The deep dark past —Jun.

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The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Sáb Jul 12, 2014 2:52 pm

— THE DEEP DARK PAST.

Jung Dong Kyo & Kang Sang Woo | Rhythm Of Soul — Callejones



Inhalo el aire suficiente, la gente a su alrededor se estaba acumulado, más grandes que el con grandes cuerpos, el suyo se encontraba sentado en la mesa de apostar, la velocidad recorría las calles en esa noche profunda de aquel mes de Julio. Humedeció sus labios al sentir el viento golpear contra su rostro, sus gafas delgadas delineaban su pálido rostro, que seguía la velocidad de los autos desde el monitor, la carrera estaba finalizando; y había sido el único en apostar grandes billetes hacia el primer corredor, ese día, sintió que debía apostar por él. Sus piernas jugaron en el aire, los que apostaba le observaban la delgada espalda, la habían visto antes en algunas carreras e incluso con la velocidad que ese pequeño tenia, muchos apostaban hasta la casa por él, pero esa noche, no iba a correr, no tenía la cabeza para eso.
De hecho, estaba en aquel lugar por querer olvidar lo que sucedió.

Hace algunos días, Jung se había confesado, o eso era lo que parecía aquello. Luego de haber tenido relaciones con uno de sus ídolos, un niño que consideraba como hijo, con un año mayor que el suyo. Apretó ligeramente los puños de sus manos sonrojándose, agradecía que el chaleco que portaba en su cabeza cubriera la mayor parte de esta. Negro, con rosa de mangas largas, abierto los primeros botones, junto a un pantalón negro ajustado a su cuerpo, unas botas cortas pero a la vez anchas como la de los raperos de color negro, y aquellas delgadas gafas del mismo tono que las botas ocultaban con perfección o lo que aparentaba el cargo que tenia dentro de la música, y quien había sido en ella.

Rivaille, así le conocían en la noche. Si lo romantizabas, decía “Levi”.

Los autos estaban viéndose a lo lejos, Rivaille (conocido esa noche y las demás cuando las visitaba) se bajo de la mesa, sus botas golpearon el suelo y el auto azul oscuro paso a un costado a toda velocidad, los viejos veteranos sorprendidos por la velocidad de aquel chico que todos negaron aportarle el suficiente dinero para ganar, fue otorgado por el de cabellos negros, a quienes le transferían la segunda cuenta creada, para apostar y derrocar dinero en algo que era su placer, su hobby, y gracias a esto lograba quitar el estrés de su cotidiana vida, pero había hecho todo lo posible para olvidar aquella tarde, pero era imposible, seguía sintiendo los temores, y era como si lo sintiera dentro de él. Abrió sus ojos, mordiendo su labio al momento de bajar su rostro, cubriendo este con su antebrazo derecho, le palpitaba con fuerza el corazón.

. Rivaille —el adulto giro el cuerpo lo suficiente, para estar cara a cara con uno de los mecánicos de aquellos autos, o más bien, su mecánico privado. Los dos sonrieron y golpearon sus puños en un saludo —. Como siempre tienes buenos ojos, ¿te diste cuenta que era mi sobrino? —el adulto simplemente se levanto de hombros, en lo que rascaba el puente de su nariz —. El sonido del motor, era puro, igual que tus autos; sabía que era familiar tuyo, solo arreglas mis autos —la discusión se prolongo, hasta que ambos decidieron interrumpirla para ir a beber algo, el mayor simplemente no se sentía con ánimos de absolutamente nada, pero se animo a la fiesta hasta las tres de la mañana en lo que todos regresaban a lo suyo, Levi era malísimo bebiendo, y lo sigue siendo, por lo cual solo le dieron dos vasos de la botella de whisky, y ya estaba maldiciendo hasta la sopa.

Se movió de un lado a otro, intentando mantenerse recto. Terco, cabeza dura, lo suficiente para decirle a su mecánico: Iván, que podría irse solo hasta su casa, o al menos tomar un auto para regresar a la empresa, alguna de las dos opciones era fiable para él.

Sintió mareo, y sujeto su estomago antes de vomitar, o al menos intento no hacerlo en sus zapatos, el vomito podría limpiarle un poco la cabeza, al menos a esa hora y esos dos pequeños vasos de whisky le iban a despertar. Toco su pantalón, buscando entre estos un cigarrillo para encenderlo, el humo comenzó a quemarle la garganta, la nicotina estaba pegada en sus pulmones y exhalo todo lo que estaba calando de una vez, limpiando cualquier rastro de alcohol que estaba agrupándose en su cabeza:
Soy un mocoso que no tiene ni idea de follar, es cierto. Pero si sé querer. Y yo... detente, por favor… no lo digas ...Te quiero. Te quiero desde ése día ¿Ese día? Habrá sido cuando regreso a la empresa y le recibió con los brazos abiertos.

Le entendía, lo suficiente. Ji Min también lo hacía, el dolor de criarse sin padres, de saber que todo se acabara si no tienes a nadie a tu  lado, lo que es trabajar fuerte, y librarse de una eventualidad que era el fin de tu carrera. Todos necesitaban apoyo, el tuvo que tenerlo de sus amigos, ¿Por qué Jun no lo tenia de los suyos?  Todo en esta vida necesitaba un fiel apoyo, y el hizo bien a darle el regreso a su empresa, era como su hijo, un niño con un gran futuro…

Y tenía que dañarlo.

¿Por qué yo?, se pregunto.

Escucho algunas risas, e intento aumentar la velocidad sin embargo, una mano detuvo su andar, y su rostro se levanto hasta toparse cara a cara con un rubio grandote de mirada morbosa —. Genial, un puto cerdo hormonal, con su ganado amigo —giro su rostro hacia atrás, se tambaleo un poco porque su cabeza se golpeo un par de veces por el alcohol, apoyando su cuerpo hacia atrás Y yo no traigo a mis cerdos conmigo ese día sus guarda espaldas, ni siquiera se enteraron que él salió (como algunas noches) así que no tendría a nadie cerca, y tampoco quería mostrarse arrogante porque obviamente no podría, su estatura, su jodida estatura —. ¿Qué hace alguien tan lindo por aquí? —la pregunta le golpeo en el rostro, el olor a alcohol le mareo más —. Que belleza, ¿quieres salir con nosotros? Seremos amables —Y una mierda —. Más amable es mi culo cuando estoy cagando —tan tierno, los demás ampliaron una sonrisa.

¿Qué más le podría pasar esa noche? Estaba salado.


OFF:



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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Sáb Jul 12, 2014 4:06 pm

-¡Jung! ¡Oe! ¡Espera! ¡Jung!- la puerta de una de las tantas casas aglomeradas en esa calle se abrió y un chico de cabellera azul salió por la misma en busca de alcanzar a un pelirrojo que caminaba de espaldas a la dirección en la que debía, despidiéndose alegremente mientras mantenía la palma derecha alzada y la movía de lado a lado en claro gesto de despedida. –¡Nos veremos mañana, Xiang!- habló sin perder la sonrisa ni por un segundo y el chico del cual se despedía lanzó un suspiro y asintió, sintiéndose más tranquilo al observar la sonrisa en ése rostro que jamás flaqueaba en gestos dulces para él. –Pero te vas a mojar, entra y duerme aquí, idiota.- la última frase le dio a conocer, incluso a él, todo un inexperto aún en los temas de amorío lo que significaba, a lo que negó, dándose media vuelta para, ahora sí, darle la espalda, sacudiendo aún esa mano alzada. –¡P-pero te vas a mojar!-

01:00 de la madrugada. Cielos despejados pero lluvia fina arreciaba, caía descontrolada, aunque era típico por la época que las mismas muestras de enfado del cielo no durase en demasía y aquella no tenía pinta de caer tan brusca cómo aquella mañana en la que...

No, se había prometido no volver a pensar en aquello.

-¡Mejor! ¡Quizás así crezco!- habló con esa voz animada que solía, girando el rostro sólo para guiñarle el ojo a ése amigo suyo, quién se quedó prendado del gesto y sus pálidas mejillas se ruborizaron en exceso. No obstante, el Idol parecía que no iba a declinarse en su posición por lo que se despidió, juntando ambas manos alrededor de su boca para crear un ficticio altavoz se volvió a despedir, pero Jung ya no habló, simplemente bajó la mano con la que se despedía y la enfundó en el bolsillo de su pantalón, caminando ya sin verdadero rumbo por las calles del barrio en el que vivía su abuela. No le había costado demasiado que le concedieran el permiso para esa noche poder restar fuera de la residencia estudiantil, alegando que deseaba ver a su único familiar empero aquello no fue más que una mentira, lo que realmente deseaba era no verle por los pasillos sin desearle, no estar bailando y caer en cada paso por no estar por lo que debía en sus lecciones.

Debía alejarse, olvidar.

Y había acudido a ése amigo suyo... Pero cuando le besó no sintió nada. Tampoco cuando le tocó bajo la ropa; Y así fue cómo el Idol más joven de su dueto fue totalmente incapaz de proseguir sin conseguir el efecto deseado en su cuerpo. ¿Es que era una especie de loco que sólo le gustaban los viejos? Aquello no tenía ningún sentido. Xiang era precioso, joven, jovial y siempre había estado enamorado de él, atendiéndole en todo aspecto y sin embargo... Sin embargo no sentía más que amistad y no podía hacer lo que había hecho con su presidente, lo intentó, sí, es cierto. Pero su cuerpo no reaccionó a pesar de los estímulos de su amigo (eso que también le dedicó una buena sesión ahí abajo con la boca).

La lluvia menguaba, así cómo también su paso. Estaba mojado pero aquello no era algo que le molestaba, de hecho estar así le recordó al encuentro que tuvo durante la tormenta de hacía unos días, un encuentro que repetiría una y otra vez. Uno que soñaba noche tras noche y que en cada ocasión le traía nuevas sensaciones cosquilleantes en el vientre y le dejaban sin respiración.

Se iba a volver loco, totalmente loco. No hacía nada más que pensar en Sang. Todo... todo le recordaba a él. ¡Maldita fuera! ¡Incluso ahora podía escucharlo!. No. Jung. Jung. Espera. Espera. ¡Espera! su propio pensamiento le hizo detener el paso, no no, aquella vez la voz contraria no era de su imaginación, le había parecido demasiado real, estaba ahí. Sang debía estar ahí. Giró el rostro a todos lados pero el barrio no era demasiado agraciado y contaba con cientos de callejones que daban a la nada y calles demasiado transitadas por aquellos maleantes que buscaban algo de pasión tras una noche loca de alcohol, amigos, drogas... y música. Quiso alzar la voz para llamarle pero... cuando casi a la desesperada cruzó uno de aquellos turbulentos y bien conocidos callejos , les vio.

No sólo a su fruto de búsqueda, sino también a unos tipos que le tenían prácticamente acorralado contra un mugriento muro de tal manera que incluso una de las papeleras cubrían la escena, no podía ver si estaba desnudo, si estaba a salvo, si... le estaban tocando. Apretó los puños de tal manera que sus dedos se clavaron en su palma desnuda, dañándosela pero sin dejar de avanzar hacia esos que tenían cómo víctima al equivocado. El rubio era el que más cerca estaba y cuando cortó las distancias vio como el mismo le tenía sujeto por una muñeca; Ni hablar. El cantante, ése patoso en las clases de baile, ése que no se movía con la destreza que podía esperarse de un Idol dio un salto con la pierna derecha extendida y atinó a golpear el costillar de ése otro. El foráneo se cayó contra el suelo arrastrando consigo a Sang al tenerlo sujeto por el brazo, pero el cantante fue lo suficientemente diestro como para sujetar a su presidente por un costado, enganchándolo con un solo brazo, pasándole el mismo por el vientre y haciendo que el cuerpo de éste prácticamente colgase pero que no llegase a tocar el suelo. –... No le toques.- susurró, manteniendo el brazo en el vientre del adulto en espera que éste pudiera alzarse sin moverle o prestarle demasiada atención, teniendo los ojos clavados en los otros dos que ahora se aproximaban a ambos con claro gesto de enfado, de rabia... querían venganza.


Uno de fiero aspecto agarró al pelirrojo por el cuello de la camisa y sin poder poner a salvo a Sang éste debió caer al suelo si no hubo conseguido sujeción, notando la fuerza de los nudillos de ése hombre ceñirse en su estomago tras un golpe que le cerró los pulmones e impidió que el aire volviera a entrar en su cuerpo, el cantante jadeo y arqueo hacia delante la espalda, incluso saliva salió despedida de su entreabierta comisura al recibir la agresión. Tras el certero puñetazo ése hombre le soltó pero él no cayó, se mantuvo en pie, doblegado y cruzando su brazo izquierdo por encima de su propio vientre para intentar menguar el dolor, manteniéndose frente al que debía proteger, al que debía mantener a salvo de esas jodidas manos.

-¿Es tú novio, maldita zorra? Entonces lo violaremos frente a tus narices para que aprendas a respetar...- el golpeado fue el que habló, escupiendo a un lado la sangre aglomerada en su boca y así enfocó al malherido, crujiéndose los nudillos mientras el resto reía, haciendo un cerco entorno a ambos. Pero el cantante no iba a escapar, ni hablar, avanzó un pie para así tener un punto de apoyo más firme y severo mientras subía ambos brazos en posición de pelea. –No le vais a tocar un solo pelo.- bien.. Se llevaría una paliza, pero no dejaría que le pusieran un solo dedo encima.

Spoiler:
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Sáb Jul 12, 2014 6:54 pm


Genial, más putos credos, Kang dio un paso hacia atrás, su cuerpo choco contra la fría pared que le erizo la piel al tocar la palma de su mano con esta, el cigarrillo lo soltó, mojándose en el suelo que se encontraba bajo él. ¿Había llovido? Al parecer cuando estaban dentro del bar entre el mar de gente no se escuchaba nada más que la música arreglando el cutre ambiente. Relamió sus labios, humedeciéndolos, la nicotina los había secado en su pequeño recorrido desde la entrada hasta la mitad de la salida al otro lado, observo como las luces parpadeaban un par de veces, nadie le iba a sacar de eso en estos momentos. O era dejar que hicieran lo que le daban la gana, solamente para quitarse sus manos inexpertas, el roce de la yema de sus dedos sobre su cuerpo.

Se sonrojo violentamente.

Apretó sus puños. Pensaba que lo había olvidado con tanta facilidad, pero si se colocaba a pensar, su respiración entrecortada, aquellas palabras que clavaban a su corazón frío, helado, como un cubo de hielo le bañaban. ¿Por qué? ¿Por qué no le podría olvidar tan fácil? Recordaba sus pies tocar el suelo de su oficina, como se quito su camisa dejándola en el suelo caminando hasta el baño de esta, encerrándose, y agachándose lo suficiente para colocar su trasero en el frío suelo, sintiendo como la puerta trasera era cerrada, como el dolor en su culo regresaba, se regaban aquellas últimas gotas de seme, la voz de Hanji del otro lado le llamaba, fueron varias veces hasta que logro despertarse y abrirla, su mirada preocupada y su rostro sacudiéndose de un lado a otro. No había cámaras, no había fotos.

Solo un recuerdo imperturbable, que no desaparecería tan fácilmente.

“No le toquen”, imposible.

Aquella voz le hizo despertar del sueño prematuro que estaba comenzando a sentir, la mano suya se encontraba marcada con los fuertes dedos de su agresor, aquel hombre alto de cabello rubio violento, un poco chillón y pasado de moda. Miro hacia un costado, cubriendo un poco su rostro con su mano libre para observar con claridad quien se encontraba delante de él. No podría ser cierto, ¿lo era? Sonrío como bobo, todavía estaba bajo los efectos del alcohol, con un poco de nicotina mezclada dañándole los sentidos podría tambalearse de un lado a otro pero reconocería esa cabellera rojiza donde fuera. Intento caminar hasta él pero la mano continua le detuvo Cierto, los cerdos… cuando intento quitárselo de encima, parecía que el suelo se había vuelto en su contra.

Su cuerpo se cayó hacia atrás, fue sostenido por unas manos gruesas a las suyas, sus dedos traicionaron su posición tratando de sujetarlo con fuerza, queriéndose asegurar de que era quien pensaba que era, el alcohol dentro de su cabeza, siempre había sido horriblemente malo —… ¿Jun? —profundizo su voz, acortar su apellido siempre había sido algo de lo cual estaba acostumbrado, pronunciarlo con lentitud, con un acercamiento más comprometedor en el trabajo, no se atrevía a llamarlo de otra forma, esa le gustaba… desde siempre. ¿Desde cuándo? ¿Cuándo comenzó a profundizar sobre sus pensamientos y sentimientos con sus trabajadores?

Todo volvió a moverse, su cuerpo se expulso contra el suelo, aquellos charcos de agua le despertaron, no completamente pero lo suficiente para comenzar a procesar lo que estaba sucediendo. Sentía sus manos palpitando, antes tenía un cigarrillo, llego su niño, un momento…

¡¿Jung?! cuando quiso reaccionar totalmente escucho la voz brabucona de uno de los presentes. Estaba teniendo la mente en esos momentos fría, si lograba arreglar totalmente los sucedidos podría llegar a una conclusión sencilla.

