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Mensaje por Jung Dong Kyo el Miér Jul 09, 2014 2:00 pm

El viento se arremolinó en lo alto de aquel edificio, revolviendo la cabellera de una figura que yacía sobre el suelo estirado, utilizando los brazos como almohada para librarse así del frío y duro impacto de la piedra marmolea que tenía bajo sí. No, no era que las clases hubieran terminado, tampoco le habían dado el libre y no, claro que no era que no tuviese ahora el merecido descanso. El resto de sus compañeros muy posiblemente ya estarían recibiendo las primeras instrucciones por parte del maestro en la sala que les correspondía, no obstante, la danza no era lo suyo y ése día en particular se le hacía tarea copiosa la de tener que menear las caderas para ensayar una coreografía nueva para adaptarla al futuro single, más aún si se tenía en cuenta que los Lunes cómo ése, también iban al salón los primerizos para aprender tácticas y estar en contacto con los que, cómo él, ya llevaban años en el amplio mundo de la música.

El clima era cálido, perfecto para una mañana de holgazanería cómo la que tenía prevista. Si no había escogido la biblioteca como lugar para el sueño era justamente por aquello que se disgregaba sobre su cuerpo: El cielo. Amplio, enorme, uno que le dejaba en claro cuan insignificante era. El otoño estaba por dar paso al frío invierno y por ello, disfrutar de las últimas mañanas que podría merodear por ahí sin abrigo era un lujo que no estaba dispuesto a perderse. Los profesores eran conscientes, tras tantos años, de sus constantes escapadas hacia el lugar por lo que si alguno sentía que anunciaría algo importante, sabía dónde encontrarle. La pereza era uno de sus pecados innatos, nació con él y con éste moriría. Pequeña gota gélida impactó sobre su durmiente rostro, a lo que apretó levemente los párpados caídos y emitió un gruñido quedo. Pero el cielo no estaba dispuesto a amedrentarse por un crío y a aquella gota, le siguió otra, la cual resbaló por el redondeado pómulo del cantante hasta morir en su garganta y caer sobre un suelo que ahora mostraba marcas del pequeño aguacero que por ahora caía en parsimonia, como advirtiendo a los humanos de sus intenciones y permitiéndoles refugiarse antes de estallar en cólera premeditada.

Por fin, el clima consiguió lo esperado y el durmiente abrió los ojos, teniendo que entornar nuevamente los párpados para que las pestañas le protegieran los orbes del agua que caía sin cesar, cada vez con mayor ritmo. –Vaya...- el fastidio inundó su voz adormilada y apoyando una mano sobre el suelo se fijó en el modo en el que el agua se unía al suelo del terrado y como esta se expandía al contacto, sin lugar a dudas, aún necesitaba horas de sueño y por ello quedaba maravillado con algo tan poco significativo como el agua caer. Postró una mano sobre el suelo y se ayudó de la misma para levantarse, aunque titubeó en su primer intento al no restar con sus sentidos despiertos, logró su cometido y con la espalda ya erguida arrastró los pies hacia el único lugar de ése patio que protegía a quién se atrevía a restar ahí aún y con agua cayendo. La sala de descanso quedaba demasiado lejos, aunque... Se miró a sí mismo y no pudo más que chasquear la lengua al encontrarse con unas ropas empapadas y casi ceñidas sobre sí, apostando un donut a que si el presidente o su esteticista le veía así cargarían balas de plomo contra él.

Con ahora ambos brazos suspendidos hacia arriba en busca de cubrir la cúspide del forajido, corrió hacia la única puerta que daba acceso a las escaleras. Al alcanzarla se valió de la diestra para abrirla y entrar sin miramientos en el edificio, empero nada más cerrar tras de sí la que daba a la azotea estornudó severamente... Le matarían. Estaba convencido de ello. El lugar aunque no contaba con ningún lujo era amplio y... Seco. Y él, movido por el frío repentino y la vagancia se dejó caer sobre el suelo del rellano pues estaba convencido de que, ahora que llovía, nadie se atrevería a salir fuera y todos merodearían en la cafetería u sala de descanso. Suspiró débilmente y recolectó las piernas de modo que terminó abrazado a las mismas, apoyando ahí el mentón con gesto decaído. Frío... ¿Por qué diablos ahora hacia frío?



Lugar dónde está ahora:


Última edición por Jung Dong Kyo el Vie Jul 11, 2014 3:04 pm, editado 1 vez
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Kang Sang Woo el Miér Jul 09, 2014 4:13 pm


Tecleo la mesa con deje de falta de inspiración o más bien de organización. Su oficina era el lugar más limpio de todo el edificio, pero así como era de limpio estaba tan organizado que sabias donde se encontraba cada cosa, claro, a excepción de los días donde tenía toneladas de trabajos, donde debía mamarse todo el día sentado en la puta oficina que le daba calambre en el jodido culo y que simbólicamente… bueno, un conjunto de malas palabras y momentos incómodos que se podrían concentrar en su cabeza le daba la clara definición de que todo iba a ir de mal en peor. Contratos que tiene que revisar, ídolos que tiene que supervisar, trabajadores que tiene que orientar, niños que tiene que cuidar. Jodidos niños que está haciendo que tengan un futuro en el mundo de sus sueños. Todos los días hago la maldita buena acción ¿Y que gano? Más papeles, al diablo con la tolerancia hacia los cerdos humanos que trabajan en esta jodida organización con sus treinta y tres años de edad, maldice por decima vez el día, sus trabajadores y su trabajo, pero vuelve a concentrarse al papel que tiene delante de él, le observa con sus afilados ojos color azul, llegando a un platinado metalizado, pasa su vista hacia un costado, y pinta sobre una hoja en blanco con muchos garabatos encima, regresa su mirada hacia el contrato y vuelve a leer, frunciendo ligeramente el ceño, verificando que todo estuviera en orden, porque el jefe, jamás… como lo leíste jamás firmaba algo sin verificar que todo estuviera bien.

A excepción que su secretario lo hubiese hecho antes, pero como ese cerdo no lo había hecho le tocaba a él.

Estiro su cuerpo hacia atrás, en la gran silla de color negro, era mucho más grande que él, o al menos en altura, estaba bajada para que se adecuara a la mesa y sobre todo para que pudiera subir y bajar a su gusto, era pequeño, pero no tan jodidamente pequeño, sin embargo, se veía bastante gracioso en aquella silla, hace algunos días la mando a cambiar pero esos desgraciados ni siquiera se había pasado por la oficina con las noticias de su nueva silla (que solo llevaba una semana) estaba seguro de que había sido una broma de la organización, y algún día se vengaría. Sacudió su rostro de un lado a otro fastidiado, se bajo de la silla colocando su celular encima de sus documentos para que no se cayeran caminando hasta las grandes ventanas de su oficina para observar hacia afuera, un rayo logro alumbrar todo el cielo, su cuerpo se tenso, no alcanzo a tocar el vidrio si no que dio dos pasos hacia atrás, Sang Woo era masoquista, pero no hasta el grado de disfrutar cosas que realmente odiaba, pero la lluvia en cierto modo le alteraba los nervios; esa era la razón por la cual no podría trabajar para nada bien en esos días.

Golpeo con la punta del pie, el suelo. Se dio la vuelta caminando hasta la salida de su oficina, si no podría contra su enemigo se iba a unir a él, o al menos intentaría resguardarse de cualquier rastro de lluvia que pudiese entrar a la empresa. O al menos, podría sentir las gotas de lluvia bañar su cuerpo, a lo mejor así pudiese volver a trabajar, a veces solía ser un poco masoquista, o esa era su vaga escusa para saltarse el trabajo. Él no necesitaba dar explicaciones, simplemente salió de su oficina sin sus objetos personajes, con el paso hacia la azotea, al menos ahí podría sentir como la lluvia golpeaba su rostro, la odiaba al igual que a los rayos pero no podría contra la naturaleza, si eso fuera cierto desde mucho tiempo hubiese eliminado todos los jodidos rayos de ese apestoso mundo.

El mundo era un lugar cruel, pero así como podría ser cruel era maravilloso. Pero nunca saldrían esas palabras de sus labios, podría pensarlas pero no expresarlas, así como su rostro; quien siempre se encontraba con el ceño fruncido, mostrando sus labios ligeramente curvados.

Sintió el frío golpear su rostro al poner pie en las escaleras hacia la azotea, como este desaparecía poco a poco en lo que iba avanzando, al parecer la lluvia había arruinado un momento de alguien encima de aquel lugar, se preguntaba quién podría ser tan idiota de ir a jugar en la azotea en esos momentos (A parte de él), rozo sus pies con el cuerpo de alguien, giro su rostro hacia un costado y no espero que el tic apareciera en su rostro —. De todos los idiotas que pudieran ir a jugar en la lluvia… eras el único que no se me cruzo por la mente, Jun —Sang tenía la costumbre de acortar los nombres de sus ídolos, amigos cercanos e incluso de muchos aquellos que consideraba importante dentro del mundo del entretenimiento, o a veces simplemente les llamaba: mocosos irresponsables que piensan que la vida es así de fácil, mejor muevan el culo y vayan a trabajar. O la lluvia le había bajado el temperamento o simplemente no tenía ganas de sacar su plumero de su bolsillo secreto para estrellarlo en la cara del ajeno —. ¿Qué haces ahí? —corto, sin nada más que decir.

Recorrió la mirada por el piso mojado, e inhalo el aire suficiente para no lanzarse contra el joven de veinte años de edad por ensuciar su piso, pero no lo culpaba tampoco, la lluvia había sido la causante de todo, aquella que él tanto odiaba. Un trueno cayo, agradecía que el ajeno tuviera su rostro en el suelo porque aquello le había hecho saltar un poco, el terror y pavor a pesar de su edad era palpable.



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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Jung Dong Kyo el Miér Jul 09, 2014 5:06 pm

Las palmas del pupilo se movieron con destreza por encima de aquellas mojadas ropas en busca de que la fricción le causase algún tiempo de bienestar a pesar del frío y aunque no logró un calor corporal optimo, si fue capaz de dejar de temblar cómo un niño tras el baño. Fuera por lo que fuese, en ése momento se veía incapaz de avanzar, de moverse o incluso de ponerse en pie. Para él la lluvia implicaba sentirse con los ánimos más apagados que de costumbre y esa magia hiperactiva con la que contaba se tornaba tranquilidad, cómo si se tratase de un pacifico río siguiendo el cauce... De hecho, ¿No era él algo así? Cerró los ojos para meditar en aquello, sintiendo como las gotas que permanecían aún en su rojiza cabellera se abrían hueco por todo sendero de piel al descubierto. Él... era lluvia y al caer, se dejaba guiar por el rio. Al caer... tenía muy claro cuando descendió él de los cielos, de ése mundo perfecto repleto de sueños; La muerte de sus padres. Aquella que le marcó y le hizo precipitarse sobre la tierra abandonando incluso la música por poco menos de un año. ¿Y el río? Sonrió para sí mismo al pensar en su río, no tenía que divagar demasiado para dar con una cara. Era el presidente, sin duda. Ése hombre había sido capaz de encauzar su rumbo, lo arropó cómo a uno más y le guió hasta el punto en el que se encontraba ahora, uno que a pesar de todo le llenaba de dicha al estar aún en el mundo que desde crío le apasionó.

Si, era tosco, malhablado y peor humorado pero si sabía algo era que le tenía cierta estima o eso quería creer pues ése hombre era de lo poco que restaba en el mundo de importancia para él.

Un toque sobre su pierna y el petirrojo gruñó, alzando un solo párpado con pesadumbre para intentar enfocar quién se hubo atrevido a molestar su sueño... Pero el golpe de la imagen le hizo enderezar la espalda y moverse con brusquedad para apoyar la misma contra un muro el muro que tenía justo detrás, y es que ahí, Levi, o Sang Woo cómo era más conocido, solía expresar su descontento con golpes que, quisiera el resto o no, siempre acertaba. Enervó los brazos y fue a protegerse la cara pero la voz relajada del mayor le indicó que... No habría disputa. Poco a poco bajó aquellas ahora relajadas extremidades y observó al que tenía frente a sí; Pequeño de estatura pero su genio no era equipárativo. Era temido en la escuela y eran muchas las promesas que habían huido del lugar tras un confortamiento con él, pero muy posiblemente aquellos que le rehuían no eran capaz de poder ver todo lo que ése hombre era y todo lo que era capaz de ofrecer si la persona en cuestión merecía la pena. Su comisura dibujó una pequeña sonrisa mientras proseguía mirándole, mostrándose tranquilo a pesar de su tan próxima presencia. –Supongo que me gusta demasiado dormir.- encogió tras ello los hombros, no valía la pena poner excusas pues prácticamente los horarios de los que ya estaban debutando estaba cronometrado milímetro a milímetro y era seguro que el presidente estaría enterado del suyo.

