de reojo si la puerta iba a ser o no abierta, ahora quedaba ante Maya si quería aparecer u no en el cuarto, si no lo hacía él podría entenderlo de muchas maneras, y sobre todo, porque ahora que habían crecido seguramente al mayor le daría asco dormir con él, eran amigos, eran hombres ya no eran niños y seguramente Maya… tendría novia.

Dejo que un suspiro se escapase de sus labios, colocando suavemente sus manos cubriendo su rostro, no podría volver a llorar, no esa noche, coloco las gafas en la mesa de dormir, y miraba hacia el techo con profundidad, aunque no pudiese entonar totalmente el color del techo, podría recordarlo perfectamente como cuando lo vio con sus gafas, memorizando abruptamente su cerebro para repetir, en pequeñas frases lo que día a día en clase aprendían. La medicina era para él, lo que para Maya era la actuación y a pesar de que los dos escogieron una carrera tan difícil, ellos se consideraban con suerte, al menos así…

Él pudo conocer a Maya.



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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Dom Ago 03, 2014 7:36 pm

Se detuvo en seco, de manera totalmente abrupta cuando el más pequeño de ambos le atajó de aquel modo de la mano, no pudo moverse debido a que posiblemente de hacerlo le pisaría debido a la posición adoptada por el otro, no pudiendo ver más que una maraña de pelo caoba que estaba casi adherido contra sí al hablar, reclinado hacia su cuerpo cómo solía hacer cuando era niño al expresar esas emociones que tanto le costaba sacar a la luz. Sonrió ligeramente al obtener justamente las palabras deseadas y fue él quién movió la cabeza en negativa. –Y yo con...- pero no terminó de hablar pues hubo la frase siguiente que le provocó un escalofrío extremo; ¿Otras cosas? ¿Qué cosas...? ¿ESAS cosas? Abrió los ojos por la sorpresa. –Ta... Taka... ¡O-Oe! ¡Nemugasa!- ¡Maldito fuera aquel demonio con apariencia de ángel! Antes siquiera de poder debatirle nada o preguntarle el motivo de aquello éste salió disparado hacia el cuarto, dejándole ahí, con el corazón latiéndole contra la garganta y con un gesto de eterna confusión. –Idiota...-

No tardó demasiado en su higiene. Al haberse ya anteriormente lavado cara y manos no tuvo más que pasarse el cepillo de dientes con la pasta sabor menta y frotar un par de veces, escupir y repetir. Se secó el semblante con una toalla y miró de reojo la puerta de la salida del baño; Al ir... al ir a la habitación ya no había marcha atrás. Dormirían juntos. Después de dos años sin verse se habían reencontrado de un modo peculiar y ahora... ahora iban a compartir cama. Una cama que nadie a pesar de irse acostando con quién le daba la gana había siquiera tocado. Él era especial, totalmente distinto a cualquiera. Sonrió ante ése pensamiento y dio el primer paso hacia el cuarto y a éste vino el segundo, y un tercero: No desaprovecharía la oportunidad de sentir un calor que creyó perdido para siempre cuando los caminos de ambos se distanciaron.

Llamó con los nudillos a la puerta para preparar al contrario de su entrada y así, abrió. Se lo encontró ya cubierto por las mantas, sin gafas... la imagen se transformó en una de cuando eran niños y él le esperaba justamente en aquella posición. Tan puro como siempre, tan inocente como nunca. Avanzó despacio, como si intentase controlar sus latidos e intentar que el otro no los escuchase. –¿Te importa si me quito los pantalones y duermo en ropa interior?- a pesar de que hacía frío no precisaba de la ropa para dormir y es que desde niño siempre acostumbró a dormir con la menos ropa posible.