Peligro + Instinto de protección del menor + Acosadores + Alcohol + Agua + Suciedad… un momento, esa palabra hacía eco en su cabeza una y otra vez, ¿Dónde culo se había metido? Si lograba ver con normalidad para reconocer el lugar era un callejón cerrado, oscuro, llego de basura, algo camino cerca de su mano, mordisqueando el pedazo de pan viejo que había pisado, la rata emitió un chillido de batalla, Rivaille levanto su mano lentamente para que se llevara su comida, rata… una sucia rata había mordisqueado un viejo pan que se encontraba debajo de su mano, él estaba acostado en un charco de agua…

Sucia agua, agua de alcantarilla. La vena se hincho en su frente, estaban muertos.

Intento ponerse de pie, lo suficiente para que su mano bajara el cuerpo joven del de cabellos rojos hasta el suelo, no había medido la fuerza que había utilizado, solamente lo hizo, su pequeño cuerpo era bastante fuerte, estaba seguro que sus manos lo suficiente para colocar a tres brabucones en su sitio, sus labios fueron humedecidos, el agua penetro en su sistema, sus papilas gustativas la detectaron de inmediato, algo le removió el estomago, tuvo ganas de vomitar, pero antes iba a hacer vomitar a alguien más, y no solamente sus órganos, el más grande simplemente dio un paso hacia adelante con una sonrisa en su rostro —. ¿Vas a hacer más fácil nuestro trabajo? Bájate los pantalones, puta —sonrió, bajo la cremallera del buzo dejándolo caer en el suelo. El hombre de cabellos castaños, el que permanecía más lejos de los dos le observo una cicatriz cerca de su estomago, larga con forma de rayo, trago seco temblando coloco una mano en el hombro contrario —. ¿Qué? —le contesto él más grande con excitación —… Rivaille… —tartamudeo —. ¡Es Leviathan! ¡Rivaille Levi! —el rubio pareció mirarlo bien de reojo, el pelinegro levanto su rostro mostrando un sonrisa, antes de que pudiera articular algo su puño viajo hasta su estomago lo suficiente para que se arrodillara, levanto su rodilla golpeando su barbilla con fuerza, su otra pierna se levanto, estrellando su bota con la mandíbula.

El buzo, cayó encima de Jung.

Los dos castaños tragaron seco, dieron dos pasos hacia atrás pegando su cuerpo contra la pared —. ¿Tienen algo que decir? Cerdos —tragaron seco, trono sus dedos, poco a poco fue recorriendo el puño de su mano, su cuerpo paso encima del que se encontraba cubierto de hematomas en el suelo, su pierna se levanto lo suficiente hasta golpear en el medio de ambos la pared, sus botas hicieron un sonido en eco, los otros dos comenzaron a reír —. Lo…lo sentimos mucho… Ri…Rivaille —tiempo, sin escuchar a sus contrincantes tartamudear —. Lo… lo pagaremos, Levi… Rivaille… —el otro sujeto sus manos —. En el infierno —Levi sonrió, llevaba años que no tenía una buena pelea en un callejón, se echo hacia atrás, fue demasiado rápido que se mareo con el alcohol que tenía en la cabeza, cayó al suelo, pero también tenía flexibilidad, lo que le permitió subir esta misma para golpear en la barbilla a su atacante, apoyando sus codos en el suelo, con fuerza echarlo hacia atrás, escucho como el cuerpo contrario cayo contra unos contenedores de basura.

Él único que quedo, se orino.

. Vete de aquí, mocoso de mierda. O te parto el culo también —aquello más que una orden fue la sentencia de muerte hacia alguien, el joven temblando comenzó a caminar hasta donde sus amigos, saco una fuerza por el miedo en alguna parte de su cuerpo y comenzó a arrastrar los contrario. Levi quedo observando la pared y se arrodillo lo suficiente para que su cuerpo lograra balancearse, si, su cabeza estaba doliéndole, aquellos movimientos habían hecho que todo comenzara a acumularse de una sola vez —. Quiero otro maldito trago… Jung, cómprame una botella —ordeno mirando hacia la pared delante de él.

Nadie le colocaba encima la mano a un ídolo suyo, nadie tenía el atrevimiento a golpear a uno de sus hijos —. La próxima vez… los mataré —apretó sus dientes con rabia. No soportaba que alguien tocara lo que es suyo.

Un momento… ¿Jung es mío? no alcanzo a cubrir nada con sus manos, recordó que estaba en un sucio callejón, sin camisa.




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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Dom Jul 13, 2014 1:54 pm

Era consciente de que él no era el más diestro para proteger a nadie pues era de los menos dotados para el deporte de todos los Idols que merodeaban por el edificio que Sang presidía, no obstante el instinto de sobreprotección que tenía para con ése de menuda estructura salió a la luz cómo en la noche en la que ambos se fusionaron volvió a estallar cuando le vio entre unas manos que no eran las suyas. ¿Las suyas? ¿Sus manos? ¿En qué estaba pensando? Prefirió centrarse en el dolor físico que no en el pensamiento que de buenas a primeras le invadió la cabeza con ideas más bien poco acertadas sobre la relación que ambos tenían. No, no eran más que... ¿Idol y representante? ¿Padre e hijo? ¿Amigos? Apostaba a que el otro no le etiquetaba siquiera cómo algo tan personal. Era... uno más. La decisión en sus puños falló al creerse lo que por su mente pasaba y el gorila de delante de sí le propinó otro golpe ante la indecisión del pelirrojo, ganándose un puñetazo que impactó directo en su labio inferior haciéndole estallar la zona ante tan burdo, brusco y potente golpe. Siquiera sintió verdadero dolor al tener la zona tan entumecida, sin embargo el líquido carmesí manó mentón hacia abajo, manchándole el cuello de la camisa e incluso el torso pulcro hasta ahora de la camiseta básica que portaba consigo. No supo que fue exactamente lo que le llevó a ése canalla a estallar en risas, si la sangre, si su gesto o la prepotencia, pero la rabia le atacó y su cuerpo respondió con un potente temblor que le envolvió entero.

Su brazo se estiró hacia atrás creando un gancho perfecto con el codo, estiró el mismo hacia atrás pero antes siquiera de poder rozar al otro un fuerte tirón en sus ropas le hizo tambalear y irse de culo al suelo, dándose de lleno entre uno de aquellos pozos encharcados que rozaban un olor nauseabundo y que sin embargo resguardaba la frescura de la lluvia de hacía escasos momentos. Desde ahí miró con rabia hacia delante pues verdaderamente se creyó que ahí estaría la persona que le había mandado de vuelta al suelo, sin embargo a quién vio fue a...

-Sang...- habló en un susurro, posiblemente nadie le escuchó, pero sin embargo su corazón si se encogió con sólo mencionarle.

¡Jung! Levántate, vamos, levántate y ve. Le van a hacer daño. ¡Le van a hacer daño!

Pero el verdadero pánico no fue verle frente al resto ahí frente a sí, no, no, ¡Eso no fue nada comparado con verle quitarse el buzo frente a esos que se lo comían con los ojos! Apoyó una mano sobre el frío y mojado suelo con toda la intención de alzarse, empero batalla estalló tras unos tartamudeos que le dejaron esputrefacto.

¿Quién demonios era ése que ahora estaba impartiendo ley a golpe de puño? Se movía cómo un demonio en las sombras, cómo un experto en su terreno, incluso vio cómo la sonrisa destellaba en ése retorcido semblante, haciéndole temblar incluso a él; Desde luego en esos momentos no quisiera ser los que recibían golpe tras golpe toda la furia del presidente sobre ellos. Cierto que de vez en cuanto titubeaba en algún paso, pero si se tenía en cuenta que estaba ebrio aquello... Aquello era espeluznante. El buzo que se ceñía anteriormente sobre el adulto ahora restaba sobre su cabeza, no se molestó en apartarla, en removerla, aquella pareció hacerle de gentil capa, cómo si la misma pretendiera cuidarle de la sangre que salpicaba, que se derramaba en cada continuo pero certero golpe que el otro propinaba a los declarados enemigos.

Se quedó estoico en su posición a pesar de que los otros habían ya escapado, incapaz aún de reaccionar a la violencia mostrada por el que anteriormente siempre etiquetó cómo un ente de malas pulgas que gustaba de torturar a los que estaban en la escuela a modo de poder así probar si realmente valían o no para restar bajo sus titánicas fauces, no fue hasta que el foráneo no se volteó que su rostro le enfocó cómo debía. Alcohol... bufó con suavidad cuando el otro le demandó aquello, pero verle titubear hizo que saltase cómo un resorte y fuera directo a sujetar la figura que se precipitaba hacia el suelo, sosteniéndole con ambos brazos por encima de los hombres para mantener al ebrio en pie. Apestaba a alcohol. A tabaco. ¿Habría también practicado sexo? Ahhh... Y en caso de que así fuera, ¿Qué le importaba a él?. Aferró los dedos entorno a los delgados hombros foráneos cuando éste dedicó esa amenaza a los que ya habían salido con la cola entre las piernas  y le sacudió casi gentil, intentando devolverle de esa fantasía de violencia.

Se quitó el buzó de la cabeza con lentitud y en vez de colocárselo de vuelta, le tapó la cabeza para que olvidase el mundo, empezando a ser costumbre el venderle la mirada al contrario en cada encuentro, aunque no pretendió aquello, sólo deseaba alejarse del lugar en el que estaban mientras le mantenía sujeto. No quería ver su cara confusa, ni su gesto preocupado... quería verle molesto, quizás sonrojado, pero no deseaba volver a encontrarse con esa mirada de profundo odio que destelló, no deseaba volver a ver su sonrisa tan repleta de maldad, de la maldad digna de todo un demonio que buscaba de un modo un tanto brusco liberarse de quizás una tensión ocultada al resto demasiado tiempo.

Vuelve. Conmigo, vuelve.

No le dedicó más que una sola sacudida no violenta pero si lo menester para quizás agravar el mareo foráneo, no estando familiarizado con los efectos que aquello tenía en un hombre. –Ya se han ido.- miró alrededor para verificar que así fuera, nadie estaba próximo, al menos, no alguien que estuviera ahí esperándoles en pie con la mirada puesta en ellos, pero por algún extraño motivo no se sentía a gusto, en absoluto.

-¿Te han llegado a hacer daño?- le examinó de cerca aunque no pudo apreciar ningún rasguño en su rostro, así que movió una de las manos con la que mantuvo sujeto al otro y así tomó aquella que anteriormente estuvo asiada por el gorila rubio.

Ahí se encontró con la marca de los dedos ajenos, a lo que su expresión perdió el suavizado rostro y su acción fue mecánica, se llevó el brazo hacia su faz, alzándolo ligeramente esos pocos centímetros que les marcaban cómo bajo y alto y besó así la parte tatuada por dedos gruesos sobre tan fina y blanca piel. Poco le importaba la humedad del barro, el aroma a ebriedad, sanar lo que esa marca repercutiría o no era primordial y aunque fue un beso casto y totalmente alejado de segundas o terceras intenciones para él significó un paso más para con ése hombre. Borraba el rastro que otro había dejado en SU terreno. ¿Desde cuándo se había vuelto así? ¿Cuándo su mente se torció de ése modo? Repitió el beso en la zona y miró al adulto con la boca y media cara arrimada a ése brazo que él mismo mantenía a la alza de un modo sumamente endulzado y gentil.

-¿Estás solo? ¿Cómo piensas volver?- la idea de meterlo a un taxi aunque fuera a la fuera no se le presentó tan descabellada, pero no podía permitirse el lujo de dejarle solo. –No te compraré alcohol, pero en casa tengo bebida si lo que quieres es refrescarte.- su abuela conocía a ése hombre por lo que no mostraría negativa a la que éste pasase ahí la noche, a fin de cuentas había sido el mismo presidente en el que habló con aquella mujer mayor para que firmase los documentos para entrar a la empresa cuando aún era menor. Separó entonces el semblante del brazo contiguo, mirándole a los ojos de un modo directo, sin aparente vergüenza muy a pesar que bajo el pecho su corazón estallase al contemplarle tan cerca... tan, tan cerca.

Jugó a soltarle, a volverle a agarrar, a aproximarse a su semblante, pero luego a retroceder. Mierda. No sabía cómo encajar en el mundo de un adulto que había vivido tanto y nada nuevo podía él, mero veinteañero aportar. -Gracias por patearles el culo... Creí que me partirían algo más que el labio.- y cómo si recién se acordase de su herida se llevó su sucia mano a la misma, notando cómo el líquido caliente aún salía a borbones de la zona.
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Dom Jul 13, 2014 10:03 pm


Levanto uno de sus puños, cerrándolos entre sí. Movió su mano de un lado a otro, luego regreso el movimiento certificando que estaba en si bien, o a lo mejor se encontraba increíblemente atento. El alcohol seguía presente, o mayormente en la parte de su cuerpo, estaba mareado, su cabeza estaba palpitando, no debió moverse tan rápido. No en esos momentos, al menos tuvo que haberse relajado, tener su cuerpo totalmente atento a los ataques ajenos, evitándolos de gran manera para no ganarse alguna herida que después lo iba a lamentar. Pero en esos momentos la rabia seguía invadiendo su cuerpo, se sacudió, tembló, no era por miedo, era por estar totalmente enojado, apretó sus puños alrededor de su mano, observando como la sangre descendía sobre su puño, pasando los nudillos finalizando en aquel charco de agua que comenzó a teñirse de un color borde, carmín. Lo mojo, limpiándola en su pantalón, esta goteaba y chorreaba al momento de levantarla, sus bolsillos no estaba en las mejores condiciones, juro que su celular se había mojado, sus piernas que golpeaban firmemente el suelo apoyándose para levantarse, tener la fuerza para caminar de nuevo, pero no se movió. ¿Por qué estaba tan enojado? Entendía perfectamente que nadie tenía el derecho de tocar a sus ídolos, estaba prohibido colocarle un dedo encima para golpearlos (a excepción de él, que se desquitaba de otra manera, y en las partes bajas) pero no golpeaba tan fuerte, no tanto para no dejar sin herencia a los niños, adultos o incluso ancianos. Era para que aprendieran, la mejor disciplina que se ejercía contra alguien menor que tu era a partir de los golpes, y unos que otros no estaban de mal. Pero tocaron lo que por ley/contrato le pertenecía. Era solo suyo, ¿Suyo?
Abrió sus ojos lo suficiente para colocar su palma contra su rostro bajando la mirada. ¿Por qué mierda era suyo? Su relación estaba clara, Kang Sang Woo no la podría cambiar, él ni siquiera podría hacer algo para removerla de donde estaba… Una jodida confesión no cambia lo sentimientos de la gente intento meterla en su cabeza, apretó con fuerza sus puños No… puede ser, tan solo pensaba más en él, comenzaba a dejar a un lado la palabra mocoso, que resonaba muchas veces en su cabeza cuando le regañaba. ¿Qué estoy pensando? intento golpear su cabeza contra el suelo, abrírsela de un golpe e ir al hospital para dejar todo atrás, pero no se atrevió, sus zapatos golpearon el charco delante de él, y se observo, borroso, los anteojos se deslizaron por su nariz aflojándose, su cabello mojado por el golpe anterior que le estrello contra en gran charco de agua, las manos de Jung le sujetaban alrededor de sus hombros, temblaba con rabia, todavía estaba concentrado en lo sucedido, levanto su mano temblando, hasta la continua para aislarla de su cuerpo —. Dong Kyo, estoy bien —no usaba su nombre seguido, pero sabía que estaba asustado, cualquiera lo estaría, si le viese luchar de esa forma.

Intento colocarse el buzo sin amarrarlo, si, estaba también mojado pero al menos había tenido el olor de Jung unos momentos, sucio, algunas piscas de sangre manchaban su color, sus labios se abrieron con molestia. Cubría la mayor parte de su rostro, y subió sus mangas lo suficiente para dejar ver sus antebrazos, y las muñecas heridas, recorrió con la mirada el rostro contrario, sus dientes temblaron Quiero utilizarlos como saco de boxeo, pensó. Sus dedos ni siquiera se movieron de donde estaban, su mano era sujetada con tranquilidad por parte de la ajena. En otra ocasión hubiese reaccionado de otra manera, se hubiese sonrojado hasta las orejas como una débil princesa que fue salvada por su príncipe, quien tenía las marcas de las esposas en las muñecas, pero… trago lo suficiente para enfocar el presente. Un enano como él, no tenía porte de princesa, tampoco era educado para ser una, tener la boca limpia, y una obsesión con limpiar, más que una dulce princesa, era la suegra amargada o el árbol #2.

No le importaron sus palabras, tampoco lo preocupado que estaba por él, estiro su cuerpo hacia adelante, lo suficiente para relamer aquella herida con su lengua, había sido inconsciente, impulsado por su deseo de protegerlo, lo suficiente para que volviera a sonreír, a llamarle A-pa con esa sonrisa tonta en su rostro, esos labios temblorosos, y esa mirada de: Seré un niño bueno, temblaron sus labios, limpiaba la sangre contraria que seguía acumulándose en los labios, dándole un mal trato, pero lo suficiente para hacer detener un poco la sangre que se acumulaba. Su manager tendría que cancelar algunos trabajos hasta que aquel golpe estuviera lo suficientemente bajo para taparse con maquillaje. Sus labios se abrieron, succionaron la herida, y sus piernas empujaban al ajeno contra la pared contraria, Kang estaba empinándose un poco, lo suficiente para alcanzar el cuerpo contrario, y sostener la mirada entrecerrada que el ajeno le sostenía, o al menos que intentaba hacerlo, sus dedos se enrollaron en su cabello, y podrían temblarles sus puntas de los pies pero no se iba a agachar. Escucho algunas voces saliendo del callejón, como sus piernas temblaron, fallando lo suficiente para regresar hasta el suelo, rompiendo el beso.