Otro rayo, había contado ya tres; Tenían la tormenta encima. Y a pesar de que la edificación era robusta los cimientos parecían temblar, fue a burlarse del temporal cuando la luminosidad de otro rayo le hizo abrir la mirada más de lo común debido a la sorpresa. ¿Temblaba? Ése... ése gesto de pavor, ése maldito gesto de pavor...

Miró hacia el techo cuando el relámpago murió, simulando no haber visto nada y justo cuando el fuerte estallido recayó, su diestra se movió hacia delante para capturar la fina y frágil muñeca del adulto. Fue un gesto que duró lo mismo que aquel ensordecedor sonido pero que bastó para que el cuerpo del presidente quedase tendido sobre el propio. Sí, estaba mojado... y sí, estaban sobre el suelo, pero no era muy diestro en sus demostraciones de protección debido a su corta edad, por lo que aquello era todo cuanto por ahora sabía hacer. A pesar de la humedad de su ropa buscó el modo de hacerle sentir seguro, de ser su coraza. ¿Qué importaba si eran veinte o treinta años? El miedo no era algo que pudiera remediarse con la edad. Los brazos del alumno rodearon el cuerpo ínfimo del adulto y lo apresó contra su torso. Un abrazo. Sólo eso. Sin duda ahí no les vería nadie por lo que contaba con la misericordia del otro a la hora de juzgarle. Separó tras un par de segundos las piernas y acomodó a su acompañante, buscando siempre el mantenerle cautivo. Otro rayo y esta vez, antes de que el foráneo pudiera debatir, apoyó la mano sobre aquella de rasgos coreanos para que no pudiera ser consciente de la iluminación de aquel efecto por la tormenta y para que no escuchase el rayo, no se le ocurrió más que apoyar la frente contra la parte superior del oído del adulto y que así su comisura quedase alineado al mismo.

Y cantó. Cantó con suavidad, con su voz tranquila y envuelta en calma, no se sabía demasiado bien la letra de aquella pero lo hizo apropósito, sabiendo que así el presidente estaría más preocupado en corregirle después que no en dejar por evidente que el más pequeño debutante de toda la empresa había descubierto un, tal vez, secreto. La palma que tenía sobre la mirada foránea se mantuvo en su línea, aunque sus dígitos retiraron algún mechón de cabello entre caricias que rozaban lo gentil, lo noble. Ése hombre le cuidó de niño y si de algo estaba seguro, era de que él daría la vida por asegurarle en buen recaudo. Era fuerte, el hombre más fuerte, testarudo e iracundo que conocía, pero no podía sencillamente mirar a otro lado cuando sabía que estaba golpeándole un enemigo de la naturaleza y el otro no podía defenderse con la escoba, plumero... O lo que tuviera en mano.
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Kang Sang Woo el Miér Jul 09, 2014 6:34 pm


Odiaba muchas cosas en su vida, a parte de los genocidios y la mafia. La lluvia había sido aquella causante de la muerte de alguien quien le había hecho ver otra manera la vida. Lanzo un suspiro de sus labios, sus delgados dedos rozaron el anillo que portaba alrededor de su anular, sintiendo como se apretaba aquella joya dorada entre sus delgados y finos dedos. Frunció ligeramente el ceño, guardarse las emociones y sentimientos provocaban aquello que el presidente expresaba en distintos momentos del día, el odio insaciable de la lluvia, el pavor a los truenos aunque era inconsciente su cuerpo se contraía como si de un niño se tratara, trataba de apegarse más a este intentando evitar absolutamente todo, pero aun así avanzaba, paso por paso, pisada a pisada directamente hacia la azotea, porque era masoquista, y así como lo demostraba con cada pisada quería dar a entender a su cuerpo por lo testarudo que era, que debía eliminar aquel pavor de su cuerpo, estaba viejo (a su concepto) y cualquier rastro de temor le pisoteaba la dignidad, el orgullo que había forjado durante tantos años. Chasqueo la lengua al detenerse en el último escalón, su cuerpo gritaba que quería ir a ocultarse de la lluvia, cubrir sus oídos de los golpes rayos, esconderse en un lugar pequeño donde no retumbara absolutamente nada, donde escuchara a su interior gritar lo cobarde que había sido, lo inútil que se estaba volviendo al pasar los años, pero debía mostrar otra cara, ocultar lo que realmente era y mostrarse fuerte como había conseguido hacerlo durante tantos años, la lluvia llegaba usualmente en la noche, cuando él se quedaba en la empresa, donde solamente estaba él, su puerta, los rayos y aquel pequeño armario.

Así, nadie le podría ver.

Podría sonar estúpido e incluso totalmente inestable a la hora de pedir muchas cosas. Pero Sang Woo admiraba a muchos de los chicos de su empresa, a aquellos que han debutado con una gran cantidad de gente apoyándolos, a quienes les dio todo su apoyo a pesar de nunca decirlo, él sabía lo fuerte que eran, lo que habían pasado en toda su vida e incluso a muchos apoyaba desde el fondo de su corazón, siguiéndoles, el horario de todos lo tenía grabado en su cabeza, si le escogieran para ser manager conocería los procesos, trabajos anteriores, dotes de quien seleccionara, era bueno memorizando, pero también reconociendo talentos. Muchos de ellos quienes venían de familias pobres, que tuvieron que trabajar duro para mantener la vida que tienen ahora, otros que perdieron a sus familiares por accidentes, él perdió a sus padres a los 12 años de edad, se termino de criar en las calles y volvió al camino con sus quince años, su cuerpo es la prueba de todo lo que vivió, pero él admiraba la capacidad de ellos para salir adelante, él renuncio a la música por darle una vida a los demás, no sabía si el débil era él, por ser tan… indulgente.

Él, era uno de aquellos mocosos que tanto admiraba (en secreto, pero lo hacía) ahora mismo si se comparara con él yo de su pasado seguramente no se creyera lo que era ahora. Jung Dong Kyo, un joven que comenzó con un sueño y lo interrumpió de igual forma por el fallecimiento de sus padres, paso lo mismo con él, termino la banda para adentrarse a la calle, claro, los dos eran tan diferentes, la fuerza de determinación y las grandes personas que había conocido en el mundo le habían guiado a lo que era ahora. Recordar el pasado era un pasatiempo del más pequeño pero con mayor edad de los presentes, abrió sus labios, ligeramente para expresar su opinión del asunto —. Saltándote las clases de música —susurro, en un hilo de voz; intentando sonar tan duro como al principio —… de nuevo —se trago el terror de los truenos resonando en el edificio, sus labios se marcaron en una más terrible sonrisa de satisfacción hecha antes en su cuerpo —. ¿Cuándo vas a aprender?

En serio, pensaba que era el único que en tiempos de lluvia se iba a descargar contra lo primero que encontrara, aunque eso incluía tener que bañar su cuerpo bajo la lluvia por mucho tiempo. A veces, los grandes golpes del pasado te hacían gritar hasta el futuro, pero incluso esos propios golpes te devolvían a lo que eras, un humano con temores y metas, aunque algunas metas podrían estar rotas.

. Venga… regresa a tomar un baño te vas a refr… —el relámpago murió, su cuerpo se tambaleo al sentir la presión del cuerpo contrario, le tomo desprevenido, un movimiento que no esperaba que el contrario hiciera e incluso sintió que sus piernas perdían el equilibrio por momentos, como tembló su mano al sentir la presión de las contrarias alrededor de la suya, su rostro apegado en el pecho ajeno y su latir rápido de aquel corazón acelerado simplemente le daba mala espina, si estuviera delante de un espejo grande, podría observar la piel pálida del presidente teñida de un rojizo, vergüenza, terror porque alguien se habría dado cuenta de su miedo, de su pavor de aquella fobia que tenía desde aquel accidente hace años atrás. Sus manos quisieron apretar la camisa ajena, apoyar los brazos en los pechos ajenos y apartarlo; eran tantas emociones que se almacenaban en su cerebro que este no podría reaccionar con exactitud, estas temblaron durante un largo momento, indeciso, las coloco encima pero no apretó, no aparto simplemente quedo congelado, como si hubiera perdido la fuerza de tomar una decisión errada. En el mundo tomar decisiones era lo importante, pero para él, quien no las veía venir se encontraba totalmente agudo.

Todo se volvió oscuro y silencioso. A excepción de esa voz, con errores pero dulce voz que golpeteaba su oído una vez tras otra.

Tan idiota ese niño de cabellos rojizos, sus dedos apretados contra estos mismos en forma de puño encima del pecho ajeno en lo que veía la oscuridad, su vista en sí que estaba mala en muchos sentidos y haberse despojado de sus anteojos le impedía ver con claridad, pero sentía que su ropa no solamente se empapaba si no que se llenaba de un extraño calor que le calmaba, no sentía como la lluvia invadía el edificio fuera, sentía que el suelo estaba temblando, pero solamente era la ilusión que su cuerpo le daba al saber que llovía fuera, que los fuertes rayos caían fuera, causando estragos por donde tocaran, que él quien les temía quería enfrentarlos para olvidar, se sentía un niño en manos de un adulto; no era un abrazo como el que su madre le solía dar para felicitarle, o su padre solía hacer cuando se encontraba extremadamente feliz, e incluso… podría ser uno parecido a los cálidos de Erwin, pero incluso la calidez de él había muerto con los años, era diferente; no le gustaba mucho el contacto entre las personas, pero una calidez como esa no podría ser comparada con nada —. Jun… te has equivocado —susurro suavemente, golpeando sus dientes con su lengua —. Ahora suéltame… estas mojado y has terminado por mojarme a mí también… —gruño, intentando incluir un sonido malhumorado en estos; apretando ligeramente sus pulgares contra la palma de sus manos.

Los rayos seguían cayendo, pero ahora que lo pensaba… seguramente estaría sonrojado y mucho mejor con su rostro escondido.



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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Jung Dong Kyo el Miér Jul 09, 2014 7:28 pm

El corazón le latía con fuerza bajo el pecho, el sólo roce de las manos del mayor sobre sí causaron una muy extraña sensación en su persona. Pudo notar su indecisión a la hora de si aceptar o no el abrazo que se le había proporcionado, pudo incluso, ser consciente del movimiento de aquellas finas palmas sobre sus pectorales, dubitativas y ¿Temblorosas?. Juró sentir el movimiento trémulo de aquel que terminó por aceptarle y dejarse arrullar, cegado, sordo. Quería que únicamente le sintiera a él y parecía que con aquello había logrado disuadirle –al menos momentáneamente- de la tormenta que caía sobre el edificio. Pero el momento de duda fue crucial para el pelirrojo y es que en ése momento se valió para abrazarle con mayor cariño, con sobrada calidez. Pudiera ser que de entre todos los alumnos él no fuera el mas diestro en el baile, y desde luego, tampoco era de los que contaban con el cuerpo más estructurado por horas y horas de gimnasio, pero protegería al presidente de todo mal pero según su creencia personal, la fuerza de un hombre residía más allá de una apariencia física o de los dotes intelectuales. La fuerza del corazón multiplicaba la del ingenio y estaba convencido de que si precisaba ser otro para cuidar al que durante años consideró su padre, lo haría sin pestañear, sin dudar. Se desconocía importante o no para el adulto y es que por razones obvias el tiempo que pasaban juntos era extremadamente limitado y normalmente en los encuentros siempre se las valía para que el mayor tuviera razones de peso para golpearle o, en algunos casos, regañarle por algún comportamiento improcedente dentro de las instalaciones.

Pero ahí le tenía, encogido, tembloroso. ¿Estaría buscando su protección? ¿La aceptaría?

Su canto descendió gradualmente el volumen para que no resultase molesto al foráneo y casi con mimo la punta de su nariz rozó la oreja foránea, siempre manteniéndole con los sentidos conectados a lo que no fuera la maldita tormenta. No era que no le gustasen las mismas, de hecho, le daba igual lluvia o sol, empero saber a ése hombre trémulo por culpa del temporal le hacía desear esconderlo, salvaguardarlo y no soltarlo jamás. Jamás... ¿En qué demonios estaba pensando? Enfocó con sus pupilas de caramelo derretido a la falta de las lentillas rojas que solía llevar en conciertos o lugares públicos y contempló al gran presidente contra su cuerpo, ahí se veía frágil... Tan frágil... movió poco a poco la cabeza, descendiendo la posición de la misma para empujar muy suavemente y con la frente el mentón contrario para que se separase de sí, despacio su cara intentó alinearse con la del que le había embrujado, no obstante, llegó a escuchar su voz aún y por encima del aguacero que golpeaba sobre un suelo cercano.

¿Equivocado? No comprendió el motivo de aquello pero antes de preguntar siquiera el otro ya estaba demandando espacio, liberación de la cárcel que sus brazos. No obstante conocía lo suficiente a ése otro como para saber que de verdaderamente desear ser soltado, le empujaría y se daría lugar y respeto de un modo mucho menos endulzado como le dio la sensación que estaba siendo. La mano que le tenía cegado le peinó suavemente la frente, retirando la misma de sus orbes para, con todos los dígitos y palma incluida, mover la misma hacia atrás y hacer que su frente quedase libre y con la cabeza hacia atrás, casi logrando que el mentón foráneo apuntase hacia el techo. –Siénteme. No digas nada. Sólo hazlo.- la palma abandonada sobre el oscuro cabello adyacente volvió a descender posición y como un velo encubrió la mirada adyacente por segunda vez, justo en ése momento otro rayo irrumpió en escena, aunque éste fue tan violento que incluso el protector dio un pequeño brinco. Chasqueó la lengua, molesto con su propia reacción pero sentir al foráneo contra sí era motivo para recuperarse y volver a su enmienda.