Se detuvo a los pies de la cama y aunque no lo hizo como ningún signo de provocación se desacomodó el cinturón lentamente, escuchándose el sonido metálico hacer eco en la habitación, por lo mientras, el propietario del mismo se lamió el labio superior, sacando la punta de la lengua de su boca para poder doblegar el órgano hacia arriba, exponiendo aquella rosada extensión en lo que batallaba por sacar la hebilla del pequeño agujero que mantenía le cinturón asiando la tela del pantalón a sus caderas, tironeando débilmente de él hasta que, con una sonrisa de triunfo dibujada en su gesto, fue capaz de retirárselo, enfocando entonces al que tenía frente a sí.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Dom Ago 03, 2014 9:45 pm

Un suspiro se escapo de los labios de Nemugasa, quien seguía con su mirada hacia el techo, habían muchas cosas que de pequeño se iban a quedar marcado en su infancia, y de ahí no iba a pasar a nada más. Dejo que aquel nudo se quedará en su garganta, en lo que jugaba suavemente con las sabanas que se encontraban alrededor de su cuerpo. Bajo la cabeza, en dirección hasta la puerta cuando su mejor amigo la toco, musito un par de veces por lo más bajo en lo que le observaba, levanto una ceja curioso a lo que estaba haciendo, debería estar totalmente tapado sin verle un solo musculo, seguía avergonzado pero podría mantener el contacto con su cuerpo, se sonrojo al verlo sin camisa, era muy diferente de cómo solía observarle de antes, cuando eran niños y este se quitaba su ropa para darle la suya al ajeno cuando tenía demasiado frío, y aunque entre ambos, el que más ropa se colocaba cuando hacía frío era el ajeno, y ahora para dormir tenía que quitarse todo, trago seco, sintiendo como su saliva se agrumaba en su garganta.

. ¿Cuándo vas a aprender a dormir con ropa? —se quejo suavemente observándole de reojo, aunque realmente no le importaba absolutamente nada, dejo que un suspiro escapara de sus labios. Conocía a su mejor amigo, sobre todo porque su forma de ser realmente era interesante, sacudió su rostro de un lado a otro entretenido con aquellas palabras, mientras le observaba con curiosidad, sintió que en ese tiempo iban a suceder muchas cosas.

Su cabeza se lleno de pensamientos indecentes, parecía que Maya estaba haciéndole un baile de perversión solo a él, moviendo su cadera a un compás increíblemente lento que el pequeño de cabellos caoba observo con lentitud, desde que deslizo sus manos por el cinturón, hasta el suelo, escuchando el sonido de la hebilla golpear contra el suelo, su saliva paso por su garganta, relamió sus labios, aquellos que se ocultaban detrás de la sabana que se encontraba a su costado, sacudió su rostro un par de veces, en lo que arreglaba un pedazo de su cabello, rascando un poco su nuca, sacudiendo su rostro de un lado a otro, porque estaba perdiendo la compostura.

. Maya… envuelve la ropa bien, y colócala en una silla, no dejes la ropa en el suelo… —en otro momento, no pudo haber salido su educación, aunque estaba totalmente agradecido de poder decirlo de manera liberar, eran dos hombres, los dos tenían totalmente lo mismo, así que no podría avergonzarse por sus movimientos, un frío entro totalmente en su cuerpo al sentir como la sabana era levantada, el peso de su compañero le hizo bajar un poco en la cama, parecía que estuviera flotando, en un sueño del cual no quería despertar nunca, trago seco, dejando que la saliva bañara totalmente su garganta, en lo que apretaba un poco sus dedos contra su cuerpo, sacudiendo su rostro de un lado a otro.

. Ma-Maya… —le llamo, levantando suavemente su dedo para pellizcar con suavidad su piel para llamar su atención. Sacudió su rostro de un lado a otro, si volvía a hacer algo de lo que hacía en el pasado le iban a salir canas verdes en su cabello rojizo y eso realmente iba a ser llamativo, sacudió su rostro y giro su rostro, no podría besarlo en la mejilla al igual que en el pasado para decirle buenas noches, porque tenían años que no lo hacían, se mordió el labio girando su cuerpo.