Agitado, abrió sus ojos, enfocando al ajeno en sus iris metálicos, casi llegando a un azul platinado que resplandecían solo cuando estaba delante de un escenario, el amante de la música se encontraba sucio, encerrado en un callejón junto a uno de sus niños, alguien con quien tenía una relación fuerte de Presidente a Ídolo, de Padre a Hijo. Se estaba convirtiendo en una relación de una pareja recién salida del horno, Kang Sang Woo, estaba volviéndose lo suficientemente loco para seguir con ese tipo de situaciones. Reacciono, se echo hacia atrás, y culpo (aunque en su cabeza) al alcohol por sus acciones, se perdió lo suficiente en los labios ajenos, impulsándose hacia el cuerpo contrario para llevárselo por delante y reclamar aquellos labios que habían sido suyos desde la primera vez.

Sujeto la mano contraria con fuerza, y emprendió unos pequeños pasos hasta la salida del callejón, no pensaba hacer absolutamente nada en ese lugar, podría ser totalmente excitante, sobre todo porque un callejón oscuro y ser descubiertos por alguien le excedían la adrenalina al 100%, sin embargo, estaba sucio, acababa de llover y no habían suficientes personas como lo haría en la mañana o en la tarde, ese tipo de horas serían interesantes. Sacudió su rostro de un lado a otro, maldijo a su conciencia, y le rogo a Higía que alejara los malos pensamientos, reprendiendo su estupidez, apretó con más fuerte aquel agarre, mirando hacia adelante, sin cruzar mirada contra el ajeno —. Tu abuela se preocupará… —susurro, quedito, lo suficiente para que solo él escuchara —. Tienes una herida lo bastante fuerte en tu labio, si la vez en esa condición seguramente me culpara por mi descuido —suspiro —. Esos putos cerdos se las verán conmigo cuando los vuelva a ver, son unos desgraciados y unos infelices por golpear algo que es mío —no midió sus palabras, la rabia le broto de los labios, y no sabía lo que había dicho, pero fue suficiente para que meditara estas mismas.

. Debí partirles algo más que una simple madre. Tuve que habérmelos cargado, sin tan solo no hubiese bebido con esos cerdos imbéciles… —si tan solo no tuviera alcohol, no se hubiese detenido a medir lo que sucedía, y se los hubiera cargado antes de que se le acercaran. Hablaba de sus amigos, de sus compañeros en aquella zona, le alegraba un poco que Jung no le preguntara lo que había sucedido, que estuviera todavía en su mundo por lo que estaba ocurriendo. Rivaille Levi, un apodo que cubrió la mayor parte de su pasado, antes de que Erwin apareciera, él había sido de las suyas. Sujeto su anillo, contra su piel, la marca de su pálida piel por tenerlo siempre hay permanecía, sus labios se mostraron en una pequeña sonrisa, y sacudió su rostro de un lado a otro —. Jun… —le llamo quedito, deteniéndose.

. Vamos a un hotel —directo, sin excluir nada más, necesitaba librarse de un estrés que le estaba matando —. Tengo que saber… que es lo que realmente siento por un mocoso como tú, estoy seguro de que estoy confundido por tu confesión… —era un idiota por decir todo eso, pero lo necesitaba pensar con claridad —. Vamos a tener sexo… de nuevo —directo, sin temer a absolutamente nada.



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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Miér Jul 16, 2014 11:28 am

Quiso decirle que estaba bien, que no era necesario que le sanase la herida del labio con aquella práctica que se le antojó erótica, pero fue imposible. El que aún parecía inestable por el alcohol le invadió la boca sin darle oportunidad a replica ni explicación, logrando parecer todo un alumno tembloroso en mano de las expertas manos del presidente. Su cuerpo traicionero se acopló a los pasos foráneos, aunque los gestos de Sang para empujarle hacia el muro fueron rudimentarios él actuó con cautela, vigilando que su titubeante acompañante no se hiciera ningún daño, aunque claro, el infortunado era él mismo, quién terminó contra una pared besándose con ése al que había confesado sus sentimientos en un arrebato pasional cuando le entregó su primera vez. No esperaba ser correspondido, de ningún modo, el presidente quedaba lejos de su alcance y era consciente de ello pero si le besaba así... Si le besaba así caería una y otra vez en su red y no sería capaz de salir. El foráneo había ganado altura debido a sostenerse sobre la misma punta de sus pies y él, necesitado de contacto no dudó en apropiarse de los hombros más delgados y escuetos de su compañero en un abrazo firme que sin duda reflejaba el sentimiento posesivo que tenía para con el adulto.
El beso se cortó y lo primero que se pudo escuchar en aquel lugar alejado del resto de calles menos estrechas fue el jadeo del pelirrojo, uno potente que demostró la falta de aire que el beso hizo en él. Alcohol, uno fuerte... y tabaco. Esa era la sensación que retenían sus instintos tras el encuentro lengua a lengua y ciertamente, no gustó del mismo. Pensaba que Sang era un tipo sano, uno obsesionado con la limpieza de los inmuebles y superficies pero también de su cuerpo, algo que no parecía del todo acertado. Su mirada caramelizada se fijó en aquella otra mucho más ruda a la propia y para cuando quiso hablar, el más bajo agarró su mano, arrastrándole consigo fuera del lugar en el que le hubo encontrado a punto de... Tensó la mandíbula, sólo pensarlo, tan sólo pensar en esa opción le daban ganas de ir en busca de aquellos quienes ya habían probado la fuerza del presidente y darles un par más de golpes para dejarlos tirados en cualquier lado. Pero entretenido con aquellas cavilaciones internas no volvió en sí hasta que escuchó la voz contraria. No había pensado en la preocupación de su abuela cuando le viera la herida... Suspiró a modo de darle la razón. –No fue tú culpa, yo me metí por medio.- pero de cualquier modo, no tenía pensado que el otro se llevase las culpas de algo que él había provocado en cierto sentido. Era débil y también conocedor de ello, si se metió en aquel callejón fue por... por protegerle, maldita fuera. Quería cuidarle, que le... ¿¡Cómo?! Alzó la cabeza y enfocó la espalda del que iba por delante con los ojos abiertos de par en par.

Rubor se hizo en sus pómulos a tal modo que parecían ahora dos manzanas maduras intensamente coloreadas.  No parecía dar crédito a lo que acababa de escuchar, el corazón le latía tan fuerte que podía sentir la palpitación en su yugular cada vez más fuerte, cada vez más intensa. No, idiota, no es eso. Quiso decir que son suyos los derechos de tú voz... Sí, eso mismo. No tiene nada que ver con lo del otro día. ¡Para nada! Kang Sang Woo nunca se fijaría en alguien cómo tú. Nunca. Vamos, siquiera sabes follar bien y la otra vez te corriste demasiado rápido.... Sus dedos se enroscaron con mayor vigor entre los foráneos a modo que el contrario no pudiera ahora soltarle, aunque era un agarre severo que le hizo sentir que de todas formas, el mayor no tenía por meta aquello.  –¿S-si?- cuando el foráneo le llamó de ése modo que sólo este acostumbraba el menor de los dos tensó la espalda y titubeó la respuesta, evidenciando que sus pensamientos iban encaminados a su persona y hacia lo que entre ambos estaba ocurriendo en tan poco lapso de tiempo.  Nervioso miró al más menudo en comparación a él, tardando más bien poco –nada- en adquirir un nuevo matiz rojo en las mejillas.

Pareció relajarse cuando el otro mencionó el hotel, era la opción más recomendada para ambos debido al estado en el que se encontraban –uno ebrio y el otro herido- así que no le pareció nada malintencionado hasta que el foráneo prosiguió hablando. El corazón se le detuvo e incluso su respiración dejó de darse. –¿P-por...?- ¿¡Eso quería decir que había pensado en él siquiera por un momento? ¿Ni que fuera por unos minutos... el presidente había pensado en él? No pudo evitar el sonrojo, cierto, pero a éste le acompañó una pequeña sonrisa debido al solo hecho de saber que el mayor le había pensado, había meditado en lo referente a lo que le confesó la noche anterior, aunque fuera por poco... lo había hecho.  

Ese era su pequeño cuento de hadas, dónde la princesa a la que debía rescatar sacaba fuerzas y le rescataba a él, dónde en lugar de besos y confesiones ocultas esta exponía sus deseos sexuales de forma abierta y sin vergüenza de ningún tipo. Era su cuento, y no lo cambiaría por ninguno. Se adelantó los pasos que aún les separaban y apoyó el mentón sobre el hombro contrario, teniendo para ello que agacharse pero haciéndolo de buena gana.–Yo contigo no tengo sexo, Sang.- habló en un suave susurro y emprendió el paso, empujando con la cintura al moreno para que se moviera hacia delante a su ritmo. –Tengo sesiones intensas de amor.- le quería, mierda, desde el primer momento, desde aquella vez, desde que... todo en su mundo cambió a su llegada, era imposible no sentir  que prácticamente toda su vida y pasiones se las debía a él y es que sin que él hubiera mencionado lo de tornarse cantante, si no le hubiera dado las facilidades para ejecutar las clases y sin duda, si no hubiera sido readmitido, posiblemente ahora vagaría sin esperanzas, ni sueños.

Pero ahí estaba, empujándole por las calles de la conocida zona para dar con el hotel que sabía que al otro le resultaría cómodo, quizás uno de demasiado hospedaje apabullara al mayor y por el contrario, uno demasiado mediocre haría que se pusiera a limpiar las baldosas, así que su pensamiento fue llevárselo a un hotel de estatus medio muy tranquilo situado en la parte más céntrica, no quedaba lejos, pero diez minutos si estuvieron caminando. Sus manos habían encontrado el hueco perfecto entre su cadera y cintura, rodeándole la zona con ímpetu, haciéndolo firme pero no por ello severo, sin embargo y en caso de que su compañero se desplomase no tendría más que apretar el agarre para volver a alzarlo y arrastrarle si era menester. –No llevo dinero encima, Sang...- detuvo sus pasos y dijo aquello una vez ambos terminaron en las puertas del ya pensado lugar de descanso y poco a poco, deshizo el nudo en el que le mantuvo cautivo. Ahí tenía su nuca con el desigual corte, su cuerpo, su… Se abrazó nuevamente a él y esta vez su cara quedó contra la cabeza adyacente mientras negaba repetidas veces cómo el niño que no quiere que la madre le suelte de la mano. –¡Pero te lo devolveré!-

El edificio era grotescamente alto, contaba con 30 plantas, todas ellas iluminadas, al parecer ser, por entes que como ellos habían ido a por un poco de amor de sus parejas, amantes o contratados para la ocasión. En la recepción una chica tras un precioso mostrador de cristal esperaba la siguiente llegada con una sonrisa que iluminaba casi tanto como las luces Led de los pasillos. No parecía haber mucha expectación de gente merodear, algo que era justo lo que Jun buscaba para que nadie les reconociera... no obstante, la mirada de la muchacha se postró en Sang y esta, sonrojada, brilló. –¿S-señor... Wang S-Sa...?- siquiera terminó aquella oración, prácticamente se estiró sobre el mostrador para verle más de cerca, maravillada con poder compartir palabras con alguien con tanto renombre en el mundo de la música, pero cuando Jung carraspeó molesto aquella dama entusiasta alzó la mirada y al ver de quién se trataba dio un grito y abandonó su lugar de trabajo para rodear la mesa e ir directa al cantante. -¡N-no puede ser!- y una escena de fan desquiciada y llorosa abrazando al cantante se dio, ahí, en medio de la nada, a esas horas de la madrugada.
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Miér Jul 16, 2014 2:09 pm

Él no esperaba autorización de absolutamente nadie, hacia lo que le daba la gana, cuando le daba la gana y lo hacía porque definitivamente podía y lo hacía. Nunca dudaba de las decisiones que tomaba, para eso se pensaba mucho antes de decidir algo que por su propia palabra estaba totalmente claro, sus labios ligeramente se abrieron, dejando que una sonrisa se plantara en su rostro, lo suficiente para reconocer lo que había sucedido en poco tiempo. Lo que había hecho antes, y lo que había decidido que personalmente no dudaría en cumplirlo. Pensando lo que sucedida en esos momentos con su cuerpo, su cabeza, estaba indeciso, no llegaba a una solución personal que le hiciera sentir maravillado, exhaustivo. La cabeza le daba vueltas, por muchos asuntos, seguía mareado por los dos vasitos de alcohol, su cabeza palpitaba por los rápidos movimientos hechos anteriormente en la pelea, incluso sentía como sus heridas palpitaban con cada roce de aquel mojado buzo con su piel, hacía tiempo que no se sentía tan jodido luego de una pelea, o una discusión.

Fue un ligero roce, sus dedos se tocaban entre ellos, sintiéndose más que maravillados. Debería tocar su piel y marcarla con algo, que cubriera la mayor parte de lo que sufrió cuando era niño, pero no era capaz de borrarla, cada herida le recordaba quien era, y como había llegado al a cima. Paso de ser un niño de mami y papi, famosos por la conexión de sus padres y su talento, a un don nadie, que disfrutaba haciendo sufrir a los demás y luego convertirse en alguien con un gran poder dentro de ese mundo. Comenzando por todo lo que su pasado sucedió para ver quién era hoy en el presente. En el mundo debías tomar una decisión para convertirte en lo que eras, confiar, decidir y sobre todo poder escoger algo “bueno” o “malo”. Decisiones, tu vida dependía de solo eso. Hace muchos segundos de atrás había decidido una, que para muchos considerarían como imprudente o incluso irracional, un hombre de su categoría rebajarse a los simples matones de la calle para darles una lección, pero estaba castigando por haber herido algo que era suyo, que había trabajado lo suficiente para llegar a donde estaba. Jung Dong Kyo, significaba para él, lo mismo que significaban las demás personas de la empresa, era su ídolo, un niño suyo… ¿Suyo? Totalmente. El contrato afirmaba que ese niño era lo mismo o podría sentir una atracción por él. Lo aceptaba, realmente era hermoso, atractivo hasta el punto de sentirse extasiado con su presencia.

¿Pero resultaba lo suficiente para seducirlo?, de alguna forma el mocoso lo había logrado, no había podido dejar de pensar en él, en todo el tiempo que estuvo recorriendo de la semana, los días entre más pasaban aquella confesión se taladraba en su cabeza, comprobaba que una de aquellas confesiones hacía que aquella persona pensara más en ti, que se metiera poco a poco en su cabeza hasta volverla loca. Como un noviazgo de 7 días, conseguías enamorar de alguna manera a tu pareja. Él había perdido el sentido de juicio, ya sea por el alcohol, por los días o por la confesión —. No… tuve que ponerlos en su lugar antes de que tu llegarasDesde antes de que él se apareciera, tuvo que haberlos detenido… no desear que borraran las marcas que Jun había dejado en su cuerpo, pero eso era algo que no podría decir con libertad, no le podría decir todo lo que sentía a Jung. Sin embargo, había algo que debía reconocerlo —. Eres un idiota, mocoso de mierda. Si sabias que no podrías defenderte o por lo menos golpear, debiste quedarte al margen de todo el asunto. ¿Qué pasa si esos cerdos chupa bolas te hubiesen lastimado más? —apretó sus manos con fuerza de tan solo imaginarlo—. Sin embargo… graciasnadie se había interferido de esa forma para defenderme… al menos, no en un sentido romántico… ¿Querer incluirlo? Ni siquiera lo había pensado, sin embargo, resonaba como una bomba en su boca, intentando formular las palabras de agradecimiento que no llegaron, pero al contrario, le hizo sentir mejor. Agradecer.

Detuvo su paso, apretando sus dientes. Sus mejillas estaban completamente sonrojadas e incluso juraba que hasta sus orejas querían explotar con aquellas palabras, hecho su mano izquierda hacia adelante, cogiendo impulso para enterrar el codo suyo en el estomago ajeno, musitando un montón de insultos ilegibles al contrario, en lo que sacudía su rostro de un lado —. No te creas mucho mocoso, esas son solo especulaciones de los estúpidos enamorados… es sexo y punto, por donde quiera que lo veas vas a meter algo dentro de otro. Eso no es hacer el amor… El amor ni siquiera se hace —mascullo un par de palabras más, en su propio idioma, quejándose de lo vergonzoso que habían sonado las palabras ajenas, mientras el sonrojo seguía en su rostro, pero no lo alejo ni un momento, la calidez del cuerpo contrario le causa un incontrolable sentido de responsabilidad, o lo suficiente para sentirse satisfecho.