Sus orbes miel enfocaron el rostro semi-cubierto del mayor... Concretamente, en aquella voluminosidad carnosa y rojiza. ¿Por qué...? ¿Es que estaba loco? No era que nunca hubiera tenido pensamientos de aquella índole pero, tenerlos con el presidente era otro cantar. Era casi como su padre, él... Mierda. Él era jodidamente atractivo. Y tenerle ahí tembloroso y tan indefenso era oportunidad que, en caso de desaprovechar, no volvería a repetirse jamás pues estaba convencido de que su superior ahora se cuidaría más de salir si llovía. Su rostro avanzó sin preámbulos pues la mano puesta sobre faz contigua le aseguraba que el mayor no sería consciente de nada de lo que ocurriera frente a él. Y con otro rayo iluminando el oscuro rellano la comisura del idol se encontró con la del presidente. Era su primer beso, sí, 20 años y sin experiencia en nada de ése ámbito pero no era cómo si fuera un urgido para con esos temas. Ciertamente y aunque nadie le creyera, sólo el rostro a medio cubrir del presidente le hubo despertado algún tipo de interés, algún tipo de atracción. Le había dicho que sintiera, que le sintiera a él... Por lo que ahora sólo restaba esperar a que el foráneo no se lanzase en cólera.

Perder. Ganar. En la vida todo es arriesgar, todo es apostar por lo que consideras que te hará feliz. Y eso, en ése momento, era lo que le estaba convirtiendo en un ente feliz.

Un ente sin familia, un chico roto por las circunstancias de la perdida que subsistía gracias a la misericordia de ése hombre que tenía entre sus brazos. Ése hombre que... tenía junto a él.

Su boca experimentó diferentes maneras de envolver a la otra pero cuando lo consideró, su lengua empujó con suavidad el labio inferior del presidente para indicarle que abriera la boca, al hacerlo, su órgano se introdujo poco a poco, como si buscase que encajase, casi como si esperase un mordisco u algo similar, aquella húmeda suya quedó interna en la boca cálida de su compañero y pronto fue consciente que para sus oídos ahora no habían truenos... No; Era su respiración. ¿O sería la agitada de Sang? El tambor de dos latidos acelerados obnubiló sus sentidos y le hizo centrarse en aquello, aunque algo torpe a la hora de moverse en comisura contigua, su lengua buscó la manera de distraerle y aquella mano aferrada a su vista se prensó algo más, reclinándole poco a poco hacia atrás con la intención de dejarle contra el suelo. Lo sabía, sabía que no debía, que no podía, pero maldición, maldición... ¡Maldición! No podía parar. Su maldito sabor resbalaba por su mentón, se mezclaba con su saliva y se adueñaba de sus descontrolados y hormonados sentidos. Aquello... aquello era sencillamente peligroso.
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Kang Sang Woo el Miér Jul 09, 2014 9:06 pm


Muévete… se ordeno, su cerebro estaba tan congestionado de ordenes absurdas que le dictaba al cuerpo que era imposible moverse a su propio antojo, respirar, retener aire, soltarlo, llevar consigo una decisión, moverse al estado que se encontraba. Sentía los truenos golpear contra su cabeza, resonaban, no una, ni dos si no tres veces y más. Odiaba ser tan débil, entonces… ¿Qué era lo que hacía en ese lugar? En primer lugar, porque fue tan jodidamente terco para salir de su oficina, ella podría retenerlos, al menos no vibraban con tanta fuerza como en aquel lugar, abierto, con la puerta hacia la azotea cerrada, con la lluvia golpeando con fuerza, sus manos se apretaron, aquellas pequeñas, delicadas manos de niño pero con una increíble fuerza y resistencia se cerraron en un puño, que hacía que sus palmas quedaran marcadas por sus dedos, era débil, lo había sabido desde siempre, derrumbarse por acciones que marcaban su vida cotidiana le volvían loco, hasta el grado de querer romper cualquier circunstancia con sus acciones, maldecía todo lo que estaba a su alrededor, que le quitaran aquella tortura, que la lluvia se detuviera, suplicaba; nunca lo hacía, pero esa vez deseaba que todo quedara atado en las manos de alguien con más poder que él, con eso que era omnipresente, le rogaba, como nunca lo había hecho; porque los truenos, le hacían comportar de una manera diferente a lo que realmente era, ¿Por qué? ¿Por qué era tan jodidamente débil en esos momentos? ¿Por qué le tenían que aterrar los truenos? ¿Por qué… odiaba tanto la lluvia? Trataba de sacudir su rostro, borrar cualquier idea de mierda que se le aglomerara en su cabeza, pero era imposible, aquel abrazo se llevaba toda la fuerza que tenía dentro de su cuerpo, se agrupaban con pequeñas emociones que había olvidado a lo largo de los años, debía eliminar cualquier mal pensamiento… estaba hablando de alguien que era como su hijo, alguien de la misma edad que Ji Min…

Pero su cuerpo no le respondía, le estaba jugando aquella cruel broma que le exasperaba. Apretaba con más fuerza sus pequeñas manos, su cuerpo que se acomodo entre el ajeno para buscar el más pequeño espacio, que con dos largas manos podrían abrazarle totalmente, cubrirle con el pesado cuerpo. Maldita sea eran los altos, y maldito seas también era la naturaleza.

Maldita sea, los días lluviosos.

No quería alejarse, ya ni siquiera quería hablar. Sentía que su voz era cada vez más cortada, bloqueada por las grandes gotas de lluvia que caían interminables en aquella tormenta, no era una cualquiera, era aquella que le recordaba lo que había pasado antes, lo que sus dedos golpeaban ligeramente su cuerpo, como se desesperaba. Quería esconderse bajo su escritorio, ese marrón que estaba dentro de su habitación, o el gran armario que estaba en su oficina, ahí, con la soledad, el silencio y sus pensamientos estaba tranquilo, estaba a salvo. Humillado por la lluvia, protegido por un mocoso, ya no sentía siquiera que su dignidad era la misma. Intento incluso reír, reírse de él mismo por cómo se estaba comportando, aquel que hablaba y maldecía hasta no decir no más, quien no le importaba la jerarquía, sus palabras siempre serían sucias, arrogantes, no era para nada egocéntrico, tenía su educación como fue bien criado, pero los días en la calle no le habían arreglado absolutamente nada al contrario, le habían empeorado su comportamiento, y la boca de su abuelo tampoco ayudaba nada, pero aun así, a pesar de todo habían pocas personas que seguían ahí junto a él, aquellos que trabajaban con fuerza en la empresa, que tallaban lo que eran nombres, deseos, sueños, que le confiaban todo a él, uno de ellos le abrazaba, con fuerza, sentía calidez, pero su mente estaba confusa, se sentía protegido, pero aun así retumbaba, sentía que se iba a acabar todo con tan solo algunos malos movimientos, intentaba proteger lo que sembraba, la idea se acumulaba en su cabeza, y sus emociones se ocultaban, poco, pero al menos lograba defenderse lo suficiente. Sus labios sellados, uno de aquellos truenos quito cualquier palabra de su boca, la sello; como si las cuerdas vocales hubiesen sido arrancadas.

Este mocoso… al menos sus pensamientos estaban logrando ordenarse, poco, pero algo era algo. Definía bien las palabras dichas por el ajeno, y como se tomarían si alguien más le escuchara en esos momentos. Agradecía que todos estuvieran en sus asuntos, que nadie más subiese hacia la azotea, sus dedos se alargaron lo suficiente y cayeron a los costados de su cuerpo, sus ojos cubiertos por la mano contraria permanecieron abiertos, podría sentir como todo a su alrededor daba vueltas en la oscuridad. Movió su mano izquierda, directo hacia la palma contraria, para quitar de su rostro aquellos alargados dedos blanquecinos pero aquel rayo que retumbo en toda la empresa le ocasiono que se detuviera, sus labios ligeramente se abrieron y sintió que algo se acumulaba en sus ojos. De ese calibre había sido el rayo que cayó muchos años atrás el día de la muerte de Erwin, cuando el teléfono sonó en su oficina, cuando Mike contesto la llamada del hospital, cuando le pasaron la noticia a él, y cuando el cayo muerto en sus manos… ese rayo, estaba repleto de emociones que le movían el cuerpo al de menor tamaño en muchas ocasiones. No podría ser cierto, sentía que sus mejillas se coloraban, no de la vergüenza, de la ira, si no del miedo, estaba aterrado; que algo de nuevo así sucediese en su vida, su hijo, alguien de confianza, alguien a quien querría demasiado. No lo iba a demostrar, pensaba que aquello estaba sellado en su cuerpo, pero aún así le pesaba en su alma, le golpeaba en su pecho, sentía que todo iba a terminar si algo así iba a caer, la oscuridad, la lluvia, el rayo… todo se estaba mezclando. Los focos parpadearon un par de veces, apagándose continuamente como si la luz intentara marcharse de su vida, pero regreso a la normalidad; la empresa tenía planta de energía, la reserva fue encendida pero muchas luces fuera se apagaron continuamente, el rayo cerro muchos lugares con solamente tocar el suelo.

No veía más allá de absolutamente nada, quiso aferrarse a la mano contraria para que no le quitara la pequeña oscuridad que le daba protección en esos momentos. Quería salir corriendo e irse hacia su oficina, pero sus pies le fallaban, quería recorrer el edificio buscando un lugar donde la lluvia no se escuchara, bajo tierra estaría mejor. La respiración contraria le despertó, no veía absolutamente nada, pero sentía como el cuerpo contrario se acercaba mucho al suyo, demasiado… entendía perfectamente muchas emociones adolescentes, él fue uno, sobre todo tener algún indico de las hormonas con una pérdida de control en esos momentos, y saber… que incluso él todavía podría ejercer algún tipo de seducción, lo había comprobado con muchos hombres con los cuales se había acostado, pero no… nunca con alguien que sentía que era su hijo —. Jung Dong Kyo… ¿Qué...? —su pregunta fue cortada en el aire, logro auricular temblando el nombre ajeno, pero salió tan fluido de sus labios que no esperaba lo contrario, sus labios abiertos atrapando los ajenos en un roce que no lo esperaba para nada, que estaba sucediendo con su cuerpo.

Con el cuerpo que correspondió el beso de un niño trece años menor que él.

Estaba confundiendo sus sentimientos, estaba seguro que en esos momentos ni siquiera él mismo pudiese asegurar que lo que estaba sucediendo era real. Estaba seguro de que se encontraba inseguro, se movía de aquella manera porque la lluvia ponía a muchos en un estado inconforme con su persona, a él le sucedía, y al contrario también. Sus platinados ojos se cerraron, el azul metalizado que combatía en la oscuridad dejo de ver, dejándose llevar por aquel beso que estaba comiéndole la boca, inexpertamente, pero podría saborear el sabor contrario contra sus labios. Sus dedos delgados, temblorosos se apoyaron en los hombros ajenos, porque no sabía que él podría corresponder algo con esa tranquilidad que no era nada de su personalidad, como sus labios se abrían y se cerraban al compás ajeno, no intentaba apartarlo, pero corresponderlo era otro asunto, y estaba porque su cabeza quería explotar, se sentía débil, el sabor salado de sus lágrimas se mezclaban con el sabor ajeno. Su cuerpo fue bajando, aquello le ayudo a despertar, pero seguía temblando, seguía sintiéndose débil contra la lluvia que seguía cayendo.

Su latir se acoplaba, temeroso, astuto, incontrolable. El frío suelo le saco un escalofrío que comenzó a subir por toda su columna, su cabeza toco el piso, rozando este, y sus manos aferrándose a la ropa contraria trato de quitarlo de encima. Débil, inoportuno, tonto —. Jun… —jadeo el nombre ajeno, aquel beso estaba cegándolo, no podría estar haciendo nada de esto, no podría dejarse guiar por las hormonas, de aquellas que tanto se quejaba, pero…

La lluvia, estaba demasiado débil para defenderse, y solamente recordar lo que ocurría en su día a día le hacía temblar, no de emoción, de terror —. Detente… —intento ordenarle —. No sabes… que jodida cosa haces… —resoplo, respiro, sus latidos golpeaban con fuerza su pecho, como si se quisieran salir.