. Bu-buenas no-noches… —apretó sus ojos, dispuesto a dormir dándole la espalda, aunque estaba seguro de que lo iba a abrazar en la noche, siempre era lo mismo.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Miér Ago 13, 2014 8:46 am

El pantalón quedó sobre el suelo y a pesar de que tenía toda la intención de dejarlo ahí, el regaño de su compañero le hizo reír por lo bajo y agacharse para recogerlo, aunque sin duda no se molestó en doblegarlo y posicionarlo correctamente como el otro pretendía, sencillamente hizo de esa tela una bola y la dejó de cualquier modo en la silla que había próxima a la cama, sabiendo perfectamente que aquello no era, ni mucho menos, lo pretendido por su compañero de cama. De cama... miró hacia la misma para encontrarse con su pequeño Nemugasa ahí, entre sus sábanas. En su cama. Tuvo que pensar en cualquier otra cosa para no volver a sentirse excitado, apoyando una rodilla sobre la cama para así, recostarse en el lugar que le pertocaba de la misma. Desde muy niños siempre habían mantenido las posiciones sobre el lecho y él, ahora que se daba cuenta, estaba exactamente en su emplazamiento de siempre.

-¿Si?- estaba colocándose por encima la sábana cuando el otro le llamó, pero lo único que recibió fue un pellizco, algo que logró que le mirase sorprendido, sin mencionar nada o quejarse. Alzó la diestra y se acarició la zona agredida por esos tan finos dedos pero lo único que vio tras ello fue la espalda del de cabellera cobriza, no entendiendo absolutamente nada. -¿Te has enfadado?- la preocupación tiñó su voz y para intentar proximidad apoyó la palma derecha sobre la cama, cerca del rostro del más pequeño para, así, hablarle al oído en un tono mucho más suave pero igual de preocupado. -¿He... hecho algo?-

Y la posibilidad de que su compañero le hubiera visto tocándose pasó por su cabeza... entonces, la vergüenza le azotó y perdió la posición, acostándose justo detrás de su espalda para, sin más, rodearle por encima de la cintura con cierto amago de propiedad, obligándole a quedar próximo, muy próximo. El trasero redondeado de su acompañante encajaba perfectamente con la forma de su cadera, no quedaba un solo espacio libre entre ambos y es que la amplitud de su pecho quedaba también totalmente arrimada contra la perfecta y más menuda espalda foránea. La mano diestra del Idol buscó rodearle y así lo hizo, apoyando la palma entera justo en el centro del escaso vientre de su compañero, pudiendo llegar a sentir las palpitaciones del estomago adyacente en intento por hacer la digestión.

El silencio únicamente era irrumpido por el lejano tic-tac del reloj de la sala, marcándole a fuego cada segundo que podía sentir su calor. Su olor.

Hundió la nariz en la nuca del estudiante y aspiró con fuerza para poder de ese modo apoderarse de su aroma y esencia. –Te he extrañado mucho.- su susurro fue débil, arrastró cada silaba para que así su aliento le agitase el cabello de la nuca y se la besó. Aquella que hasta ahora descansaba en su vientre recreó pequeñas formas redondeadas en la zona, trazando pequeñas formas inconexas, incoherentes. Era... extraño. Había soñado mil veces con tenerle y ahora que por fin estaba en su lecho era totalmente incapaz de dar el paso, de abordarle. ¿Y si le emborrachaba y...? ¡No! ¿¡En qué estaba pensando?!

Tensó la mano, cesando todo movimiento para hacer algo más de fuerza sobre ése delgado vientre, aunque su rostro prosiguió deambulando por su nuca, empapándose de su aroma una vez más, acariciándole la zona con la punta de la nariz para deambular por la zona de nuevo, en silencio, con cuidado.


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Sáb Ago 16, 2014 3:38 pm

Tan solo escuchaba los latidos de su corazón, era como fingir estar en un mundo imaginario, no en el real. Nemugasa lanzo un suspiro de sus labios, fijando su rostro a través de la sabana ara observar a su mejor amigo, quien se encontraba… ¿dormido? A su lado. Tembló, trago seco y volvió a esconder su rostro entre la tela blanca que cubría su cuerpo, no se atrevía a hablar con él… ¿Enojado? No, no lo estaba. Trago seco, se rodo más hacia él, apegando sus largos dedos hacia el cuerpo ajeno, pareciera que las yemas de sus dedos se quemaran al sentir la piel contraria.Maya, pensó en el momento de cerrar poco a poco sus ojos, adaptando su cuerpo contrario, años sin sentir su calidez, pudo aferrarse contra su cuerpo, envuelto, no solamente su cuerpo se hallaba aferrado a las delgadas manos contrarias, sino también su alma, cayendo poco a poco en los brazos de morfeo, envolviendo sus manos hacia el ajeno, atrayéndolo hacia sí.