La cabeza le dolía, y mucho más por aquellas luces que resplandecían un par de veces, repaso la mirada hasta el nombre del hotel con mala cara, odiaba esos lugares porque siempre estaban sucios, de hecho, metió una mano en su bolsillo que estaba cerrado con cremallera, buscando algo de dinero, ahí tenía sus tarjetas de crédito, así que suponía que podrían servir, a parte, había ganado algo de dinero extra en la carrera anterior, sacudió su rostro de un lado a otro —. Soy el adulto responsable, a parte, este dinero no es de la empresa; y puedo descontarlo de tu sueldo si quiero —se burlo, lo suficiente para pisar la acera del lugar, cubriendo la mayor parte de su rostro con su mano, evitando que la luz le golpeara directamente.

Holy Romantic, debería llamarse Holy Shit. Lo bueno de ese hotel, que era lo único que podría considerarse interesante, era el resguardo de las identidades de sus clientes, así era la mayoría de hoteles de la ciudad. Sus labios se abrieron, formando una perfecta sonrisa de frustración —. ¿Se encuentra Lee Ha Jae? —pregunto para bajar sus humos amantes de niños, o al menos lo suficiente para que se diera cuenta de que estaba trabajando en esos momentos. Codeo el estomago de Jung con cierto recelo, si se hubiera quedado callado las cosas hubieran sido más rápidas, la chica asintió caminando hasta el teléfono para marcar el número de la habitación personalizada de aquel lugar, donde el jefe del hotel solía sentarse a trabajar. Ella comunico algunas palabras, en lo que juntaba sus manos —. Me gustaría un autógrafo, Jung —realmente parecía emocionada, sus ojos brillaban, los de Levi también. Suspiro, no tardo absolutamente nada en aparecer por la puerta, su altura resaltaba entre muchos de los coreanos, y su cabello rubio con unas gafas cubriendo su rostro eran exclusivamente interesantes —. ¡Woody! ¿Qué te trae por aquí? —choco su mano con el de menor tamaño, los dos compartieron un extraño saludo desde mucho tiempo que no lo hacían (habían estudiado juntos), en lo que cruzaba sus brazos detrás de su cuerpo —. Salimos de una cena con la producción de su próximo concierto, fuimos atracados no lejos de aquí, al menos salimos intactos —mintió, la facilidad con la que lo hizo, incluso él mismo creía lo que hacía sucedido —. Necesito curar sus heridas, me preocupa —su vestimenta podría pasar a ser otra cosa, prestada, comprada, cualquier tipo de situaciones podrían ocurrir en un atraco a altas horas de la noche. El preocupado Han Jae los llevo hasta una habitación exclusiva, en lo que consideraba que la estancia era gratis, mientras la comida si la pagaban ellos.

Levi sonrío con burla. Amaba las cosas gratis.

La habitación era grande, lo suficiente para ser una VIP, sus piernas se arrastraron por la habitación, quitándose la ropa poco a poco, en lo que la dejaba en el suelo, y caminaba hasta el baño que no estaba lo suficientemente lejos, colocaría a calentar el agua y tomaría un buen baño que limpiara su cuerpo. La gran cama de dos plantas, la puerta trasparente que hacía ver todo lo que sucedida dentro, y su cuerpo controlado por un deseo de limpieza hidratante le estaba consumiendo, relamió sus labios, su piel se erizo, sus papilas gustativas seguían sintiendo aquel asqueroso sucio, y la sangre que se apegaba en su cuerpo estaba volviéndole loco. La pluma de la tina, la esencia dentro del agua, fría, caliente, tibia… —. Jun, ven a tomar un baño también —ordeno, le había dejado claro a Han Jae que le consiguiera algo de ropa, seguramente les traerían algo en poco tiempo, en lo que disfrutaba del baño, necesitaba quitarse cualquier suciedad del cuerpo, y así comenzar a desinfectar la herida contraria.



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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Jue Jul 17, 2014 6:35 pm

Lanzó una mirada recelosa a su compañero cuando éste le codeó el estómago, teniéndolo aún sensible por culpa del golpe que anteriormente éste le ofertó por la vergüenza de unas palabras que habían salido de manera espontanea y natural. La muchacha atendió con esmero y entrega a lo demandado por el presidente, dejando al cantante aturdido; ¿Conocía al gerente? ¿Por qué no se lo había dicho antes de cruzar las puertas del hotel? Solapó la mala gana en un bufido, empero ni bien terminado el mismo la muchacha volvió a dirigirse a él, y por supuesto, no pudo más que atenderle con esa carisma que todo buen idol derrochaba cuando se trataba de sus fans. Apoyó su cuerpo sobre el mostrados para terminar más cerca de una muy sonrojada mujer que le titubeó su nombre con un nerviosismo casi tierno, él por su parte garabateo una simple dedicatoria en el trozo de papel entregado, aunque en su mente había una serie de incogniticas imposibles de solucionar o mitigar sin compartir palabras para con el otro, aunque al mirarle de reojo su gesto se tensó. Se conocían de verdad y... parecían estar en confianza, a gusto el uno en compañía del otro. Su mano dejó de dibujar el trazo con el bolígrafo a lo que una preocupada trabajadora le habló en tono dulce. –¿E--... Está bien? Puedo traerle agua si...- el de cabellera bermeja volvió a enfocar a esa fan, sonriéndole de un modo que logró arrancar del pecho el corazón de la joven ante unas muy violentas palpitaciones. –No es necesario, pero muchas gracias.- sin embargo y al poner oído en la conversación contigua escuchó el modo en el cual su compañero mintió de manera tan descara pero firme y segura a su vez al que posiblemente fuera un amigo de toda la vida (Considerándolo así al haberlos visto saludarse de un modo tan especial). ¿Es que acaso ése hombre guardaba siempre maneras de sorprenderlo cada día?

Abandonó poco a poco la vitrina, aunque la chica proseguía hablándole, preguntándole por la herida del labio, atosigándole en exceso, así que aprovecho que Kang lo mencionó en su conversación para disculparse e ir tras aquellos que habían emprendido la marcha, estando a un par de metros por detrás. Pronto supo que la marcha de ambos no terminaría en las habitaciones del resto, pues alguna vez había tenido que resguardarse en esas habitaciones y conocía dónde se encontraban las alquiladas por horas u noches, sin duda, no era por ése sendero. No obstante siguió sus pasos mirando maravillado los pasillos, aquellos tenían otra decoración, mucho más exquisita. Claro, seguro que Sang no quería estar en los cuartos de los demás. Su propio pensamiento le hizo sonreír, aunque en la cabeza aún merodeaban todo un serial de incógnitas que por más que quisiera no podían ser contestadas hasta que estuvieran a solas pues sabía que una de las primeras normas que se había auto impuesto era la de actuar de manera normal para cuando estuvieran frente al resto. Sus sentimientos... Los propios, eran claros a pesar de que cierto rubio estuviera también en la vida privada del cantante. Veinte años y sin conocer el amor. Estaba confundido, quería saber más, que el ajeno le enseñase y ser capaz de aprender todo lo que éste quisiera para poder lograr hacerle feliz de un modo u otro, todo, lo intentaría todo si el otro estaba dispuesto , aunque... ¿Para qué iba un hombre hecho y derecho a perder el tiempo con un crío?

Distraído postró una mano sobre el gran ventanal que daba a la nocturna ciudad. Ya se habían adentrado en aquel lugar empero no deseó importunar al que era más bajo que él mientras se quitaba las sucias y húmedas ropas que apestaban a ése maldito callejón, aunque su mirada hacia él adulto fue más bien indirecta, siguiendo todos y cada uno de sus movimientos a través del reflejo de éste en el espejo, su cuerpo... Su cuerpo era hermoso, tan sumamente blanco, tan débil en apariencia pero no en físico. –Oye, A-p-- pero la orden del contrario le llegó directa y casi severa, a lo que giró poco a poco su posición para contemplar el que yacía casi desnudo. ¿¡Es que no tenía vergüenza?! Se llevó temeroso una mano a la comisura, cubriéndosela con la palma entera en lo que retrocedía por mera inercia ante una visión que por el cristal, encontrándose sonrojada hasta competir insanamente con el color natural de una manzana en pleno esplendor.

Estaba ahí. A su alcance, sin nadie. Estaban... Solos. En un hotel.

Aquellos pasos que retrocedió para alejarse del contrario fueron sesgados y retomados por el Idol, quién meramente atinó a quitarse la camisa a cuadros, haciendo que la misma, junto al resto de las prendas del presidente terminasen haciendo algo similar a una alfombra. Pero no se quitó más ropa, quería... ¡No! Necesitaba tocarle. Posicionó ambas palmas sobre las mejillas contrarias una vez pudo alcanzarle y le hizo el semblante ligeramente hacia atrás para que le mirase directamente a los ojos, esta vez no se agachó para acortar las distancias, meramente tiró con sutileza de ése rostro ensuciado tras la pelea, delineando con la mirada la forma de una comisura que ya había devorado con gula, ése gesto fiero de una mirada que escondía cómo verdaderamente era. –Vamos.- aquello lo susurró sobre él, derramando lo cálido de su aliento sobre la faz contraria en lo que, cómo si fuera un baile de salón, interponía su pierna entre las foráneas, no dejándole más opción que retroceder y moverse a su gusto. Sin embargo, para que éste no pudiese quejarse o decirle algún improperio juntó ambas bocas en un único movimiento sorpresivo, tal vez, para el contrario, aunque por su parte gimió quedo cuando el dolor de la herida logró que sus dedos se crispasen débilmente sobre las mejillas que ahora sostenía, remitiendo su gesto para volver a rozárselas con el mimo con el que intentaba siempre tratarle, olvidándose de su propio dolor para infundirle un beso pasional.

Así era cómo todas y cada una de las dudas se disipaban, así, con el contacto directo del presidente entendía que no podría ser capaz de levantar cabeza si algún día Kang optase por despedirse de él para atender otras braguetas con más experiencia. El beso se intensificó a tal punto que no pudo ser capaz de tragar aquellas salivas mezcladas entre sí y pasaron a escurrirse por su mentón de un modo sumamente obsceno. La respiración de uno de los debutantes a manos de ése hombre empezó a hacerse pesada y severa, aunque no se dignó a crear separación entre ambas comisuras, necesitando de ése contacto ahora que su cabeza yacía con un bombardeo constante de preguntas, de inseguridades. No había podido protegerle. No había podido patear el jodido trasero de esos hombres que habían intentado propasarse con él. Con su pertenencia. Con...

Alguien llamó a la puerta dos veces seguidas y tras el sonido de los nudillos impactar con la puerta de madera alguien se adentró al lugar. Se bastó del sonido que ejecutaron los pasos del aún desconocido para apartarse del ajeno, soltándolo y pasando a retroceder con torpeza. Tenía las mejillas encendidas a un nível incluso demasiado intenso. Miró al que tenía consigo ropas que les servirían a ambos para ataviarse tras el baño con miedo, con tensión. ¿Les habría visto? Su respiración obviamente alterada por el beso anterior se truncó algo más, sintiendo que el ahogo se ceñía en él a pesar de intentar calmarse. Por su parte, también tenía el mentón humedecido, los labios rojos por la fiera fricción... Torpe cómo solía, la parte posterior de sus piernas impactaron con un pequeño baúl que había a modo de adorno en el cuarto y cayó sin medida contra el suelo, haciendo que le dolieran las nalgas al impacto.
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Vie Jul 18, 2014 3:29 pm

Sus labios golpearon los ajenos, sintió que su piel se erizaba con potencia, sus dedos temblaban al aferrarse al cuerpo contrario, que le traía una calidez increíblemente nostálgica, sus piernas temblaron, lo suficiente para caminar al paso continuo. Sintió el ligero calor proveniente de la bañera, el agua estaba desbordándose, tan solo un poco, golpeando la parte trasera de sus cortas piernas, que sostenían el pequeño cuerpo que portaba. Sus manos estaban levantadas, lo suficiente para bordear el cuello contrario, y sus piernas tambaleándose hacia adelante para mantener la altura suficiente que correspondía aquel beso, de alguna manera, su estatura habían momentos que le molestaban, lo suficiente para hacer que muchos se cayeran al suelo para que le escuchasen, pero otras veces, como esas, que estaba cegado por alguna acción que le hiciese sentir bien, expresaba con todo lo que tenía sus verdaderos sentimientos y emociones. Debía descubrir que era lo que sentía por aquel chico de cabellos rojizos. Entendía que no podría ser lo mismo que sentía por Erwin, a él le amaba, desde lo más profundo de su corazón, tallo un sentimiento muy difícil de olvidar, sin embargo, podría sentir como su estomago se removía, como en una corrida de toros, como golpeaba una, dos e incluso tres veces su cabeza exigiéndole más, como despertaba sus hormonas con tan solo rozar sus cuerpos. Esa calidez, no la conseguía todos los días. Dong Kyo, era alguien completamente diferente a él, y a lo que podría conseguir o buscar lo que realmente deseaba. Sus manos se deslizaron por los brazos ajenos, atrayéndolo más a si, a pesar de hacer fuerza para lograr alcanzarlo, Sang se sentía bastante cómodo.

El sonido de la puerta, los pasos dentro de la habitación llamaron su atención.

Giro su rostro, lo suficiente para ver al hombre que caminaba mecánicamente hasta colocar los objetos encima de la pulida y limpia cama. Giro su cuerpo, lo suficiente para mirar de reojo a Kang Sang Woo quien observaba del baño hacia la habitación, hizo una reverencia, pasando su mano delante de su cuerpo alejándose al igual que como vino, la puerta se cerró con un golpe en seco, y el pelinegro amplio una sonrisa, lo suficientemente burlona para mirar detrás de su cuerpo, aquel que se encontraba en el suelo, suspiro, con un deje de diversión en sus acciones… ¿Qué es lo que he visto en un mocoso como él?, pensó, pero no pudo evitar caminar hasta él, para mirarlo desde arriba. No cavia recordar, que todo su paquete se observaba desde donde se encontraba. Levi se encontraba desnudo, lo suficiente para mostrar las cicatrices que se encontraban alrededor de su cuerpo, pero no portaba ni un solo tatuaje en su piel, no es porque le tuviera miedo a la aguja o a la maquina, si no que no le gustaba; simplemente para él, no era estético.

. Oye idiota, vienes a este hotel y te erizas por un simple trabajador. ¿Qué eres imbécil? Debes saber que esta es la clase de hoteles del amor que ocultan la identidad de sus residentes, a ellos no le importa con quien te acuestes si les das dinero —se agacho para estirar su mano, para que el ajeno la tomara, o al menos ayudarlo a estabilizar su cuerpo lo suficiente. Levi gateo hasta él, lo suficiente para acercar su rostro al contrario —. Y pensar, que tengo demasiado alcohol en la cabeza para decir todo esto; iré a la bañera, entra cuando quieras —soltó la mano contraria, pero sus dedos rozaron la piel ajena, se sonrojo tan solo un poco; y a tropezones, entro a la bañera con sus ojos cerrados.

La bañera era lo suficientemente grande para que los dos entraran, sus cuerpos podrían mantenerse alejados o sentarse uno en el medio del otro. Su diseño era elegante, y totalmente ostentoso para la calidad de cosas con las que el pelinegro podría vivir, de hecho, no era más grande que las de su casa, pero él nunca aceptaría que prefirió bañarse en las de la empresa que son pequeñas, o tal vez en las duchas, al menos ahí podría controlar el agua como quería. Levi era un tipo sencillo, muchos no sabían eso y por esa razón le daban más de lo que realmente necesitaba. Podría ser obsesivo con las cosas que le gustaban, vehículos, artículos de limpiezas, escobas, trapeadores, discos e incluso podría ser realmente amable con muchos de aquellos a quienes apreciaba (aunque solamente era dulce con su hijo) sin embargo, sus duras palabras trasmitían esperanza en aquellos que vieran la luz de sus ojos. Levi amaba la música, y quería que todos aquellos que la amaran, o que tuvieran una idea grande en su cabeza siguieran su camino, no arruinaran sus sueños por cosas pequeñas, o que no tuvieran lo necesario para hacerlo.

El tomaba un talento, y lo transformaba, aquel de cabellos carmín sabía lo suficiente de eso; para poder tenerle respeto.

No era amor, era admiración; pero Levi no quería cambiar de opinión a su pensamiento, a lo que él contrario pensaba sobre él. Era jodidamente terco.

El agua limpia, mezclada con una esencia perfumada estaba penetrando en su piel, lo suficientemente para limpiar, purificar su cuerpo de todos aquellos a los cuales atrevió a tocar esa noche, o a los que le tocaron. El olor del perfumen estaba opacando el del cigarrillo, al igual que él de todo el alcohol que consumió en la noche (dos vasitos… ¡fueron dos jodidos vasitos). Estiro sus piernas hacia adelante, no ocupo la tina, parecía un niño jugando por primera vez solo en la bañera, sus manos movían el jabón, recorriendo todo su cuerpo, limpiaba su rostro, su cuerpo, sintiendo leves pulsaciones en su cabeza que fueron disminuyendo, y luego sus labios se abrieron, con lo terco que era, seguía empeñado a saber si lo que realmente sentía por el chico era una gran estima, o placer… un placer que solo lo despertaban los viejos a su ya gran mayoría de edad, intento ahogarse en el agua, pero era imposible hacerlo con el de cabellos rojos, ¿Qué mierda estaba pensando?

Ya era un jodido pedófilo con todo escrito.