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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Jung Dong Kyo el Jue Jul 10, 2014 4:20 am

La tormenta y todo lo que esta traía dejó de existir y en sus oídos no albergaba más sonido que no fuera el de la enturbiada respiración de ambos. Las gotas de agua se proyectaron con aún más fuerza contra la puerta que les otorgaba protección y es que el viento huracanado de ahí fuera jugaba a intentar entrar dónde no se le estaba permitido, no obstante, allí, en el rellano del paso posterior a la azotea parecía que todo sonido pudiera estar siendo b bloqueado por algún tipo de magia y es que el ídol restaba por demás atento en los movimientos de su propia comisura para lograr despertar algún tipo de interés en aquel que tenía tan próximo. Pero la sorpresa no tardó en llegar cuando el foráneo, ése adulto al que hubo intentado proteger y ahora acosaba con descaro correspondió al beso de aquel modo, no dio crédito a lo sucedido empero realmente el presidente de la compañía había iniciado junto a él un baile entre ambas comisuras; Se rozaban al unísono y a pesar de su declarada falta de experiencia fue capaz de saborear unos labios que apostaba a qué más de un empleado, estudiante o idol hubiera deseado poseer. La declinación de ambos cuerpos y la actitud colaboradora de Sang hicieron que el pequeño empuje por parte del cantante cumpliera su cometido y que con ello, éste yaciera tendido sobre un suelo que a pesar de estar pulcro por las constantes limpiezas que el centro sufría, restaba ligeramente húmedo por su propio paso al adentrarse ahí tras verse sorprendido por el aguacero. Pero tal era su nível de enegación en ése momento que siquiera fue consciente de aquel tintineo en las luces, de la oscuridad que por unos segundos les cubrió a ambos, como si algún poder alejado estuviera resguardándolos de miradas impudorosas que pudieran merodear por la zona.

Demonios, demonios.

El jadeo que el otro expulsó al caer sobre el frío suelo logró que el menor de ambos abriera los ojos y buscase el motivo de aquello. Y ahí le tenía: Kang Sang Woo, el temido por muchos, el gran presidente, el hombre con el que tenias que tener todos los sentidos en alerta... Tembloroso, sonrojado y... La sorpresa no tardó en abrirse hueco en su expresión cuando vio las lágrimas escurrirse en los laterales de la mano que había cegado la visión del otro. ¿Por qué? ¿Por qué le dolía verle así? ¿Tan grande era su instinto de protección para con quién prácticamente consideraba un padre? ¿O realmente...? Apartó suavemente la mano de su mirada pero aprovechó el gesto para retirarle las lágrimas que se escurrían por su pómulo, haciéndolo con delicadeza y permitiéndose sentir la suavidad de la piel adulta. El imperativo fue claro, debía detenerse y hacerlo ya, pero no le pareció que el otro se estuviera resistiendo, no parecía de verdad asqueado con aquello. ¿Lo habría hecho con algún hombre...?
Desde su más tierna infancia, Jung comprendió que no eran las mujeres de grandes pechos lo que le atraía, no, eran los hombres, gente de su mismo sexo, empero ingresar en el mundo de la música le llevó a esconderse de ése abominable deseo, etiquetándolo él mismo de algo que no podía darse, hacerse o siquiera pensarse. Pero cada vez que Shin contoneaba las caderas en alguna coreografía conjunta, cada vez que le rozaba o ahora teniendo al presidente justo debajo de sí, no podía negarse homosexual por más que al resto de la raza aquello lo considerase algo asqueroso y prohibido. Al contrario que muchos de su edad, él proseguía siendo virgen debido a que prefería utilizar su mano diestra a engañarse acostándose con una dama y desde luego, no se creía capaz de seducir a un hombre.

No has elegido al mejor hombre para tú conquista... la voz interna sonó burlesca por la situación. El presidente bien podría utilizar todo lo que ahí ocurriera en su contra, hacerle fuera de la compañía y dejarle desamparado. ¡No! Por más retorcido que a veces pudiera ser, Sang no era así, se negaba.

Cuando su mano terminó la enmienda de acariciar esa mejilla bajó la misma para tomar la temblorosa mano del adulto, sintiéndola infinitamente más pequeña muy a pesar de que la suya no era en exceso grande y se la llevó a la comisura para ofrecerle un único beso en lo nudillos, por lo mientras, su otra mano peinó hacia atrás el fleco de su compañero para descubrir al completo aquella faz angulosa. Asco, el presidente debería sentir repulsión... ¿Pero por que no se negaba? ¿Por qué le dejaba continuar? ¿Por qué no...? Cómo si hubiera interpuesto un velo entre sus emociones y el deseo se volvió a reclinar sobre el otro quedando a muy escasos centímetros de esa perfecta y ahora humedecida comisura. –Está bien si te da asco... Piensa en otra cosa.- y al decir aquello en vez de volver a hacer acto de presencia sobe su comisura, los labios del cantante impactaron sobre el lánguido y fino cuello de cisne del mayor, regalándole pequeñas lamidas que poco a poco fueron aumentando en rapidez y forma, recubriéndole la zona en una pequeña capa de saliva.

Podía sentir sus latidos contra la lengua al pasearse por la gola, su enturbiada respiración al besarle la gola: Ése hombre era el pecado.

Volvió a mover las manos, siendo incapaz de mantenerlas quietas en un lugar concreto y así fue cómo el presidente terminó con el vientre a medio descubrir. Mientras mano izquierda sujetaba ahora la muñeca de su compañero contra el suelo y lateral a su cabeza, la otra se abrió hueco en su piel, aunque lo primero que rozó fue la hebilla del cinturón que se molestó en abrirle, más no en desprenderle y así, con la palma plana para abarcar más de su dermis subió la caricia e internó la misma entre las ropas contrarias, alzándosela y descubriendo ése plano pero tonificado apartado del cuerpo adyacente que apostaba a que nadie había visto hasta ahora. Alzó despacio la cabeza, jadeando a causa del deseo contra la piel mojada por su propia saliva y mientras enfocaba la cara de su presidente, le levantó la misma para contemplarle. Mierda. ¡Mierda! Era verdaderamente atractivo. En respuesta a esa visión se mordió el labio y esa mano que tenía asiada desde la muñeca sufrió un agarre más férreo en lo que el alumno deslizaba totalmente la camisa hacia arriba, la pasó incluso por la cabeza del más alto en la escala jerarquíca empero no se la llegó a quitar y es que sus hormonas no le permitieron seguir atendiendo la tela con esos rosados pezones tentándole.

No fue quizás sutil en aquello, se volcó sobre el pezón derecho, mismo que rodeó con la lengua y realzó, erizándolo bajo la misma. Era... ¿Era eso tocar un hombre? ¿Era eso hacer el amor? Su propio cuerpo estaba gritándole por el siguiente paso y es que ser primerizo le tenía con la cabeza alborotada y con el deseo a flor de piel, algo en absoluto agradable pues entre sus pantalones se escondía lo que ya, de la presión, empezaba a doler.

Fue él quién, mientras procuraba erizar el pezón del contrario con su boca succionando gimió. Su erección, una potente y para nada fácil de disimular parecía a punto de estallar y con ello, la locura del estudiante quiso aumentar, llevar las cosas un peldaño más arriba, tomar en posesión un cuerpo que no era de nadie. –No pienses en mi cómo hombre si no te gusta.- seguía con la maldita creencia de que eso estaba mal, de que ser gay era algo de lo que avergonzarse y esconderse. ¿Pero qué más daba ya? Mano con la que estuvo alzándole la ropa fue hacia su propio cinturón, aunque los temblores eran tales que no atinó a quitárselo como correspondía y no pudo más que tironear de él, logrando que en uno de sus burdos movimientos su cadera colisionase a modo prácticamente de embestida entre la obertura de las piernas del treintañero, encontrándose con una dureza similar a la propia, cosa que le hizo soltar un profundo jadeo sobre ése torso blanco como la nieve. La mano con la que aún le sujetaba la muñeca titubeo pero no le soltó, la aferró con más violencia contra el suelo y ahora con el cinturón fuera, se bajó la cremallera del pantalón.

Y juró que el sonido rebotó por toda la jodida escalera.
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Kang Sang Woo el Jue Jul 10, 2014 4:21 pm

Poco a poco comenzó a perder, el único pensamiento cuerdo que inundaba su cuerpo, que le gritaba que lo que estaba a punto de hacer estaba mal en muchos sentidos, en todos los jodidos sentidos de su cuerpo se encontraba mal. Su cabeza palpitaba en esos momentos, muchas escenas se esparcían alrededor de su cabeza, visualizando muchos escenarios sin entender cuál era el real, podría observar la cabellera de color rojizo con los rabillos de sus ojos transformándose lentamente, cambiando constantemente a un color rubio, y luego regresaba a ser un potente rojizo que le tenía con los labios curvados, sus labios correspondía aquel torpe beso, de manera suave, concisa… no había probado esos labios antes, estaba seguro de que el sabor no se acercaba a ningún adulto de los cuales hubiese compartido cama antes, cuando estaba totalmente despierto, sobrio o en el peor de los casos ebrio, el sabor de la nicotina recorría su boca, el alcohol y una boca experta que le guiaba e incluso emergían una danza a pasional con tan solo las lenguas era capaz de excitar a muchos, pero ahora era tan… ¿Cómo describir esa sensación? Dulce, tranquilo, adorable… sabia a fresa, a algún dulce, ¿pastel? Podría sentir el dulce en el paladar de su boca, estaba seguro de que no había fumado el día de hoy; y había acertado con no hacerlo, ese sabor estaba cubriéndole cualquier hueco de sus labios, como su lengua se endulzaba con el paladar… Joder… Sang… ¿sabes con quien te estás besando? aquella pregunta golpeo su cabeza, dos, tres, cuatro e incluso cinco veces. Sabia con quien se estaba besando, y quien estaba recorriendo sus cuerpos con esas manos inexpertas, con un mocoso de su empresa a quien… consideraba como un hijo.

STOP

Si sabía desde un principio con quien se estaba besando… ¿Por qué lo sigo haciendo? se aseguro desde el principio que no era el sabor de un adulto, que eran los labios de un inexperto de veinte años, pero conocía a los niños de su empresa y todos eran unos inocentes mocosos que han sido criados por él y su pasión por los sueños (sobre todo inocentes). La separación no tardo en venir, ¿Desde cuándo no había tenido sexo? El fin de semana… no, ese fin de semana había estado ocupado con los papeles en su casa hasta el borde del techo de su despacho que no tuvo tiempo ni de salir a disfrutar un poco de la vida en las calles, dos semanas, ¿tres? Incluso recordaba que el mes pasado solo había sido un polvo pequeño; así que su cuerpo se resistía a responder a lo que su pensamiento le gritaba, no se atrevía a moverse de donde estaba, sus piernas temblaban bajo el cuerpo ajeno, sus dedos apretaban con más fuerza la ropa mojada ajena, la suya estaba absorbiendo el agua, sus hebras de cabello se quedaban limpiando las del frío suelo, sus dedos ligeramente absortos, fríos no se movían, ni siquiera tenían vida propia, era como si los dos hemisferios de su cabeza se estuvieran peleando. Salto, de la sorpresa al sentir los dedos fríos ajenos sobre sus mejillas… ¿Había estado llorando? ni siquiera se había dado cuenta de que sus pómulos se encontraban hinchados al igual que sus ojos, e incluso podría jurar que sus ojos estarían hinchados y rojizos. Giro su rostro hacia un costado, intentando disimular aunque mal aquellas vergonzosas lágrimas, no lloraba por el miedo, si no por el recuerdo. Estiro un poco su mano hasta la mejilla ajena, sus dedos rozaron esta como estuviera buscando alguna similitud a un adulto, alguna diferencia que le hiciera levantarse, disculparse e irse, a tropezones, y mojado hasta su oficina, pero no encontró ninguna, sus dedos seguían rozando el cuerpo ajeno, mojando ligeramente sus labios…
El, era jodidamente homosexual. Dijera lo que dijera siempre tenía esa tendencia en su cabeza, sus padres no lo juzgaron cuando lo comento, tampoco es que le fueran a quitar la herencia, sabían que la ciudad donde se habían trasladado los jóvenes con aquella preferencia vivían para poder ser felices, seguramente lo comprobaron cuando él había cambiado al comenzar a convivir con su maestro de música, a futuro el manager de “No Name” cuando todavía seguía activo e incluso… logro ser alguien que le alejara de aquel mundo en el cual había caído en el pasado, si no fuera por él no estaría en ese lugar, debajo de aquel joven de cabellos rojos, tocando el suelo de la empresa, su empresa. Sacudió su rostro de un lado a otro, en vez de concentrarse en el pasado debía moverse al presente. Las luces dejaron de parpadear e incluso el silencio en aquellas escaleras se hacía cada vez más silencioso a excepción de la respiración de ambos que golpeaba una, dos e incluso tres veces sus pechos. Nunca, había hecho eso en el costado de una escalera.