Sentía como los rayos del sol golpeaban su rostro, movió poco a poco su cuerpo en la cama, sacudiendo el rostro de un lado a otro, parpadeo un par de veces, limpio su rostro con su antebrazo, intentado despertarse, al abrir sus ojos, el olor contrario penetro totalmente sus fosas nasales, abrió poco completo sus ojos y sus labios, aquellos rosados pequeños se formaron con una pequeña sonrisa.

. Maya, buenos días… —susurro, estiro su mano hasta la mesa, para tomar entre sus dedos aquellos anteojos y ubicarlos en su rostro. Observo la hora, las 8:30 de la mañana, aquello que golpeaba repetidamente al reloj, observando que las manecillas se movían de un lado a otro constantemente, sacudió su mano hacia el costado, moviendo el cuerpo de su mejor amigo —. Maya… ¿No tienes que ir a trabajar? Moo… ¡Maya! —hablaba, quien tenía clases a las 10:20 de la mañana hasta las 4:50 de la tarde. Dejo que un suspiro se escapara de sus labios —. ¡Maya!

Sacudió su rostro de un lado a otro, intentando levantarse, pero se encontraba entre los brazos de su mejor amigo, se sonrojo totalmente al sentir la cercanía ajena, se agacho, acercando su rostro hasta el de él, trago seco y abrió sus labios poco a poco acercándose hasta los labios de su mejor amigo… Pero paró en seco, mordió su mejilla y se separo un poco —. Maya, despierta.

Inflo sus mejillas, esperando la acción de su mejor amigo.



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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Sáb Ago 16, 2014 3:50 pm

Cayó en sueño antes de lo verdaderamente esperado, sin embargo ése día resulto ser para él más agotador que cualquier rodaje u escena. Restaba totalmente dormido, aunque de manera inconsciente el aroma que tenía arrimado a su persona hacía que sus brazos mantuvieran encarcelado el cuerpo que desprendía calor próximo a su cuerpo, su mano, aquella palma derecha, sujetaba a su compañero por el vientre, la otra restaba sobre su propia cadera de un modo totalmente pasible y despreocupado, cómo si el hecho de dormir a su lado fuera algo común... Algo que a pesar de no hacer en años le envolvió de paz y le hizo descansar cómo lo hacia, pues siquiera los rayos del sol lograron despertar a quién, con la boca abierta y un gesto de eterna satisfacción restaba totalmente dormido. No escuchó a Nemugasa, su voz parecía ser parte del sueño... uno en el que aparecía él y su amigo, de pequeños, jugando. Sonrió y casi por inercia su otro brazo se unió al abrazo que le mantenía preso, agarrándole así por la cintura y hundiendo la cara contra su compañero, no sabía dónde estaba su cara escondida ahora, pero el aroma de su amigo le inundó a tal punto que soltó un suspiro repleto de placer.

Sólo sentir algo similar al aliento foráneo aproximarse logró que tensase ligeramente el semblante y que con pesadumbre abriera poco a poco los párpados, intentando enfocar. –D-déjame...- susurró con la voz ronca debido al sueño. Realmente por la mañana su temperamento solía ser más bien agresivo. –Déjame olerte... un poco más...- y no. No fue consciente de lo que estaba diciéndole, siquiera era consciente de que realmente estaba ahí. De que no se trataba de otro sueño en el que le extrañaba. Estaba ahí. Junto a él... había venido a Corea y le tenía a su lado.

Sus manos vagaron pasivamente por la cintura foránea en una especie de lánguida caricia, como si estuviera el dormido cercionándose de quién tenía al lado... y así fue como abrió los ojos con sorpresa, casi de golpe. Se sentó torpe sobre el colchón y buscó poder enfocarle de un modo más o menos fehaciente, encontrándose con su compañero ya con las gafas puestas, mirándole. ¿¡Qué hora...?! Miró con alarma el despertador y lo que vio logró que saltase de la cama, mostrando su íntegra desnudez.