. Dong Kyo… lavaré tu espalda —¿Cuándo había dejado el Jun a un lado? ¿Desde cuándo se enfrascaba en llamarlo por su nombre? Estaban solos, el podría decirle Sang, Sang Woo, Woo… como quiera (Excepto Woody, Sani… o cualquier estúpido apodo programado automáticamente por compañeros escolares o amigos de la infancia). Movió sus manos hacia adelante, permitiendo que el ajeno se acomode como gustase, si entre sus piernas, o quería que saliera de la tina para atenderlo, Woo estaba amable, demasiado para su propia personalidad. Había mezclado más emociones que la vez pasada en la cual era como un niño recién nacido, al menos, estaba vez estaba consiente, lo suficiente para aclarar sus sentimientos.

Que estaba seguro de que era admiración.


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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Sáb Jul 19, 2014 2:09 pm

El sólo hecho de que la mano foránea le hubiera sido tendida en ése momento de necesidad logró que sonriera para sus adentros, ¿Era imaginación suya o el que tenía fama de no tratar con demasiado apego a los estudiantes estaba siendo un tanto benevolente consigo esa noche? Tal vez el sólo hecho de haberse confesado había conseguido que ése otro ablandase únicamente sus modales para consigo... o una realidad mucho más letal pero igual de factible era que el mayor estuviera en ése amable estado debido a los claros efectos que el alcohol habían logrado en él, no sabía del cierto cuanta había sido la cantidad ingerida pero para maltratar un cuerpo tan pequeño no era necesario una ingesta desmedida del fuerte líquido para crear estragos en la persona. Tomó aquella palma con ternura, estrechándola en un roce que primero fue caricia y posteriormente agarre. Fue dulce en todo momento y no permitió que su peso colgase de la extremidad del ebrio, aunque si le hizo creer al otro que se ayudaría de él para ponerse en pie, tal y como posteriormente hizo en el callejón. Era torpe, era ya sabido por las clases de baile en la que todos los alumnos avanzaban en la coreografía y él solía batallar para con el primer paso, haciéndole sentirse inferior. Sin embargo y para esta ocasión, Kang Sang no mencionó nada al referente ni le hizo sentirse demasiado estúpido en cuanto a la caída acontecida, muy al contrario de todo aquello escupió unas palabras que le hicieron sonrojarse totalmente alejándose de sentirse ofendido a los apelativos déspotas con el que su superior se dirigía a él debido al avanzado estado de vergüenza experimentado.

Aunque mucho más allá del rubor por unas palabras que eran, si más no, una realidad, lo que le produjo el estado de nerviosismo fue tenerle justo delante totalmente desnudo. Podía ver cada cicatriz, cada porción de carne, cada sendero marcado por la vida ahí tatuado. Tragó saliva y desvió el gesto, temiéndose tener una erección si seguía contemplándole de aquel modo. Carraspeó débil y se predispuso entonces a hablar, haciéndolo con voz tenue, temblorosa incluso. -¡C-creerá...! Entonces el hombre que nos trajo aquí creerá que tú y yo...- no era que no fuera una mentira, ya se habían acostado y habían llegado a las puertas del hotel ya planeando hacerlo de nuevo, aunque sin duda el estado nervioso del cantante ahora mayor. Un conocido del presidente sabía que ambos estaban ahí. Solos. Con Sang borracho y con claras intenciones de mancillar la cama prestada de las maneras más indecoras y salvajes. ¡¿Es que ése viejo no conocía la vergüenza?! El calor se aglomeró en su persona de tal modo que juró que incluso tendría las orejas tintadas en carmín, aunque pronto el mayor hizo su siguiente movimiento, invitándole a la bañera de un modo que no hizo más que lograr que el cantante le siguiera con la vista, esculpido en piedra desde su posición.

No le mires. No le mires. No le mires. No le mires no le mires. No le... ¡Te dije que no mirases, estúpido!

El contoneo de aquellas caderas cuando se dirigió al baño tras tamaña invitación le dejó prácticamente con la boa abierta, observando con anhelo cada paso, cada movimiento. Pasó saliva de manera ruidosa, logrando que incluso que en su gola se notase el movimiento de lo húmedo deslizándose hacia el estomago. Ese hombre era tan sumamente atractivo cómo peligroso y aquello le atraía como las abejas a la miel. No fue inmediato en su acción, se desvistió fuera del baño dejando que el foráneo se relajase en la tina mientras él pasaba a dejar la ropa correctamente doblada sobre una de las tantas repisas que condecoraban ése cuarto que bien podría etiquetarse de lujo por todo con lo que contaba. Lo admiró en callada admiración, recordándole a una de aquellas esplendorosas que solía conseguirles el presidente cuando tenían un concierto, contando en las habitaciones con todo lo que uno pudiera imaginar y es que éste parecía no escatimar nunca en aquel tipo de gastos, consintiéndoles en todo lo que parecía serle permitido.

Cuando la ropa ya no estaba adherida a su cuerpo se aseguró de anudarse una toalla que descansaba justo en los pies de la cama a modo de bienvenida entorno a la cintura y así fue a paso robótico hacia el baño. Los brazos se balanceaban a los laterales de su cuerpo con cierta gracia, de manera casi automática, con rectitud, con los hombros en tensión y un gesto tan ruborizado que bien podría confundirse con un tomate maduro. Cuando alcanzó el lugar asomó meramente la cabeza por la obertura de la puerta y no pudo evitar que se le abriera la boca en gesto burdo de sorpresa al ver todo el lujo que decoraba la estancia. Sin lugar a dudas en ése hotel las personas no iban meramente para estar de paso mientras visitaban la ciudad, nadie en su sano juicio necesaria tales dosis de... Se erizó y clavó los dedos en el marco de la puerta cuando el foráneo le llamó por su nombre e incluso sintió cómo se le encogía el vientre en una sensación tan placentera cómo molesta, como cuando uno se subía a una montaña rusa y el corazón se te encogía y el estomago revoloteaba. Algo así, sí.

¡N-no! No pasa nada. Respira. Te ha llamado por tú nombre. Eso está bien. No tiene que significar absolutamente nada. Es solo una muestra de cariño. Sí, eso. No pasa nada... acércate. ¡Pero no te tropieces, idiota! Respira, vamos, sólo quedan unos metros.

Se arrodilló sobre las maderas que bordeaban aquella inmensa bañera para quedar prácticamente sobre la cabeza del que ya yacía entre espuma y sales, besándole a éste la cúspide de la oscura cabellera para bajar tras ello su bermeja cabeza por un lateral y así encararse al foráneo desde un lateral, apegando su mejilla derecha contra la compañera en gesto mimoso, arrastrando la humedad que este tuviera aglomerada en el rostro contra el suyo propio, sonriendo como un niño muy a pesar de estar siendo completamente seducido por las maneras en las que el otro estaba comportándose consigo. ¿Lavarse la espalda no era cosa de pareja? ¿No era algo de lo cual avergonzarse si no estabas con la persona con la que salías? Sacudió la cabeza para alejar aquellos pensamientos de su persona y sin pensárselo realmente demasiado se metió en el agua... Con todo y toalla. Demasiado temeroso de que el otro prestase demasiada atención a su entrepierna desnuda y le encontrase defectos u algo similar. A fin de cuentas, estaba seguro que el presidente tenía mucha, mucha… muchísima experiencia en ése campo. Sólo con recordar cómo se había masturbado el ano en aquella ocasión le hacía saber que la lascivia de ése otro era tal que lograría capturar cualquier chico, mujer o lo que fuera que desease.
Se movió con parsimonia para que el agua no cayera en exceso hacia el suelo y así fue cómo su cuerpo terminó entre las piernas del cuerpo adulto, dándole la espalda para facilitarle la enmienda. Por su parte restó en su posición con la cabez ligeramente reclinada hacia la jabonosa agua, y de hecho agradeció que no se pudiera reflejar su semblante en la misma debido a que se encontraba totalmente ruborizado, no estaba para nada familiarizado con lo que se suponía que era una relación amorosa o cómo comportarse en compañía de aquel al que querías, por lo que se dejó al foráneo.

No obstante un movimiento en falso al intentar pegar su espalda al torso de ése más pequeño detrás suyo hizo que pudiera sentir la húmeda entrepierna de su compañero contra la espalda a lo que hizo un sonido extasiado y se levantó de golpe, mostrando su cuerpo totalmente mojado y con rastrojos de jabón y... una blanca toalla colgándole por las caderas para cubrirle las partes pudentas. –¡D-debo irme!- el color en sus mejillas era ya tal nivel de rojo que no parecía ser siquiera terrenal y titubeo un paso en busca de estabilizarse y avanzar por el agua hasta alcanzar la diseñada escalerilla para que los que estuvieran disfrutando del agua luego pudieran salir, sintiéndose demasiado estúpido al lado de ése a quién quería más allá de la razón. Sentirse menos, sentirse inferior... maldita fuera. Aunque siquiera llegó a salir del agua cuando el teléfono abandonado en la habitación empezó a sonar con una canción de No name... Bien, si antes ya contaba con el carmín en sus mejillas ahora quiso morir ahogado.
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Sáb Jul 19, 2014 11:14 pm

Escuchaba los golpes de su corazón, aquellos que le latían con firmeza por las emociones que se agrumaban en su cabeza. El corazón emitía las ordenes que el cerebro le daba, y por muy racional que fueras, este iba a expulsar todo lo que sentías hacia tu cuerpo, no podrías decirle al corazón que se detuviera, si no ibas a calmar al cerebro y a tus emociones. Levi lo sabía de antemano, que aquello que tanto golpeteaba contra su pecho estaba siendo ayudado por aquel que amaba colocar en situaciones estúpidas a los sentimientos más repulsivos que tiene el ser humano. Restregó con suavidad sus manos contra las palmas vacías que tenia, golpeando el agua con la punta de sus dedos, sus yemas que se arrugaban poco a poco por la humedad que entraba hacia su piel, su cabello pegándose a su cabeza, sintiendo la cálida agua que penetraba en cada parte de su cuerpo. Su mirada se dirigía hacia el contrario, poco a poco le seguía con su mirada por donde caminaba e incluso sus expresiones, por alguna extraña razón se veía demasiado lindo, no, no era que se le hiciera lindo ahora; se daba cuenta de que Jung Dong Kyo siempre había sido lo suficientemente lindo para él, el problema era como tomarlo, la claridad en la cual podría basarse e incluso lo entretenido que sonaba.

El no podría colocar sus sentimientos por encima de los de él, Dong Kyo era joven, podría conseguir a alguien de su edad, quien le amara, él no podría sentir un amor hacia alguien más, no pensaba que fuera a enamorarse, por muchas cosas que hiciera, siempre tendrá en su cabeza de que alguien más merecía a alguien peor. ¿Por qué llamaba tanto la atención? Estaba lo suficientemente viejo, era amargado, gruñón e incluso trataba a todos como mierda, su corte mal rapado siempre estaba presente en su cabeza, e incluso las cantidades de palabrotas que salían de sus labios sin arrepentimientos le hacía sentir inútil. ¿Por qué? ¿Por qué le quería?

Admiración, era el significado que más se le acercaba a sus pensamientos, aquella sensación que el joven ejercía por cada melodía que escuchaba siendo expresada por sus labios, la fuerza que le brindo con los problemas que había tenido con su familia, con una emoción significativa que le dedico por aquel enfrentamiento entre ambos. Tal vez, fue admiración, que lo confundió por amor luego de haber tenido sexo, estaba seguro que podría seguir confundiendo sus sentimientos, incrementando las excusas propuestas por él mismo para que el contrario se las tragara, sin embargo, ¿El lo podría hacer? Si, había comenzando a fijarse en el de otra forma, le quería como si fuese un hijo, pero… ¿Podría hacerlo como una pareja? Aferrarse a él en el sentido romántico, no estaba seguro, no quería herirlo, no quería herirse, era como un gato negro, traía mala suerte, deseaba… que le olvidará, que llegará a la conclusión de que no era amor lo que sentía, solamente… Admiración.

. No seas burro —suspiro, lo suficientemente largo para detener a medir sus palabras, a lo mejor, lo pudo haber pensado, pero a que llegara a una conclusión sin las serias palabras del presidente estaba bastante lejos, deslizo sus manos hasta una de las hebras de su cabello, ocultándola detrás de una de sus orejas con tranquilidad —. ¿No escuchaste lo que dije? Es que acaso mentirle a un cerdo te hace limpiar la cabeza que tienes. No le tomes importancia a pequeños asuntos, y no es del todo mentira, no me trajiste aquí para tener sexo —apoyo su mano contra la tina, bostezo, su boca se abrió grande, y fue cubierta por sus alargados dedos.

Apoyo sus manos contra la cristalina agua, elevo estas encerradas visualizando la poca cantidad que reunió entre sus pequeñas manos, sintiendo el olor de la esencia al acercarlo a la punta de su nariz, bañando su rostro con esta, limpiando, desinfectándose, sintiendo en esencia lo que realmente era gratificante. Movió su mano hasta un costado de su cabeza, deslizando su cabello por sus dedos, sentándose con firmeza en aquella zona, deslizando sus manos por sus piernas bajo el agua, llegando al borde de su entrepierna, dejando que sus manos subieran por sus pectorales, recorriendo lentamente cada parte de su cuerpo, con las espumas invadiendo cada parte esencial de este.

Se corrió hacia atrás, dejándole un espacio para que se adaptara, frunció ligeramente el ceño al momento de verlo entrar a la tina. Lanzo un suspiro, y sonrió, evitando que el contrario le observara, era un mocoso con todo y palabra detallada. ¿Quién entraba a una tina con toalla? Pero no comento nada, calló, guardándose sus pensamientos para sí mismo e incluso la risa que quería soltar se atoro en su garganta, estiro sus manos hacia adelante, con el jabón rozando sus dedos, sintiendo la espalda ancha ajena, como sus dedos bajaban lentamente por todo su cuerpo, sintiendo el calor de su piel, como con tan solo tocarlo, podría decir que estaba emocionándose, desde mentalmente hasta físicamente, sabía que estaba ahí para volver a dormir con él, para sentirlo dentro de su cuerpo, como la fricción de los dos miembros se conducían en una danza infernal en el cual sus cuerpos eran increíblemente químicos, que se atraían con fuerza, chocaban entre ellos, sintiendo con pasividad su calor. Todavía recordaba como si hubiese sido ayer, el sabor de sus labios, aunque lo beso no hace mucho; el beso en el momento de la penetración, el sonido cálido del corazón contrario, su corazón.

No lo hizo por querer, o tal vez fue una inercia producida por su cuerpo. Al caminar hacia adelante, se topo con su espalda, restregando su pequeño paquete (sobre todo pequeño) en su espalda, sonrió divertido al escuchar aquel sonido proclamado por los labios aquellos, le hicieron pecar en sus movimientos, los rápidos ajenos, que se alejaban de su distancia, el ceño fruncido no se hizo esperar, y se levanto, de igual manera para sujetar su mano, al contrario del cuerpo ajeno que era cubierto por una toalla, la cual traslucía todas las partes ajenas a través de ella, la suya estaba al aire libre, mostrando su compañero de batalla que se encontraba totalmente atento ante cualquier situación para levantarse del suelo, y golpear a quien fuese que intentara domarlo.

. ¡Dong! —le llamo con fuerza, pero sus labios se cerraron al escuchar una melodía conocida, dirigió su mirada hacia la habitación, escuchando aquella canción que fue sacada hace muchos años atrás, su mirada se dirigió hacia la espalda ajena, como su rostro se mostraba rojizo, sonrió, su rostro competía con total claridad con su cabello, le soltó lentamente, dejando que el ajeno se moviera con libertad —. Ve, contesta —le ordeno, movió sus piernas, sin la necesidad de las escaleras para salir de la tina, no le iba a permitir que se fuera del hotel, y eso era seguirlo fuera del baño si era necesario, tomo una de las batas (grandes, por cierto) que habían dentro del hotel, colocándolas encima de su pequeño cuerpo, caminando hasta la sala, abrió suavemente sus labios, entonando la última melodía de la canción, la segunda llamada perdida acababa de sonar, y la sonrisa relució en sus labios —. Que nostalgia, no sabía que te gustará “NO NAME”, mucho menos que esa canción fuera tu tono de timbre —no le iba a decir la verdad detrás de aquella canción, al contrario, amplio una pequeña sonrisa en sus labios.

. Contesta, seguro están preocupados por tiAl contrario, que mis guardaespaldas piensan que estoy dormido en mi habitación, no pudo evitar soltar una pequeña risita, que quedo cubriendo su espacio personal, caminando hasta la cocina de la gran habitación, para servirse un poco de alcohol, o al menos encontrar algo que le bajara el dolor de cabeza… ¿Y el alcohol serviría? Para él, cualquier cosa que le motivara lo hacía. Reviso la nevera, sacando una botella de Petrus, sirviéndose un poco en un vaso para darle un sorbo, mientras servía en otra copa un poco para su compañero —. Por cierto, no estoy contigo; si Ji Min llega a descubrir que he salido de noche de nuevo, llamara a los idiotas de mis guardaespaldas, incluyéndolos a esos dos idiotas, y no soportaré más dolores de cabeza —movió su mano lo suficiente, incluso, cuando bebía, hablaba de más.