¿En serio? Lo haré, después de todo era un jodido cerdo pervertido Como aquellos que tanto odio. Pero después de todo, el no podía ocultar sus sentimientos, emociones cuando llegaba a ese grado de exactitud, estaba exaltado, temeroso y necesitaba sentirse seguro, y la única manera en la cual Kang Sang Woo hasta el momento podría regresar a la normalidad… era teniendo sexo, eso estaba claro. Pero no podría hacerlo con un niño, no… Jun no era un niño, pero no quería herir su corazón. El estaba equivocado, lo que quería hacer era solamente experimentar un deseo nuevo, algo que le cambiaria cualquier cosa o ver un mundo que jamás había experimentado.

Aunque él fuese el adulto, siempre hay que enseñar en muchos tipos de situaciones.

Apretó sus labios, no era con muchos sensibles en esa zona, sin embargo, estaba sintiendo que la presión de la ropa mojada le estaba haciendo una erección guardada en sus pantalones. Sus labios se abrieron dejando que un jadeo se liberara de estos, la presión de los labios ajenos succionando sus pezones, pequeños pero rosados con fuerza le estaban haciendo querer escarbar en el suelo para buscar con que sujetarse, sus ojos se apretaban con fuerza, a la mierda el dicho de que los hombres no eran débiles en aquel punto, que ninguno podría excitarse con tan solo tocar sus tetillas, pero era totalmente lo contrario, incluso él, no más que nadie a él le gustaba el roce de cualquier objeto, sus labios se humedecían con cada segundo, quería un roce más profundo, más placentero, si no fuese él quien estuviera en aquella posición, la situación hubiese cambiado notablemente.

. Si no me gustara… te hubiese golpeado ya en las bolas… mocoso —soltó, había esperado lo suficiente para poder soltar palabras coherentes, pero ya no eran los truenos quienes le impedían hablar con claridad, ahora, simplemente… la situación había cambiado mucho a su favor, al favor contrario y la excitación le había dominado. No quito la mano que sujetaba su muñeca, pero logro sentarse en el suelo, o al menos lo suficiente para echar al contrario hacia atrás —. Te estás apresurando demasiado, estúpido mocoso; como el único adulto que esta alrededor, tendré que enseñarte como se hace esto —la mente se había nublado, ahora lo único que tenía en la cabeza era follar con aquel hombre que se encontraba delante de él, le estaba picando algo más que su entrepierna, y sus labios se abrieron formando una sonrisa en estos, sus oídos se encontraban absortos, no sentía ningún golpeteo en las paredes continuas, pero seguía temblando, estaba temeroso pero excitado; una bestia… una muy extraña había sido despertada.

La cremallera se encontraba abajo, el botón se encontraba ligeramente suelto, y lo único que Kang Sang Woo hizo fue bajar el bóxer continuo, tomando la erección entre sus pequeño dedos delgados bajando un poco más para sacarlo todo, incluyendo su cremallera y su pantalón, como sus dedos recorrían el falo contrario antes de que sus labios se sumergieran en un beso profundo con la punta del miembro contrario y su lengua rozara todo el palo, antes de que terminara dentro, disfrutando poco a poco de su sabor, tan… virgen. El pantalón suyo cayó hasta sus rodillas gracias a su otra mano, al igual que sus bóxers que terminaron rozando el suelo, su miembro estaba lo suficientemente despierto que al quedar libre sintió una gran libertad en su zona baja, cualquiera pensaría que sus dedos se enfocarían en darle placer al tiempo que atendía al contrario, pero sus labios se encontraban ocupados besando, succionando, chupando el miembro contrario, que lo único que dirigió hacia su entrada habían sido sus tres dedos que comenzaron a prepararse para él. Kang odiaba demorarse al tener sexo, y si lo iba a hacer tenía que ser al su ritmo, sus mejillas estaban rojizas, su rostro estaba agachando con el miembro contrario en su boca y sus dedos continuos entraban en su entrada y salían lo que ocasionaba que se ahogara de vez en cuando con sus propios gemidos de placer que sus labios estaban ofreciéndole a los contrarios un servicio gratuito de mamada al ídolo Jung Dong.

Estiro sus labios hacia atrás, con una simple sonrisa en su rostro al notar que su lengua atraía con si el principio del pre semen del falo continúo.

. Ne, Jun… ¿Es la primera vez que alguien te hace una mamada? O es la primera vez que ves a un hombre masturbándose de esta forma —era como si los rayos hubieran sido silenciados por la personalidad perturbadora y grotesca del presidente, él no era un ángel en la cama, y su boca era tan sucia como la de cualquier vagabundo —. A lo mejor son las dos —sonrió, el silencio se hizo presente entre ambos, sus dientes se cerraron para formar simplemente una complacida muestra de satisfacción, dirigiéndose de nuevo hasta donde se encontraba su presa, para succionar, besar e incluso mordisquear suavemente los testículos contrarios, incluso sentía que su miembro se estaba hinchando con más potencia, sentía que el liquido se deslizaba en su palo continuo y la saliva a su alrededor descendía hasta su cuello.

¿Por qué Higía le castigaba de esa forma? Si él era un fiel servidor suyo; tenía que hacerlo el hombre más obsceno de todo ese mundo.
Como él obsesionado a la limpieza que era, disfrutaba desde lo más profundo de su ser hacerle una mamada a un hombre, mientras metía sus dedos en el agujero más limpio de todo el puto universo. Pero él ya era pervertido desde antes, no lo había aprendido con los años desde la primera vez comenzó a gozar lo que era un buen servicio, era jodidamente homosexual desde que era joven, eso lo sabía.

Su boca se separo de la contraria y se levanto sintiendo como el seme contrario en su boca comenzaba a deslizarse a los alrededores, lo trago sintiendo el sabor agrio en su boca, como descendía hacia debajo de sus labios, agrupándose en su cuello con potencia; sus ojos se levantaron golpeando los ajenos en los que ampliaba una sonrisa —. Tienes que preparar primero a tu pareja… es recomendable que se venga primero una vez, y luego utilizar su seme para agrandar su entrada… pero cuando ya este tiene experiencia, puedes entrar con tan solo prepararlo con sus dedos —Sang saco sus dedos de su culo, observando cómo estaba mojando más es su entrepierna, estaba seguro de que si le iban a penetrar en esos momentos… se iba a volver loco.

Porque se iba a venir, y eso era peligroso.


OFF:



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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Jung Dong Kyo el Vie Jul 11, 2014 11:13 am

Cuando el mayor se enervó y se sentó frente a sí intuyó que muy posiblemente aquello sería el fin del encuentro entre ambos, a fin de cuentas el moreno era el adulto y por consiguiente el encargado de poner los limites, era, sin lugar a dudas, el que tenía que poner cordura en la mente nublada del puberto virginal que había estado toqueteando su cuerpo, empero las palabras que vinieron a continuación le hicieron abrir su mirada de par en par, incrédulo en un principio. ¿Enseñarle? Abrió la boca para intentar decir algo pero tal y como la abrió, nuevamente la cerró sin saber del cierto qué decir o cómo poder expresar la sorpresa que aquello le produjo pues era de los que más conocía el temperamento del presidente, éste prácticamente había asumido su tutela tras el fallecimiento de sus padres y aunque jamás lo reconocería, Sang era asiduo a ayudarle con todo lo que precisaba, desde ropa a comida, empero éste siempre negaba su buena acción indicándole que todo era por su posición de Idol. Su propio gesto de sorpresa mutó a una de terror cuando a pocos centímetros por debajo de su mentón la sonrisa del que también era conocido cómo Levi brilló de un modo que jamás contempló en ningún otro. Era lujuria, era poder, era deseo. ¿Eso lo había despertado él? ¿Dónde quedaba su tembloroso padre? ¿Dónde había quedado el hombre al que deseó proteger al verlo tan débil tras la constante revuelta del cielo?
Comenzaba a intuirlo: Ése hombre ya no existía. El que tenía frente a sí era otro, un incubo venido del mismísimo infierno que tenía como meta quitarle el título de virgen y adueñarse de esa virtud. –Espera, A-pa...- apoyó una mano sobre la frente del que cada vez estaba más reclinado hacia su bragueta, sintiendo como las burdas y rápidas palpitaciones que su corazón emitía estaban dejándole sin respiración ni manera de recuperar la posición que procuró ganarse delante del adulto, sin embargo, su poca experiencia en ése terreno hicieron que no supiera del cierto volver a tomar el relevo y así su cremallera fue bajada y su sexo ahora desnudo saltó en busca de algún contacto, aunque el primer gemido se dio tan buen punto esos finos pero masculinos dedos asiaron su pene. No era la misma sensación que cuando se frotaba él, en absoluto. Aquello era... era totalmente distinto. La mano postrada en la frente foránea perdió fuerza y aquella palma se postró sobre el suelo en busca de anclarse a algún tipo de realidad más consistente, necesitando de algo que le llevase de vuelta a la tierra cuando el foráneo le hiciera alcanzar el cielo... ¿O serían las llamas del infierno? Sea cómo fuera estaba a punto de ir a un nível con el presidente que restaría para siempre y de ahora en adelante entre ambos. Posiblemente y tras lo que entre ambos acontecería le haría huir... lejos, muy lejos. ¿Qué pensaría el resto? ¿Sería expulsado? Ahh. Todo lo rápido que pudo se llevó una mano a la boca para ahogar bajo esta un fuerte gemido y es que... le tenía ahí.

Aún con la sorpresa asignada en el semblante del veinteañero contempló el modo en el que el foráneo abrazaba con la boca su erección. ¿No era ése hombre un fanatico de la limpieza? ¿Qué hacia entonces comportándose de ése modo? ¿No le daba asco?.. mierda! ¡¿Qué más daba?! Gruñó y empujó la cadera hacia la comisura contigua para buscar adentrarse algo más a una gola que parecía aceptarle sin que despertasen las nauseas, lo que le llevó a imaginar que posiblemente el foráneo estaba acostumbrado a... aquello. –Sang... Si vas aah... No... No te veo... Saca la lengua...- su agitación era tal que su pecho subía y bajaba a una velocidad extrema, aunque a pesar de todas las emociones que le surcaban se negó a retirar su amielada mirada de las acciones contrarias, siendo plenamente consciente que cuanto más le clavaba la mirada más duro se ponía y más se humedecía ése sexo hundida en boca contraria.

Pero más le veía, más le miraba, más ganas tenía de hundirse en él con brusquedad. De... de hacerle gritar.

Ése instinto de protección para con el adulto pareció disuadirse como el agua entre los dedos cuando uno intenta hacerse con ella; No, no quería protegerle, ahora quería escucharle gritar su nombre, enterrarse en él para marcar brecha y herida. Dios. Eso era demasiado sensual, verle ahí, agazapado entre sus piernas, al rey y señor del orden, al hombre más estricto y severo de todo el lugar... vagó su mirada por la espalda semi desnuda de éste para ver cómo mientras le practicaba la felación estaba abriéndose a sí misma el conducto de entrada con los dedos mientras gemía sobre esa polla suya erguida y preparada para derramarse en los labios de quién tan pulcro frente al resto se comportaba pero que tan obsceno se veía en la intimidad. Aquello no podía más que excitarle a tal grado que poco faltó para que se corriera. Esa imagen era demasiado exquisita para que cualquiera no deseara follárselo ahí misma, fuera del género que fuera posiblemente el poder de atracción del adulto no dejaría a nadie indiferente, por suerte el mayor se enervó para hablar de nuevo, a lo que su corrida se contuvo en unos muy hinchados testículos. Se moriría. Se moriría. Aquello era demasiado. –Las dos.- reconoció con la voz ahogada por los propios gemidos y la falta de aire que parecía no llegar jamás a sus pulmones.

Pero no pudo más, lo intentó contener pero al tratarse del primer encuentro sexual cuando la boca foránea volvió a su enmienda, tras un gruñido propio de todo un animal en pleno acto sexual su garganta vibró en voz ronca y queda antes de que su esperma recayera en la boca adyacente y chorrease incluso por los costados de aquella comisura de palabras tan sucias, tan... tan excitantes incluso para un inexperto en la materia del sexo. Apenas fue consciente de que había rozado el cielo en boca contigua movió las manos en negativa y con la mirada buscó con lo que limpiar al foráneo aquella masa blanca y espesa. –Lo siento, lo siento. No pude avisar.- disculpa nuevamente llegó en jadeos y lo que hizo fue recolectar la tela de su propia camisa para intentar quitar lo que de su sexo manó... pero nueva lección llegó mientras pasaba la tela de la camisa por un costado de la comisura del mayor, obligándole a alzar el gesto para de nuevo, encontrarse con ése azul eléctrico que le erizó cada vello de la piel. Hasta ahora jamás se hubo fijado en esa belleza salvaje pero Kang Sang Woo era un ente atractivo, uno que le... le gustaba. Atendió a esa explicación tan explicita sintiendo cómo sus pómulos azorados por el calor de haberse corrido ahora evidenciaban la vergüenza que corría por sus venas, aquello era tan atípico, tan extraño... Pero no por ello menos lo deseaba. No dejaría que se apartase, no le dejaría escapar. Aún no había tocado todo cuanto hubiera querido de ése otro cuerpo, de hecho al recordar el punto rozado con su lengua del contiguo sintió cierto cosquilleo en el paladar y se acarició con la lengua la zona a sí mismo, pudiendo aún ser capaz de saborear la textura del pezón que posteriormente se comió.