Sí. Durante la noche se deshizo de cualquier prenda y es que medio dormido, al sentir la presión del elástico del bóxer se lo quitó sin pensárselo en demasía. Es por ello que aquel trozo de carne de proporciones más bien grandes restaba al desnudo, meramente revestido por el vello púbico oscuro de quién se movía para buscar la ropa que se iba a colocar. –¡Mierda, no llegaré!-


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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Takashi Nemugasa el Sáb Ago 16, 2014 5:44 pm

El punchero de Nemugasa no tardo en desaparecer al escuchar las palabras de su amigo que se escapaban de sus labios, sus mejillas comenzaron a teñirse de un color totalmente rojizo, en lo que temblaba y se repetía mentalmente que seguramente él estaba hablando de sus compañeros de noche, no podría estar hablando realmente de él, su olor no era tan llamativo, a lo mejor pudiera confundirlo con una chica, porque estaba siendo totalmente abrazado. Los labios de Takeshi se encontraban abiertos, poco a poco adaptándose a la situación que estaba pasando demasiado rápido delante de sus ojos. Maya - dormidos juntos, en su casa. Luego de muchos años en que ambos no se consideraban lo suficientemente grandes para dejar de comportarse como niños. Estaban solos, no habían padres a los alrededores, pero ellos seguían siendo los mejores amigos del mundo, seguían siendo hombres… Le amaba, pero no podría decirlo con tanta claridad.

Nemu trago seco, intento secar su lágrimas que se escaparon de su rostro luego de haber escuchado aquellas palabras que le hirieron más, su mente estaba golpeando fuertemente con insistentes ordenes de que dejará de hacer sufrir a su corazón y se largara de una vez por todas a amar aunque sea a una planta de mierda, pero no era tan fácil, no cuando el amor comenzaba a crecer poco a poco dentro de una persona. Parpadeo un par de veces al verlo observarle, el sonrojo comenzó a crecer en su rostro al verlo levantarse de la cama, cubrió su cuerpo automáticamente con el sonrojo que no podría desaparecer de su rostro.

. Ma-Maya… —susurro suavemente, tomo la almohada entre sus manos lanzándola al rostro contrario con fuerza, u algo de ella, realmente Nemugasa no tenía mucha pero podría defenderse totalmente —. ¡Estabas totalmente desnudo pervertido! —y lo peor de todo es que lo estaba abrazando, sintió una presión entre sus piernas, el sonrojo no desaparecía de su rostro, y como estaba sentado no era algo que le ayudará demasiado. Pero su inocencia era realmente grande, lo suficiente para hacerlo pasar con simplemente… Tengo… que ir al baño, la presión en aquel bóxer se hacía un poco más grande, en lo que sus dedos se aferraban hacia sus dedos totalmente.

Trago seco.

. Maya… ba…baka —susurro suavemente, intentando levantarse para correr hacia el baño.

Al cerrar la puerta sus piernas caminaron hasta el inodoro, y aunque intento hacerlo no salía absolutamente nada, su rostro se sonrojo violentamente en lo que lanzaba un largo suspiro de su rostro, eso no se iba a borrar de su mente por mucho que lo intentará, sus dedos rozaron su miembro y se helo totalmente, sentía algo que estaba subiéndole por todo su cuerpo, intento controlarlo, pero sus piernas temblaban poco a poco, sus dedos apretándose contra la camisa de Maya que vestía, el olor que estaba llenándole totalmente, su mano lo abrazo, comenzando a moverlo de arriba hacia abajo, mordió la camisa de Maya, apegando su cuerpo contra la pared… —. Ah…g… —apretó con fuerza sus ojos, sacudió su rostro de un lado a otro, sintiendo que el agua fría comenzaba a caer sobre su cuerpo, sobre todo en la camisa que se estaba mojando.