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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Dom Jul 20, 2014 1:54 pm

Su espalda se tensó cuando su compañero le sujetó por el brazo para impedirle que saliera de la bañera, por un momento su corazón empezó a bombearle con una fuerza abrupta bajo el pecho, no logrando más que ponerse más nervioso de lo que en sí aquella situación ya le tenía... Oh, vamos. Jamás se había acostado con nadie hasta que el presidente le... ¡Tampoco se había bañado nunca con nadie! ¿Cómo se suponía que debería actuar? Pero si por la situación no le era ya suficientemente tediosa, únicamente faltó que su móvil empezase a entonar la melodía que años atrás, muchos años atrás debutó, siendo un single que todo el mundo coreaba a gritos, en llantos. En alabanzas. Se quedó estoico y sin posibilidad de atender la clara orden que el otro emitió al estar tan profundamente avergonzado, aunque despertó pronto de aquel pequeño y momentáneo estupor cuando fue el mismo presidente quién, desnudo, salió del lugar sin parecer avergonzado en enseñarle todo lo que la ropa escondía. Era cómo... Cómo si estuviera acostumbrado a eso, a hacerlo con quién se le cruzase y llamase su atención, cómo si se enorgullecerá de ser tan altivamente atractivo para cualquiera que postrase la mirada en él. Era... era sencillamente mágico. Le atraía profundamente, aunque al mismo tiempo le infundía un respeto casi imposible de explicar por lo intenso de su propio pensamiento y sentimiento.

El foráneo pasó a cubrirse la piel maltratada por la vida y aquello le hizo parpadear, reparando en el descaro en que se le hubo quedado mirando, así que imitándole y aún con la vergüenza tintándole las mejillas salió del agua, aunque pesada toalla por soportar la carga del agua se le cayó de las caderas y terminó flotando en el agua en lo que el cantante pasaba a cubrirse la desnudez con ambas manos, aunque el otro ya estaba en el cuarto, dándole cierta intimidad que agradeció en lo que recogía la bata y se la colocaba por encima, sin embargo a él no le quedaba tan grande como al presidente, muy por el contrario se acomodaba a su figura, aunque naturalmente quedaba holgada. No salió del baño hasta que no se aseguró de que restaba correctamente ataviado por la bata y que no mostraría a su compañero más de lo que desearía, empero al poner uno de sus desnudos pies en el cuarto de nuevo el móvil empezó a sonar, mostrando así la impaciencia de quién quiera que fuera que restase al otro lado de la línea y aunque siquiera había podido leer aún el registro, pudo identificar enseguida de quién se trataba, por lo que suspiró en lo que arrastraba su cuerpo en dirección al dispositivo móvil.

[i]Lo conozco todo de ti, ¿Cómo no te puedes dar cuenta aún?[/color]. Calló respuesta y con los hombros rígidos se dirigió hasta los pies de la cama, dónde descansaban ahora sus pertenencias y rebuscó entre lo por ahí desperdigado, guiándose por el volumen del dispositivo para procurar encontrarlo. –Será la abuela...- masculló, retirando con la palma la última de las prendas que cubría su móvil y así se fijó en la pantalla, sonriendo débilmente al corroborar que así se trataba, empero tan buen punto descolgó escuchó la oración foránea; No se debía saber que estaba con él. ¿Entonces en qué se suponía que se debía excusar? Le había dado sin duda demasiado poco margen de maniobra para ingeniarse una mentira, siendo más bien estúpido a la hora de inventarse cosas inciertas, no obstante se llevó el dispositivo al oído. Apenas lo hizo empezó la guerra de voces.

-¡Jung Dong Kyo!- ¡Vaya! Su nombre complete. Eso quería decir que sin duda su estimada familiar estaba enfadada; Mucho. En exceso. El cantante emitió una risita que se asemejaba a la disculpa de un infante, pero aquella mujer de avanza edad pareció comerse el teléfono al vociferar a un nivel que incluso apartándose el aparato del oído podría haberla escuchado. -¡¿Dónde estás?! ¡Llamé a tú amigo y no estabas!- bien, era una mujer mayor. De apariencia frágil... Pero era una verdadera leona para en todo lo que a su nieto ceñía. Al tenerse el únicamente el uno al otro aquella le procuraba siempre una protección que rozaba los límites de incluso lo insano para un chico de su edad con necesidades que iban más allá del trato con la familia. –Veras, Abu...- se vio cortado por la imperante voz de la anciana. –¡Vuelve inmediatamente o me encargaré de que no vuelvas a pisar esa escuela! ¿Te parece correcto desaparecer así? ¡Si el Señor Kang Sang Woo supiera de tú comportamiento...!-

El hecho de que aquella mujer le mencionase era bastante común, creía ciegamente en el juicio del presidente y le había confiado lo único que le mantenía unida a su fallecida hija, aunque... La mirada del Idol se postró en que estaba bebiéndose un trago y se aproximó a éste con pasividad, con lentitud. –Lo siento mucho, abuela, pero estoy cuidando a un amigo.- se escuchó un resoplido eufórico al otro lado de la línea, aquella mujer posiblemente ahora estaría negando con la cabeza con decepción en la mirada. Llegado a su lado el de cabellera bermeja tiró del cinturón que unía los laterales de la bata del presidente.

Siquiera se aproximó a él, meramente alargó la mano para agarrar un extremo de la cinta y tirar de éste hacia su persona para que el frágil nudo cediera y así que el cinto se escurriera por toda la cadera minúscula del adulto y terminase por barrer el suelo, haciendo que ambos laterales de la prenda se abrieran y le dieran la oportunidad de verle íntegramente desnudo frente a sí; aquello era una mágica y muy poderosa razón para desobedecer a la tiránica condición de su familiar. Jugó con la aterciopelada cinta que cedió del ropaje prestado foráneo entre sus dedos, rozando con los dedos centrales aquella suave y aterciopelada extensión mientras que su mirada no se apartaba ni deseaba apartarse de aquel cuerpo creado para el pecado de cualquier persona que pudiera verle en aquellas condiciones tan sumamente atractivas, tan dejado, tan amable... tan suyo. –Abuela, me quedaré con él. Puedes llamar a Sang, te dirá que estoy en buenas manos.- un grito y la reprimenda de su anciana no tardó en estallarle en los oídos. –¿¡Cómo te atreves a llamarle así?! ¡Muestra res-!- la voz de la mujer murió.

Con una sonrisa que mostraba culpa el cantante mostró el móvil al contrario, la pantalla mostraba la llamada posteriormente colgada y tiró el dispositivo contra la cama para tomar la otra extensión del cinto de terciopelo con su otra mano, pareciendo todo un policía con látigo en mano, aunque desde luego él no presentaba una mirada adulta o que demandase ningún tipo de respeto, muy al contrario de aquello parecía ser un chico rudo... uno sin crecer aún, uno que no se había desarrollado aún. –No te extrañe que ahora te llame a ti.- encogió los hombros y justo cuando los hombros del muchacho se deslizaron hacia arriba para aclimatar el mencionado gesto, el móvil del presidente retumbó para oídos de los presentes.

Muy posiblemente su abuela le lloraría al presidente para que fuera a rescatar al alma descarriada de su pobre nieto, aunque lo que esta seguramente no podría ni imaginarse era que aquel del que estaba intentando separarle era justamente con el que se encontraba. Miró de soslayo el lugar dónde se encontraba el dispositivo del adulto y con desinterés tomó la copa que el foráneo sostenía entre sus palmas, arrebatándosela para así llevársela él a los labios y darle un trago. Fue uno. Sólo uno. No obstante palideció y sintió cómo la garganta le quemaba, cómo le rasgaba por dentro y como el calor se depositaba en su estomago, lugar dónde fue a parar todo aquel maldito líquido. ¿¡Cómo demonios podía un cuerpo tan pequeño soportar una dosis tan fuerte?! Tosió mientras alejaba de sí el vaso, golpeándose débilmente el pecho a puño cerrado para intentar apaciguarse a sí mismo.
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Dom Jul 20, 2014 11:23 pm

Era como repetir una y otra vez la canción en su cabeza, la letra se clavaba continuamente en su interior, gritándole a sus labios que la cantara, que siguiera la melodía como esta demandaba. Una canción era para cantarla, expresar todo lo que sentían con ella, y las suyas, que escribió desde que era pequeño le taladraban la cabeza día y noche, canciones con las cuales creció en un bar asqueroso para convertirse en canciones debutadas. Esa no la había escrito si no hace más de 15 años atrás, cuando esa debuto, ese estudiante, aquel ídolo de su empresa, no tendría si no más de cuatro u tres años de edad, todavía era un mocoso. Sin embargo, si lo llevaba más lejos, cuando debuto en aquel bar a la edad de 11 años, ni siquiera había nacido, por lo menos sus padres no estuvieran pensando que en dos años más, hubiesen tenido a el fruto de uno de los dúos más famosos del K-POP, o al menos, él, no hubiese soñado que se acostaría con un niño 13 años menor que él. Era solamente un jodido y maldito pedófilo, le iban a meter a la cárcel, estaba seguro de que su reputación iba a caer si alguien se enteraba sobre su vida privada, algo que los paparazzis quieren tomar día a día para alimentarse de cualquier circunstancia. Al menos, agradecía vivir en Rhythm Of Soul donde la homosexualidad es el pan del día a día, de lo contrario…

Estuviese más que jodido. ¿Dónde estaba su sentido de la razón en esos momentos? Es que acaso se fue a cenar con la responsabilidad deliciosas legumbres. Suspiro, lo suficientemente alto para poder colocar sus pensamientos en orden. Ya no tenía vueltas hacia atrás, y tampoco estaba lo suficientemente arrepentido para retroceder contra sus palabras, quería saber que era lo que sentía por ese mocoso, lo que le hacía vibrar de alguna manera la cabeza, el dolor que le causaba tener que pensar con claridad las circunstancias, y lo infantil que era, tiernamente infantil. Kang no se arrepentía de sus decisiones, y la situación en la que se encontraban no era la propia para regresar a cómo eran antes, si ya se habían acostado una vez; hacerlo dos, tres hasta cuatro veces nunca vendrían mal (claro, a excepción de que solo fuera una noche, porque lo único que sabes del tipo contrario es que te regalo una botella de alcohol), el punto, era que podría repetirlo cuanto el quisiera, sin amarrarse amorosamente con el contrario, pero ahora mismo, lo que menos deseaba era lastimarlo, y si sentía que las emociones contrarias se encontraban enredadas entre sí, las confundiera con admiración, el iba a hacer que abriera los ojos, que Kang Sang Woo, no era lo mejor para sí.

Shit —vio doble la copa en la cual se iba a servir otro trago de vino, así que la mayor parte lo termino regando en la mesa de madera, aquella que mostraba un poco de altura para cualquier invitado dentro de aquella habitación. Coloco la botella de vino en la mesa, y camino por la cocina buscando servilletas absorbentes para limpiar el desastre que había hecho, venga, que dentro de esa lujosa cocina al menos esas cosas existían, el no salía sin una, sin embargo (su ropa no está por ningún lado) debía estar totalmente sucia. Las encontró, o al menos habían servilletas las cuales acomodo arriba del liquido esperando que se absorbiera o se volvieran pequeñas, no alcanzo a leer el paquete antes de sacarlas como un niño pequeño, encimándolas encima de su desastre, hizo un ligero mohín al ver que no funciono, sin embargo, se iban haciendo poco a poco pequeñas, y si las tocaba se rompían con facilidad, lo que entendió de que no eran absorbentes, y era mejor dejarlas ahí, el agua no se regaría más. Tambaleándose, tomo la copa colocándola en la punta de sus labios, le dio un largo trago, colocándola en el borde de la mesa con una sonrisa un tanto bobalicona, al menos su rostro discrepaba con su mente, quien estaba, al menos, todavía lucida.

Apoyo sus dedos sobre la mesa, apoyándose un poco hacia arriba para observar el cuerpo contrario con el teléfono entre sus manos, amplio una pequeña sonrisa, divertido, al ver las expresiones planteadas en su rostro. ¿Su abuela? La señora Hye Sun debía estar lo suficientemente enojada al saber que su sobrino se encontraba en las garras de la fiera más peligrosa de todo R.O.S. Parpadeo un par de veces, entre mareado e incluso enfocando la dirección de sus piernas, sacudió su rostro de un lado a otro, riendo entre dientes, con la copa entre sus dedos, bebiendo otro largo trago, que le permitió echarse hacia atrás, apoyándose en la silla continua. Levanto la copa, y río torpemente con las emociones ajenas, la primera vez era terror, la segunda vez, estaba embriagado; así que podría hacer muchas cosas con el alcohol que tenía en su cabeza, Kang Sang Woo hablaba mierda cuando estaba bebido, eso lo sabía de antemano, lo suficiente para que muchos intentaran aprovecharse de él con tan solo una botella de whisky, pero incluso, él tendría la fuerza suficiente para colocar a cualquiera en su lugar, al menos, la parte racional, una de ella seguía con vida.

Tropezó, cayendo hacia adelante con la copa entre sus dedos, la sostuvo con fuerza, al contrario de su cuerpo que se apoyo totalmente en el cuerpo contrario, sus mejillas estaban encendidas, aquel rojizo que le comenzó a cubrir su rostro significaba muchas cosas, y una de ellas él no la iba a admitir. La vergüenza estaba plantada en su rostro, también sentía que su corazón iba a salirse de su pecho de tanto latido, el alcohol comenzaba a subírsele a la cabeza, nublando al menos, el poco sentido de razón que le quedaba, al menos, cuando se emborrachaba, necesitabas más de tres copas para que hablara mierda, reviso la copa que se encontraba con vida, contando los dos vasos de alcohol que tomo en el bar, ya llevaba cuatro, incluso se sorprendía de la mierda que podría hablar cuando llegaba hasta un grado realmente extremo. Abrió sus labios —. Ah~ —gimió, al sentir los dedos contrarios rozar su piel, sentirlo bastante cerca de su cuerpo, le causaron que el sonrojo comenzara a elevarse en su rostro. Sus gemidos no eran tan dulces, tampoco estaban llenos de amor, solo de placer, repletos de jadeos continuos… ¿Por qué era tan torpe? ¿Qué era lo que tenía en su cabeza? ¿Por qué le estaba volviendo loco?

El vino, claro… ese jodido jugo rojizo le estaba haciendo perder la cabeza.

Salto, por el susto luego de las palabras contrarias, girando su rostro hacia el teléfono donde se encontraba puesto. Muy a diferencia del contrario, la canción del dúo J2no, que se encontraba en su tono de timbre, era del último álbum que habían sacado, aquella solista que había presentado ese joven de cabellos carmín, claro, la vergüenza se reflejaba en su rostro, pero él era más racional a aquellos momentos, y sacudió su rostro de un lado a otro, con una sonrisa realmente burlona —. Que tan idiota puedes ser, mocoso —escupió aquellas palabras de su boca luego de observarlo, queriéndose hacer el grande, termino tosiendo por el fuerte alcohol que se encontraba en su garganta, o al menos que estaba muriendo en su estomago, quemando sus cuerdas vocales con potencia. Camino, casi tropezándose con los muebles de aquella habitación, tomando con la yema de sus dedos su aparato tecnológico, e incluso, tropezó contra su cuerpo hacia el dispositivo de multimedia para encenderlo, el mini componente comenzó a sonar con potencia en la habitación, bañándolos de música.

You Can't Touch This de Mc Hummer se encontraba en la radio, los labios de Kang se incrementaron en una sonrisa, alejándose un poco de la música, caminando hasta el balcón abriendo la ventana, el hotel tenía una hermosa vista de la ciudad, y si a esa hora estuviera de día, muchos que se encontraran en sus ventanas mirarían el cuerpo desnudo del presidente en esos momentos, miro la pantalla de su celular, la sonrisa no quería escaparse de su rostro, al menos, el carraspeo un par de veces, para no mostrar lo subido de alcohol que se encontraba —. Buenas noches, ¿En qué os puedo servir? —Kang espero que le contestaran, al menos su voz no sonó como siempre, pero no se escuchaba tan ebrio —. Lamento llamarlo a esta hora, Kang Sang Woo —la mujer lucia preocupada, Kang mordió su labio, podría llenarse de paciencia en algunos momentos —. Muy buenas noches, Hyu-Ahjumma. Es extraño que me llame a esta hora, ¿Puedo ayudarle con algo? —Kang no le dejo continuar —. Oh, ¿Me llama por Dong-Dongsaeng? —la mujer del otro lado pareció relajarse, al menos no llamaba en un mal momento. Crank It Up tomaba el poder dentro de la radio, Kang solamente podría sonreír —. Estoy preocupada por ese niño, no llama, no avisa si va a salir… no se qué hacer con él —Sang Woo pudo sonreír del otro lado, sin embargo, seguía escuchando los problemas de la anciana, como si fuese realmente su abuela, sacudió su rostro un par de veces, caminando hasta donde se encontraba el mocoso, pisándole la punta de sus dedos, el se encontraba sin zapatos, así que no sabía realmente cuanto podría pesar —. Lamento no haberla llamado, pero al arreglar todos los asuntos me tomo un poco de tiempo; ocurrió un accidente en la avenida principal, uno de nuestros estudiantes se vio involucrado en una pelea callejera con una de las bandas de la localidad, le pedí a Dong-Dongsaeng que se encargara del asunto… lamento no haberla llamado antes, pero… tenía que encargarme de los asuntos legales sobre el estudiante… —movió sus manos, indicándole al contrario que actuara, o que dijese algo con una voz diferente, para que le creyeran el asunto, le piso con más fuerza, y movió su mano izquierda para escribir sobre su pecho en espacio, esperaba que le entendiera —. Pero ese niño me ha colgado. ¿Esta usted seguro de que se encuentra bien? —Kang sonrió —. Se encuentra con mi niño, estoy seguro de que lo está —la mujer pareció tranquilizarse —. Cuando termine los papeles, iré al hospital. Le golpeare por cortarle el teléfono a su abuela —escucho la risa de la mujer del otro lado, la sonrisa de Kang se incremento, y subió su mano izquierda hasta el cuello contrario, bajando su cuerpo para besar los labios contrarios —. Buenas noches, Hyu-Ahjumma —del otro lado escucho el buenas noches, y colgó.