La sonrisa maquiavélica foránea hizo que cierta mueca de miedo se apoderase de su faz, empero... estaba en los límites de la locura, estaba verdaderamente excitado, necesitado. -Ya te has preparado tú, ¿Verdad?- a pesar de los nervios e inexperiencia su voz no titubeo ni un momento, no parecía ser el tímido Idol que las cámaras siempre captaban con sonrisas avergonzadas o gesto infantil, aquellos de miel derretido enfocaron su presa con todo el peso de un adulto y esta vez esbozó una ínfima sonrisa que evidenció que, quizás cómo su maestro, se encontraba por perder el control... Eso si no lo había perdido ya.

Hacer lo correcto. Equivocarse. ¿Qué mierda importaba? Sólo quería follárselo. Con fuerza, con violencia. Que recordase lo que eran los encuentros con él y que ése maldito incubo le secuestrase por las noches para que le diera más de esa medicina que calmaría sus bajos y sucios instintos.

-Por lo tanto...- se aprovechó de la posición que ambos ya tenían pues lo que menos deseaba en su primera penetración anal era que el contrario le diera la espalda. Verle, joder, ver su cara cuando entrase, poder comérselo entero mientras se movía... Sí, ya tenía decidida la posición. Las manos del cantante asiaron la cadera del presidente de la empresa y lo levantó sin esfuerzo, arrastrándolo previamente hacia sí y ayudándole después a ajustarse justo sobre sí de modo que ambos quedasen en una posición más o menos cómoda. –... no necesitas que te meta más que mi pene.- para cuando habló ya le tenía alzado, asiándole desde esa pequeña y muy estrecha cintura por lo que fue sencillo dar el paso que le desvirgaría y que marcaría a fuego su memoria al tratarse, no sólo de su primer encuentro sexual, si no también de algo que en un futuro le daría que pensar sobre su orientación, sobre sus gustos... Sobre Sang.

La redondeada y rojiza punta que condecoraba su herramienta de tamaño medio pero un par de dedos más grueso que lo que por media solía ser un sexo de cualquier coreano rozó la palpitante entrada de su compañero y se bastó con un abrazo prematuro de ése recto para que perdiera el control y el que fue tan gentil al rodearle para protegerle de los sonidos de la tormenta se adentró de una sola estocada. Se movió bruscamente contra aquel lugar al tiempo que le obligaba a bajar las caderas para estacárselo sin medida ni control, alcanzando con aquella única e inicial contienda el punto G más alejado de ése inhóspito y limpio trasero. –¡A-ahh- …S-sang!- las escaleras le devolvieron eco de su voz ahogada y tras ello... Silencio. Su respiración, la del nombrado; La de ambos.

El cuerpo foráneo era tan pequeño que a pesar de restar sobre sus piernas no le sobrepasaba en altura, por lo que pudo avanzar el rostro un par de centímetros y así buscar su comisura, lamiéndola con obscenidad, con deseo, jadeoso. –Estoy... ahh... dentro de a-pa.- podía sentir como aquel lugar buscaba retorcerlo en su interior, era casi como si lo absorviera, una sensación jamás experimentada pero que estaba haciéndole perder el control. Brusco, más fuerte, necesitaba más. Y siquiera dudó en buscarlo.


Tiró de cualquiera manera al presidente contra el frío suelo sin perder la penetración al evocarse sobre él cómo si de una fantasmagórica y oscura sombra se tratase, abordándole a tal punto que su cuerpo cubrió por completo a ése de proporciones más delgadas y pequeñas en comparación y teniéndole de nuevo contra el suelo empezó a moverse con una fuerza que parecía sin duda no venir de un Idol con cara tan infantil y endulzada cómo la suya. La magia del íncubo ahora también recaía en él, quién obediente le estaba entregando su faceta más salvaje y adicta a esa danza entre ambos cuerpos, unos que jamás habían estado en unión pero parecían encajar y es que los pliegues suaves del interior del foráneo se adaptaban a su pene y lo estrechaban, lo estrangulaban. Para escapar lo único que tenía que hacer era retroceder y estacarse a él con más fuerza, haciendo en cada movimiento que la cabellera de ambos se moviera al unisonó y que el choque te ambas caderas se escuchase como unas burdas e indecentes palmadas lujuriosas que resonaban por toda la jodida escalera que estaba presenciando tan sucia escena entre los que deberían mantenerse lejos de la línea de esa desbordante lujuria. Mano temblorosa dejó de afianzarse a uno de los muslos que había tomado cómo posesión y buscó entre las piernas contrarias para asiarle el sexo, bordeándolo entre sus dedos con firmeza, dándole las primera sacudidas, aunque no logró atinar entre el ritmo de la inscrita masturbación y la de sus caderas en la penetración, demasiado excitado como para centrarse en ambas cosas al tratarse del primer encuentro de esa índole.


Spoiler:
Vale... Eso dejó a Jun KO y con ganas de follárselo una y otra vez.
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Kang Sang Woo el Vie Jul 11, 2014 12:49 pm

Kang Sang Woo era un jodido pervertido, y como tal mostraba cualquier rastro de seducción con sus típicas acciones cotidianas. No importaba si eras un niño, un adulto, un joven hormonal, si eras heterosexual, asexual, bisexual tanto como lograras tener un roce de palabras con él, parecerías que te encantaras de inmediato, esa fluidez al hablar, ese roce de palmas pequeñas con las tuyas, esa boca sucia junto a esa adicción de limpieza (obsesión, venga que es un obsesivo compulsivo con la limpieza) te daba ganas de ensuciarlo, de bañarlo en sudor y escuchar de esa asquerosa boca suya que siempre estaba sucia de mierda por tanta vulgaridad que producía aquellos gemidos que libraba con tan solo pocas palabras. Woody, conocido por sus compañeros de trabajo, amigos se libraban siempre en una batalla por protegerlo de cualquier cerdo pervertido que se acercara a dos pasos de él, era tan pequeño que podría parecer presa fácil, era tan pervertido que a veces dudaba de acusar a los demás como Asquerosos cerdos sucios, que se atreven a fijar su jodida vista en mi trasero él no era un baño, bueno; no siempre que no quiera. Para librar su estrés, necesitaba relajarse de alguna manera, y su obsesión con el sexo era igual de idéntica a la obsesión que tenia con la limpieza, maravillado, extasiado. Era increíble como relamía sus labios, como el sudor descendía recorriendo su cuerpo, como aquella gota de sudor le bañaba todo hasta guindarse de su miembro y saltar hasta el suelo desapareciendo en el frío objeto blanquecino, empapado de aquellas gotas de agua. Como su ropa se encontraba regada en el suelo, debió haberse detenido; ponerle fin a aquel encuentro casual entre un joven que consideraba como su hijo. Si le encontraban de esa forma, daban para hablar, las malas lenguas siempre se concentraban en las esquinas de la empresa, esperaban que él metiera la pata para poder acusarlo al mundo exterior, no se preocupaba tanto por la carrera del contrario, si no las malas lenguas que se reflejarían. El estaba claro de los talentos de los demás, y Jun no era un ídolo cualquiera; él los había pulido hasta que reflejaran la belleza de la música, se preocupaba de la suya; y de su jodida reputación:
No me sorprendería que de un momento a otro, me conozca como pedófilo, de lo único que podría estar seguro, y a salvo; de que Jung no era menor de edad lo que implicaba que no le vendrían cargos; claro… si su abuela no se enteraba.

Ahora, lo que todos se podrían preguntar era sencillamente: ¿Qué había pasado con el presidente? Aquel hombre astuto que podría colocar en su lugar a muchas personas de un solo golpe. Ese hombre amargado, con el rostro totalmente sereno que mostraba arrogancia en sus palabras, seguía en ese lugar, con la boca sucia; desnudo, expuesto pero seguía presente. Los temblores podrían haber disminuido, su sucias palabras pudieron haberse detenido en minutos, pero volverían y el poco a poco regresaría a la normalidad.

Lo que hubiese ocurrido en aquella entrada, se acabaría cuando terminara de colocar su camisa y se marchara a su oficina con una simple orden.

Todo, acabaría.

La sonrisa que resplandecía en esos momentos la sonrisa del hombre de hebras negras se incremento en su rostro. Kang no era de los hombres que sonreía con frecuencia, tampoco era de aquellos que reía con libertad de expresión cuando decían un chiste, simplemente bajaría la mirada y se quedara en silencio, pocos son los que llegan a observar su cambio en su inexpresivo rostro, y decir: Oh te has reído, pero para los demás, lo único que parecería es que se encontrara más que enojado por la absurda broma. Tampoco era de aquellos que mostraban afecto, y el sexo no era uno de sus escenarios favoritos para mostrarlo. Su boca sucia, sus acciones seductoras, sus palabras cortantes iban golpeando una y otra vez en el acto, excitando a su pareja, excitándose a sí mismo.

El tenía el culo más limpio del universo; era lo único que un mocoso sin experiencia debía de entender.

Oh, se había olvidado de las jodidas posiciones sexuales.

Apretó con fuerza sus ojos, odiaba su rostro al momento de estar en aquellas penetraciones, prefería subir su trasero lo suficiente para ser fácilmente penetrado, actuar de inodoro para cualquiera que tuviese aquel acto con él. Pero su rostro sonrojado y sus labios increíblemente abiertos mostrando una sonrisa hipnotizada por el placer en su rostro era algo que no le gustaba. Era como cambiar también de personalidad, su inexpresiva expresión se expandía en su rostro, sus labios carnosos curvados en una sonrisa, no era hipócrita, no era mentirosa; era 100% natural, llena de lujuria, perversión, excitación. Por muy frío que fuese, un solo tinte rosa cambiaba absolutamente todo el rostro contrario. Pasando desde que sus orejas se tinturaban hasta la punta, y sus labios se abrían lo suficiente para sacar su lengua, sus ojos dilatados a punto de comenzar a llorar de nuevo, pero ese ceño, el ceño fruncido que a muchos le parecía inexpresivo cambiaba automáticamente, cualquier cosa que tuviera dentro de él, le causaba un placer inmenso.

Abrió su boca, echando su cabeza hacia atrás. No podría compararse con una mujer, pero estaba totalmente seguro de que su trasero era lo suficientemente interesante para la vista de cualquier hombre que estuviera detrás de él, o penetrándole, el quien tenía las razas mezcladas gracias a la Francesa de su madre, y la Coreana de su padre, estaba seguro de que rozaba lo suficiente para excitar a cualquiera. Aquella entrada rosada fue invadida, sus paredes se contrajeron del dolor a la entrada, pero rápidamente fue bañada de placer, delgados dedos se deslizaron por el cuello continuo, solo hace algunos momentos se encontraba en la misma posición con su ropa encima, protegiéndose de los fuertes rayos que caían encima, provocándole temores, y tragándose sus miedos por lo masoquista que llegaba a ser. Pego su oído al contrario, mordiendo el lóbulo de su oreja contrayéndose por los movimientos que le provocaban —. AH —fue un gemido absorto, lo suficiente delgado para no ser la voz suya que se libraba de sus labios, apegando sus dedos contra la ropa ajena, le hacía sentir cada vez más excitado.

Lleno de gemidos, contraído de la respiración agitada de ambos. El segundo piso se inundo de profundas impregnadas en el interior del presidente de aquella compañía.

. No… —sus palabras golpeteaban su cabeza una y otra vez. A-pa le vino rozando una y otra vez su cerebro. ¿Qué era lo que había hecho? ¿Se había vuelto loco? —. No me llames así mocoso…No cuando estamos haciendo esto —quiso agregar, pero era imposible incluso para él, quien estaba profundizando aquellos sentimientos albergados en su interior, no se había sentido tan bien en años, sentir la calidez de alguien abrazar su cuerpo, y luego se iba, desapareciendo poco a poco. Él era como un gato negro, todo aquel a quien amaba lo suficiente desaparecía de un momento a otro en su vida, temía que su hijo desapareciera, también temía que los demás le dejaran solo.

Era como si golpearan su punto, una y otra vez.

. O-oye ce-cerdo… —las sucias palabras comenzaban a librarse sola de su boca, estaba a punto de venirse, y era por tener al ajeno moviéndose de esa manera dentro de él —. Vas demasiado rápido… i-idiota… es tu primera… ve-vez… te vas a ve-venir de nuevo —jadeaba, no tartamudeaba, pero los gemidos no le dejaban hablar con claridad, sobre todo porque su sucia voz estaba tomando posesión en esos momentos, sus delgados dedos atravesaron la cabellera ajena, y su boca fue lo suficientemente rápida para profundizar un beso más salvaje que el anterior, donde él dominaba la boca contraria, su lengua salió de inmediato, bañando los labios contrarios, disfrutando una y otra vez del sabor dulce. Sus piernas levantada, abriéndose contra el cuerpo ajeno permitiendo que entrara más rápido que se ajustara a su propio ritmo, estaba volviéndose loco en esos momentos; habían muchas cosas que debía mostrarle, pero no podía enseñarle desde la posición que se encontraba.