Dejo que un suspiro se escapara de sus labios, esperaba poder colocarse su ropa y marcharse hacia la universidad pronto, el siempre deseaba llegar temprano pero ese día, más temprano que nunca… Maya… idiota, ¿Por qué le había mostrado eso? No se iba a borrar… jamás de su mente.



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Re: Aquella cama, compartida por dos —Maya.

Mensaje por Hideyuki Maya el Dom Ago 17, 2014 1:54 pm

Estaba introduciendo el pie derecho en el costado del pantalón que correspondía cuando escuchó como el otro le apodaba pervertido; Al menos los calzoncillos ya formaban parte de su indumentaria, así que lo tenía recubierto y en espera de colocarse el pantalón, aunque antes de lo previsto Nemugasa se perdió rumbo al baño, no dejándole tiempo siquiera a disculparse u por el contrario, a hacer una broma que hiciera referencia a su desnudez mientras juntos restaban en la cama. Pudo escuchar el portazo y después... después nada. Suspiró y se colocó la prenda como era menester, mirando con culpa el lugar por dónde el pequeño había desaparecido, por supuesto, sin darse cuenta de lo que a éste le sucedió entre las piernas al verle. Se llevó una mano a uno de los costados rapados y arrastró la palma hacia arriba para desacomodarse cada mechón erguido de manera pesumbrosa. Bien. Se había enfadado.

-Oe, Nemu, no seas crío.- farfulló, acomodándose la cremallera del pantalón y pasando también a abrocharse el botón que unía ambos laterales de la prenda, encaminándose poco a poco hacia el lugar en el que el otro hubo desaparecido, arrastrando consigo la camiseta que llevaría puesta al estudio. Tocó la puerta con los nudillos de la palma que tenía libre e intentó hablar por encima del sonido del agua que corría. –¿Nemu?- se mordió el labio y aquella alzada vagó hacia el pomo. ¿Soportaría su psique verle desnudo?; NO. Se abalanzaría sobre él cómo todo un lobo hambriento si veía más piel de la que...

Desistió en su idea de entrar y la mano que casi llegó a rozar el pomo se retiró. –Vamos, te llevaré a la universidad.- y tras decir aquello volvió sus pasos hacia la cocina pequeña que condecoraba aquel lustroso apartamento y dejó la camisa colgando en la barra americana de la misma, preparando un desayuno que pudiera darles fueras a ambos. Preparó tostadas, zumo de naranja (de embase a falta de fruta en el domicilio) y... el aroma de café inundó el lugar, preparando dos tazas del mismo. El uno con más azúcar que el otro. Miró de reojo el reloj que restaba alzado en la pared: No eran ni las nueve de la mañana pero ya llegaba tarde a la grabación. Y como si lo hubieran pensado a la vez, el móvil que estaba en el bolsillo de su pantalón empezó a sonar con la voz de uno de sus compañeros cantores del lugar dónde le alzaron a la fama.

-¿Moshi mosh~?- no cabía duda que había cosas que jamás cambiarían. Mantuvo el teléfono pegado al oído mientras uno de sus compañeros, entre risas, le decía si se le habían pegado las sabanas o los pechos de con quién compartía cama. -Oh, sí, noche loca...- puso los ojos en blanco mientras reía y dio un bocado más bien tímido a una de las tostadas que habían sobre el plato. Mientras masticaba miró hacia la puerta del baño con cierta preocupación. -Dile al director que llevaré a mi dulce amante a la universidad, tardaré media hora.- las risas de su compañero, victorias por detrás por parte del resto y ambas partes colgaron.

-¡Nemu! He conseguido algo más de tiempo!- el orgullo casi infantil tiñó su voz, aunque... nadie respondió, lo que le hizo fruncir los labios. -¿Nemu...?- caminó poco a poco hacia el lugar dónde el otro estaba enclaustrado y llamó una sola vez con los nudillos, empero al no escuchar respuesta, abrió, ya preocupado de verdad al imaginarse lo peor. –¡Nemugasa!- empujó la puerta con el hombro mientras su mano aplicaba presión en el pomo, adentrándose sin demasiadas lindezas en el lugar.


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