Relamió sus labios.

. ¿En dónde nos quedamos?, idiota que quiere aparentar ser un adulto, al menos, no te castigaran tan fuerte —se burlo, conocía a Hyu Sun, y podría ser realmente tan aterradora como él, deseaba una taza de té.




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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Mar Jul 22, 2014 2:11 pm

Todo él tembló en el momento en el que el móvil del mayor empezó a sonar y es que su propia voz inundó una habitación que de un momento para otro se quedó en la más absoluto silencio debido a que los que se encontraban el lugar quedaron quizás petrificados al escuchar el sonido del tono. ¿Por qué? Buscó sustento en la mesita más próxima y tras soltar la copa que le otorgó aquel fuerte y poco agradable trago sobre el lugar predestinado postró la mano en la mencionada superficie para buscar algún ancla a la realidad que estaba presenciando. ¿Quién le iba a decir que el presidente de la compañía tendría su voz en el móvil? La suya. No era ni la de su hijo, ni la del resto de todos los que día a día se esforzaban para que el presidente les viera de un modo mucho más altivo del que solía. No se atrevió siquiera a mirar hacia el otro mientras éste iba en busca del dispositivo para atender la demandante señora que se encontraba al otro lado de la línea con claras intenciones de lograr que el moreno, uno al que ella tenía gran estima, pusiera rectitud en el comportamiento de quién decía estar totalmente descarriado y sin sentido común. Su abuela, esa que insistia en los tonos del teléfono tenía más claro incluso que el propio cantante que deseaba que su nieto debutase y se tornase un ente admirado por todos. Ya había alcanzado una copiosa fama por todo el país y es que no todo el mundo podía, cómo él, ser lo que entre las chicas más jóvenes se titulaba como Idol; Era bailar hasta no poder moverse. Era cantar hasta que la garganta sangraba. El sacrificio en los inicios era excesivo, pero cierto era que la recompensa no tenía comparación para con nada. La música de la radio opacó su propio canto y quizás más atrevido al no sentir esa excesiva vergüenza miró al adulto, sintiendo callada admiración por la voz que éste fue capaz de interpretar a pesar de su claro estado de ebriedad; Oh, todo un actor, lo cierto era que verle mientras aquella música sonaba logró que la situación se le antojase divertida y no tan sumamente tensa cómo hacia unos momentos la pensó. Aquello no estaba tan mal... no había de qué temer, dijera lo que le dijera el pelinegro, su abuela restaría tranquila y confiada ciegamente en las palabras que éste mencionase, siendo que tenía una fé ciega e incondicional al que fue capaz de enderezar el camino de quién consumido por el dolor de la pérdida de sus padres casi tiró su vida, carrera y ambiciones por la borda. No obstante... Sonrió para sí mismo al ver el cuerpo del foráneo mientras hablaba por teléfono; Él, él le había salvado y aunque no solían hablar de ello, lo tenía presente día a día.

Hizo un mohín de dolor cuando el mayor le piso con sus pies descalzos, no pesaba y por consiguiente no dolió, lo que sí le costó fue contener las manos. Crank It Up dejó de ser la protagonista en la emisora que ambos restaban escuchando y fue el torno de Tell me lies una canción interpretada, diseñada, escrita y cantada por una de las tantas chicas de la escuela. Se conocía el baile, la letra... y pensándolo mejor, incluso, el sentimiento que aquella canción guardaba.

It’s in your eyes
Feelings can’t be disguised
‘Cause the truth makes me want you to tell me lies


Vio que el foráneo movía los brazos en busca de que aportase algo para así cualificar sus palabras, sin embargo fue incapaz de colaborar, siendo poco diestro en el arte de la mentira, sin lugar a dudas, ése presidente suyo tenía mucho que enseñarle. Ahí le tenía, mintiendo con desfachatez a pesar de su estado, y tal como la anterior vez que le vio delimitar las líneas entre lo real y la invención se sorprendió descubriéndose a sí mismo observándole, cuidándole con la mirada protectora. No era cómo si Sang se mostrase jamás débil o necesitado pero lo cierto era que las últimas dos veces en las que habían coincidido de un modo u otro sintió la imperante necesidad de cubrirlo; Su mirada. Esa mirada...

Tragó saliva, la música seguía sonando.

My biggest fear is crying oceans of tears
I would rather you not to be so sincere
How cold could you be
What would you do if you were me
I’m better off if it’s a mystery


¿Qué harías, Sang? justo en el momento en el que la duda azotaba la mano siempre severa del mayor le agarró por el cuello y no tuvo más remedio que bajar la postura para chocar su comisura con la otra en un beso burdo, sin sentimentalismo por parte del tirano, su mirada del color del mismo caramelo derretido enfocó al que se había tornado su punto de obsesión y escuchó la despedida, poco más tarde el gesto de éste relamiéndose los labios hizo que él mismo le imitase y recubriera su voluminosidad sonrosada con una muy fina capa de saliva, preparándose para un contacto nuevo por parte de aquella deseada comisura. Mierda. ¿Qué haría él si estuviera en su lugar? ¿Dañar? ¿Huir? Todo estaba cruzando el umbral de lo peligrosamente real... Su compañero de fatigas y prácticamente mejor amigo, ése rubio cantante del que la prensa decía que eran pareja... ¿Qué era de él?; Un amigo. Jamás había sentido en su presencia los cosquilleos que una sola mirada Kang provocaba en él. No quería. No podía. Sé fuerte, no caigas.... Pero ya era demasiado tarde.


‘Cause I don’t wanna know
If I kissed your lips for the last time
Please don’t say if it’s so
Tell my heart it’s not goodbye
And do this one thing for me
Make up some stupid story tonight


-Te mostraré que soy un adulto.- susurró, era plenamente consciente de que mejor que nadie el que tenía delante de sí sabía a ciencia cierta que él no era en absoluto el tipo de ente adulto que se podía esperar, la experiencia no era aliada lo que le hacía mostrarse como un niño con ciertas torpezas a la hora de interactuar con otro. ¿Pero que importaba? No quería que fuera el último beso, no quería que los compartidos se terminasen... se negaba a ello. La palma derecha del de cabellera bermeja tomó por la cintura al más bajoe hizo que ése brazo suyo le rodease a la perfección, acomodando la forma de lo largo del mismo entorno a la escueta cintura adyacente y de un movimiento hizo que la desnuda anatomía del presidente quedase contra la suya aun ataviada por la bata que el hotel les dejó. No dudó, no esa vez. Su boca fue en busca de la experimentada y unió ambas comisuras con ansiedad, con deseo. Lengua propia buscó el pleno contacto con aquella que parecía rehuir. El mareo del único trago, el aroma a alcohol, incluso el olor a las sales del baño... todo pareció armonizarse e ir contra unos sentidos que se aturdieron a causa de las emociones que solo tocarle provocaba en él. Pero no era suficiente.

La letra de la canción le llegaba ahora inconexa, cómo su cerebro no pudiera ya ponerle un signifiado en concreto.

It’s Alright
Keep your truth and tell me lies


Sí... que le mintiera. Que esa noche le mintiese. Escurrió la lengua lejos del contacto otorgado, humedeciendo el labio inferior foráneo en su retroceso, aunque mientras le mantuvo entretenido con aquello se aseguró de caminar de nuevo hacia la bañera olvidada, entrando en el baño a paso seguro, llevándose consigo al mayor entre empujones de cuerpo a cuerpo, juntándolos, separándolos. Su boca, una enrojecida ligeramente por el continuo roce fue directo al cuello del más bajo, arqueándose ligeramente para lamer la zona más próxima a su oído, remarcando con saliva la zona sin vergüenzas de por medio. -Sólo lo haremos con una condición...- su voz sonaba ahogada debido al continuo roce y fricción de su comisura para con la piel que estaba tatuando con su aroma de manera completamente intencionada. Aunque para cuando habló sus dientes fueron protagonistas y alzó minimamente la cara para que los incisivos centrales mordisqueasen su lóbulo derecho, asegurándose la atención de los tímpanos contrarios.

[...]
It’s easier if you’re faking it.

[...]

-... Di que me quieres.- masculló, apretando las manos en la forma natural de su trasero, aquel hueco cóncavo en la que sus manos podían encajar perfectamente a la hora de abrazarlo y empujarlo hacia sí de manera poco más posesiva que anteriormente. Los cuerpos de ambos, entre tropiezos, empujones y regresivas lograron penetrar de nuevo dónde el aroma a champú les invadió y dónde el jacuzzi burbujeante les daba la bienvenida. Mentiras, verdades... ¿No estaba el mundo hecho para aquello? ¿No se alcanzaba la cima de esa manera? Ya había visto la facilidad del moreno en el arte de la mentira, ¿Por qué no también durante la segunda vez que se acostaban? Aquello no tenía por que repercutir en lo que eran: Nada. Dos amantes ocasionales... aunque uno de ellos jurase estar enamorándose cada vez más del otro.

[...]
Tell me, tell me, tell me lies.

[...]

Sopló sobre la zona en la que le dejó un chupetón de color carmesí en la clavícula adyacente tras una succión imperante. -Miénteme a mi también.-
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Mar Jul 22, 2014 8:45 pm

Mentir, es tan fácil decirlo pero a la vez tan difícil de hacerlo, mucho más, cuando la cuestión de los sentimientos invadía dentro del cuerpo de aquel quien estaba preparándose psicológicamente para hacerlo; podría pararse, mentir para salvar el pellejo contrario de cualquier desgracia, sonreír, inconforme, amable, decir que no amas a alguien cuando realmente quieres protegerla, del futuro, de lo que te espera estar con ella, aunque esa persona sepa completamente que le amas, a morir, que lo único que intentas es hacerla ver bien a ella, pero a ti, que te traten como una basura. Los enamorados mienten, los escritores mienten, la juventud, los humanos, todos mentimos, escondemos secretos, pero al hacerlo, protegemos a alguien más, somos humanos, seres vivos que buscan la aprobación de muchos otros, pero también existen aquellos, que prefieren que los otros triunfen, y siendo solo humanos comentemos muchos errores, otros son más mentirosos que muchos, los demás simplemente son… valga la redundancia viven de la mentira, engañándose hasta un punto a sí mismos. Podría estar él, de pie, viendo su reflejo en el vidrio de la habitación, con el teléfono en las manos diciendo una gran mentira, que podría ser real, podría estar sucediendo o que pronto ocurriría, que cuando llegue la hora recurrir a la misma escusa con las mismas personas y decir “Aunque no lo crea, ha pasado de nuevo”, pero estaría consiente de las mentiras se agrupaban, una por una en la cabeza de aquellos a los cuales pueden considerarse dependientes, agresores, la mentira puede salvar, pero también hacer quedar mal a una persona. ¿Qué? ¿Qué era lo que tendría que hacer él para quedar bien como un interlocutor? Mentiras piadosas salvaban a muchos, pero esa noche no salvaba a nadie, solamente… quería hacer realidad un deseo.

Lo tenía totalmente claro, el motivo por el cual estaba en esa habitación, para que el contrario se acostara de nuevo con él. Con la excusa, no podría ser otra cosa, era saber que realmente podría sentir por un adolescente de 20 años de edad, que adulto tendría la capacidad mental para engatusar a un niño entre sus garras y luego aprovecharse de sus sentimientos, solo él, quien tenía aquella excusa porque no era nada más, cualquiera que lo dijera, lo escuchará de esa manera. Nadie podría creerle a un anciano (venga, que ya estaba lo suficientemente grande) de 33 años de edad que se iba a acostar con un niño de 20 años, ¿niño? Mocoso, ídolo, reconocido alrededor del globo terrestre como una revolución en el K-pop y en la música cotidiana como simplemente… “intentar aclarar los sentimientos” incluso, si él lo veía de esa forma, de la manera racional estuviera detrás de rejas por su comportamiento absurdo. Perdería la confianza de muchas personas,  la abuela del chico, era una de ellas; la que más le importaba. El resto, simplemente eran aquellas personas que se contaban alrededor de su vida, o aquellos a los cuales mirarían más mal al chico que a él mismo. Le preocupaba lo que la gente de afuera pudiera decir de él, aquel inocente polluelo, quien solamente estaba atado a una conducta involuntaria de aquel hombre, más bien infantil, debía, personalmente… probar aquellos sentimientos de otra manera.

Existían muchas, pero Kang Sang Woo; había escogido el sexo.

Rió, no fue tímidamente; fue pícaro. Sus palabras golpeaban su cabeza con un gozo incontrolable. Sus manos, aquellas delgadas se envolvían en el cuerpo contrario, con sus dedos rozando los propios y sus piernas enredándose en la cadera continua, gozando, de un gusto exquisito. El sabor de sus labios, seguía sintiendo aquel hierro que profundizaba el sabor del alcohol, la sangre continua que podría seguir acumulándose en su labio le daba facilidad a la hora de jugar con la lengua contraria, como sus labios se adaptaban hacia el beso ajeno, como su cuerpo solía tocar con calidez al contrario a pesar de vestir aquella bata blanca, una molesta bata de color blanco que estaba casi para tocar el suelo de la habitación, la que el portaba le hacía ver la mayor parte de su desnudez primaria, mientras que la trasera se encontraba impune, apegándose por el calor del cuerpo producido por aquellas gotas que seguían aferrándose a su cuerpo, negándose de dejarlo.

Estiro sus manos, bajándolas suavemente por toda la extensión foránea hasta encontrar con la punta de aquella cinta que sujetaba la bata continua, dejando que se deslizara entre sus dedos quienes jugaron con ella en todo el trayecto hasta la tina, su trasero piso el borde de la bañera, sus dedos se estiraron hacia los costados quitando aquella cinta de color blanco, dejando el cuerpo contrario abierto a sus más oscuros deseos, delineo con sus dedos la piel blanca, aquella cremosa que producía una dieta balanceada, unos ejercicios cotidianos, sin una sola cicatriz, muy diferente a su piel gruesa, llena de cicatrices por donde acariciaras, con cuerpo de adolescente hasta la vejes.

Tell me lies finalizo, Kang esperaba muchas canciones, pocas que iban a taladrar totalmente su mente, y esperaba que las canciones corta vena desaparecieran de su sistema digestivo, aquellas que le iban a hacer sentir más mal de lo que estaba sucediendo a su alrededor, pretendía, acabar todo en una noche, dejar en claro que lo que podría sentir por el ajeno eran más carnal que emocional, que entendiera de una vez que sentía admiración por él. Solo, una noche de sexo… sonrió I Just Had Sex comenzo a sonar en la emisora, era como si le estuviera castigando ahora mismo aquellos sentimientos que se agrupaban en su corazón.

I just had sex
And it felt so good

Deslizo sus manos, cegado por las palabras contrarias, deslizando sus dedos por su cuello, caminando hasta sus hombros buscando la forma en la que soltar todo lo que tenia dentro de su corazón, de su mente. Solamente quería decirle lo que quería, lo que realmente pensaba del asunto, mordió su labio, sonriendo, apartando aquellos pensamientos de lógica, concentrándose en su olor, su sabor lo que estaba admitiendo en su cabeza. Abrió sus labios, lo suficiente para aferrarse al cuerpo contrario, escribiendo sobre su piel palabras inexistentes que morían en el aire —. Dong Kyo… —llamo a su nombre, alto, suave, con un toque seductor en la punta de sus cuerdas vocales, cantando su propia melodía a través de un simple instrumento cotidiano. Sus labios sonrieron, besaron su lóbulo, deslizándose  hasta su cuello, lamiendo, succionando, dejando pequeñas marcas rojas que iban a desaparecer a la semana, al día, a los tres días, pero que iban a ser solo visibles para él, para aquellos que se acercaran demasiado, podría tener la confianza de hacerlo, después de todo, personalmente debía de suspender sus secciones fotográficas, hasta que su labio sanara, aquel que fue golpeado por su culpa.

I just had se-ay-ee-ex
And I'll never go back
To the not-havin'-sex ways of the past

. Si te miento, te sentirás mal luego de hacerlo —susurro, para sí mismo, para el contrario, pero no pudo aguantar lo suficiente, no cuando su miembro rozo contra el contrario al momento de apegarse más a su cuerpo. Jadeo, arqueando su espalda hacia atrás, lo suficiente, lo necesario para poder sentir aquel calor palpitante que se centraba en su cuerpo —… Dong… Kyo, yo… —mordió su labio, lastimándolo, dudaba… no quería mentirle — . Te quiero… —¿Mintió? No lo sabía, no sentía aquella opresión dentro de su cuerpo, sus palabras golpeaban una dos, e incluso tres veces dentro de su corazón —. Te quiero… dentro de mí —deseos, muchos podrían salir de un solo golpe en esos momentos.