Después de todo era lo suficientemente cerdo, para recibir.

. Hazlo suave… pero profundo, luego lo vas haciendo más rápido… —le indicaba en un hilo de voz, sus caderas comenzaron a moverse hacia atrás para que se dejara guiar. Se iba a venir, más rápido de lo que había pensado, apretó las hebras de cabello ajeno, al sentir su miembro palpitar una y otra vez, expulsando aquel blanquecino liquido ensuciando tanto su cuerpo como él ajeno. Frunció ligeramente el ceño, con las mejillas rojizas de la vergüenza, sacudió su rostro de un lado a otro, moviendo su mano hasta este, apretaba del placer el miembro ajeno, lo suficiente para impedir que se moviera a su placer, estaba gozando lo suficiente por detrás para dejarlo ir tan fácil —. Ahora… hazlo rápido, pero no olvides la profundidad… de nada sirve… que te quedes al principio… —sí, tenía que tocar aquel botón que le volvía loco.

Aquel que le iba a excitar con tan solo rozar la punta de su pene con él.


OFF:
LOL, lo había olvidado. Hay que cambiar el titulo a +18



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Kang Sang Woo
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Jung Dong Kyo el Vie Jul 11, 2014 3:04 pm

Su cara, esa perfecta cara compungida por el más álgido y pervertido de los placeres no hacía más que agitar al inexperto, quién tenía puestas demasiadas expectativas en aquel encuentro sexual que terminaría cayendo, posiblemente, en el olvido del adulto. ¿Qué era si no ése encuentro más allá de un ritmo inconstante y quizás demasiado duro? Posiblemente ése culo que parecía chupar y contraer cada centímetro de su sexo erecto habría tenido mayores contiendas sexuales en las que el placer se derramaría en cada acción, no obstante, él repetía un movimiento mecanizado; Meter para recular la cadera más tarde y así poder introducirla con mayor tesón dentro de un cuerpo que le recibía apretado, tanto que gemía, en alto, en claro. Ya poco le importaba que nadie importunase en la escena al escuchar el sonido pervertido que hacía su cadera al chocar bruscamente con la del adulto al buscar hundirse todo lo posible en él. Tales eran sus arremetidas contra el ano de Sang que cualquiera pensaría que el pelirrojo buscaba introducirle incluso los testículos por la fuerza empleada en el encuentro; No era un fino baile, aquello era la más fiera cacería, la más basta de las cópulas entre dos animales sin razón y es que desde que ése pervertido abrió la boca para indicar que él le enseñaría cómo hacerlo, el pupilo había perdido el norte, excitándose con sólo mirar esa cara.
Era la cara de un pervertido, de un pedófilo, maldita fuera. ¡Era una cara perfecta! Sonrojado, sudoroso...  cada fino vello de una piel lampiña se erizó cuando el obsceno al que tenía empalado atrapó su oído, encogiéndose muy débilmente de hombros para procurar esconder un escalofrío que le surcó la espalda. Sí, tenía razón, debía parar, debía menguar el ritmo, pero sencillamente era imposible, más todavía si le tenía ahí, agarrándole del pelo de ése modo. ¿¡Es que era masoquista o algo así?! Tener la mano del presidente enroscada en sus pelirrojas hebras logró que ése animal desbocado buscase el modo de dar mayor profundidad a unas embestidas que sin duda eran cada vez más violentas. Y el beso fue la pólvora para su petardo sin prender, mierda, mierda... Abrió la boca para permitir el paso a una lengua que se adueñó sin reparos de la perteneciente y mientras disfrutaba de su sabor, acomodó mejor a ése de estructura pequeña y manejable. Verdadero placer era el de poder situarle cómo gustase sobre su falo, poder ser capaz de moverle sin demasiado esfuerzo debido a su tamaño y peso.

Cuando el beso se rompió y el contrario volvió a hablar no estuvo muy seguro de poder escucharle u entenderle, todos sus sentidos estaban puestos en sentir cómo su endurecido sexo se metía en el limpio conducto del pervertido, atravesándole una y otra vez, buscando alcanzar algo, algo profundo, algo ahí dentro. Su cadera bombeaba cada vez a un ritmo más placentero para ambos, aún y así seguía empujando con rabia, seguía buscando con fiereza, moviendo el cuerpo del presidente cómo si no se tratase más que de un muñeco que le proporcionaba lo que deseaba en ése momento de la más alta y pervertida lujuria.
Aunque no tenía ni puñetera idea de que era lo que su glande deseaba atrapar entre aquellos movimientos desesperados.

-D-dices que no te diga así... Pero si lo hago me aprietas más, a-ah...pa...- al contrario que al adulto a él si le costaba de sobremanera poder hablar sin ahogarse, aunque el dolor en su bolsa testicular estaba indicándole que no soportaría muchos movimientos más, a fin de cuentas era su primera vez por consiguiente, ser eyaculador precoz estaba permitido, aunque él realmente no entendiera para nada de protocolos en cuanto al sexo se refería, siendo un ente que había dedicado toda su vida en llegar a lo más alto de la música y no se había desviado por senderos pecaminosos. Uno que ahora mismo estaba tomando. Ése era su incubo, su demonio. El error de su vida o el gran hallazgo de la misma... Ahora por ahora sólo pensaba en mil formas de follárselo una y otra vez, incitado por la jodida mirada del foráneo.

Le gustaba, le llamaba... ¡Maldita fuera! No podía dejar de mirarle, de observarle.

Entrecerró un solo ojo mientras el contrario le daba instrucciones de cómo insertarla, teniendo las mejillas azoradas y lo rojizo de su cabello pegado a lo sudoroso de su frente y mejillas. -Mnnng... Lo intento...- pero su sorpresa fue tamaña cuando notó la corrida del adulto en su dermis. Primero movió los dedos para asegurarse que ahí tenía gran parte de la venida y poco más tarde clavó su mirada en el adulto con una ceja alzada. Las caderas del cantante se detuvieron entonces, aunque seguía insertado en el lugar que había etiquetado suyo durante aquella batalla. –T-te aah-has corrido primero..ahhh...- hablaba a como podía, tomando aire con la boca abierta, acusándole con esa mirada de crío que tenía, esa mano repleta en los fluidos del foráneo se cerró entorno al falo del presidente para no dejar que la erección menguase, ayudándose de esa humedad... ¿No era eso lo que el contrario le había dicho que hiciera para preparar un culo?; Pues ahora sería su polla la que recibiría aquello, masturbándola con celeridad para que no se apagase el clímax, para que se mantuviera en el limbo a pesar de haberse derramado.

Mano varonil que restaba libre de la masturbación se movió hasta en redondeado y pomposo trasero del presidente, sujetándolo a tal grado de violencia que sus dedos dejaron marca en aquella voluminosidad mientras la apretaba y separaba de su compañera, abriéndole aún más el conducto por el que yacía estacado. Fue él quién ahora dibujó una sonrisa casi demoniaca. Había sido el mayor quién le había pedido que lo hiciese rápido, ¿No? Pues rápido sería. Y violento también. Tras ése retorcido gesto se movió en busca de capturar la boca contigua, mordiéndola,  chupándola, dejando huella en su comisura para que esta restase rojiza, adormecida y adolorida el resto de la noche, casi como deseaba dejar su trasero después de ése encuentro tan extraño, tan clandestino. Dedos propios se tensaron en la fina piel que iba rasguñando de las nalgas foráneas y sin aviso previo se introdujo raudo en él de nuevo, obligándole a sentarse con cierto arqueamiento en la zona baja de la columna para que encajasen a la perfección, logrando la primera penetración más profunda de las de aquel encuentro: Una plena y total, una que logró que se metiera hasta dónde se iniciaban sus testículos, perdiéndose completamente dentro de él.

El sonido fue pegajoso, sucio, obsceno. Y el choque entre ambos cuerpos caliente, rudo. Un gemido ronco y más fuerte que el resto fue lo que manó de su boca, sintiendo algo extraño en la punta de su glande, pero sin saber por qué tuvo deseos de volver a alcanzar ése jodido y tan alejado punto, así que no reculó la cadera cómo hasta ahora, si no que se empujó nuevamente sin salir de esa apretada retaguardia, viéndose obligado a separar ambas bocas para soltar otro profundo gemido.

¿Llorar de placer estaba permitido? Por que él... tenía las mejillas humedecidas por las condenadas lágrimas, no era por un sentimiento encontrado ni nada similar, en absoluto, estaba totalmente perdido en ése placer, en ése hombre, en cómo su cuerpo se había vuelto adulto ahora que conocía cómo era follarse a un hombre. La mano en el trasero de Woo soltó el agarre pero le palmeó con violencia la zona, tan brusco fue el azote que el trasero foráneo hundió de nuevo su verga casi de manera involuntaria en él y de nuevo ése lugar le absorbió el glande, contrayéndose desesperado sobre él y sintiendo como su uretra palpitaba contra aquella extraña y mullida suavidad interna. Pero no podía más, siquiera fue capaz de avisar, retroceder o...

-¡AAAAHHHH! ¡AAAHH-PA!- Se clavó en él sin más. Fue tal el movimiento de su cadera que juró tocarle el estomago por dentro con la verga, que prometió haberle partido en dos al ser el otro un ente de un cuerpo tan débil y pequeño, pero no pudo contenerse, el placer era tal, el deseo tan intenso... y él estaba tan caliente que se dejó a sus más bajos instintos, descubriéndose a sí mismo como a un ente que a pesar de la inexperiencia apuntaba maneras a que le gustase rudo, verdaderamente brusco y sin lugar a dudas, con violencia de por medio, nada que ver con aquellos que en el acto buscaban confort y caricias. Ahora el pervertido chorreaba por dentro el esperma del alumno, del hijo, del compañero mientras éste intentaba recuperar la respiración con la frente apoyada contra la del presidente, teniendo su mano derecha aun enroscado en la erección foránea pero ya sin ejecutar roces al sentirse mareado, cansado.

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<333 Yaa
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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Kang Sang Woo el Vie Jul 11, 2014 6:41 pm

Si tuviese que definir aquella situación como algo racional, definitivamente no lo pudiese hacer. Explicar aquella situación a cualquiera que los encuentre estaba fuera de sus cálculos, por primera vez en mucho tiempo Kang sentía el miedo de ser descubierto haciendo algo malo que hiciese recaer la dignidad y orgullo de la persona delante de él. La suya no le importaba lo suficiente para arriesgar a alguien a quien consideraba totalmente querido, parte de su familia, de los sentimientos que tendría sobre esa persona. Cerró los ojos, agradeció el arreglo de cámaras en los últimos pisos, el impulso de su mejor amigo para que las cambiaran y agregaran en la azotea por aquellos que se escapaban de clases, el impulso de los docentes por colocar una en cada rincón para encontrar a aquellos ídolos que se dedicaban los días de trabajo a vagar, e impulsar a los demás para los sistemas automáticos de cámara, donde los controlara incluso él mismo. No tiene más suerte, Sang Woo; porque eres jodidamente afortunado, pero no sabía si lo afortunado era porque no sentía vida a su alrededor, porque la lluvia caía con potencia fuera de esas cuatro paredes, o tal vez, porque nadie se atrevería a subir con ese clima hasta aquel lugar. O simplemente estaba cubierto de una manta que solo le protegía a él, colocando a los demás en vergüenza, en desespero e incluso la mala suerte podría invadir los cuerpos contrarios, por eso no se enamoro más, no se comprometió más y juro mantener el anillo en su dedo anular hasta la muerte.
¿Qué era lo que realmente estaba buscando en la vida?

Jadeó, incrementando el sonido obsceno que producía sus labios al sentir el cuerpo contrario golpear contra el suyo propio, el sudor de ambos se entremezclaban, produciendo aquella vulgaridad que los cuerpos desnudos proclamaban como el acto ejercido por Dios para procrear, pero ellos no hacían un acto bien visto por los grandes cielos; tampoco es que le interesara, Higía era el único dios que él obedecía, y siempre le decía que debía comprar más escobas, plumeros que no tenía suficiente. Pero ahora, solicitaba su esponja especial, para cubrir ambos cuerpos en una espuma lo suficientemente robusta, y delicada que absorbiera aquel sudor profundo, que silenciara el eco producido por sus cuerpos, que golpeara con todo su poder el centro de ambos, reduciendo así el ruido provocado por sus articulaciones bajas.

Alargo sus dedos sobre el cuerpo ajeno, hicieron un poco de fricción sobre el pecho contrario, estaba seguro de que había manipulado su cuerpo para que actuara a su placer. Apoyo sus dedos, dándole un poco de fuerza para echar hacia atrás el cuerpo contrario, levantándolo del suelo para alejarlo del suyo propio. Relamió sus labios, si, estaba seguro de lo que estaba haciendo, y a pesar de los parpadeos continuos de los rayos fuera del edificio este no se sacudía como antes, lo que le permitieron volver a sus cinco sentidos, o al menos tener cuatro activos; ya que su mente nublada por la lujuria, pero aun así, moviéndose a su voluntad logro arrodillarse delante del contrario —. Te dije que no me llamaras así… no cuando estemos haciendo esto —amplio una sonrisa, con la lengua a un costado de sus labios, bañando estos, humectándolos, con deleite apoyo sus brazos en los hombros ajenos haciéndolo golpear la pared tras su cuerpo, en lo que deslizaba sus dedos por el miembro contrario moviéndolo de arriba hacia abajo —. Te voy a enseñar un poco, como se mueve encima de un falo, después de todo un mocoso como tu; tiene mucho que aprender —… de una puta, una cerda como él.

El golpeteo de las gotas de lluvia contra la pared de la azotea seguía cubriendo el silencioso ambiente, los dedos de Kang se dirigieron hacia su trasero abriendo un poco este permitiendo que entrara de golpe en el miembro continuo, hasta tocar con su trasero la piel continua.

Cabalgo, comenzando despacio, sosteniendo sus alargados dedos en los hombros ajenos, apretando con fuerza.

Arriba, abajo. No una, ni dos. Incluso más veces para acelerar el ritmo, lo que sus piernas le dejaban. Cruzo sus brazos contra el cuello ajeno apoyándose hacia adelante, si lo mirabas de lejos un niño parecía brincar en las piernas de su padre con emoción, demasiada dirías, pero al verlo de cerca, el rostro adulto teñido de una perfecta perversión era claramente obtenida, sus dedos apoyados contra la pared acercaban más su rostro contra el contrario, succionando, mordiendo la boca ajena. Sentía sus labios hinchados, sus caderas le iban a doler cuando regresara al trabajo e incluso sentía que todo se estaba acumulando más, porque ahora debía saber que era lo que iba a hacer con la boca que tenía delante de él, no, con el adolescente que tenía entre sus manos, entrando lo suficiente, teniendo su trasero invadiendo un falo continuo. Sentía como el seme se deslizaba a los costados de su interior, como salía expulsado con cada nueva introducción al trasero ajeno, el anterior se pegaba a sus paredes, provocándole gemidos implacables de una violenta perversión.

Kang Sang Woo, estaba sumido en sus pensamientos; unos bañados de perversión pura hacia su pupilo, alguien quien había tomado su cargo durante muchos años luego de la muerte de su padre. Jung Dong Kyo era muy especial para él, incluso con aquellos pensamientos pervertidos no quería hacerle daño; no quería cortar sus ilusiones y el chico de veinte años debía conocerla de igual forma que él —. ¿Por…qué? —se atrevió a preguntar, sacudiendo su rostro de un lado a otro, inconcluso, pensando en una pregunta que era lo suficientemente dulce de su parte, él no era así, no iba a mostrar su lado débil con nadie… no más —. ¿Por qué yo? —completo, tal vez así la pregunta, sacudiendo su cabello hacia atrás, su cuerpo, ayudando a mantener el equilibrio con la fibra de sus dedos sobre la camisa contraria —. ¿Qué tengo de especial?... o lo hiciste cuando me viste temblar… —intento sonar gracioso, pero aun así sus piernas no se movían, y sus brazos tomaron más fuerza del cuerpo contrario, apegándose lo suficiente al ajeno.

Jadeaba, su cuerpo estaba siendo comprado por sus propios movimientos. Ahh, agh gemidos que escapaban de sus labios, aferrándose hasta la punta de sus dientes, rasgando con fuerza sus labios.

Kang simplemente no cabía de la sorpresa, no entraba a lo que su cabeza le estaba gritando, cegado por la perversión, la lujuria no reconocía lo que estaba a su alrededor, ahora mismo el estaría colocando la soga al cuello si descubría a estudiantes de esta forma, o a profesores (trabajadores) lo que fuese, en aquella postura. Estaría debatiéndose entre lo bueno y lo malo, lo que debía hacer y lo que era correcto, cuando él, como adulto debió haber detenido al contrario. Pero… ¿Lo había hecho porque me vio llorar? ¿Lo ha hecho porque estaba indefenso? o simplemente… fueron las malditas hormonas, Kang ya no se enamoraba, no se ilusionaba con alguien porque siempre él que salía dolido era él. Solamente quería encontrar algo que le hiciese sentir extasiado, que él sexo no fuese lo único que le quitara pesos de encima.
Que le hiciese sentir suficientemente deseado por alguien más.

¿Qué es lo que estoy buscando?

¿Qué era lo que ese hombre deseaba? Lo que quería en toda su vida.

Sacudió su rostro de un lado a otro, apretando consigo el miembro contrario como él suyo; como el liquido comenzaba a brotar tanto por delante como por detrás, como apretaba sus dientes por el placer obtenido de aquellos movimientos, como el sudor se los comía vivo a ambos. Deseaba más, por él. Sentirse querido dentro del cuerpo de alguien más, que supiese que estaba vivo; todavía respiraba como un ser vivo.

Pero no podría hacerlo, tenía que detenerse —. Suficiente —trato de detenerse él mismo —. Hemos de dejarlo hasta aquí… Jun —intento levantarse, aun así, con sus piernas temblando por los movimientos contrarios, aturdido, sofocado, con el sudor chorreando su cuerpo, y el seme deslizándose de su entrada. ¿Qué había hecho? ¿Qué había conseguido hacer?

Estaba recapacitando lo sucedido, y con ello… ¿Dónde estaba su ropa?




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Re: first stage { Privado. +18 }

Mensaje por Jung Dong Kyo el Sáb Jul 12, 2014 1:27 pm

La primera interpelación del moreno fue ofuscada por sus sonidos, de hecho, quién estaba adentrándose en el cuerpo adyacente no reparó en el que el otro estaba intentando comunicarle algo pues estaba totalmente centrado en seguir con el contoneo de sus caderas y es que por fin apuntaba a que había conseguido un ritmo optimo en el que poder penetrarle una y otra vez alcanzando un punto profundo de esa anatomía y eso le tenía totalmente consumido, absorto y alejado de lo que sucedía por la cabeza adyacente. Su sudorosa fisonomía se aseguraba de merodear arrimada a la contigua y más teniendo en cuenta el modo en el que Sang se había abrazado a sus hombros. Él por su parte deslizó ambas palmas por la espalda baja del presidente para conseguir cierta proximidad entre ambos y lograr que el roce entre ambos cuerpos fuera total y obscena para ojos de quién degustase de aquella exquisita danza entre dos cuerpos que se habían dejado arrastrar por las más bajas y rudimentarias pasiones, haciéndolo en medio de un lugar dónde estaban a la vista de cualquiera, dónde... dónde posiblemente nadie más aparte de aquellos dos se atrevería a derrochar pasión, siendo algo que por norma  general se guardaba para lugares un poco más íntimos. No obstante y en medio del pegajoso sonido de la unión de ambos cuerpos y por encima de sus propios jadeos escuchó la voz foránea a lo que intentó callarse y resguardase unos sonidos que salían casi involuntarios para poder ser capaz de entenderle. Pero aún y habiéndole escuchado no llegó a entender esa pregunta. ¿Cuándo le vio temblar?

Oh, claro...

Dejó de mostrarse tan brusco en su propio baile, de hecho, éste dejo de existir a pesar de restar enterrado en las nalgas del adulto, se quedó mirando el gesto contiguo con un cariño que rozaba la devoción; Le tenía justo frente a sí, tan sonrojado, tan sudoroso... maldita fuera, con una expresión tan sexy y obscena. Se movió débilmente hacia atrás y es que tras ser empotrado de espaldas al muro no tuvo oportunidad de moverse mucho más, logrando así que su frente restase sobre la del adulto mientras su nariz rozaba la foránea en aquellos besos que su abuela mentaba como esquimal, comportándose totalmente opuesto a cómo hacia unos momentos atrás.  –Yo... Siempre he querido protegerte pero para entonces era muy niño, hoy tuve la ocasión de poder entregarte lo único que tengo; Mi voz en esa canción y mi cuerpo ahora.-  negó antes que el otro hablase, sonriéndole con la misma suavidad dedicada en el habla. Soy un mocoso que no tiene ni idea de follar, es cierto. Pero si sé querer. Y yo...-

Titubeó. Se sonrojó más allá de lo que ya se encontraba por el continuo movimiento en aquella penetración, aunque rehuyó de la mirada que podía ser confundida con el cielo. ... Te quiero. Te quiero desde ése día.-

Ése día. ¿Debería especificar mucho más? ¿Sería necesario añadir algo a aquella, ya de por sí, vergonzosa declaración? si bien cuando entró en la compañía lo primero que le llamó la atención fue que el presidente no se tratase de otro tipo que el tan famoso grupo ya extinto, lo que llegó a cautivarle fue el modo en el que tras la muerte de sus padres éste se comportó, recibiéndolo con un amago de sonrisa... Pero ése día supo que había algo que les unía de un muy retorcido aspecto. La muerte, no sabía el cómo, el por qué o de qué manera, pero Sang la conocía. Y ahora él también. Nunca habían abordado el tema de manera concisa pero el trato entre ambos cuando regresó tras aquel periodo en el que pensó en atentar contra su vida al creer que ya no precisaba estar en la misma fue a mejor y la comprensión se otorgó virtud en la persona quién antes no hacía más que apelarle o mirarle con ése odio que aún a día de hoy le hacía temblar.

Un escalofrío de pánico le invadió cuando el mayor mencionó que era momento de detenerse y casi por inercia su cuerpo entero se bloqueó en cuanto a movimientos, recuperando la fuerza cuando le vio titubear al procurar levantarse, de manera inmediata y sobreprotectora llevó ambas manos a la cintura del que temblaba cómo hoja dejada en el viento y le sentó despacio sobre sus piernas. Por dios. El trasero de ése pervertido palpitaba contra el muslo en el que le hubo sentado, además, el esperma ahí derramado se derramaba sobre su propia piel, logrando ser consciente de todo lo que había evocado en ése perfecto culo. Se río quedo, casi jadeante y es que por más que intentase negarlo, su cuerpo joven y dispuesto aún quería más.

Pero era más o menos obvio que el mayor o no podía o no quería soportar más, por lo que se limitó a estirar un brazo y agarrar una de las prendas que le quitó del cuerpo a tirones, colocándosela por encima de los hombros. –¿Está bien si te llevo al despacho en brazos?- habló sin mirarle, tomándole con suavidad de un brazo para que lo introdujera por la manga que pertocaba.

Mientras le colocaba la otra manga aprovechó para robarle un beso, casto, y en la mejilla. Tras ello agarró su propia camisa, una que siquiera recordaba haberse quitado pero que restaba en el suelo con el resto de las prendas inferiores del presidente y le cubrió con aquella: Pudiera ser que él mismo no fuera extremadamente grande pero sin duda, su ropa le quedaba holgada al que ahora... al que ahora estaba en sus brazos. Fue sutil al meterse de nuevo la erección entre los pantalones y alzarse la cremallera, enervándose de su posición después con el presidente firmemente asiado contra su pecho y cubierto por su ropa. Nadie reconocería al que tenía ahí pegado a pesar de que se harían suposiciones de que había pasado algo... ¿Qué importaba? Mientras no reconocieran al adulto iría bien. –Yo que tú ahora no asomaría la cabeza.- habló animado, cómo si todo lo anterior no hubiese sucedido, cómo si el encuentro hubiera resultado casual... aunque tenía el cuerpo bañado en sudor, aunque le temblaban las piernas por sentirse aún con deseos de más. En respuesta a toda emoción y sin avergonzarse de aquello abrazó con algo de fuerza la figura que yacía escondida entre su propia ropa y su torso desnudo y así, sin más, avanzó rumbo al primer piso.

Para su suerte las zapatillas deportivas que traia consigo amortiguaron todo sonido de la goma contra el suelo y ahí, el silencio, era sepulcral. Todos los alumnos estaban según parecía en las aulas y los que no sin duda deberían restar en la sala de descanso y no perdidos entre los pasillos.

¿Qué haces, Jun...? Te van a expulsar, se va a reír de ti. Vas a quedarte en la calle y tú abuela necesita de cómo vivir.

Sacudió la cabeza en busca de alejar sus pensamientos negativos de un animo de por sí ya deteriorado por aquel encuentro sexual. Tú primer encuentro sexual, se puntualizó, azorándose algo más debido a la momentánea vergüenza que aquello le producía con sólo pensarlo pues al hacerlo la imagen de Sang dilatándose el trasero para darle entrada no tenía precedente, jamás en sus años de vida se hubiera imaginado que una sola imagen pudiera tener tan alto contenido erótico para su persona y llegase a excitarle tanto cómo aquello lo hizo. Respiró profundo y volvió a evitar pensar... De acerlo , mucho se temía ganarse otra erección, por lo que prosiguió el rumbo con el paso taimado, lento, pero seguro, cuidando de que nadie irrumpiera en el camino de ambos y descubriera el pecado hecho carne...; El de la cara de Sang.


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