Have you ever had sex? I have, it felt great
It felt so good when I did it with my penis
A girl let me do it, it literally just happened
Having sex should make a nice man out the meanest

Sus dedos temblaron, abrazándose al cuerpo contrario, deslizando su nariz por toda su extensión, escuchando la canción que golpeaba su cabeza en esos momentos, podría decir muchas cosas ebrio, inventar muchos asuntos, pero no sabía pensar con los sentimientos, no podría expresar lo que realmente estaba sintiendo, se estaba volviendo, un viejo… muy sensible —. No me pidas amarte… —susurro contra el oído ajeno… —. No sé, si pueda olvidarte después… —esa letra, la conocía, inconscientemente estaba recitando en su idioma la letra que sonaba con fuerza en aquel móvil ajeno —. No sé si ya amo a alguien… no sé si te amare después… pero entre la verdad y la mentira… mis sentimientos pueden desaparecer —inhalo el calor contrario, el olor de su piel.

To be honest, I'm surprised she even wanted me to do it

. Dong Kyo… —le llamo, suavemente, golpeando su respiración contra la ajena, antes de apegar más aquellos cuerpos —. No te resistas… al amor que quiero profesar a través de mi cuerpo —sonrió, cantando su canción contra el oído contrario, aquella que había sonado minutos atrás a todo volumen en aquella habitación, la canción, que el joven tenía en su tono de timbre.  

I just had sex
(Ay)
And my dreams came true
(Dreams came true)
So if you had sex in the last thirty minutes
Then you qualified to sing with me


Última edición por Kang Sang Woo el Mar Jul 29, 2014 8:34 pm, editado 1 vez



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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Jung Dong Kyo el Lun Jul 28, 2014 8:07 am

Tras aquella tan poco copiosa petición sintió los dedos del mayor vagar por su anatomía aunque él no se apartó ni hizo amago alguno de retirarse del lugar, por el contrario se mantuvo en su posición mientras el foráneo iba enredándose en su cuerpo, no obstante sintió cierta tensión cuando éste le llamó por su nombre, el escalofrío recorrió cada poro de su piel y logró que se erizase cómo todo un gato en espera de la condena, encogiéndose incluso mientras notaba como su compañero pasaba la boca por zonas que hasta ahora se habían mantenido vírgenes a tales actos de mancillación, aunque era tentativo dejar escapar los gemidos que se le atoraban en la garganta mantuvo el silencio dejando que únicamente la música y la boca de Sang al ejercer sobre su piel fueran ahí los protagonistas del hilo musical que quedaría grabado en sus tímpanos. Lo cierto era que si el presidente dejaba marca en su dermis él no se quejaría, aunque si las debería esconder, no dejaría de admirarlas en la intimidad pues las mismas estarían recordándole que lo vivido no había sido un sueño en absoluto, él y Sang... habían vuelto a caer.

Te quiero. De un momento a otro la música dejó de sonar, ahí ya nada, absolutamente nada tenía importancia a excepción de unas palabras que hicieron que se quedase estoico y sin posibilidad de movimiento mientras observaba al contrario con los ojos abiertos de par en par a tanto como daban sus pupilas, no perdiéndose un solo detalle de ése gesto varonil y adulto del que el otro bien podría sentirse orgulloso por la belleza que mostraba ejecutaba a presencia de cualquiera. Se quedó en su pequeño mundo de ensoñación hasta que el mayor añadió aquello otro que logró que las mejillas pálidas del herido en la trifulca del callejón sintiera como el calor se le aglomeraba en las mejillas con violencia.

El hecho de que la nariz del adulto se pasease por su piel de ése modo mientras le recitaba la letra que en su móvil sonó anteriormente logró que temblase con brusquedad debido a la cantidad de emociones que no tenía por seguro poder controlar por lo profundas que eran. Lo que ninguno posiblemente se percató era que el móvil del de cabellera bermeja estaba sonando justo con la canción que Sang estaba entonándole al oído, entre aquello y la música de la radio... todo se volvió casi borroso. ¿Sería el trago que había dado? ¿La adrenalina? Sus manos temblaron y se vio obligado a tomar la cintura escueta y de pequeña forma de su compañero, de su rival... de su jefe. Ambos sexos se rozaron, el uno por falta de bata, el otro por tenerla abierta. Lo cierto era que en comparativa ambos tenían un tamaño distinto, forma e incluso color, pero el aroma impregnado en ambos cuerpos tras el pequeño rato en el que estuvieron metidos en la tina resultaba ser el mismo: Su aroma... maldito fuera ése aroma que le tenía embebido y deseoso de más. –N-no... No me quiero resistir.- habló titubeante, realmente aunque no se trató de más de un trago su mente se había vuelto pesada, incapaz de procesar correctamente todo lo que venía. –No lo hagas tu tampoco. Sólo... si sólo estamos aquí para hacerlo... no importa. Sólo quiero estar contigo.- maldito fuera aquel líquido de la verdad que ahora merodeaba por sus venas y le tenía tan irrisoriamente débil ante aquel al que en un momento intentó impresionar para que le considerase el idol que era y no un niño más con micro en mano. Su mayor deseo siempre había sido que él le reconociera... Que le aplaudiera en las gradas de cualquier concierto.

Sexo. Amor. Todo aquello era una conjunción de pensamientos y los suyos estaban ahora nublados.

Acarició la cintura que hasta ahora mantuvo sujeta con ambas manos para abarcar mayor extensión posible y mientras lo hacía volvió a encaminarse hacia delante haciendo con ello que su compañero imitase sus movimientos aunque hacia atrás. Nunca mientras iba moviéndose hacia delante hizo que su mirad se despegase de la otra, no, ni por un momento. No sabía ya cual era la canción que golpeaba contra los bafles de la radio, pero tampoco le importó, ahora todo lo que quería lo tenía entre sus manos y tenía por seguro que no lo dejaría marchar, por otro lado, no obstante, su móvil se calló y es que la falta de batería hizo que éste muriera sin que ninguno de los dos presentes pudiera ser verdaderamente consciente de que mientras estaban enzarzados en palabras que tenían al menor de ambos con las mejillas encendidas, éste iba sonando con persistencia.

Ahora fue él quién encaro su semblante al cuello adyacente, rozándolo con la punta de la lengua de un modo clara y obviamente inexperto, primero pareció degustar las gotas que aún se escurrían por su cabello, llevándoselas de manera gentil, aunque el calor y el propio olor de aquel condenado presidente hicieron que de nuevo perdiera el control y ése que hasta ahora se hubo comportado sumiso y más bien obediente empezó a besar esa zona con gula, sin marcarla por temor a llevarse un golpe, pero si dejando claro quién era él y que era lo que buscaba del cuerpo foráneo.

Todo. No era muy difícil saber que ése que estaba rodeándole y empujándole hacia la bañera deseaba todo lo que el otro pudiera darle, fuera de manera corpórea o mediante sentimientos, se encargaría de recibirlo todo y al mismo tiempo de devolvérselo de manera abrupta, con el mejor sentimiento y entrega. Pero... ¿Qué más daba...? Sang... él era un hombre adulto y posiblemente no le gustaría andar lidiando con alguien que tan siquiera sabía ponerse un condón y es que si bien la escuela impartía una vez al año clase de prevención sexual, el propio presidente derrocó aquello cuando, al ambos acostarse en las escaleras que daban al terrado, se olvidaron de utilizar el condenado profiláctico. No era como si se pudiera quedar embarazado ni nada así, pero... Jadeó contra la piel de Kang. No sabía cómo demonios había sucedido aquello; ¡Palabra! Pero cuando quiso darse cuenta se encontraba jadeando contra una piel amoratada... de un color lila intenso con manchas rojizas alrededor; Le había mordido con tanta violencia en un hombro que éste tenía aún incluso la marca de los incisivos de un color bastante feo y como medalla condecorativa yacían marcas rojizas de la presión de los dientes, teniendo zonas incluso que estaban sangrando. Paladeó débilmente, como no creyéndose que él, a pesar de restar prácticamente sobre el cuerpo de su declarada presa hubiera sido capaz de algo así, pero el sabor metálico de la sangre inundando su comisura evidenció que sin temor a equivocación, él había mordido, atacado...

Pero antes de que le llegase un golpe o una queja metió la diestra entre ambos cuerpos y le sujetó la polla sin demasiados preámbulos, sin ser ése chico tímido, sin ser el inexperto. –Esto es mío ahora...- y lo que durase esa noche, también. Se lo haría una y otra vez hasta que el otro no pudiera dejar de repetir su nombre, hasta que la voz se le agotase de tanto mencionarlo. Rasgar sus cuerdas vocales del modo más cruel mientras se enterraba entre sus glúteos y golpeaba con la cadera las foráneas en el encuentro entre la conexión de su sexo al ano foráneo. Apretó aquella porción de carne y movió una única vez la palma en un inicio de masturbación que no hizo más que retirarle la pielecilla caliente de la uretra, permitiéndole así mayor rango de juego para la satisfacción del mayor.


L e e r:
He pensado en hacerme a Eren :'33... y confundirle aún más xD Sería un actor nuevo que buscará escaparse cada dos por tres y así terminará en el despacho del presidente de manera bastaaante seguida, pero claro, estará Jun, quién seguirá acostándose con él x33 Será tan divertido acosarle así.. escribe WA o MP y concretamos *A*
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Re: The deep dark past —Jun.

Mensaje por Kang Sang Woo el Mar Jul 29, 2014 11:18 pm

¿Qué era el sentimiento del amor?

Levi comenzó a cuestionarse aquello cuando los dientes foráneos se clavaron en su piel. Sus ojos, se apretaron con fuerza sintiendo aquel dolor que comenzaba a subir desde su hombro hasta su cerebro, durmiéndole todas las partes de sus emociones para expresarlas con un jadeo, largo, sonoro de placer que inundaba cada parte de su cuerpo. No, no era masoquista, pero no llegaba al extremo de ser sadista, pero esos momentos, los cuales estaban comiéndole el cerebro, estando delante de aquel hombre que estaba volviéndole loco, con el contacto de su cuerpo contra su parte inferior, aquella que podría admitir que tenia vida, que se levantaba con un roce de placer provocado por una persona que le causara exactamente aquellas emociones. Aquel que se movía a su propio placer, ignorando totalmente lo que quería el portador. Levi, se sentía realmente excitado, sintiendo como su piel estaba centrándose en emociones que no podría definir como algo exacto. Entonces, regresaba a la primera pregunta que se estaba haciendo en su cabeza, aquella a la cual había tenido una respuesta en el pasado, pero que ahora se cuestionaba si era importante sentirla ahora, si es que lo que estaba haciendo podría tener una relación con su vida antes de que Jung naciera, porque hace 20 años, él tenía 11; y había experimentado mucho de la vida.

¿Podría amarlo?, se cuestionaba, se arrancaba casi el cabello por la acción dictada de su cuerpo. No entendía que era lo que estaba diciendo, porque aquel estomago suyo era parecido a una corrida de toros luego de que fuesen liberados en el estadio, mariposas que nadaban de un lado a otro dentro de su cuerpo, apretaba su palmas, sintiendo como la sangre que se agrupaba a un costado de su hombro se deslizaba por esta misma, cayendo al agua y desasiéndose. Sangre, olor a hierro, le volvía realmente loco, amaba aquellas parejas salvajes, que marcaban su territorio en el cuerpo contrario, estaba pensando seriamente de que era masoquista en el sexo, era masoquista por querer que le dieran duro, por detrás, que le volviesen loco, que se cansaran penetrándole, relamió sus labios, su dedo se dirigió a la boca contraria, limpiándola, estaba perdiendo poco a poco su conciencia, o al menos la que dividía la racionalidad de sus acciones con las palabras que podrían agruparse poco a poco en su garganta. Sus cuerdas vocales eran consumidas por su cabeza mareada, aquel alcohol comenzaba a subirle cada vez más a la cabeza, llenándole de mierda y deseos que estarán por siempre agrupándose en su mente. Levi jadeo, su pecho subió lo suficiente cuando los dedos contrario estaban bajando su piel de su miembro, sus dedos estaban temblando al igual que sus piernas que se encontraban apoyadas en el borde de la tina, su cuerpo, poco a poco comenzó a apoyarlo en la parte de atrás de ese lugar, apoyando sus dedos en el cuello contrario para bajarlo hasta su altura, que entrara, al menos la mitad de él a la tina.

Relamió sus labios, subiendo poco a poco sus dedos por el cuello contrario deslizando estos en toda su extensión, no sabía si estaba borracho o si estaba imaginando en esos momentos, pero sus labios se abrieron y comenzó a reír, a larga carcajada cubriendo poco a poco su boca, comenzaba a perder el control de la realidad, que era qué cosa, y donde estaba quien; sus dedos estaban aferrándose a sus hombros desnudos, como comenzaba a quitar aquella molesta y blanca toalla que estaba cubriéndole, deslizando sus dedos por su espalda, la piel sintiéndola sus piernas se abrieron un poco más, apoyándose lo suficiente en la espalda ajena para echarlo hacia sí, atraerlo con todo lo que tenia, besar, tomar en posición lo que había pensando volver a tomarlo.

Pero si estaba borracho, ¿cómo era posible que estuviese totalmente de acuerdo con eso?

No iba a saber cómo sus sentimientos se iban a organizar, como comenzaba a poner en orden sus emociones. ¿Por qué? ¿Es que sin tener ningún problema no se iba a acostar con él? Tal vez, las emociones que estaban comiéndole la cabeza eran tan profundas que prefería no confundirse más e ir directo a todos los puntos, porque lo amaba tanto, porque estaba tan obsesionado con él, le recordaba a muchas personas, era un mocoso, amable pero sin embargo, seguía siendo un niño, porque se aferraba demasiado a no dejarlo ir, debía romper aquello, decir que no lo volviera a mencionar, alejarlo de él —. Dong… KyoNo más, detentePor favor apretó sus ojos con fuerza, sus dedos se enrollaban en el cabello ajeno, sus labios se abrieron atrapando con deseo los labios contrarios, con fuerza moviéndolo de arriba hacia abajo, disfrutando del sabor de la sangre seca que se encontraba a un costado de su labio —. Mueve tu mano… —se dejo ganar de la excitación, era un jodido bastardo…

Que jugaba con el corazón de alguien más.

No se había detenido a pensar que era lo que le hacía brillar, lo que llamaba la atención en otras personas. Él, quien no media más de 160 centímetros de altura, que se aferraba a cualquier excusa para mandarte a trabajar, a estudiar. Quien ocultaba sus sentimientos, aquel que no te felicitaba, te decía que estabas solo mejorando un poco, que necesitabas practicar más para ser al menos alguien poco mediocre, quien nunca decía abiertamente que una canción, un drama, un video, una fotografía, una composición, un baile estaba bien, aquel que odiaba a cualquiera que se creyese lo suficientemente listo para burlarse de él. Él, quien ha intentado salir de cualquier problema social u económico, a quien han intentando matar no una, ni dos, si no tres veces y más. Aquel que tenía el peor corte del mundo, su mal rapado era conocido en el mundo de la fama, aquel que no sonreía, que no mostraba alguna expresión a los demás, entonces… ¿Por qué era que atraía demasiado la atención? ¿Por qué con tan solo mencionar su nombre muchos se sorprendían?

Entonces, ¿Qué era él en el pasado? Aquel adolescente quien se aferraba en la calle de noche a golpear a cualquiera que se hiciese pasar de listo, aquel que se aferrase a las faldas contrarias para poder triunfar, quien se deprimió, salió adelante pero hasta ahora no ha podido amar a alguien más que aquel quien le dio el anillo que portaba en su dedo anular. ¿Por qué? ¿Por qué no lo comparaba con Erwin? ¿Por qué Smith para él de cabellos rojos no era absolutamente nadie? Tal vez por la edad, tal vez porque no siente que quiere lastimarlo, o tal vez… ¿Por qué siente algo por él? No los comparo ahora, ¿Por qué los compararía más tarde?

. Dong… —jadeaba, su respiración agitada comenzaba a mezclarse, cerro sus ojos y abrió sus labios, no era capaz de salir de su interno cuestionario durante la noche, preferiría perderse en la lujuria que tener que debatirse mentalmente sobre una situación, ¿Por qué? Porque así era él, masoquista, arrogante, solamente un egocéntrico que pretendía tener a muchas personas en sus manos, pero como todo humano sufría, y también… era tan sensible, que las demás personas, significaban mucho para él, sacudió su rostro de un lado a otro, atrajo más el cuerpo contrario contra el suyo rozando sus miembros, en lo que ampliaba una sonrisa de sus labios, así, como de arrogante era, el ego podría incrementarse —. Jamás… encontrarás un culo tan limpio como el mío —le jadeo, mordiéndole el lóbulo de su oreja.

Juro haber escuchado, que comenzaba Bad Romance de Lady Gaga.




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Kang Sang Woo
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Re: The deep dark past —Jun.

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